LA FIESTA DEL OSO Y EL ESPÍRITU DEL BOSQUE

 

 

 

              Se habla mucho de la extinción del oso pardo y se planifican métodos para su conservación. Desde luego lo primero que habría que proporcionarle sería un habitat acorde con su género de vida y a la vez los medios necesarios para subsistir. Las vías de comunicación, los caminos vecinales, las pistas, que cruzan cada vez más nuestras montañas, no son precisamente las sendas más apetecibles para nuestro oso pardo. La tala indiscriminada de árboles y los incendios tampoco, pero sobre todo el alimento del que se nutre: tanto el vegetal como el proteínico no aparece en los montes por arte de magia. No se plantan gramíneas ni arbustos del tipo de los arándanos, cerezos..., ni cualquier otro género de árbol que le proporcione el alimento. Y del aire solamente nadie vive, que se sepa. Creo que un plan a medio plazo para su conservación sería sembrar grandes superficies del bosque con alimentos naturales.

Los habitantes de la aldea tampoco están dispuestos a alimentar animales salvajes únicamente con el romántico fin de que no se extingan y sirvan de gancho al turista. Es pedirles demasiada poesía y abusar un poco de su probada paciencia. Sabemos que los daños que ocasionan osos, lobos, jabalíes, zorros, etc. se pagan tarde mal y nunca. Y esa no es una buena política para la conservación de está fauna en peligro de extinción. El primer implicado en esta debería ser su vecino más próximo, es decir, el agricultor, pero mientras para este siga siendo un animal dañino, y por ende un enemigo, va a ser difícil cambiar su modo de pensar en este punto.

Sin embargo con estas líneas quisiera aportar alguna sugerencia que pudiera redundar en beneficio de la conservación del oso, así como un examen crítico y un análisis noético del tema, como sería el tratar de no desmitologizar más al animal sino elevarlo al rango de numénico (de númeno) o sagrado. Cuando se pierde el mito es fácil que desaparezca también su pedestal. Esto está pasando con todas nuestras fiestas, ritos y mitos populares. La foguera de san Juan, la danza prima, las leyendas, las xanas... tuvieron una hermosa misión a través de los siglos: conservar algunos bosques y árboles (totémicos) por su significado sagrado, por ejemplo los robles o texos que aún se pueden ver en torno a las iglesias, conservar las fuentes limpiándolas y coronándolas de flores al menos la noche de san Juan en la que sus aguas quedaban benditas, mantener algunas danzas y costumbres folclóricas entre el mito y la superstición. Aún se puede ir más lejos, y no quisiera que nadie lo interpretara mal. Todos hemos desfilado por estas magnas exposiciones de arte, pongo por ejemplo las Edades del hombre. Pues bien, muchas de esas imágenes, lo mismo los templos, catedrales o ermitas que las cobijan, hoy verdaderos tesoros para el arte, bien sagrado o meramente profano, se han conservado a través de los siglos gracias al halo en el que se vieron envueltas, gracias al fervor de muchos cristianos, a causa de una devoción a veces rayana en la superstición, cosa inadmisible para cualquier católico medianamente ortodoxo, pero que fue por otra parte la principal razón que hizo que dichas obras de arte llegaran hasta nosotros incólumes y que podamos admirarlas hoy todavía sanas y salvas.

De la misma forma cuando la caza era más rito que diversión, más función vital que lúdica, la caza abundaba por doquier. Cuando se perdió el mito y la veneración de los hombres por los dioses de los bosques y la caza se hace por la caza, por puro placer o por tener de qué hablar en la tertulia... la caza empezó a faltar.

Veamos algunas descripciones literarias que pueden servir de apoyatura a todo lo dicho. Desde Pereda hasta Alejandro Casona tenemos ejemplos más que suficientes para hacer un ligero escarceo literario sobre el tema.

 

LA BALADA DE ATTA TROLL EN ALEJANDRO CASONA

 

Desconozco el significado etimológico de ese oso legendario que sale acá y allá en la literatura llamado Atta Troll. Lo que sí se hace evidente a todas luces es la gran diferencia de planteamiento, opuesto incluso, que existe entre el Atta Troll de Alejandro Casona en su drama “Nuestra Natacha” que es una defensa a ultranza del oso, en contra de todos los que buscan su piel, su carne, en una palabra su explotación, y que da su vida por el amor de Mumma, y el Atta Trol de Heine que es un símbolo de personajes deleznables que por ende deben morir.

Casona canta al oso que sucumbe a manos del egoísmo, la ambición, la carne... enmarcado en un ambiente estudiantil cuyo co-protagonista, junto con Natacha, es un estudiante de medicina. Su problemática hoy está de nuevo vigente en nuestras calles. Heine lo condena a muerte pero es por ser símbolo del mal...

Todos hemos visto ese oso bailarín castigado por un gitano al que ignoro por qué siempre el pueblo lo llama húngaro. Así lo recoge Alejandro Casona en su obra Nuestra Natacha,:

 

HÚNGARO: He aquí a Atta Troll en persona y a Mumma, su compañera. Artta Troll es un olso alemçan educado en España. Gran bailarín, marido fiel y serio como un senador. No tiene más defecto que su sangre, romántica y judía. Por eso le gustan las canciones tristes, la cerveza, la luna. Toque el que quiera; no muerde. ¡Hombres, mujeres, mocitas en flor; a la salud de todos! ¡Baila, Atta Troll! (Atta baila al palo. Mumma canta golpeando el pandero)

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... .. ... ... ...

 

HÚNGARO.- Atta Troll es único en su arte. Los hombres le admiran; la smujeres le lanzan miradas ardientes. pero Atta es un enamorado fiel; sólo le gusta su compañera Mumma, la perla de Roncesvalles. Ahí la tenéis, pura y limpia como una azucena d ecuatro patas. ¿A quiénm quieres? Dilo, tú, Atta Troll.

Atta.- (De rodillas)  ¡Mumma!

... ... ... ... ... ... ... .. ...

Atta.-¡¡No!! (Hace frente al palo. Se arranca con un rudgodo la cadena, y saltando al escenario huye por entre las educandas asustadas.)

Poeta.- ¡Libre!

Húngaro.-Aquí, Atta. ¡Ah, oso maldito!... Hijo d econtranbandista.

Mumma.-Atta... Atta Troll...

Húngaro.- (Volviendo siu látigo contra ella) ¡Calla! ¡Calla tú! (Ciérrase la cortina.

Poeta.- No temáis. Quietos. Siéntense todos. Atta Troll ha conquistado su libertad. Por la roca brava, mordiendo flor de jinesta y aire libre, ha vuelto a Roncesvalles. Su grito retumba en los puertos d eleyenda como el cuerno de Roldán. Ahora lo veréis en su cubil caliente, con sus oseznas, gordas y rubias como hijas de pastores protestantes.

 ....

ATTA.-Sí, hijas mías. El oso en la montaña. Abajo, en las ciudades los hombres son débiles y verticales; pero tienen una terrible inteligencia para hacer daño. Se creen superiores a nosotros porque cuecen la carne antes de comerla. Pero un día nos rebelaremos contra ellos y los arrollaremos. Entonces todos seremos libres. Y hasta los judíos tendrán derecho a la ciudadanía, como los demás mamíferos. (Pausa. Nostalgia) Y sin embargo... Las ciudades son hermosas, con luminarias y violines. Las ferias tienen caminos de olivos. y se danza entre los ojos de las mujeres... ¿Qué será de mi pobre Mumma, cobarde y sola cantando?

... ... ... ... ... ... ... ...

Por detrás del tabladillo aparecen el HÚNGARO, el LOBO y el ZORRO. El LOBO, con una ballesta; el ZORRO, con gafas leguleyas y un gran libro. Traen atada a MUMMA.

HUNGARO.- ¿Habéis oído cantar? Su cueva está cerca.

LOBO: Pero Atta Troll es fuerte.

ZORRO.- Detengámonos. Lo importante es buscar una fórmula.

HÚNGARO. -No hay fórmulas. Me dejó en la miseria y debe morir. Tengo derecho a su piel.

LOBO.- Yo tendré su carne.

ZORRO.- Y yo os absuelvo en nombre d el aley. Atta es un oso demagógico y libertario. Hágase justicia (Abre su libro) Artículo ciento cuarenta y ocho.

..... ... ... ... ... ...

HÚNGARO. -Subamos al cubil.

LOBO. -Peligroso. Atta Troll es fuerte.

ZORRO. -Calma; cuando podáis hacer una cosa a traición, no la intentéis de frente. ¿Para qué tenemos aquí a MUMMA? Atta Troll la quiere. Que ella lo llame, y él mismo vendrá a caer en nuestras manos. Yo os juro que no hay animal más estúpido en este mundo que un oso enamorado.

HÚNGARO.- (Amenazando con el látigo) ¿A quién quieres tú, Mumma? ¡Dilo!

MUMMA.- (Débil) Atta Troll..

HÚNGARO.- ¡Más!

MUMMA.- ¡Atta troll... (ATTA TROLL, que se había tendido en el cubil, se levanta de pronto).

ATTA.- ¿Quién llama? ¿Quién me golpea esta sangre, caliente de recuerdos?

HÚNGARO.- (Retorciéndose los brazos) ¡Dilo más fuerte! ¿Grítalo!

MUMMA.- Atta... ¡Atta Troll!

ATTA.- ¡Es su voz!

POETA.- No salgas. ¡Es la traición, es la muerte!

ATTA.- Y qué importa, si es ella. Si toda la montaña me huele a ella. (Asomándose) ¡Mumma! ¡Aquí, Mumma! (Entonces el LOBO dispara su ballesta y se esconden todos).

HÚNGARO.- ¡Tira!

LOBO.- ¡Cayó!

POETA.

 

Malditos lobos y zorros

que engañáis con el amor.

En el val de Roncesvalles

lo mataron a traición,

al pie d ela fuente fría,

al pie del espino en flor...

En el val de Roncesvalles

¡murió cantando Atta Troll!

 

ATTA.- (Cae lentamente)

¡Ay, la-la-la! ¡Ay, la-la-la!

¡Ay... ¡Mumma!

 

(Cortina. Los educandos aplauden... Atta Troll saluda desde el tablado.-  "Nuestra Natacha"; acto segundo, cuadro tercero, págs. 446 - 450).

 

Casona aunque conocía la versión de Heine, posiblemente se inspiró en la de Rubén Darío: “El sueño del estío” que a su vez tiene a la vista la de Heine.

 

LA FIESTA del OSO EN HEINE

 

Atta Troll, en el sueño de una noche de verano. Breve poema satírico de Heinrich Heine (1799-1856) Feilligrath, que durante todo el poema sirve de cabeza de turco.

Atta Troll, el oso protagonista de la obra heiniana, es un personaje negativo, que cambia de forma y de color, como todos los personajes de la poesía que son sólo un pretexto.

Unas veces el oso representa al filisteo burgués que intenta dar sabias enseñanzas morales y teológicas a los oseznos hijos, poniéndoles en guardia contra la perfidia de los hombres bárbaros;

Otras, veces representa al poeta tendencioso favorito de la “joven Alemania” que reviste la poesía de política y la política de poesía, a costa de una y otra.

La entonación del poema, como dice el mismo autor, es romántica; ha de ser el canto del cisne de aquel Romanticismo antaño amado y profesado por el poeta y que él mismo mata ahora en sus degenerados epígonos.

Especie de elogio fúnebre del Romanticismo, es en efecto la “Caza salvaje”, visión fantástica donde las “rubias reinas” y las “nisas” y los elfos y los héroes pasan en espectral cabalgata ante un Heine de carne y hueso que caza al oso Atta Troll. Y este es positivamente el protagonista del poema, este Heine real que se burla de la cómica danza del viejo oso tradicionalista, le persigue con su palabra y lo mata.

...

Atta Troll, el buen oso germánico, vivió largamente en la polémica literaria y política, incluso fuera de Alemania.

Cuando Atta Troll fue publicado en Alemania, atrajo naturalmente sobre la cabeza del autor todos los relámpagos de la censura. Incluso en tiempos posteriores ha brindado el punto de partida para una polémica antiheiniana siempre renovada.

 

EL OSO (Medved), DE ANTÓN CHEJOV

 

Pertenece esta obrita al grupo de comedias breves o “piezas en un acto” que Chejov escribe en su primera etapa (1884-1888). Entre ellas quiero llamar la atención sobre la que lleva como título “El oso” (medved) escrita en 1888. Una linda viuda jura fidelidad eterna a su difunto esposo. Un día llega un feroz acreedor. Discuten. Ella suplica un plazo. El se niega. Deciden batirse en duelo. Pero él se enamora de la viuda y el feroz acreedor, el oso, se enamora de la viuda y cae en sus brazos.

Es realmente un símbolo de lo que debe ser la lucha contra los que atentan contra el oso. Ponerlos en contacto con él, acaso en esa lucha empiecen a descubrir la hermosura de la bestia, “el hombre y el oso cuanto más feos...”, y acaso fuera un modo diferente de hacer que la especie se viera protegida por aquellos mismos por quienes antes era combatido. Recuerda aquel original sistema que puso en práctica un labriego que queriendo guardar su pomarada de los continuos ataques de un grupo de muchachos que asolaban sus árboles, confió su guardia al cabecilla de la banda. Desde aquel día ninguno de ellos se acercó más a robarle fruta.

 

LOS RITOS TRIBALES. EL ESPÍRITU DEL SAMARTÍN

 

Los peludos ainus, tribu caucásica instalada en la isla Yeso, al norte del Japón, de curiosísimas costumbres y ritos, por ejemplo crían al pecho un osezno sagrado de poderes sobrenaturales y cuyo nombre Kamui significa dios. Al cabo de dos o tres años le dan a beber vino y después lo matan. Los hombres beben la sangre caliente del oso y se frotan con ella sus rostros velludos. El oso no es una víctima sino un emisario de los dioses. (Pueblos Primitivos de hoy, pág. 228). Tocan este tema autores como Schembe, Batchelor, Martín Wood, Siebold, etc. Isabella L. Bird en su obra “Unbeaten tracks in Japan”, Londres 1875, pág. 275 dice que su rasgo principal es adorar el oso. A pesar de ello lo sacrifican siempre que pueden ya que con su piel pagan los impuestos y su carne les sirve de alimento. Para adorar al oso hay que sacrificarlo previamente y hacer libaciones para aplacar a la divinidad ofendida. Al matarlo se disculpan ante él con frases de súplica y perdón, al desollarlo le ofrecen sus presentes, y los cráneos del oso pasan a ocupar después un lugar de preferencia en la vivienda. Los llaman “protectores divinos”. Existen leyendas de que hubo mujeres que concibieron de un oso y hay clanes que se consideran descendientes de esta unión llamándose Kimun Kamui Sanikiri. Celebran su muerte con tortas de pan de mijo y sake, una especie de licor alcohólico.

Los ainus celebran la ceremonia del oso para comunicar con algunas de sus divinidades. Todos los demás ritos tienen una importancia secundaria espiritualmente, comparados con la gran ceremonia del oso. La divinidad más importante de los Ainus es Aeoina, llamado también “la persona que huele a hombre”, es el guardián de las tradiciones. Sin embargo a quien se rinde más culto es a Huchi, la diosa del fuego o Fugi, que significa en japonés abuela o anciana. El oso no es una víctima sacrificial sino un mensajero. Todas las cosas tienen alma, pero el espíritu del oso-mensajero goza del más encumbrado rango, es el embajador preeminente de los dioses. Es capturado generalmente cuando es cachorro a finales del invierno. Una de las mujeres lo cría al pecho como si de un niño se tratara y lo acostumbran a la compañía humana. No es raro verlo entrar en la cabaña y levantando con una pata la tapa del pote comerse un par de bocados de comida.. Durante dos o cuatro años es tratado como a un niño mimado y cuando se hace fuerte se le encierra en una jaula de madera.

La fiesta tiene lugar en setiembre o en octubre. Se llama Iomante, o Iomande maratto, que significa fiesta de despedida. Es un momento sumamente triste para la mujer que lo ha criado ya que durante varios meses lo ha venido cebando como si fuera un hijo más aunque supiera que su fin era el sacrificarlo luego. Durante el sacrificio todos los presentes van diciéndole al oso el honor que le cupo haber ser elegido para dicho rito y cuan tristes se quedan al saber que se va a ir de este mundo. Este dolor sólo tiene el consuelo de saber que el espíritu del oso volverá y se volverá a encarnar en otro oso. Le recuerdan además que debe visitar a sus padres. Las mujeres preparan las tortas y pasteles que acompañarán al oso al mundo de los espíritus a fin de que pueda invitar a las divinidades a una fiesta y susurran al tiempo que le honran: “Seguro que dirá cosas buenas de nosotros”. Para demostrar el dolor por la muerte del oso se afeitan la parte alta de la frente y el cuello en señal de luto. Y bailan en memoria del oso mientras que las mujeres palmotean y entonan cánticos. Esto dura algún tiempo. Después viene la adoración de los fetiches para regresar de nuevo al oso arrojándole los espectadores flechas romas. Inmediatamente es atado a un poste, le colocan un trozo de madera entre las mandíbulas y lo estrangulan con dos palos, rematándolo de una cuchillada o de un tiro.

No debe caer ninguna gota de sangre al suelo sino que lo recogen para beberlo aún caliente untándose la cara hasta adquirir una aspecto diabólico.

Se pasa el oso muerto por la ventana que mira hacia donde sale el sol y se le despelleja hasta llegar a la cabeza y luego el hocico en torno al cual le colocan ofrendas en la creencia que aquellos alimentos le servirán para el festín en la otra vida. Se le da un poco de su propia carne y sangre en alimento rogándole explique a sus padres que vagan ya entre los espíritus que aquí lo han tratado bien. las entrañas del oso se cortan en tiritas muy finas y se espolvorean con sal para ser comidas crudas, práctica inusual entre los ainus que todo lo cuecen.. Finalmente se separa definitivamente la piel y el cráneo y se pasa también por la ventana que mira al Este desde donde pasará a ocupar la valla de fetiches que todo visitante debe considerar sagrada. (Pueblo primitivos de hoy).

Gustavo Bueno, en El animal divino, recoge una oración que dice: “Grande es la fuerza de este gran ser sobrenatural. Llevará a los hombres en sus brazos y los atormentará. Les devorará la piel y los huesos, triturando su carne y sus huesos con los dientes”. “Del coro de un ceremonial de los indios de la costa Noroeste, cantando cuando bailaban los bailarines-osos”. (Trad. por León Dujovne. pág. 55)

Las fiestas del oso se celebran en todos los pueblos cazadores de Siberia, desde el Yenisei (Oeste) a la isla Sajalín (Este), así como en América del Norte y en algunos lugares de los Pirineos franceses, (Atta...) y su presencia en el folclore mundial es constante; baste recordar todo el folclore ruso...

En Siberia se dan dos tipos de fiesta.

a) una serie de ritos para cazar el oso que desembocan en una fiesta que dura varios días en el pueblo consumiendo la carne del oso. Así los evenk del Yenisei... Aquí el invitado principal es el hermano de la esposa que tiene el privilegio de quedarse con la piel del oso que el mismo ha descuartizado.

b) la caza de un osezno en el bosque, se le alimenta y cuida en el pueblo durante varios años hasta que lo matan en el transcurso de una fiesta y se lo comen ritualmente (los nivkh que sólo invitan a los yernos que reciben mujeres y ellos son los que sacrifican la bestia y comer su carne (Cuenca de Amur e isla de Sajalím y así los ainus en el Japón...).

Los nivkh, de origen siberiano, son unos 6.000 agrupados en Amur y la isla de Sajalín. Todo el clan está obligado a celebrar la fiesta de un oso para clausurar el ciclo ceremonial de los funerales de uno de sus miembros. Poco tiempo después la familia debe hacerse con un osezno y criarlo para poder celebrar la fiesta del oso en el transcurso del acual será sacrificado.

Ritual: un hombre, el “dueño del oso” alimenta en nombre del clan a un osezno capturado en el bosque o comprado a un extranjero. Cuando tiene tres o cuatro años cursa las invitaciones a sus yernos. Las cabezas grises o ancianos organizan la fiesta, las mujeres preparan el festín en el que abundan los arándanos.

Antes del sacrificio tienen lugar las danzas y los cantos, juegos carreras de perros y se hace andar al oso de casa en casa cuyos moradores no cesan de molestar al oso entre gritos y risas desaforados casi impropios de la tribu tradicionalmente reservada, en tanto el oso trata de defenderse .

El sacrificio consta de tres partes: el dueño abraza al oso de un salto como despedida, luego lo llevan al río helado (siempre es en invierno), se le alimenta por última vez y dos primogénitos el del clan que invita y el del invitado se dirigen hacia el oso con una hacha y una olla y de un golpe lo sacrifican. Luego lo desuellan separando los huesos y la carne y quedando la cabeza unida a la piel. Antes de comer le ofrecen el primer bocado al oso muerto, pero los invitados no comen aquí sino que se llevan la carne a cambio de unos perros que son sacrificados también en el mismo lugar que el oso suplicando en una plegaria que se conviertan en osos, y sus despojos se colocan mirando hacia donde sale el sol. Luego todos comen su carne cocida en un fuego a la intemperie.

 

LA FIESTA DEL OSO DE LOS EVENK

 

Cuando un cazador descubre una osera regresa con la noticia al campamento imitando el graznido de un cuervo. Todos se reunen en la choza del descubridor para organizar la cacería al día siguiente. Siguento un ritual estricto llegan a la osera y el encargado de matarlo se coloca agazapado junto a un venablo clavado en el suelo. Se hostiga al animal con una vara larga. Este enfurecido decide abandonar la guarida y al salir se ve ensartado en el venablo. Se le tiene en el suelo con la cabeza al este y se le desuella separando la grasa de la piel. Luego se organiza una fiesta en el campamento con bailes y cánticos durante tres días en los cuales se comen cosas diferentes. El primer día es un caldo a base de la carne del cuello, el segundo un plato a base de la carne y la manteca del osos, y el tercero se separa la cabeza de la piel y se la cocina en la tienda.

En una palabra entre estas dos tribus de los nivkh y de los evenk la caza del oso es considerada como un rito, como una acción sagrada bien porque se atribuyen al oso ciertos poderes especiales o porque pertenece a un dueño a quien aquellos hombres no deben irritar y deben si lo hacen después calmarlo y rendirle culto...

 

LO QUE PUDO SER EN LA REMOTA ASTURIAS

 

Una de las más hermosas descripciones en las que aletea el rito que planea a cada paso por la escena es el Peñas Arriba de Pereda. En Asturias existe una nómina de héroes cazadores, acaso el último eslabón que nos queda de la fiesta, pudiendo afirmarse que en cada comarca de la montaña tiene su héroe. He aquí unos pocos:

Jovellanos recoge el mote del cazador más antiguo y describe parte del ritual de la caza: “El que lleva el Machuco del Monasterio por mote Catascios [¿Catasyas?] y a su padre le llamaban Mataosos, porque este era su ordinario entretenimiento. Buscábalos en el monte, los provocaba y dejaba venir hacia él, y cuando se erguían sobre los pies para acometerle, se metía por ellos. El oso no tiene juego en las manos, y entonces les metía un gran cuchillo de monte por las entrañas y los rendía y acababa”. (Diarios. t. I pág. 301). Otros cazadores fueron:

Francisco Ortal, vecino de Vigidel (Villanueva de Teverga) mató 70 osos en los montes de Cuevalmundi, Llamaragil, Rebollada y Pillares.

Pedro Arias, también de Vigidiel (Teverga) dio muerte a 40 osos entre los años 1810 y 1860.

Su hermano “el Cura” mató 16.

Angelón de Cerredo

Manuel Álvarez, de Urria (Somiedo), apodado “El Cazador” y cuyo mote aún perdura en sus descendientes, mató 48, el primero a los 13 años, y murió a consecuencia de las heridas que le ocasionó una osa en el monte de Navatchos.

José Díaz, “el Valiente”, que después de haber matado muchos es herido y muerto por un oso en 1840

Juan Díaz Faes, Xuanón de Cabañaquinta, mató 92 osos, algunos de ellos a cuchillo. Falleció a los 72 años el 20 de diciembre de 1894.

Francisco Hortal, natural y vecino de Vigidel (Teverga) que falleció en 1849 a los 80 años, mató 75.

Francisco Garrido Flórez que mató cerca de cien. Natural de Robledo (Somiedo) andaba siempre vestido de pieles. Usaba como la mayoría de sus compañeros de cacería, escopeta de chispa. A veces luchaba cuerpo a cuerpo. Vivió ochenta años.

José Calvo “Miza”, mató 19, es el último representante de esta saga de héroes populares, cuya aureola se pierde en nuestros días pasando de la admiración a la más execrable repulsa de los mismos.

 

RESTOS DE UNA FIESTA RITUAL

 

Hay algunas representaciones folclóricas en Asturias de un primitivismo indiscutible, como son los guirrios en Lena, Siero, Mieres y Langreo que se dedican a pedir el aguinaldo el día de Reyes. La descripción que hace Aurelio de Llano es todo una puesta en escena de un gran rito:

“En Lena delante van seis u ocho jóvenes vestidos decentemente de blanco y llevan antifaz; cubren la cabeza con una toca puntiaguda adornada con cintas y campanillas pequeñas; las tocas suelen hacerlas las novias.

Y van abriendo marcha dando saltos con ayuda de sendos palos. Detrás van los esterones, llamados así porque llevan una especie de casulla hecha con estera nueva, y pendientes de la cintura llevan unos cuantos cencerros grandes y en la cabeza un pañuelo colocado al estilo de los aragoneses, antifaces y palos para saltar. A continuación de los esterones y vestidos con arreglo al papel que cada uno ha de desempeñar, va la “cuadrilla” dispuesta para representar la comedia que de antemano ha ensayado.

Entre ellos va siempre un galán y una madama; y por último suele ir uno disfrazado de oso”. (Aurelio de Llano Roza de Ampudia. Del Folklore asturiano. Mitos-Supersticiones- Costumbres. Oviedo, IDEA, 1972, pág. 215). Esta costumbre se encuentra también en muchos pueblos europeos, tales como en Bohemia en donde recibe el nombre de “oso de carnaval” (festuachtsbär), en Wittlesey Cambridge, en el distrito de Leitmeritz, en las aldeas checas,  y en el distrito de Saaz que arrancan pajas al disfraz del oso para colocarlas en los nidos de las ocas a fin de que saquen más hermosos polluelos, Según Frazer... (Golden bough, t. VIII Londres 1912, pág 326), el oso simboliza en estos casos la fertilidad tanto animal como vegetal.

Como conjuros para apartarlo de los ganados y los campos en Suecia suelen llamarlo por otro nombre: abuelo, viejo, bestia de pies de oro, etc.

Desconozco por qué algunas estrellas llevan los nombres de osa mayor y osa menor. Acaso derivan del mito griego de Callisto transformada primero en una osa y después en una constelación. El oso es también símbolo de la inmortalidad. Lang lo relaciona con el hecho de que el oso duerme (muere) en el invierno y se despierta (resucita) al llegar la primavera.

Es una lástima que sólo nos queden estos vagos vestigios referidos al papel que representaba en los antiguos ritos la figura del oso. Sin embargo ello nos indica que algo debió de significar con respecto al culto, a la cacería y posterior sacrificio que muy bien se pudo confundir o sustituir por el sacrificio del cerdo. Habría que ahondar en los ritos de los guirrios y zamarrones, sidros, bardancos y zaparrastros y hasta en los aguilanderos por ver si entre su abandonada liturgia quedó algún resto de este culto al oso.

En Somiedo su cacería era una fiesta, pero más que del clan, era individualizada. En la novela de José Mª G. Aznar,”El Confinado” Oviedo 1930 describe también la cacería. Y si es cierto que literariamente deja bastante que desear no así como texto documental de lo que era entonces una cacería, una de las pocas descripciones de caza del oso desarrollada en tierras de Somiedo.

 

Una descripción de la caza del oso en Somiedo la encontramos en la novela  Confinado en la que se cuenta la historia de un desterrado en este concejo. Copiamos  una parte de la narración. Es interesante “el bable occidental” que usa aquí el novelista:

 

“… Parece que Celipín de Antona era el montero mayor, según que distribuyó la gente por los puestos. Yo temblaba por si me colocaban a mí solo en uno. ¡Cualquiera se avenía a vérselas cara a cara con una fiera de aquellas que íbamos a buscar! Me pusieron al lado de Pedrín de Endría. No sabía los puntos que calzaba en achaques de valor; pero era de la tierra y me aquieté.

Nos colocaron a la salida de un istmo, que unía la relativa planicie en que nos encontrábamos, con una peña voladiza enorme, inasequible por todos los lados, menos por el istmo, y que levantaba su cabezota, como avizorando sobre abismos espantosos que por todos lados había. El istmo era... como pelo de la cabezota aquella, que la ataba a la montaña de nuestra planicie, o como aleta de un monstruo que cayera de las nubes plomizas, en aquel estático mar de piedra. Y a la cresta de aquel monstruo, no se podía llegar más que por el filo de la aleta. Ni los “rebezos” podían irse allí a pastar -pastos buenos y abundantes, según dicen- más que por el camino aquel que empezaba en nosotros, con abismos a ambos lados, de alturas espantables.

La meseta en que yo estaba, era la parte trunca de una pirámide muy obtusa, amplia, descomunal, que afinca en abismos y se levanta  al  cielo...  no  tanto  como  la  mayor  parte  de  montañas, sierras y peñascos que nos circundan. Aquí, por muy alto que te pongas, siempre ves picachos más altos que tú: nunca se sabe cuándo se puede decir que se está en lo más alto: nunca se ve por doquier más que tremebundas oleadas de piedra de mil formas y tamaños y altitudes.

De la meseta en donde estábamos, arrancan tres senderos: uno el istmo ese que te describo, otro a nuestra espalda -que es el que anduvimos para llegar aquí-, y otro  que va a morir a aquel que parece regato, que, como te dije, baña y pule los estribos de la montaña aquella que tenemos enfrente, vestida con mil retazos de verdores obscuros, algo más tupidos que los que visten aquella en la que nosotros tenemos nuestro “puesto de espera”. Al parecer el escenario va a ser la ladera de enfrente, pues por allí “anda la osa” o el oso.. o sabe Dios cuántos.

Y te digo que el escenario es amplio, amplio; más que suficiente para ocultar legiones de fieras. Y pido a Dios que no encuentren ninguna. ¿Has visto alguna vez algún cazador con estos deseos?

La vertiente de la meseta en donde nosotros estábamos, no era demasiadamente acentuada; pero tenía una brecha, una escotadura, hacia el famoso istmo, grande y perpendicular a un plano... imaginario, que estaba como a trescientos metros. No creo posible para un hombre bajar por allí. Acaso un rebeco... Y no creas que a humo de pajas pongo estos trazos de paisaje.

Pedrín de Endría me dijo:

-Agora escomienza el ujeu. Mire atchí'n el regatu a Tanasio el Chumbo y Xuan del Puertu con los perros: ya laten y golfatian. Mírelos cómo 'sguilan monte arriba. Hacia la meta d'aquel ribazu debe tener la cama, sigún Antón de Ulia: hacia aquetchas penas pardas... Y siendo asina y como perros y xente van pa'rriba, escurro que la caza vaiga pa las escopetas del cura y de Tonón, que tan atchí enfrente: ¿nun los véi?

-Y usted ¿ya mató algún oso?

-¿Por qué lo pregunta?

-Por... por nada: para que me diga algo a fin de matar tiempo que tendremos que esperar.

-Nun será muito según veo yo el aire de los perros, y sigún trincan po'l monte arriba aquetchos mozos que siguen a los perros: y tóos etchos van po'l mesmo camín; camín, de las penas pardas: algo barruntan... You matare nun matéi más que uno con una trente; pero me paez que güey va a habere pa toos... si ía verdá que hay más de uno por aquí... Y el sitio es apareao, y las esperas tan bien tomadas. Nun pueden escapare, más que regueiru abaxu, y eso nun ía lu curriente... Asina que vámonos pa tras d'aquel peñasco. Dende allí vemos y no nos ve el oso, u séase la osa u lo que hebia, hasta dar encima de nos.

Y sentimos un ladrar desesperado de los perros y un vocerío fuerte, descompasado de los que jujeaban las piezas.

He observado que los ecos de los ruidos y de voces en estas montañas, en estas soledades, erguidas o acanaladas o truncas o ahondadas, tienen sonoridades breves, secas, pedernalinas, que ruedan y se expanden sin guedejas ni matices blandos de sonido: parece sonido virgen, sin atrofiamientos ni afonías ni oquedades que acolchen el estruendo: es voz de la naturaleza, sana, que clama recio, con lengua de pedernal. Y aquel día me parecieron aquellos ruidos centuplicados; se me figuraba aquella clamorosidad voces de hombres primitivos, con pecho de titán, que jujeaban rebaños de mastodontes, en aquella prístina naturaleza, que protestaba de la holladura de su virginidad, con voces de mar emborrascado. Hasta me parecía que las olas de aquel mar se movían. El miedo obra milagros.

Y Pedrín me dijo:

-Son dos: el macho y la hembra... u visteversa... mírelus... van camín del cura y de Gildo... güenas escopetas... No nos va tocare nada si nun salen outros... Osté escuéndase bien, y nun asome la nariz, ni los caños de la escopeta hasta que you lu avise.

Sí, sí; asomarme… De buena gana me escondía debajo de tierra, después de oír aquellas bramidas espeluznantes, a aquellas fieras descomunales, que subían monte arriba, como regueros brunos, acosados por los perros, y aún más por las voces descompasadas de aquellos bigardos, que jurara que deseaban echarles mano, tal era el aire que llevaban. Y las fieras remando con furia en aquel mar de hayas, brezos y “escobas”, y dejando surco acentuado abierto con sus remos, que cascaban y abatían árboles bastante talludos, y arbustos, con la misma facilidad que un niño cañas de junco. ¡Y aquello se puede venir ¡”encima de nos”...!

Después, dos tiros secos, ahilados, que se fueron redondeando, al engolarse por aquellas gargantas, vinieron a dar en los mismos centros de mi sensibilidad, y... ya no pude ver ni pensar nada serenamente. Y para remachar el clavo, Pedrín me dice:

-Prezpitáronse un pouco pa tirare... Debían esperar una migaína... ¡Vamos, uno caíu...! Y ¡cómo se regüelve el condenao...! ¡Carafio! ¡Tchevantóuse y esfarrapóu el perro de Chumbo! ¡Por vida de la perra de su madre...! ¡Y cómo agulla y estombexa!; pero escurro que tien bastante 'ncima 'l alma...! El outro tira pa 'cá... ¡Ah, puñefla!; de aquí nun 'scapas-. Y se relamía de gusto el bárbaro; y acariciaba la escopeta, y hería el suelo con la puntera de los pies, tumbado, como estaba en el “observatorio”. (José Mª García Aznar. Confinado, Oviedo 1931, pp. 181-184)

 

Hubo famosos cazadores de osos que se les tenía en el pueblo por héroes. Verdadera leyenda, que corre de boca en boca, hasta época tan recientes como los que recogen estos versos en Saliencia, compuestos por Salomé Alonso, a sus 75 años en 1958 y que narran una cacería de osos que tuvo lugar en el invierno de 1943 durante una nevada de casi dos metros de espesor (La Nueva España, 21-XI-93).

“Viva el pueblo de Saliencia

con sus agrestes montañas

cuando pobladas de nieve

los hombres salen de caza.

 

Estos hombres aguerridos

que luchan contra las fieras

Dios les dé salud y gracia

y les conserve las fuerzas.

.....

Era el cazador Garrido

un gran matador de osos

traía buena escopeta

y no garrote nudoso.

....

Cuando en el pueblo se oía

aquel fragor espantoso

toda la gente decía:

¿No habrán matado ya al oso

que la vacas nos comía?

...

Día veinte de noviembre

del año cuarenta y tres,

cuatro fieras carniceras

allí se vieron caer,

 

otras tres que se marcharon

no las pudiendo atender,

era muy grave el peligro

nadie contaba con él”.

 

Finalmente el letargo del oso durante los meses del invierno no cabe duda que tuvo que impresionar a nuestros antepasados de modo que posiblemente como en alguna de las culturas estudiadas fue símbolo de muerte y resurrección de sepultura y vida, de desaparición o enterramiento pasajero para salir de nuevo a la luz al llegar la pascua de la primavera, acompañado de una vida nueva representada en sus oseznos recién nacidos.

 

LA CAZA DEL OSO

 

Un tema tan controvertido no puede ser despachado en unas líneas. Me hago cargo. Solamente quisiera anotar algún apunte sobre algo que, a mi entender, habría que tener en cuenta a la hora de condenar, dogmatizar y hasta planificar la conservación de esta especie a punto casi de extinguirse en nuestra región: En el viejo rito de la caza del oso uno acierta a descubrir ciertos vestigios de algo que debió de ser en la prehistoria somedana todo un rito. Lo fue también y en parte lo sigue siendo la matanza del cerdo por invierno. Ritos que el paso de la sociedad rural a la urbana de la tribu a la sociedad moderna está haciendo desaparecer.

Por eso cuando se condena por ejemplo a un cazador somedano a fuertes multas, penas de cárcel, etc. que acaso por salvar la especie estén más que justificadas habría que ver también en estos hombres los últimos cazadores y de un tiempo legendario y descubrir en su mente aún el arquetipo genético heredado de aquellas cacerías rituales.

Si volviéramos a sacralizar al animal, y le diéramos ese valor mítico que tuvo en la antigüedad acaso se salvarían muchas especies en peligro de extinción. Pero hoy se ha desacralizado todo: los ritos de San Juan, el carnaval etc. son ritos vacíos de contenido mitológico que se han materializado hasta el extremo de que la única razón para conservarlos es la diversión. Y lo mismo se podría decir con respecto al oso: la única razón contra su peligro de extinguirse es que no se pierda la especie, o el placer de verlos vagar por los montes pero nada más.

Antes la especie estaba protegida por ese misterioso numen, ese halo sagrado que tenía el animal. Con esto no pretendo volver a la tribu ni a las religiones animistas, estoy únicamente diseccionando un hecho y tratando de señalar una  causa más del materialismo reinante, (y no hago aquí ninguna profesión de fe, únicamente hablo del sentimiento religioso) de la falta de duende que irá poco a poco borrando bosques, animales, fauna y flora al matar su auténtico espíritu que los sustenta y vela por ellos, sustituyéndolos por estas nuevas fieras que son los motores de explosión y estos bosques que son las antenas de televisión, las farolas, los postes eléctricos, los repetidores, las construcciones de cemento armado, etc...

Pudiera suceder que el oso, la fuente y el bosque tuvieran que sucumbir en aras de la evolución. No lo sé. Acaso querer salvar el oso en la mecánica evolutiva de la creación sería igual que pretender que el hombre regresara a la caverna, hablara extrañas sílabas raíz de nuestras lenguas, vistiera piel y comiera aún crudo que es la barrera que Levi Straus pone entre la civilización y la irracionalidad.

Hay que defender la naturaleza ¡cómo no! pero quizá haya que dejarle también cauces para que siga en su camino evolutivo de extinción, de renovación, transformación y mutación genética o química... Tenemos que pensar que hasta pudiera llegar un día en el que el hombre llegue a transformarse por evolución de animal que es, en onda luminosa, en campo magnético, o en vibración del éter o ultrasonido. ¿Habrán llegado a ese grado los posibles habitantes de otros mundos? Si esto fuera así ¿Cabría seguir aferrados en la conservación a ultranza de lenguas, costumbres y aún especies?

 

José Manuel Feito.