"EL CONFINADO" o Cristo se detuvo en...

(Novela de un valle de Somiedo Asturias)

 

 

 

 

        Existe una literatura semi olvidada de novelas, cuentos, narraciones, etc., locales que es interesante recuperar, pues, si bien su interés literario a veces es dudoso no lo es su valor testimonial. Estamos aquí ante una novela que se encuadra en ese caso: CONFINADO, publicada en 1934 por un sacerdote novelista, José María García Aznar, y cuya acción se desarrolla en el valle de Saliencia del Concejo de Somiedo.

Probablemente muchos somedanos de cualquiera de los siete pueblos de este valle, incluso los más interesados por la cultura, no hayan oído hablar nunca de esta obra. Y se podría afirmar que no sé si habrá en todo Somiedo alguna persona no sólo en posesión de un ejemplar sino que ni siquiera la haya leído. Hoy, debido a que el acceso a dicha zona es fácil gracias a la nueva carretera inaugurada no hace mucho, y que el interés turístico debido a la creación de El Parque Natural va en aumento de año en año, creo que puede ser interesante darla de nuevo a conocer.

 

LA NOVELA

 

         La obra fue publicada en Oviedo en 1934 por el propio autor. Su distribución fue tormentosa puesto que al salir los primeros ejemplares, algunas personas de La Arena (Soto del Barco) se vieron reflejadas en sus páginas, tales como La Sargenta, cuyo mote le venía por ser hija de uno de los carabineros que tenía su puesto allí, posiblemente con el grado de sargento. Marina fue una piadosa anciana que visitaba diariamente el templo y acudía a casa del sucesor de don José María, don David, ya jubilado, a la misa que decía en privado. Falleció en enero de 1998. Aunque finalmente cambió su testamento tenía pensado dejar su casa para la Iglesia, a pesar del trato que el autor le depara en la novela. Don Polonio de Losa, (Nolo de Tosa) es otro de los personajes con existencia real en La Arena el cual  también dejó al morir bienes para la Iglesia, para las dos escuelas de la parroquia y para sus ahijados. Es otro de lo que no salen bien parados en la novela. Por lo tanto parece que las fobias y filias del autor eran bastante desconcertantes. Lo que sí parece ser que al verse reflejados en sus páginas, algunos de estos supuestos personajes le trajeron problemas al autor aunque nunca de mayor cuantía. De todas formas juzgó prudente retrasar su puesta a la venta, cosa que luego se complicó al llegar la Revolución del 34, y dos años después la Guerra Civil.

 

         El argumento de la obra se basa en uno de tantos confinamientos o destierros que sufrieron muchos dirigentes políticos, entre ellos Flórez Estrada, natural de La Pola (Somiedo). De ahí el título de CONFINADO, o “confiscao” como se les llama en Somiedo, y que equivale a desterrado. En el libro “Los Confinados” de Juan Antonio Pérez Mateos. (Ed. Plaza y Janés, Barcelona 1976, dedica un capítulo a los confinados de la República, págs. 55-80). Recuerdo, aunque muy vagamente, oír la historia de algunos desterrados que vinieron a parar a este concejo, en concreto escuché a mi padre la historia de un personaje que se había instalado en Veigas; yo mismo conocí, hacia los años 40, a una señora catalana que se hospedó en nuestra propia casa de La Pola, aunque desconozco las causas del destierro o confinamiento.

 

CRISTO SE DETUVO EN ÉBOLI

 

        Un hecho que sorprende ya en la primera lectura de la novela es la similitud de situaciones que guarda con otras novelas que tocan el mismo tema. A modo de ejemplo comparémosla con la italiana “Cristo se detuvo en Éboli”, de Carlos Levi, en la que el protagonista es un médico de izquierdas, confinado en Gagliano, un pueblecito de la región de Lucania y que es chantajeado por el alcalde pedáneo o “podesta”. Esta novela fue llevada al cine por Francesco Rosi en 1979 con el mismo titulo: “Cristo si è fermato a Eboli”. En la de Aznar -una y otra narradas en primera persona- se trata de un abogado de derechas desterrado en los años de la República a Veigas (Somiedo), primera aldea del Valle de Saliencia, en donde la voz cantante la lleva un cacique, Polonio de Lasa, y un alcalde pedáneo.

En la narración de Carlos Levi se le recuerda al protagonista que “no acepte nada de una mujer, nada de comer ni de beber, le pondrán un filtro...”. En Confinado el protagonista, Vicente Alonso Páez, cae en manos de Generosa, prima de Polonio, la cual, aspirando a enloquecer de amor al confinado, le suministra un “filtro” que a punto estuvo de enviar a uno y a la otra a mejor vida.

Ambos autores hacen que intervenga el sacerdote teniendo a veces un papel de cierta importancia como centro de atención, con visos de un cierto anticlericalismo que se deja traslucir en la novela italiana, y como personaje salvador en la de Aznar.

         El protagonista de “Cristo se detuvo...”, médico, diagnostica y receta sobre la malaria, un mal crónico en la región. En Confinado el protagonista acude a un médico amigo que llega de Madrid y que cuida a dos enfermos de tétanos -el supuesto filtro amoroso- al tiempo que trata de desenredar la trama que el cacique y Generosa habían complicado hasta y no más.

          En una y otra novela se hace referencia a la Guerra de África, a los indianos, a la caza, tema en el que Aznar parece emular la famosa escena de Peñas Arriba del montañés Pereda, novelando la anécdota que aún corre de boca en boca sobre el famoso cazador de osos Robledo, obligado en más de una ocasión a luchar cuerpo a cuerpo con la pieza, rodando ambos a dos hasta un barranco del que fue preciso sacarlos y traerlos a la aldea en un carro del país. Don Manuel Fanjul, que fue coadjutor en Ranón del autor de la novela, recuerda haberle oído de algún viaje que hizo a Santander con un amigo, el que fuera canónigo de la catedral de Oviedo don Martín Andreu, que le acompañaba también y a menudo en las partidas al julepe, y que comentó las novelas de Aznar. (Ver Revista de Covadonga). 

 

EL BABLE DE SOMIEDO

 

           “En Gagliano, esta tierra intemporal, el dialecto posee medidas del tiempo más ricas que las de la propia lengua...”. La lengua o dialecto hablado por los nativos de Somiedo caló mucho más hondo en el alma del autor hasta el punto de sembrar prácticamente toda la novela de frases construidas en un curioso “batúa” que hasta pudiera servir de ejemplo en la normalización del bable. Con todos los defectos en que pudo incurrir el novelista al transcribir dicha lengua, no me resisto a copiar la descripción que hace de ella:

“Porque este no es el bable del que tenemos noticias lejanas. Participa de él, aunque tiene proximidades más acentuadas con el latín, sobre todo en el infinitivo de los verbos y algún otro giro.

Hay unos trastrueques de letras que me dieron que hacer hasta dar en el intríngulis. Algunas veces la u la cambian en o, como jogare: jugar, otras viceversa: buenu por bueno, esto ya es cosa del bable... del polifacético bable que, según pude observar, tiene más de una gramática según las regiones de Asturias.

Lo que más me choca es la manera que tienen de pronunciar la ch: no es la pronunciación corriente, ni la ¨x con diéresis, cosa corriente en Asturias, ni la fonética francesa; es un término medio entre la ch y la tch (la t semilíquida) pero que sólo los somedanos saben poner en su punto; y esta consonante sustituye aquí unas cuantas. Por ejemplo: la j; pero a la sustitución, en este caso, se antepone algunas veces la i: así “arbeichos” por arbejos; otras sustituye la l, como tchabrare la tierra, por arar la tierra; otras la ll, como tchevare, por llevar... Y mil matices más que desconciertan al principio aunque no es difícil dar con el tranquillo. Y el acento, el fonos, es duro, viril, como casi todo entre estas gentes. Ya ves que no me descuido en fonología... ni en fonografía. Y advierte que suprimo muchos detalles...”

Para ser un neófito en lingüística no deja de tener su interés este esbozo de “Gramática del bable somedano”. En el vocabulario recogido en la novela existen voces del más rancio bable de la tierra: icir, avicar, cascarria, garuetas (garruetos o piornos), esbariar, esgolar, pindio, confiscao, interfeuto, machorrada, cerramicar, esnevio... etc. Juzgo que, a pesar de los fallos propios de un profano en filología habría que tener en cuenta a este autor, aunque sólo fuera a título de curiosidad y como un documento testimonial más. Algo parecido al tratamiento que hace aquí del bable occidental “somedano” lo hace en otra novela, “Allá... junto al mar” (Oviedo 1930) de la lengua “pixueta”.

            Es típico de este novelista situar las novelas geográficamente de modo que se pueda localizar con facilidad la curiosa toponimia usada. Sucede por ejemplo en la novela antes citada y que tiene su acción en Cudillero, y lo hace también en Confinado. En una y otra usa el mismo sistema: modificar ligeramente el término o usar algún sinónimo o nombre metafórico, por ejemplo, Paredes del Negrón viene a ser Muros del Nalón, Gallete por El Pito, y Sombreado por Somao... Este mismo sistema lo emplea cuando habla de los pueblos de Somiedo: Bergas en lugar de Veigas (lugar donde reside el confinado), Folguera por La Falguera, Habares por Arbellales, Endría por Éndriga, Salienti por Saliencia, Ulía por Urria, Riondera por La Riera, etc. En topónimos menores suele mantener el nombre original: La Casa de máquinas, o fábrica de luz de La Malva, el Salto del Caballo entre La Pola y Veigas, el Túnel de la Tchamera, el monte de Tiblós, la Fuente del Letrado, junto al lago de El Valle que él describe así: “... un ojo de agua que sale a ras de tierra, cerca del lago, a la derecha... donde las aguas, de puro frías, parece que arrancan los dientes. No hay nadie que pueda beber de una sola vez ni un vasito de agua...”.

 

MÁS COINCIDENCIAS         

 

          Al Confinado le sorprenden las casas somedanas por su típica arquitectura: “...tejados de escoba puntiagudos” (pág. 41), “cobertera cónica de escoba” (pág. 126), para que la nieve “esgole” (pág 57). La escoba a la que aquí se alude no es otra que la retama, planta que también abunda en Gagliano (C. Levi, ob. cit. pág. 156) y que en Somiedo se le conoce por “fisga”.

Carlos Levi apunta que en aquellas aldeas italianas a los habitantes de las mismas se les moteja con nombres de animales: sapos, lobos, perros, zorros... (ob. cit. pág. 155). En Somiedo, aunque este dato no aparece en la novela, existe también esta costumbre. Así los de El Coto son conocidos como “toupos” (topos) porque les da muy poco el sol debido a su posición geográfica, en cambio a los de Urria “tchagartos” (lagartos) porque les da más el sol, según explicación de los nativos. A los de el valle de Pigüeña “pétanos”, “queimaos”, “rapiegos”, “bardinos”, “tábanos”, etc. según sean de Villar de Vildas, La Rebollada, Corés, Pigüeña, etc. En el Valle de Saliencia cada pueblo tiene también los suyos: “rebezos”, “gutos de Solacantera” “gorretos de solafuecha”, etc. , todo un arsenal lingüístico empleado años atrás como arma ofensiva.

         ¿Pudo haber caído en manos de Carlos Levi esta novela? Cronológicamente sí, como queda demostrado, pero aún geográficamente consta por una crítica que se recoge sobre obras anteriores que el autor era conocido en Italia. Por lo que se deduce de la nota se trata de un tal Miguel Barrosa que reside en Milán, y que ostenta varias profesiones: “Ni como militar, ni como periodista, ni como artista tengo figura destacada para hacer un juicio de su obra, y darle un cierto valor con mi nombre...”. M. B., Milán. (Confinado, p. VIII).

 

        En cuanto al protagonista de la novela he oído opiniones para todos los gustos. Don David Granda que conoció al autor, me afirmó que el protagonista fue un personaje real, un sacerdote desterrado por sus ideas políticas en tiempos de la primera República al Puerto de Leitariegos. Allí aún debe de haber gente mayor que recuerde su nombre. Don Manuel Fanjul que fue coadjutor del autor, sólo recordaba oírle cantar la belleza del paisaje somedano, algo que le había impresionado muy profundamente e incluso afirmaba que J. M. G. Aznar se consideraba como otro confinado, por sus ideas frente a las del mundo en que vivía. En Somiedo ya hemos dicho que algún anciano recordaba vagamente la llegada de un “confiscao” a este valle y en el que había pasado algunos meses. Sea como fuere, de la obra se deduce que la estancia del autor en estos pueblos debió de ser larga, o muy bien aprovechada, para poder incorporar a su obra las notas sobre vocablos, frases y dichos populares que emplea, así como la precisa descripción que hace tanto de El Valle de Saliencia como de El Valle del Lago.

 

DATOS BIOGRÁFICOS

 

          Pero ¿quién es el autor de “Confinado”? Nace en Cangas del Narcea el 29 de mayo de 1882. Su padre, don Higinio García González Regueral era militar, y su madre, doña Rosita Aznar Martínez procedía de una distinguida familia de Luarca prima de la mujer de don Severo Ochoa, el premio Nóbel. Parece ser que su primera vocación era la castrense, tal como aparece en algunas fotografías, y que no pudo seguir debido a una ligera cojera ocasionada por un disparo en la rodilla de un sobrino a quien se le disparó un arma. Estudia entonces la carrera eclesiástica, parece ser que también hizo estudios de magisterio, y se ordena sacerdote con otros cincuenta y ocho en 1906 (Antonio Viñayo, El Seminario de Oviedo, pág. 235). En 1907 es destinado como capellán de El Pito (Cudillero-Piñera) y coadjutor “ad nutum”, es decir sin que hubiera plaza hasta 1910 que es nombrado, nombrado por el Marqués de Muros, de quien su madre era pariente, párroco de Ranón y filial de La Arena (Soto del Barco) puesto que era una parroquia de Patronato. Su antecesor en la parroquia había sido don Antonio Vallina Los Santos, antes párroco de Riberas. Con él vivía una muchacha de servicio llamada Lucinda. Él recorría a caballo las parroquias de Naveces, La Corrada y Ranón. Vivía en Ranón en una casa del marqués que él adaptó para Rectoral, hoy completamente restaurada, y el coadjutor en La Arena donde está hoy la rectoral. En ella se hacía el Samartín que curaban en el bajo. Para llevarlo a cabo venía gente de Cangas a ayudarles. También colgaban de los pontones atadas con un hilo las manzanas de mingán. Tenían una vaca llamada “Perla”. Parece ser que durante algún tiempo estuvo encargado de la parroquia de La Corrada. Uno de sus coadjutores fue don Porfirio Gutiérrez, párroco durante muchos años de Pillarno (Castrillón), dos temperamentos que no se llevaban, pero poco antes de morir Aznar lo trasladaron para Escoredo, de modo que ya no estaba allí cundo murió Aznar. Creo que fue poco antes de 1910 cuando la Iglesia de La Arena estuvo en entredicho por mala avenencia entre cura y coadjutor aunque desconozco las razones ni quienes eran estos. Fue el promotor del sanatorio Quirúrgico de San Juan Bautista de la Arena al frente del cual estuvo el especialista de corazón y pulmón, a la vez que cirujano, don Francisco Torrado, de Oviedo. Había dos ayudantes médicos, uno fue don Francisco Combarro. En este Centro se atendía a los pescadores de Cudillero, San Esteban y La Arena dependiendo del Pósito o Rula de Pescadores de esta localidad del que don José fue durante un tiempo Presidente.

 

           Sobre su odisea durante la persecución religiosa del año 1936 da fe el testimonio de su coadjutor D. Manuel Fanjul de la Roza recogido por A. Garralda en su obra: “El párroco de Ranón, don José María G. Aznar y un servidor habíamos estado presos dos meses antes del 18 de julio, seguido del triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero. Primero en la cárcel de Soto del Barco en donde querían entrar con barras a matarnos; ante el peligro nos trasladaron a la de Avilés, coincidiendo con don José Arenas, párroco de Riberas de Pravia, donde también nos quiso asaltar la chusma; y finalmente a Gijón, en varios autocares, porque la autoridad preveía el peligro y buscaba nuestra mayor seguridad. Sólo estuvimos diez días en la cárcel. Pero fue una buena experiencia.

Por eso, en cuanto me di cuenta de que en San Esteban de Pravia había huelga general por el levantamiento de África, levanté el vuelo. A sabiendas de los que nos esperaba huimos por el monte el párroco (J. M. G. Aznar) y yo a Pravia. Si me quedo un día más, me enganchan, y me hubieran matado. Oí decir que habían ido hacia los límites con Galicia en busca de ambos, cuando nos tenían bien cerca en Pravia.

         Una vez en Pravia nos reunimos José Arenas, Luis Muñiz y Ramón García González, sacerdotes. Les propuse coger un coche y marchar a Portugal. No hubo manera de ponerse de acuerdo. Cada uno fue por su lado...” (Garralda, La persecución religiosa del clero en Asturias -II. Odiseas-, Avilés 1978. págs. 270-271). Al habla con Don Manuel Fanjul me dijo que D. José Mª quedó escondido en Pravia con el párroco de dicha villa hasta que, meses después, fue liberada la zona regresando de nuevo a su antigua parroquia de Ranón.

 

         La Iglesia parroquial, de la que aún quedan unos muros, (María Luisa de La Sierra afirmaba haber visto pinturas en azul con la leyenda de don Sancho), está en ruinas en una pequeña campa propiedad del Obispado.

Acaso debido a la presión sicológica que sufrió durante los años de persecución de la Guerra civil y el fuerte temperamento que tenía, su carácter se fue haciendo más duro siendo al mismo tiempo víctima de una especie de manía persecutoria que le hizo poner casa en La Arena. Luego no cesó hasta que le nombraron presidente de la Rula. Había en La Arena un médico, apellidado Arana, que influía enormemente sobre la juventud y con quien estaba seriamente enfrentado. Pero el problema que le llevó a la muerte el 18 de junio de 1942, pocos días antes de la fiesta patronal de La Arena, fue que, debiendo enfrentarse por cuestiones de un paso frente a la iglesia, con el alcalde de La Arena, don Nicanor Suárez, no encontró respaldo ni por parte de compañeros, al parecer aquella noche había acudido a la rectoral a ver a don Maximiliano, ni de la jerarquía quienes juzgaban que la cosa no era para tanto. Por lo visto sí lo era...

          De su vocación literaria dan fe las diversas colaboraciones en diversos periódicos y revistas, como Las libertades de Oviedo en su primera etapa, y en Región (Oviedo) y en la revista Covadonga después de algunos años. Además de la novela que tenemos entre manos publicó otras dos más: Allá... junto al mar, y En medio del mar (con portada del pintor García Sanpedro). Pero nos consta que dejó inéditas otras varias: Garras del Vilano (posiblemente la misma que aparece como Vilanos inmorales (en preparación) en la novela En medio del mar, y El señor de Muros, en la que atacaba por lo visto a su propia familia. Cerca del mar y Garras de Vilano, que aparecen anunciadas como obras en preparación en la contraportada de En medio del mar y en la de Confinado, son obras que posiblemente echó al fuego la noche de su muerte pues su hermana Maruja me dijo que la víspera de su trágico final se había pasado toda la noche quemando papeles en la cocina.

 

          De sus primeras obras hace Palacio Valdés el siguiente comentario: “... un léxico escogido y rico, de un selecto y correcto castellano. Una dicción suelta, galana, gaya, elegante; unas escenas donde palpitan llenas de vida, las virtudes y pasiones, querencias odios y amores expuestos con muy finos recatos, sin desparpajos, pero sin ñoñerías. Una trama llevada siempre con acierto... con ingenio, con interés, sin que los protagonistas se salgan ni un instante de su carácter, sin forzar las situaciones...”.

 

EN SOMIEDO

 

         ¿Cuándo y por qué razón estuvo el autor en Somiedo? Pregunté a cuantos pudieron tener una relación más directa, familiares, conocidos, a gente anciana de Somiedo, al que fue su coadjutor, don Manuel Fanjul, que sólo recordaba oírle hablar de la impresión que le causó el paisaje y que acaso fue acompañado de su amigo D. Martín Andreu, pero en concreto no pude confirmar ni personas ni fechas sobre su estancia en el concejo. Deducía yo por algunos informes, que debió de ser amigo del párroco de Éndriga, por aquel entonces don Fernando Álvarez Álvarez (“don Fernandín”, con este nombre aparece en la novela, el pueblo lo conocía también por “El curín”) que falleció ya anciano diciendo misa en Éndriga en la Navidad del año 1945, o acaso también de un condiscípulo, don Adriano Feito...

 

         La solución la encontré en el verano de 1995 en Veigas, de labios de Ángel Feito Sirgo (a) “Angelín”, 87 años, nacido en marzo de 1908. Recordaba que un día el párroco de Folgueras, antes coadjutor, regente y ecónomo de Bayas y Naveces (Soto del Barco), Don José Lana Álvarez, conocido en Somiedo por “El Nene” y muy amigo de don J. M. G. Aznar, le dijo a los padres de Angelín que si lo dejaban ir de sacristán para ayudar al párroco de Ranón. Estos asintieron. Pasó unos días con El Nene en la parroquia de Folgueras aprendiendo a ayudar a misa. Luego lo llevaron en tren hasta San Esteban y después de cruzar la barca hasta La Arena, a Ranón. Estuvo solamente nueve meses durante los cuales además de ayudar a misa, cerraba la iglesia, encendía las mariposas de la luz del Santísimo cada noche, cerraba el armonium si quedaba abierto, etc. En casa servía a la mesa ayudando en este menester al ama de llaves que, entre plato y plato, siempre le daba algo. Cuando llegó la madre a verlo, Angelín que añoraba su pueblo y su vida de libertad, empezó a decir que quería ir con ella y la madre no tuvo más remedio que traerlo de nuevo. Recuerda ver a la entrada de la rectoral un paragüero con muchos bastones, algunos con el puño de plata. Don José tenía dos hermanas llamadas: Gilda (maestra, muy extrovertida e inteligente) y Maruja, mas una cocinera o muchacha llamada Rosalía natural de Cangas del Narcea que a su vez tenía una sobrina llamada Lola, (la doncella) que casó años después en la Arena con un personaje conocido por Xalda. Rosalía, emparentada con los Aznar a la muerte de don José fue recogida por esta familia y murió en Muros.

 

         La estancia de don José María en Somiedo tuvo que ser anterior a 1920 puesto que Angelín lo recuerda antes de su viaje, cantando en una función religiosa que tuvo lugar en la iglesia vieja de Veigas. Tenía muy buena voz y cantaba muy bien. Tiempo después una hermana de don José “El Nene” Enma Lana, me confirmó todo lo anteriormente dicho. Eran muy amigos y varias veces vino a El Valle a pasar unos días. También visitó a don Adriano en su casa de Villarín el cual, años después, levantaría la Iglesia (1922-23) sucediendo en sus últimos años a su primo en la parroquia de San Juan de Villapañada, fallecido en 1944.

 

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          Acabo de venir de aquellos pueblos. Una vez más volví a visitar los lugares descritos por don José María García Aznar en Confinado. Recorrí aquel largo trayecto de La Pola a Saliencia, en el que de niño empleaba tres o cuatro horas. Pude hacer el viaje en menos de un cuarto de hora por la nueva carretera que bordea el río. A uno y otro lado de la misma quedaban las viejas casas, hoy muchas de ellas remozadas, otras casi en ruinas, de Veigas, Villarín, Arbellales, Éndriga... como nutrias agazapadas a la orilla de las rumorosas y límpidas aguas del río. En Veigas, la patria chica de mi padre, visité a mis parientes, allí siguen en pie solamente dos o tres casas de teito, las demás se han caído, el viejo palacio de los Nenes de Pravia, Coxega de Abaxo, antiguo emplazamiento de un Monasterio (San Andrés de Coxega), la nueva iglesia entre Villarín y Veigas... Los pueblos se están quedando vacíos. El “esnevio” de la civilización y del progreso se ha llevado la mayor parte de su vecindad y de su tipismo. Y lo mismo en el Valle del Lago, acaso más visitado por turistas y montañeros debido a la belleza de su lago y a la proximidad de Picos Albos ...

         Acabo de llegar de Somiedo. Los recuerdos se amontonan. El valle de Saliencia hace años que tiene su novela. La ofrecemos de nuevo a todos cuantos sientan un tanto así de amor por estas tierras somedanas, hoy declaradas Parque Natural.

 

José Manuel Feito