LOS CALDEREROS DE MIRANDA

 

Conferencia impartida en Okendo, San Sebastián (2-II-2009)

 

 

 

Quiero dar comienzo a estas palabras con el saludo más entrañable a esta tierra y a este pueblo; con él fui, de una manera u otra, asomándome a la vida.

En primer lugar mi formación en Oviedo y Covadonga estuvo siempre bajo la mirada de sacerdotes vascos empezando por el obispo que me ordenó: Dr. Lauzurica y Torralba, el Rector del Seminario, Ignacio Olaizola Arrieta, cuya familia residía aquí en Donostia, el director espiritual Antonio Oyarzabal, profesores de música e impostación como Gabriel y Josechu Olaizola, administrador José Igartúa Irizar… de modo que los apellidos vascos se repetían y se oían a todas horas en aquellos años. Josechu Olaizola se enfadó un día cuando nos oyó cantar una nana/ villancico: “¡Santo José, por Dios mirad…!” con la música del Agur jaunak, le parecía una profanación. Sin embargo recordando aquellos años, una de las piezas del coro Folk Madreselva que fundé en mi parroquia, fue la canción de cuna Aurtxo polita compuesta por Gabriel Olaizola un hombre admirable a quien tuvimos de profesor de impostación en Covadonga cuatro veranos.

Estudiando la historia de Avilés me encuentro entre sus personajes con el filósofo y filólogo Estanislao Sánchez Calvo que a finales del siglo XIX, escribe la obra “El nombre de los dioses” donde estudia con cierto detenimiento el origen  y vestigios del Euskera. En la Revista de Asturias, s. XIX incluso hace derivar del euskera  toponímicos de la zona de Avilés. Decían los que lo conocieron que manejaba perfectamente este idioma.

Por no cansar, estudiando la vida de Alejandro Casona de nuevo tuve que acudir a esta ciudad donde casó con una vasca en busca de su partida de matrimonio. Finalmente hacia el año 1999 en una exposición de arte moderno en Salas (Asturias) me encontré con el escultor Ricardo Ugarte, charlamos largamente y entre otras cosas salieron las fiestas de los caldereros de Donostia. Muy gentilmente me envió una cinta con la música y un folleto con la letra. Cuando recibí de Juan Antonio Antero la invitación de dar aquí esta conferencia  pensé que también Avilés necesitaba conocer las fiestas de los caldereros, al menos para enriquecimiento cultural del grupo que formamos en torno a las lenguas de oficio. Hoy tengo que agradecerle públicamente que haya aceptado nuestra invitación  y la exposición magistral de de estas fiestas nos hizo juntamente con Imanol por lo cual mi esfuerzo por estar aquí está ya más que pagado.

 

También nosotros estamos indagando y nos interesa conocer el por qué, cuando y cómo llegaron los caldereros a Miranda. Y también están en su busca estudiosos de Aragón, como hemos visto en estas VII Jornadas en Avilés, ahora veo que aquí empieza también la curiosidad por conocer los orígenes. De todo ello por desgracia no sabemos mucho.

 

ALGUNAS OPINIONES SOBRE ORÍGENES LEGENDARIOS DE LA CALDERERÍA.

 

Por lo que respecta a Miranda de Avilés que es de  lo que voy a tratar especialmente, uno de los historiadores de la Villa, Julián García San Miguel más conocido por el “Marqués de Teverga”, dice hablando de los zoelas, tribu al parecer que pobló la región que “dieron gran importancia a los pactos de hospitalidad, protección y amistad que celebraban entre sí, grabándolos en láminas de cobre llamadas tesseras, pactos que observaban y cumplían con la mayor fidelidad, recibiéndose y hospedándose mutuamente las familias así obligadas. El huésped era tratado entre ellos con respeto y disfrutaba de completa de completa seguridad”. Sin embargo “La fabricación de objetos de cobre, las fábricas de Corvera que cita aquel erudito académico (Fernández Guerra), no tienen más que siglo y medio de existencia y ninguna relación debe de existir entre ellas y la industria cobriza que explotaron los romanos, de la que aún se conservan preciosas ánforas y otros objetos que recuerdan el grado de perfección que alcanzó”.

 

Aníbal López en el diario El Comercio salía al paso con un artículo sobre los caldereros a lo que él calificaba de tópicos, y daba su versión de los comienzos de esta artesanía haciéndolos descendientes de los “kassar, o “kasseras”, es decir, fundidores de cobre y caldereros del Norte de la India, nada menos, que aquí en España se les conoce por Kalderas, del rumano Kaldera “quienes ejercían, de pueblo en pueblo, su oficio peculiar arreglando calderas viejas con unas herramientas rudimentarias, precisamente fabricadas por ellos mismos, consistentes en dos fuelles, una lima, unas tenazas, dos pinzas, un martillo, un punzón y un yunque, este para hundir en el suelo”.

Y sigue afirmando en el citado artículo, influido seguramente por noticias un tanto extravagantes: “Que eran “kasseras” nuestros caldereros nos lo atestigua la calleja que existe en Miranda y que se la conoce por “La Cabeza de la moza” la cual pregona a las generaciones futuras que allí tuvo lugar la confirmación de haber sido ejercitada su justicia, ya que cuando una de las hembras se entrega al no gitano, (la misión de las mujeres romani es solamente la de aportar hijos y más hijos, todos ellos legítimos y por consiguiente puros para sí asegurar la continuidad de la colectividad, aquí trasladado a los caldereros) todo el clan quedaba mancillado y por tanto deshonrado, para lo cual y a fin de borrar tal afrenta hacen desaparecer el cuerpo de la desdichada impura pero… su cabeza es arrojada en un camino público en testimonio irrefutable de que la pena impuesta por la justicia romani llamada “krissis” tras la resolución previa del “krissitoris” (Consejo de Ancianos) fue cumplimentada. Hoy una cruz de hierro señala aún el lugar de la ejecución. El barrio lleva el legendario nombre de “La cabeza de la moza”.

Los “kasseras”, al igual que nuestros caldereros utilizaban un argot secreto (jerga, bleche) y se denominaban los “ron” (hombres arquetipos de la especie) y tal vez por corrupción gramatical al correr de los siglos, en Miranda denominan “Bron”, en vez de ron a esa lingüística que está plagada de palabras griegas, turcas, armenias, etc., tomadas todas ellas durante su estancia en esos distintos países para así poder entenderse solamente ellos entre sí.

Esta jerga nunca fue escrita, solamente fue trasmitida oralmente de generación en generación porque según afirman “los calderas”: “Nuestra lengua no se escribe… es nuestra maldición la que nos priva de tener nación, Estado, poder, jefes, iglesias ni escritura, porque nuestro poder, nuestra fuerza, nuestros jefes y nuestra escritura fueron ahogados en el mar para siempre”.

“Según la tradición los calderas estaban en Jerusalén cuando el proceso seguido contra Yeshua ben Marian (nuestro Jesús). Uno de estos caldereros concertó con el centurión de Poncio Pilato la confección de los clavos con los que sería crucificado el llamado Yeshúa Nazareno Rex de los Yudíos (INRI). El caldera hizo los tres primeros clavos, pero el cuarto no se enfriaba prosiguiendo con su característico color rojo cereza despidiendo un calor abrasador que consumía cuanta agua sobre él se vertía, por lo cual fue arrojado a un pozo, que en pocos momentos se secó. Conocido por toda la tribu tal prodigio levantaron el campamento y prosiguieron su errante caminar por lo cual no hicieron el cuarto clavo y nuestro Jesús fue crucificado sólo con tres.

Parte de estos nómadas partieron por la costa del Norte de África para, siglos después, llegar a nuestra patria, mientras que el grupo principal parte hacia Turquía, franquea el Bósforo, penetra en Grecia y en toda la península balcánica desde donde se desplaza a la Europa central y años después al resto del continente europeo.

Esos kalderas por lo tanto no llegaron a nuestra patria hasta el s. XV (1447-1452) por lo que es de suponer que a Miranda llegarían después del año 1692, ya que en ese año el rey Carlos II, hijo de Felipe IV, publica una pragmática en la que disponía: “Los bohemios o zíngaros no podrán acampar en pueblos de menos de mil almas” y como nuestra villa en aquella fecha no poseía ese censo de población tuvieron que elegir aquel lugar para asentar su campamento, ya que el mismo les resultaba idóneo por estar carente de ríos (ellos odian profundamente el agua) y enclavado en la ruta jacobea que conducía a Santiago de Compostela, tan frecuentada por las peregrinacionesgalas”. (El Comercio de Gijón, 11-IV-1971, pág. 19)

 

Siguiendo la línea mítica de los orígenes legendarios de los caldereros hay algunos autores que fantasean sobre el tema fiados en alguna noticia que encontraron aquí o allá. Por ejemplo Fernando Sánchez Dragó nos da su versión particular de los caldereros de Miranda en el Camino de Santiago. Este autor habla expresamente de los caldereros, pero su voz se pierde entre leyendas y lucubraciones amasadas con mitos y fantasías en su Gárgoris Habidis que nos deja un regusto literario con sabor a Noche de San Juan:

 

“En Miranda, a muy pocos kilómetros de Avilés, los caldereros no han olvidado el bron de sus mayores. ¿Alude ese bronco monosílabo al material que tales artesanos reservan para sus obras más bellas, o se trata, como algunos investigadores aseveran, de una clave cronológica referida nada menos que a la Edad del Bronce? Dichos de otra forma: ¿Vinieron los caldereros con los celtas y traían ya, o forjaron entonces, esta germanía inextricable? Sus voces nos devuelven al Génesis, a la estirpe de Caín, a los herreros y alquimistas, a los secuaces de Kali, y, en definitiva, a los gitanos que con tanto celo preservan su caló. Pero el tema excede aquí al ámbito de los oficios, vuela, es ya asunto de raza, exige un capítulo aparte…” Gárgoris Habidis ,t. II, pp. 153-154). En otro lugar va un poco más lejos cuando dice: “Cirlot da como cierto que los cíngaros trajeron el bronce a todos o casi a todos los países del tardío Hierro europeo. Calcúlese la fecha. Y aún sin calcularla: Juba, Túbal-Caín, tumal… Ya estamos dando otra vez en brazos del tubalismo, aunque no seré yo quien se suba de nuevo al pescante. Sólo un dato: en Miranda, a tres kilómetros de Avilés y algunos más de Peña Tú (peñatu), proliferan desde hace tiempo inmemorial los caldereros. (María Josefa Almagro-Gorbea, “Los ídolos ´betilos´ del bronce I hispano: sus tipos y cronología, Madrid 1968) Son nómadas. Abandonan sus hogares al empezar octubre y vuelven a ellos con el solsticio de san Juan. Hablan entre ellos una jerigonza de cofradía a la que denominan bron. Nos los vimos con ella en el capítulo dedicado al apóstol” (G. y H. 5ª ed. Hiperión. Madrid 1979 t. III, p. 125).

 

 

LOS MARTINETES: VILLALEGRE  Y  LA FERRERÍA (AVILÉS)

 

Muy relacionados con los talleres caldereros fueron los martinetes en donde al principio se fundía el cobre, luego se fabricaban los cascos o calderas en bruto, auque últimamente cuando ya los artesanos trashumantes habían desaparecido los descendientes de estos seguían en la fabricación importando únicamente el cobre en láminas, las cuales, sometidas a un proceso mucho más moderno en instrumental y acabado, eran transformadas en las diversas piezas tradicionales de cobre: calderas, peroles, esponjaos, etc. Sin embargo no fue así en un principio. En los martinetes se trabajaban calderos de cobre de todos los tamaños y gruesos surtiendo a  toda la provincia, a parte de Galicia y parte de Castilla.

Fue famoso en Asturias el de martinete de Villalegre del cual aún subsisten  restos y el topónimo. Constaba de tres oficinas o estancias: la primera con dos hornos para fundir y refinar los cobres agrios. La segunda para derretirlo, moldearlo y estirarlo a golpe de mazo o martinete, el cual pendía de una gran viga a la que imprimía movimiento una gran rueda de paletas movida por un salto de agua. La tercera era para dar los últimos retoques al cobre... Todo ello se llevaba a cabo aprovechando las aguas del río Arlós.

En 1750 estaba bajo la razón social de Carreño, Viuda de Flor y Troncoso. Por cada 100 kilos de cobre consumía 16 quintales de carbón vegetal. Sus hornos llegaron a tratar 15.000 kilos de mineral procedente de las mimas de Riotinto. En él solo se fabricaban calderas en copa, es decir, sin rebatir ni guarnecer: el rebatido tenía lugar en los talleres de Colás y la guarnición posterior era misión de los caldereros de Miranda..

Además del martinete de Villalegre hubo otro martinete en Trasona que hoy casi nadie recuerda, aunque le dio el nombre al caserío cercano. Hoy sus ruinas yacen bajo las aguas del pantano.

Había además otros dos en Avilés, uno en la calle de La Ferrería, de ahí su nombre y que era propiedad del señor Carreño que a la vez era comandatario de la mencionada fábrica de Villalegre, y el otro propiedad Fermo (Fermín) Olamendi oriundo de Guipúzcoa y que llegó a Avilés como maestro de la Cobrería de Villalegre estableciéndose más tarde en el barrio de Galiana. (Retengan este apellido Olamendi del que volveremos a hablar)  Dicho martinete pasó después a ser propiedad de su hijo Eusebio, después pasó a un sucesor de este llamado Fermín quien a su vez lo cedió a su primer maestro que era “Mersindo” (Gumersindo) Arenas, y al fallecimiento del mismo a su hijo Nicolás Arenas quien lo regentó hasta que fue desposeído de él en 1990. (De él hicimos un reportaje en supero 8 hacia 1970)

La exportación y venta de la mercancía fue siempre necesaria. Así es que surge en Miranda un gremio de mercaderes-artesanos para quienes en las coordenadas del tiempo y la distancia, factores que encarecen el producto jugaron  un papel importante en la economía del pueblo”.

 

PRESENCIA EN MIRANDA DOCUMENTALMENTE FECHADA

 

Hemos visto parte de la leyenda que nunca hay que despreciar pues a menudo tras un mito o leyenda se esconde un poco de historia. De todas formas en Miranda de Avilés consta documentalmente la existencia de caldereros al menos desde el s. XVI. Según el historiador Francisco Mellén existe un manuscrito en el Archivo General de Simancas que trata de las alcabalas reales que debían pagar los pecheros de las distintas calles y rieras avilesinas, y los tipos de juramentos que hacían los gremios de zapateros, merceros, herreros, cordoneros, cerrajeros y caldereros, correspondientes a los años 1590-1595. El documento  consta de 146 folios y lleva por título:

“Real orden que se tubo en la villa de Abiles los años de su en cabeçado en la paga de las alcabalas rreales desde el año de nobenta asta el fin del nobenta e cinco años”.

En cuanto al remate de las alcabalas y se lee lo siguiente:

 

Sabugo. Diose al arrabal de sabugo que a de pagar este año nuebe myll mrs. 

Çapateros. Diose y ande pagar los çapateros este dho año tres myll e trescientos mrs.

Merceros. Diose e ande pagar los merceros este dho año seis myll mrs.

Ferreros. Diose y ande pagar los ferreros este dho año ochocientos marabedís.

Gordoneros. Diose y ande pagar los gordoneros e este dho año seyscientos marabedis.

Caldereros y cerrajeros. Diose y ande pagar los caldereros y cerrageros este dho año trescientos mrs.

Miranda. Diose y ande pagar los vºs de la riera de miranda este dho año tres myll mrs.

Diose y ande pagar la riera de Vidrero  tres myll mrs este año.

 

David Arias, uno de los primeros historiadores de la villa,  aduce la noticia, sin documentar, tomada del Archivo Municipal de Avilés en la que se especifica que el año 1621 este gremio de la calderería era hasta tal punto floreciente que “los vecinos de Miranda… llegaron a pagar 3.000 maravedíes cada uno por el cupo de alcabala, siendo por entonces libre el oficio de calderero”. Esta libertad se fue restringiendo poco a poco “exigiéndose examen y título de calderero que expedía el corregidor de León, el cual lo debía presentar a la Justicia de la Villa para que lo confirmara y autorizara”

En el mismo Archivo Municipal, se encuentra en legajos del s. XVIII la relación de familias que vivían por entonces en Miranda y que ascienden a 143 de las que 38 hombres estaban dedicados a la alfarería y el resto al oficio de caldereros cuya labor alternaban con las faenas del campo, y las mujeres con tejer el lino y la lana. La lista completa anterior a 1853 se encuentra en unas relaciones del ramo Real de la Riera de Miranda, nº 6 Avilés, estadística de 1771...

Como los caldereros pertenecían al ramo de los arrieros (Riera de Miranda?) habría que comparar y ver si tiene relación con ellos la Polémica que mantuvieron las Comunidades de San Pelayo y de La Vega con el muy noble señor de Molina, hijo de Alfonso el Sabio, y con el adelantado de León don Gutierre Suárez los cuales defendían contra las Comunidades la exención del pago de derechos de portazgo sobre el comercio de arriería, único medio de transporte para comunicarse con Castilla.

La discusión llegó a tales extremos que se acudió al Fuero de Avilés (concedido por Alfonso VII a la Villa en 1151) “con el fin de no perder el derecho que tenían a la exención de peage” (Belmunt y Canella, t. I).

El calderero participaba en el remate y acabado de las piezas poniendo asas aros y orejas de hierro a las calderas, lo que también producía ciertos márgenes de beneficio.

 

ARCHIVO MUNICIPAL

 

En la nómina de caldereros que obra en los Archivos Municipal de Avilés del s. XVIII hay una curiosa división en el trabajo de estos artesano. En datos de 1771 se dice:

José Calvo de Vidoledo tratante de cobre.

Mateo Fernández Bendoval en el Camino Real: calderero de herramienta.

José La Granda: Tratante en el arte de la calderería.

Francisco López: comerciante en cobre.

Jacinto Bernardo: tratante de calderero.

Fernando Fernández: comerciante en cobre y otras cosas dentro y fuera del Principado.

Francisco de la Granda: tratante en el comercio de la calderería.

José Calvo: calderero de herramienta, es decir, componer calderas.

Manuel de la Granda: Tratante de calderería que anda con la ferramienta...

Un somero análisis de lo anterior deja ver a las claras las diversas especialidades que existían entre ellos con respecto a un mismo material: las calderas, siendo los más importantes: el tratante de cobre, el calderero de herramienta, y el comerciante en cobre. Con el calderero siempre le acompañaba un criado o muchacho que llamaban “mutil” cuyos nombres no aparecen lógicamente en los archivos, pero conocemos algunos de sus nombres por tradición. Incluso hay una familia en Miranda de mote “Los Mutiles”. A continuación de las nomina  viene la declaración de sus ganancias.

Incluso lo hace alguna mujer en nombre de su marido, en los siguientes términos no carentes de cierta ironía: “Relación que yo, María Conde doy por ser la única en ausencia de mi marido Juan de Ávila que tiene de edad 36 años y dicho mi marido ya hace cuatro años que no vino a casa a causa de las pocas ganancias que tiene con la ferramienta en el trato y compostura de calderos por Castilla” (julio 1771).

Según el Catastro del Marqués de la Ensenada en 1753 señala la cifra de 115 tratantes de cobre, 19 caldereros, 34 herreros y 12 cerrajeros...

Contamos también con la Estadística General del Comercio de Cabotajes de los años 1857 a 1920 entre los puertos de la Península e Islas Baleares. Por citar solo un año diremos que en 1885 el Puerto de Avilés registra las siguientes entradas y salidas de cobre: “126 q. m. de cobre por valor de 19.723 pesetas procedente del Oceano. De salida con destino al Oceano nos da la cifra de 245 q. m. de cobre por valor de 26. 992 pesetas”.

Durante el verano, época de labores del campo más duras en las que los pueblos permanecen mudos e inhóspitos, los caldereros volvían a Miranda. Contaban sus andanzas y aventuras, hacían los libros: “tanto vendido, tanto “fiambrado” (fiado)..., guarnecían las nuevas calderas, pastoreaban los machos a fin de tenerlos bien a punto para la próxima campaña. Pero casi todo estaba al cargo de los criados o mutiles. Porque el calderero tradicional era tenido como un señor cuando llegaba al pueblo. Lo decía la canción:

“Los caldereros n´Asturias

son regidores y alcaldes

en marchando pa Galicia

son barrenderos de calles”.

De hecho uno de los motes que pervive, el del último calderero alude a un cargo importante, el de “merino” o vicealcalde.

Más de una vez sus convecinos cambiaban la letra pues veían que no era del todo cierto, dándose el caso de que algunos se casaron con gente económicamente fuerte en pueblos de su zona. Por eso en Miranda les decían:

“Los caldereros n´Asturias

son barrenderos de calles

en marchando pa´ Castilla

son regidores y alcaldes”.

La calderería recibió un golpe de gracia al ser ventajosamente suplantada por las nuevas calderas de chapa galvanizada más baratas, resistentes y duraderas. El caldero ante esta situación se dedicó a vender otros objetos como eran los utensilios de labranza: guadañas, hoces, etc., instrumental de cocina: sartenes, potes o bien otras mercancías como paños y lienzos y paraguas que compraban en Avilés u otros almacenes al por mayor. Pero aquello no era lo suyo y tuvieron que replegarse a otros oficios sedentarios. Daba comienzo  la Era industrial y agonizaba la Artesanía.

 

INSTRUMENTAL

 

Puesto que el calderero de herramienta participaba en el remate y acabado de las piezas poniendo asas, aros y orejas de hierro a las calderas, lo que también producía ciertos márgenes de beneficio, conviene saber la herramienta que se usaba. En el taller de Colás (La Curtidora) que era el centro de donde se surtían los cascos en bruto pudimos hacer recuento del siguiente instrumental que en parte era el que usaban en sus talleres también los caldereros, fabricado todo él por los mismos artesanos:

Martillo de espanzar, usado para abrir la caldera o el cilindro e cobre y darle forma.

Martillo plano, de rebatir a lo plano calderas o piezas similares.

Martillo de rebatir de bola para la decorar algunas piezas de adorno. Las calderas llevan el impacto plano, en cambio en los paragüeros, el adorno solía ser de bola, debiendo estar los martillos muy pulidos para no manchar la pieza. Antes se limpiaba también esta con ácido sulfúrico y agua al 50 %, aclarándola luego bien para quitar el ácido y secándola con trapos viejos pero limpios cuya adquisición a veces era una tarea no fácil.

Martillo de fondo, de pared, de componer...

Para algunos trabajos de decoración se usaban martillos de cabruñar.

Mazo de alisar a lo plano, para quitar abollones que pudiera haber en la pieza, o para alisar objetos a lo curvo, sobre todo piezas de decoración. Este mazo estaba fabricado de madera de manzano para que no desfilachara, y era de diverso calibre y forma.

La estaca o yunque, era una barra de hierro que una vez hincada en el suelo o las más grandes aseguradas en la pared servía para trabajar la caldera, remachar los clavos de la guarnición que eran imprescindibles en el remate de la pieza, etc. Las había de diversas formas y con variados deformaciones cometidos. La de los caldereros era una barra de hierro que se hincaba en la tierra.

El punzón y la clavera tenían por objeto quitar los remaches de las guarniciones de las calderas para un posterior arreglo. Entre los punzones estaba el botonador que servía para dejar el remache redondo. Este se completaba con el llamador que es el que recibía los remaches. Usaban cortafríos de boca roma para hacer las decoraciones en las asas de las ferradas.

Los aros, orejas, asas, clavos o remaches... etc. eran otras piezas que se hacían para rematar y hacer útiles las calderas. Al final servían sólo se adorno. Habría que seguir indagando más sobre todo este material, nombres, usos y fabricación de los mismos y sobre todo recogerlo con miras a la creación de ese Museo y taller del Cobre por el que tanto suspiramos.

 

OBJETOS DE FABRICACIÓN

 

Los objetos que fabricaba el calderero eran muy diversos aunque hay que contar entre los principales calderas de diversas formas y tamaños, sartenes, perolas, potas, esponjaos (a modo de platos de cobre con mango largo), cangilones, cucharones, calentadores de cama, algunas vasijas de adorno (paragüeros),  ferradas (la parte de aros y asas), etc. Las llamadas calderas de casco eran más cerradas de boca y más anchas por abajo.

Otra pieza que se hacía solamente sobre encargo era la alquitara para obtener licores, muy solicitada en ambos partidos de Galicia y León. Constaba de tres cuerpos: Base, capotillo con su gargantil y caldera. Dado su tamaño no era pieza apta para que la traficaran los caldereros mirandinos.

La Caldera de Ávila. Se guarda en el Ayuntamiento de Ávila un pote o caldera de cobre que data, según Félix H. Martín, de la época en la que asturianos y leoneses llegaron como emigrantes a aquellas tierras, por lo que bien pudiera tratarse de una de las fabricadas en Avilés. Un escrito sobre la misma dice entre otras cosas: “todo pan vendido en mis reinos y señoríos debe ser medido por la caldera de Ávila…. No habrá más medida que esta y por ella serán comprobadas todas las demás medidas del Reino… Quienes contravengan estas leyes o falsifiquen sus medidas pagarán de mil a tres mil maravedises y la medida será destruida”. (Leyes y pragmáticas de don Juan II dadas a Toledo en 1436, y las de los Reyes Católicos dadas a Tortosa en 1496). Estas leyes y pragmáticas tuvieron vigencia hasta pleno s. XX. De todas partes del reino se enviaban las medidas a comprobar. El ritual empleado era bastante ceremonioso, asistiendo el mismo gobernador, un procurador, un regidor y un notario. Es de notar la escrupulosidad con que se llevaba a cabo en aquellos tiempos todo lo referente a autentificar pesos y medidas, y que se puede deducir de los castigos correspondientes a sus infracciones.

 

PESAS Y MEDIDAS

 

Las medidas usadas en arriería eran el Quintal: (en Castilla 46 kilos: cien libras, o sea cuatro arrobas). El quintal métrico son 100 kilos. Arroba, 11, 50 kilos, 25 libras. Libra: 460 gramos, 16 onzas. onza: 28,70 gramos.

 

En cuanto al modo de contar creo que es todo un historial. Nos sorprende Jovellanos en la visita que hace el año 1792 cuando habla de los alfares visitados en Miranda: “Un horno se carga con doscientas docenas de piezas, bien entendido que la docena que lleva doce piezas pequeñas, se compone de cuatro, tres, dos y aún de una pieza si son grandes, graduándose la cuenta por el tamaño y no por el número”. M. G. JOVELLANOS.-  Diarios, t. I., IDEA. Oviedo 1953, pág. 320.

Pero regresando a la calderería y dado que muchas de nuestras costumbres e instituciones tienen sus raíces en la cultura romana aquí nos encontramos con un dato curioso. Nadie ha recogido, que yo sepa, ni ha dado explicación de cómo se fragmentaba gráficamente la numeración romana, es decir, cómo se escribía, por ejemplo, 2 libras ½ (dos libras y media) con números romanos. Los caldereros sí tenían esta fragmentación por llamarla de algún modo. Grababan con un punzón sobre sus mauras o calderas unos signos misteriosos que no eran otra cosa que los cuartos de libra, las medias y las onzas cuando el peso rebasaba el peso de las libras. Una onza es la l6ª parte de la libra, equivaliendo ¼ de libra a 4 onzas, ½ libra a ocho onzas y ¾ a doce onzas (la docena). En Bron a la libra se la denomina: persuma, al cuarterón: xerpón,  a la docena: sufrena. En castellano al dinero lo llamamos cuartos...

Una vez puestas las libras en números romanos, (la mayor caldera no solía sobrepasar nunca de las 16 libras, o sea el número de onzas de la libra) si la última cifra llevaba una raya inclinada hacia la derecha significaba que había que añadirle al peso neto ¼ más, si era hacia la izquierda se añadía ½, media libra más, y si había dos rayitas una a cada lado en forma de flecha sobre el palo vertical, siempre más pequeños que los que indicaban las libras, el peso a añadir era de ¾ de libra. Las onzas se representaban por rayitas verticales (las comas): (|: una libra; /|: libra y cuarto; |\ libra y media; y /|\: libra y tres cuartos. Las onzas son rayitas (aquí comas) debajo del ángulo formado, así: |,,\: libra y cuarto más dos onzas; no pudiendo pasar de tres puesto que una más equivale ya al cuarto. De este modo podían aproximar lo más posible el peso aún escribiendo este en números romanos. ¿O acaso sería otra clave para desconcertar y ocultar el peso al vendedor? Pudiera ser. Toda esta explicación se la debemos a Generoso Rodríguez, “el último calderero”. Ilustra el tema este fragmento sacado del diario escrito en 1843 por un campesino de Allande en el que dice: “A 20 de diciembre compré a los caldereros en mi casa una caldera grande que lleva al raso seis quartas (72 litros) de centeno, diles por ella la vieja que comprara mi tío el escribano a Pachín de Boal y dice en sus cartas que pesaba 27 libras (15 kg) y hoy pesó 17 libras (10 kg.) de 20 onzas y sacó cien reales, y les di seis duros y medio por la mía que duró sana 16 años y la del Escribano sana y remendada duró 50 años”.  X. LÓPEZ ÁLVAREZ.- Asturias, Etnografía. El Comercio. Gijón 1999, pág. 270.

En un libro que me regaló a su paso por Avilés José Naberán, recoge la grafía de la numeración vasca que guarda cierto parecido con la de los caldereros. No es cosa de detenerse en ello pues nos llevaría muy lejos y ni el tiempo ni el tema lo permiten. Solo expongo ambas a título de curiosidad añadiendo que el El Bron solo tiene numeración propia hasta el tres, a veces el cuatro, luego se forma añadiendo “ciento y” También mi buen amigo Enrique Ibabe, experto en cerámica vasca, me envió hace años un calendario donde me hablaba de marcas creo recordar, en los árboles y también acompañaba la grafía numérica empleada por los molineros. No cabe duda que nos queda mucho camino por descubrir en este campo. José Naberan,  “Antizinako euskaldunen Ilargi-egutegia. (El Antiguo calendario lunar vasco, Donosita 2002, p. 218)

 

 PARTIDOS

 

Los caldereros de Miranda hacían dos salidas importantes fuera del Principado, la ruta de Castilla y la ruta de Galicia, ambas coincidían con las dos rutas más importantes que llevaban por la costa y desde León, a los peregrinos hasta el sepulcro del Apóstol. En el Archivo de la catedral de Oviedo existe un documento que la denomina “Rua francesa q. vadit per Avilés”. En Miranda (Bao) la casa señorial de los León Falcón luce una cruz de Santiago, acaso por ciertas relaciones de esta casa con la ruta. De hecho el apellido Miranda tiene en su escudo cinco veneras en recuerdo de las cinco doncellas liberadas por un caballero de apellido Miranda, cuando iba camino de Santiago.

La encomienda de Santiago se fundó en 1161 bajo Fernando II con la aprobación del Papa Alejandro III (1175). Su misión era la de defender y velar por los peregrinos que recorrían la ruta jacobea. La misma voz que significa calderero en bron: xagó y su saludo pudo ser, como afirma el que fue presidente de la Academia de la Llingua Asturiana Xosé Lluis en un documentado trabajo, la voz yago, o yagó, afrancesada incorporada al léxico de los artesanos de Miranda y voz también de alerta o súplica para llamar a la justicia de la Orden o invocar al santo.

 

Es curioso el que los caldereros tuvieran tres zonas de venta (en bron no se pasa en la numeración de tres), la primera era Asturias en todos sus rincones, sobre todo la zona oriental hasta Pimiango en donde aún recuerdan a un calderero llamado Francisco que tenía un hermoso caballo blanco, aunque se desconocen más datos, recorrían también Cangas de Onís, Infiesto, Arriondas y Villaviciosa. Esta era la zona que recorría Manolo “Cadenas”. La zona de Tineo era visitada por Pin, la de Riaño por Daniel y Cruz, la de Pola de Lena por José Antonio y Flor de Dios... Eran zonas dentro de Asturias asignadas tradicionalmente a una familia. Más curiosas son las otras dos a las que se dirigían por los viejos caminos de herradura o posteriores carreteras y era la zona de Galicia y la zona de Castilla, “garos galaicos y garos castunfos” como dicen en bron.

 

PARTIDO DE GALICIA

 

Desde Miranda hacia Galicia había dos o tres rutas de salida que los caldereros aprovechaban para asistir a mercados que les cogían de camino. Hace años Luis Muñiz “El Catalín”, criado de Celesto Pepín de Rita, nos describió una de ellas, la que él hacía. Salían de Miranda al día siguiente de san Agustín y no regresaban hasta el 1º de mayo. Hacían por lo tanto solamente una campaña y la zona comprendía parte de la provincia de Coruña en su parte más occidental.

 

El itinerario era el siguiente: una vez que desde Miranda llegaban a Soto del Barco se dirigían a comer a San Martín de Luiña y a dormir a La Venta del Jarro en Canero.

El 2º día comían en Navia y dormían en Vegadeo.

El tercer día comían en Mondoñedo y lleganan a dormir a Villalba, esta fecha la hacían coincidir con la festividad de San Ramón para asistir a la feria correspondiente.

El 4º día comían en Guitiríz en dormían en Betanzos.

El 5º día comían en Payosaco y llegaban a dormir a Buño, que era el centro nodriza de este partido y en donde almacenaban la mercancía, llevada en mulas al principio, últimamente llevada desde Avilés a La Coruña, a donde era transportada por barco o por tren.

La mercancía se componía de calderas de cobre o mauras, potes de hierro (en Avilés había fábrica en la Calle Llanoponte, fábrica de Manzaneda) o topos, y finalmente telas, mantas (“plegosos” o cobertores) adquiridos en la tienda de Eloy Caravera que recordaba con afecto a los caldereros de Miranda. Una vez la mercancía en Buño que era el centro nodriza, la distribuían entre otros dos puntos: Payosaco y Agualada, siendo una constante los tres núcleos, de nuevo el numero tres.

Los gallegos usaban los potes para hacer la comida de toda la semana, nos decía Luis Muñiz “el Catalín”. Las calderas eran usadas para calentar el agua y poder dar en invierno el agua un poco menos fría a los animales. Los caldereros iban de pueblo en pueblo durante seis días a partir del martes. Los domingos los dedicaban a visitar las ferias y mercados donde aprovechaban para vender los pesados potes de hierro más difícil para su traslado a los pueblos más altos y alejados que las calderas. Los lunes descansaban, entregaban las mauras viejas que habían cambiado por las nuevas, reponiendo lo vendido y entregando cuentas los criados al manate o calderero mayor, siempre acompañados del mutil, o muchacho.

Fue seguramente en estas correrías donde se encontraron con Mariano Cubí i Soler, un frenólogo aficionado a la lingüística que,  al oírlos hablar, tomó gran interés por sus voces siendo el primero que recoge un Vocabulario del Bron en 1846.

La llegada a los pueblos del calderero era puntualmente anunciada por los mismos lugareños: “Llegaron los caldereros”. En Castilla el grito era; “Llegaron los avileses…”. “Era una vida muy dura, sigue diciendo Luis, con frecuencia dormíamos entre las mulas con las albardas de almohada y comíamos donde cuadraba”. Pasaban por allá la Navidad y la Pascua “celebrándolo a nuestro modo, aunque siempre pensando en la familia... Cuando llegaba la hora de regresar a Miranda el camino se hacía a veces en cuatro días...”.

En el pueblo de Boborás, partido judicial de Carballino (Orense) se conserva aún una casa de mote “Da Caldereira”. Y es que, según comunicación de Miguel Ángel Sama, a mediados del siglo pasado un matrimonio joven, de la familia de los Catalín, saliéndose de la ruta tradicional, ignoramos las causas, llegó  a esta aldea orensana en donde empezó a ejercer su profesión de calderero. Se trata de Nicolás Muñiz Calzón y María Fernández Pravia, naturales de esta aunque asentados en Avilés. Nicolás murió joven, a los 42 años, debido, según los médicos de entonces, a “gota apegada al hígado”. Dejó su testamento en regla en el que incluía como debía ser el funeral y que debía de cantarse el responso Qui Lazarum resuscitasti; la mujer lo habló con el párroco y lo cambiaron por el de “Ne recoderis...” (De carne mea) que gustaba más a la gente.

Uno de sus hijos, Francisco Muñiz Fernández emigró a Cuba donde logra fortuna en el comercio y la calderería. Es el que ordena construir la casa a la que aludíamos, de granito, agua corriente, caballerizas, etc., hoy en la Calle Colón. Actualmente es donde reside el Ayuntamiento, Juzgado y caja rural.

En Galicia trabaron amistad con un frenólogo llmado mariano Cubí que en 1846 recoge el vocabulario usado en sus transaciones llamado Bron, del que hablaremos luego.  La Voz de Avilés, 18-IX-87

 

PARTIDO DE CASTILLA

 

El partido de Castilla lo trabajaron desde siempre “los Merinos”. Comprendía la zona norte de León y dividían la campaña en dos, la campaña de verano que duraba desde febrero hasta San Pedro, y la de invierno desde San Agustín a Navidad. En febrero los caldereros estaban aún en Miranda hasta el Miércoles de Ceniza. Este día todos hacían el Cumplimiento Pascual, costumbre que aún hoy se mantiene para esta práctica anual de la Iglesia, a veces si caía tarde las autoridades eclesiásticas les daban permiso para adelantar la fecha.

El calderero no solía blasfemar y era hombre de fe, basta observar su vocabulario religioso en la jerga del bron y alguno de sus motes seguramente surgió como un eufemismo de la blasfemia, por ejemplo el de “Flor de Dios” que siguió luego de mote a la familia.

Salían de Miranda por el camino viejo o carretera antigua a comer a Oviedo y a dormir a Pola de Lena.

El segundo día comían en Pajares y dormían en La Robla. Empleaban por tanto solo dos jornadas. La Robla era el centro nodriza de expedición de esta zona o partido desde el que trabajaban los pueblos de Murias de Paredes, la Vecilla y barrios de Luna, etc.

Un segundo centro dependiendo de la Robla era Bembibre desde donde salían para los pueblos del Bierzo,

y el tercer centro era Veguellina que comprendía la Bañeza, Astorga, santa María del Páramo, etc. De esta zona nos informa Generoso y Constante Rodríguez. “La propaganda se hacía sola, nos dice Generoso, pues al llegar a los pueblos los niños del lugar nos esperaban alborozados y recorriendo el pueblo iban gritando: ahí están los avileses”. Supongo que algo parecido debió de suceder con la llegada de los caldereros de Hungría a Guipúzcoa.

Las calderas de cobre se usaban en esta región para cocer los piensos para los animales. Vendían o cambiaban las calderas viejas por las nuevas, igual que en Galicia. y era en estas ventas o trueques donde los caldereros, siempre dos o más, echaban mano de su argot:

Mutil, quilla la maura xeva (muchacho rompe la caldera vieja)

Y el mutil o criado con un punzón agujereaba disimuladamente la caldera, de forma que al día siguiente al ver que su caldera echaba el agua el cliente la cambiaba por otra nueva. Esta operación se conoce en el bron como “sinar al payo”, engañar al paisano.

No está de más tampoco aclarar que las calderas viejas se enviaban a las fábricas donde se adquirían las calderas nuevas o el cobre para que los martinetes primero los citados de Avilés las fabricaran. Las fábricas últimas que surtieron de calderas a Avilés fueron las de Balmaseda y Durango en Bilbao venía facturado por tren, o por barco que era más barato. Al principio, según Nicolás Arenas, hacia el año 20 el kilo estaba a seis pesetas, en 1981 a quinientas, hoy... Había una buena casa en Tolosa: la de Fulgencio Echávez donde hasa no hace mucho aún había caldereros que trabajaban el cobre. En Durango estaba la viuda de Garragorri. En Asturias se fabrica en Lugones, es buen cobre pero tardan en servirlo. Al final Colas Arenas lo traía de Bilbao de Pradera y Hermanos, tienen depósito en Gijón y lo sirven de inmediato.

El cobre se importaba en láminas o los cascos de las mauras en bruto que dos martineteros la retocaban y preparaban: uno de estos estaba en la calle del Ribero perteneciente a Gumersindo Arenas y el otro en la calle de la Republica en donde ahora está el antiguo instituto femenino hoy Colegio Palacio Valdés. La misión del calderero antes de venderla era únicamente guarnecerla o sea, ponerle las anillas, aros, y asas y orejas de hierro en los talleres de Miranda.

 

RUTAS DESDE EUROPA/AUVERNIA- AURILLAC (FRANCIA)

 

Una nueva ruta se hacía hacia el Oriente asturiano. La casa del calderero en la frontera con Santander y el recuerdo de un traficante de Miranda que nunca dijo su nombre ni su familia. Solo recuerdan que llevaba un caballo blanco…, pero casi nada más. Sin embargo hay un dato que une a los caldereros de Miranda al menos con los de Francia: el lenguaje del que hablaremos, llamado Bron. Y es que él aparecen diversos términos de procedencia francesa: chien (perro), fromaxe (queso) plorexar (plonger: llover, llorar), rien: nada, moi, toi (yo, tú...), etc.

Un dato más es que un vocabulario del argot francés Dictionaire des argots français, por Gaston Esnault, Paris 1965  recoge la voz Broum, también como jerga de los caldereros y menestrales de Cantal (Francia), ilustrándola con el siguiente ejemplo: “Ne interva llievié.... broumkeija del tzonflei” (No entiende nada de la lengua del país). Intervar es el mismo verbo usado en Miranda. Y añade que broumkeija indica un sentido más amplio. Esto mismo sucede con el bron que además de significar la jerga significa también mentir, hablar en broma, etc.

Una segunda acepción que introduce el citado diccionario en la voz Broum es: argot de los albañiles (en Asturias el ergue de los canteros) empleado en la Baja Auvernia: “Autrassei (¿antarvei?) le broum? (¿entiende el broum?).

Y añade una nueva variante con el nombre de Brount: argot de los traficantes en lienzos que recorren la zona de Cantal.

No deja de ser curioso que el Bron tiene su variante también en los vendedores de lienzos y albardas de Fornela (León), cuyo argot se llama el Burón. Un poco menos afín en Llanes es la Xíriga hablada por tejeros y en especial los canteros de Ribadesella con su Ergue, que no dejan de tener cierta relación con el gremio de la construcción y albañiles.

 

Sánchez Dragó en Gárgoris y Habidis al hablar del Camino de Santiago cita varias veces el Bron de los caldereros. Así dice refiriéndose a los frailes canteros: “Quizá los alarifes de Cluny sintieron la necesidad de recuperar los secretos masónicos desperdigados por Maître Jacques entre los Pirineos y Compostela. Quizá palabras musitadas en Bron mirandés... se enredaban por los sueños de los frailes...” (t. 2, p. 168).

 

LOS ARTESANOS

 

En cuanto a la artesanía misma existen en Francia desde antiguo gremios de calderería cuya presencia e incluso industria se puede detectar actualmente, aunque los consultados ya no recuerdan nada de su jerga, sólo conocida por citas esporádicas en los diccionarios.

Sin embargo tenemos bastante bibliografía y seguramente en archivos abundante documentación sobre los martinetes donde se batía y se fabricaba el cobre, los talleres donde se confeccionaban las calderas e incluso sobre la vida de los caldereros.

En un trabajo publicado en 1975. “Des métiers et des homes au village” (Oficios y hombres en la aldea), con textos y fotos de Bernard Henry dice a propósito del calderero francés o traspirenaico:

 

“En Francia, los primeros estatutos de la Corporación se remontan al siglo XIV, bajo Carlos V. Hacían falta seis años de aprendizaje y seiscientas libras para acceder a la maestría. La ordenanza de 1776 une a la calderería con los fabricantes de potes de estaño y a los constructores de balanzas. Se ha llamado “batidores” a los caldereros durante mucho tiempo y, equivocadamente, “dinandiers”, del nombre de la villa de Dinan, francesa por su calderería de cobre repujado. De hecho, el “dinandier” trabaja y estira el “cobre amarrillo” o latón en frío, mientras que el calderero utiliza el cobre rojo, que soporta la fundición y el trabajo en caliente. Batidores, “dinandiers” y sarteneros estaban sometidos a numerosas restricciones. Sólo podían vender al menudeo los días de feria, y no tenían siempre el derecho de reparar los utensilios. En cuanto a los caldereros “del pito” les estaba prohibido trabajar en las villas. Originarios a menudo de Auvernia, estos caldereros ambulantes usaban un caramillo para anunciar, su paso por las aldeas donde compraban y vendían cobre viejo y efectuaban reparaciones. Bajo Luis XIV, el calderero estañador ambulante usaba chaqueta corta y bragas, polainas y zuecos. Para atraer la curiosidad de los aldeanos, tocaban la flauta de Pan. Algunos de estos “mourounaires”, como se les llamaba en el midi, eran verdaderos orfebres que realizaban obras minuciosas, repujando con la punta del martillo, en el metal, escenas, paisajes y motivos diversos. En el siglo XVIII, funcionaban en Francia grandes centros de calderería, en Villeeieu-les-Poêles, que contaba entonces con ochenta maestros estuferos y “dinandiers”, asistidos por cuatrocientos jornaleros”.

 

Todos los programas que se editan en función del turismo y del souvenir siempre tienen muy en cuenta la calderería y objetos de cobre. Bastaría dar una vuelta por Aurillac y sobre todo por Villa Dios de las Sartenes donde existe un Museo, según ellos, el mejor del mundo, y tiendas con escaparates repletos de objetos de cobre.

 

LA RUTA COSTANERA LUGAR DE ENCUENTROS

 

¿Pudo ser el camino de Santiago el hilo conductor de este trasvase de caldereros entre Miranda y Aurillac? A la vista de los datos que tenemos parece ser que sí. Un folleto de circuitos turísticos dedica uno de ellos al Camino de Santiago en l´Auvernia con gran profusión de detalles. Anteriormente hemos hablado de la ruta que seguían nuestros caldereros hacia sus feudos de Galicia. Es fácil que emparejaran sus largas caminatas con peregrinos de la Auvernia ya que por Miranda (Avilés) pasaba uno de los caminos costaneros que siguió “la francesada” durante su ocupación, al decir de la tradición popular. Desde luego desviarse un tanto de la costa era un medio de evitar las continuas incursiones y agresiones de que los peregrinos podían ser objeto por gentes procedentes de la mar. Parga, Lacarra y Juan Uría en su documentada obra Las peregrinaciones a Santiago de Compostela reproducen dos mapas de caminos jacobeos en Francia t. II, pág. 45 y 63 en el que uno de los caminos secundarios de la ruta parte de Aurillac. En una somera enumeración de pueblos aunque no lo cita expresamente sin embargo entre Auc y Mièlan nos sorprende un homónimo de Miranda: Mirande. Añade además una nota en la que describe dicha vía como paso difícil y acaso poco transitada por los peregrinos. De todas formas adolecemos de estudios monográficos o quizá los desconocemos, los cuales nos darían un poco más de luz. Prescindimos de la ruta entre la Brecha de Roldán, en donde desembocaba el camino francés, y Asturias, situándonos en torno a los caminos de Miranda de Avilés.

 

TESTIMONIOS AUVERNIACENSES DEL PASO POR ASTURIAS

 

La segunda de las cuatro rutas a través de Francia y que parte de Lyón (el aeropuerto de esta ciudad es conocido como el Bron), pasa por Notre Dame Du Puy..., Aubrac, Rouerguer, Conques... Cahors, la zona de Auvernia donde se habló el Broum... Ostabat, Roncesvalles, etc.

Los caldereros franceses que posiblemente seguían la misma ruta que los peregrinos de Santiago por el camino francés  establecieron dos partidos de venta durante la Edad Media en Chinchón y Navalcarneros con sucursales en otras ciudades de la península regidos por leyes de clan y comerciales. También hemos dicho que loss caldereros de Miranda desde antiguo tenían dos sucursales: una en Buño (Galicia) con varios pueblos a donde se desplazaban, y otra en La Robla (León), sujetos de igual modo a ciertos reglamentos, por ejemplo, que ningún calderero podía traficar en la zona del otro. A veces le asalta a uno la sospecha de si nuestro caldereros mirandinos habrán sido un escisión o grupo que se independizó y empezó a trabajar por su cuenta.

 

La obra del Duque La Salle publicada en 1905 en Aurillac Duque de “La Salle de Rochemaure”, “Impressions d´Espagne et de Portugal” Aurillac 1905 dedica un capítulo a la emigración de los naturales de Cantal hacia España.

Una primera lectura del texto sugiere varios interrogantes. Presenta a los nativos de Aurillac, como artesanos y mercaderes ambulantes, que los puedes encontrar en cualquier sitio “¿también en el Paraíso...”, se pregunta el Cura de Aurillac más tarde Obispo de Viviers?

Entre los cantos que entonaban, (recoge varias versiones la citada obra “La peregrinaciones a Santiago...", t. II de Luis V. de Parga, José Mª Lacarra y Juan Uría. Dicen en la p. 451 se habla de “El cambio de paisaje entre el accidentado y limitado pano­rama del valle del Oria, en Guipúzcoa, y la riente llanura ala­vesa, se refleja bien en las canciones de los peregrinos, que evocan el aromado ambiente al florecer del espliego y del ro­mero” como veremos después.

 

El Duque La salle  introduce la canción que dice cantaban desde el s. XI los nativos de Aurillac, peregrinos a Santiago, y una de cuyas estrofas ya recogen Uría, Parga, Lacarra y que dice:

 

Somos peregrinos de esa villa

que se llama Aurillac, cerquita del Jordán.

Hemos abandonado a nuestros pobres niños

queridas esposas y a nuestros parientes.

Para ir en gran clientela

a Santiago de Compostela,

que el Cristo que hace lo derecho al revés

mucho enriquezca mis versos.

monasterio de San Gerardo

Cuando pasamos cerca de Burdeos

fue necesario aventurarse a pasar una gran tormenta.

 

Al llegar a Bayona,

próximos al país de España,

fue preciso cambiar dinero bueno

por moneda mala.

Cuando llegamos a Victoria

vimos los verdes floridos

de alegres pensamientos, lavandas y lirios

dentro del prado de un romero.

En la villa de León

cantamos una canción

y damas en abundancia

salieron a oír a los hijos de Francia.

En los montes de Asturias

los peregrinos pasaron mucho frío,

en el Salvador, adoramos de rodillas

noche y día un clavo de la cruz. 

Cuando llegamos a Ribadeo

dos sargentos quisieron meternos en prisión.

Viejos y jóvenes dijeron: los auverniacenses

están por Gerardo y por el abad.

Ante el juez le dijimos

que para rezar a Dios veníamos

no para hacer mal pillaje.

El juez dijo: paz, y buen viaje.

Estamos en Galicia, oh glorioso Santiago,

guarda a los peregrinos de todo pecado,

danos queso y trigo

hasta hacer un montón.

Rezamos por el señor abad

que nos reconfortó tan bien

así la casa como sobre la montaña

de pan, de vino y de carne. Amén.

Impressions d´Espagne et de Portugal (Fèvrier-Mars 1905) Duc de la Salle Alle de Rochemaure. Aurillac. Imprimerie Moderne, 6, rue Guy de Veyre. 360 pp. (XI capítulos) Interesa el c. III, de Madrid a Lisbone, p. 101, rencontre d´auvergnat.- L´emigration cantalienne en Espagne, p. 102. Premiers pas dans Lisbonne, p. 116. En este libro salen algunas palabras dignas de tener en cuenta, por ejemplo “maure” caldera, (Rochemaure), trobar: encontrar, champaña: hacer campaña por las zonas.

 

Por apurar un poco más a nuestro Duque de La Salle, sigue diciendo que: “En nuestro idioma (francés) tan expresivo como imaginativo, charlamos largamente acerca de los numerosos auverniacenses que trafican por España, y realizan apreciables beneficios, y a veces hasta sólidas fortunas de las que luego disfrutan invariablemente en su país natal. Esta emigración de las gentes de Cantal de las que yo he buscado hace mucho sus lejanos orígenes...

Al decir de César, ya en aquel tiempo los auverniacenses iban a buscar negocio a Iberia. Esto se puede probar al menos a partir del final del s. X cuando el genial padre de Aurillac y futuro Papa Silvestre II se fue a estudiar filosofía y cabalística (ciencia de los números) entre los moros (maura) de Córdoba. Y para lograr llegar no hizo más que sumarse a una de las numerosas caravanas que, dos veces al año (también los caldereros de Miranda salían dos veces al año) abandonaban su país para irse a España.
 Durante la alta Edad media cuatrocientos auverniacenses de los partidos judiciales de Clavières-Ayrens, formaron dos sociedades cuyos principales almacenes estaban establecidos en las dos villas de Chinchón y de Naval Carneros, con sucursales en otras numerosas ciudades de la Península
(los caldereros tenían dos centros de expedición: Buño para Galicia y La Robla para León).

Antes de estar compuesta por los originarios de la meseta central estas sociedades se formaron poco a poco, viniendo a ser más exclusivistas. Hasta que al final del s. XVI sólo los hijos o yernos de los asociados eran admitidos allí bajo condición de una entrega de  4.000 francos. Cuatro jefes elegidos se encargaban de la administración, cargas y compras, de la contabilidad y del reparto de beneficios.

Cada asociado se obligaba a permanecer dos años en España antes de alcanzar el derecho de poder descansar dos años en el país, aunque su primera campaña debía durar siete años sin interrupción.

Salían de Francia en noviembre y regresaban en marzo. (Los artesanos ambulantes asturianos tambiéntenía sus fechas fichas de salida y llegada: San Miguel en setiembre, algunos regresaban en Navidad, Semana Santa-cumplimiento…) Sólo al cabo de seis años el asociado tenía derecho a una parte entera, hasta entonces su ganancia anual estaba reglamentada por una escala progresiva. El beneficio medio descontado por ejercicio era de 2.000 francos y los de la sociedad se cifraban en 1.500 aproximadamente.

Todo individuo que se casaba en España estaba excluido de estas tasas. A la mala conducta y al juego aplicaban de igual modo la expulsión temporal o definitiva.

Un sólido crédito, respecto a sus componentes, creaba en torno a las sociedades cantal-anenses una situación con las mejores bases, y hacían crecer y prosperar sus negocios de año en año en tanto que la Revolución Francesa, las campañas napoleónicas en tierra española, los desórdenes de este país, el horror de los franceses masacrados después de la caída del emperador, arruinaron todas sus esperanzas. (¿alguna relación la francesada en Asturias y Avilés con Miranda?

No se reorganizaron más. Pero aún hay emigrantes de Cantal por centenares que emprenden el camino de España, y un buen número de las grandes fortunas borgoñesas tuvieron origen en esta fuente... En Madrid, desde la Mancha hasta Valladolid y Valencia, cuento con numerosos compatriotas y todavía el día pasado saludé a muchos cuya mirada de asombro y simpatía no dejan lugar a duda acerca de su origen. Va a ser un a modo de entremés, sin duda, dentro de estas páginas de recuerdos de viaje, pero yo no me resisto a reproducir una vieja queja en lengua romana, que puede ser que se remonte a los tiempos del Papa Silvestre II, y que cantaban los peregrinos y los emigrantes de Aurillac. En estos siglos de fe pura y ardiente, la piedad hacía buenas migas con el afán de lucro... honesto y legítimo, es de suponer”. Hasta aquí cita del Duque de la Salle.

 

De su lectura se puede concluir que si estos menestrales, peregrinos de a pie o caballeros en rocín, venían a Santiago y pasaban por Asturias y Avilés pues contemplaban su mar, muy bien pudieron trabar relación con los caldereros de Miranda, peregrinos del cobre y romeros de ferias y mercados en busca del pan ganado con sus ventas y transacciones. Tenemos varios puntos de referencia muy claros, en términos de arqueología literaria podemos decir que tenemos varios fragmentos del cántaro. Creo que no sería difícil, como hace el arqueólogo, añadir con un poco de imaginación algo de escayola al resto y recomponer esta vasija que une a Miranda de Avilés con la comarca francesa de Aurillac ya que en ambas se practica la calderería con unas costumbres de venta y desplazamiento parecidas y se habla un mismo argot que tiene casi idéntico nombre: Broum / Bron.  Sanchez Dragó en Gárgoris y Habidis, aporta algo interesante al enmarcar a los caldereros dentro de la ruta del Camino de Santiago, dato que coincide con las dos rutas: la de León y la de Galicia. Con  los datos sobre Auvernia y la palabra xagó hubiera enriquecido su  aportación.

 

EL BRON

 

Aunque entre los caldereros corría la especie de que el Bron había sido traído al pueblo por unos italianos, así lo escuché de labios de Generoso y de Constante que a su vez lo oyeron a sus padres, parece más bien venir del castellano mismo, auque tenga una cierta relación con el país galo como veremos más adelante al hablar del Broun usado en Auvernia (Francia)

El documento escrito más antiguo con el que creíamos contar es una alusión que se hace en una Historia de Grado al Bron de San Juan de Villapañada: “En la actualidad, es Villapañada una parroquia relativamente rica por la actividad y aptitud de sus hijos, acreditados de excelentes traficantes, y de algo... trapisondistas, a decir verdad. Hablan el Bron (que se supone céltico), jerga gitana importada en los primeros tiempos por varias familias de caldereros, y que emplean solamente, según se cuenta, fraguar alguna trampa para que no les entiendan. Su modo de ser les hace realmente distinguirse poco de los demás habitantes del Concejo, acusando su procedencia de gente aventurera o extraña; pero no descienden de los judíos, como asegura el vulgo, siendo cierto que la generalidad procede en todo honradamente, y sus defectos tienden a exagerarse”.A. FERNÁNDEZ MIRANDA.- Grado, Historia de una comarca asturiana. Madrid 1907, pág. 83.

 

MARIANO CUBI

 

Esto creíamos hasta en que en las II Jornadas Jorge Rodrigues habló de un manuscrito de un estudioso de lenguas llamado Mariano Cubi i Soler que llegó a Miranda en 1846 y del que hemos hecho mención anteriormente. Es un personaje curioso, lingüista, pero sobre todo dedicado a la enseñanza del castellano en Cuba y en México, donde edita gramáticas y diccionarios y a la frenología. Antes que Lombroso había descubierto por las protuberancias del cráneo al asesino nato. Mario Vargas Llosa lo introduce en su novela: “La guerra del fin del mundo”. Recorre como frenólogo toda España, en Santiago de Compostela es condenado por la Inquisición, es absuelto y posiblemente es en las posadas y mesones de Galicia en donde traba amistad con los caldereros de Miranda y compone el primer Vocabulario de Bron. En 1847, un año después se encuentra en Villafranca del Bierzo, zona visitada por los caldereros mirandino,  con el poeta en Villafranca del Bierzo Antonio Fernández y con la lengua allí hablada. Le anima a publicar sus versos, que hará en 1861 escribiendo una larga introducción en la que habla de las lenguas y hacer referencia expresa al Bron de lso caldereros de Miranda. Ensayos poéticos/ EN DIALECTO BERCIANO/, POR EL COMANDANTE DE INFANTERÍA / E INSPECTOR PROVINCIAL DE ESTADÍSTICA / D. Antonio Fernández y Morales / con una introducción sobre lenguas, dialectos, subdialectos y jergas / en general, y el origen del berciano, lengua y dialectos / castellanos y gallegos en particular/ POR / D. Mariano Cubí y Soler, / AUTOR DE VARIAS OBRAS FILOLÓGICAS, FUNDADOR DE DOS / COLEGIOS LITERARIOS, Y PROPAGADOR DE LA / FRENOLOGÍA EN ESPAÑA.”/  LEÓN 1861. Establecimiento tipográfico de Viuda e Hijos de Miñón.

Así dice entre otras cosas (conservamos la ortografía usada por Cubí i Soler):

“Además de dialectos i subdialectos como medios de comunicación, ecsisten lo que se llama jergas o jerigonzas. Algunos suponen que no ecsiste sino la de los jitanos, ladrones i rufianes, llamada jerigonza o caló en la cual se han compuesto poesías i de la cual se ha formado un diccionario especial. Las jergas o jerigonzas son hablas artificiales, foradas a voluntad por la jente a quien conviene, comunicándose, ocultar sus ideas a los demás. Válense por lo común de este medio las jentes que se dedican a ocupaciones criminales o inmorales; y como esta clase de jentes pulula por todas partes, todas las lenguas, i a veces dialectos, tienen jergas más o menos marcadas”.

Es una observación muy aguda esta del señor Cubí, ya que a menudo en también se corre el peligro de convertir una lengua en un argot cuando el que la emplea lo hace más en función de que no le entienda el no iniciado que el tratar de comunicar su pensamiento que es el fin fundamental de toda lengua. Cubí sigue en su prólogo disertando sobre los argots de la siguiente forma:

“En España hay una gran variedad de estas jergas más o menos completas. Además de la jermanía o caló, propiamente dicho, común a los rufianes cuya lengua general es la castellana, hai un caló catalán en el que al cuarto se le llama calé, a la peseta pela, al napoleón nap, etc.; otro valenciano, otro asturiano-gallego, etc. etc. Este último se usa por los caldereros ambulantes que abundan o solían abundar en los montes i rincones de Galicia i Asturias. A esta jerga, algo notable, se le da el nombre de el bron o embustero. Los ciegos i picapedreros o canteros de algunas comarcas de Galicia i también de Asturias, usan otro mui distinto, al cual le dan el nombre de el latín, en sentido de lengua difícil de entender por los profanos.

De los estudios que he hecho sobre estas jergas en general, i de los que hice sobre las jergas españolas en particular, en mis excursiones frenológico-lingüísticas por España durante los años 1843 al 1848 me convencí de que estas hablas artificiales de jente rufianesca o de jente que les conviene ocultar lo que dicen entre sí, aún cuando sus fines no sean precisamente reprobados, son en el fondo la lengua o dialecto del país de los que las usan. Sólo se hallan cambiados los sustantivos i verbos principales con algunos adjetivos i pronombres. El fonetismo, monotonía o modo de articular es idéntico a la lengua o dialecto del país”. (Un fallo en que suelen caer a menudo los neohablantes de las lenguas en recuperación).

“Así en el bron estar es “separuñar”; usted: “soi” i ¿Cómo está usted? “¿Cómo separuña soi?” pronunciado con acento castellano, asturiano o gallego. (Hoy se diría: ¿Cómo se troba toi?)

(La frase seguramente está mal interpretada y habría que se parara el reflexivo del verbo paruñarse o simplemente pararse: “Moi párase xiramen”: Me encuentro bien, o ¿Como se  para o paruña toi? ¿Cómo te encuentas?)

Duro es “canelo”, i para contar, a cada número español el bron le añade “i veo”; así veinte duros, es: “veinte-i-veo canelos” .

… “En armonía con este principio que senté arriba sobre que siempre existirá jente a quien convenga comunicarse entre sí por medio de un habla artificial para ocultar sus planes, en Francia hai sus jergas, cuya principal es la que se llama argot; en Inglaterra las hay, cuya principal es el billingsgate; las hai en Alemania, cuya principal es el rothwaelsch; i las hai por todas parte como lo acredita el bailaban que inventó el scheikh Mohyi, el año 1000 de la hejira, el farchisapé de los Circasianos (al N. del Cáucaso) de que habla el insigne orientalista francés, el baron Silvestre de Sacy.

Sobre este asunto, pero especialmente sobre las jergas españolas, hablaré más por estenso cuando publique la obra en la que me ocupo hace más de treinta años (1830-1861) sobre los idiomas que se han hablado i se hablan en la Península Española, todo ilustrado, donde sea posible, con modelos i dechados escojidos entre los más selectos”. (Fin de la cita)

 

Si el prólogo del libro Ensayos poéticos... fue escrito en 1861 y hacía más de treinta años que se ocupaba del tema, tenemos que suponer que el manuscrito o “Apuntaciones...” a que aludimos, fechado en Oviedo en 1846, debió de ser parte del trabajo Dialectos de la Península sin publicar y que acaso dejó incompleto según se deduce de la reseña del biógrafo, y cuyo paradero nos es desconocido.

 

Cubí i Soler permanece en Miranda o Avilés unos diez días que aprovecha para recoger un pequeño vocabulario del bron que en su cuaderno relaciona con el de los canteros o Verbo dos arginas, y algunas notas sobre los caldereros que copiamos, con su ortografía original, corrigiendo algún error entre paréntesis. En realidad casi todos los términos nos los encontramos en el Vocabulario de Aurelio de Llano:

“Existen -dice Cubí- en Avilés i pueblos inmediatos, como Vista Alegre (Villalegre), Miranda i otros unos hombres que se dedican casi todos a hacer calderas, i a comerciar principalmente con Galicia. Danse así mismos el nombre de Xagós o caldereros.

La fabricazión o tráfico de calderas es la parte ostensible el alcahuete de sus miras. Sus calderas son para ellos lo que los caballos para los jitanos. Sus miras reales i positivas es el pequeño tráfico con todos sus vaivenes, engaños, raterías, etz.

En Andalucía i otras partes donde hai llanuras, las caballerías pueden servir, pero aquí, tierra montañosa, escabrosa, etz., sin caminos ni ziudades grandes, era preziso otro ramo de comercio jeneral para tener entrada i cabida en las casas de las poblaziones, caseríos, quintanas, etz., i ninguno más a propósito que el tráfico de las calderas.

A la legua se ve que su lengua espezial, es una lengua estudiosamente formada para que se entendiesen entre sí; pero no un dialecto que ellos trajesen o que se hubiese formado en el transcurso de los siglos.

En mi conzepto es una rama de esos nómadas caldereros franzeses que recorren el mundo a guisa de jitanos intelijentes; por estos montes tuvieron que adaptarse a las zircunstanzias espeziales del país. Su lenguaje se llama, ya, el embustero: por que bron significa embuste, mentira.

El fondo de su idioma es bable i gallego -su parte fonética es bable-gallega-; como el billingsgate es inglés; el caló español; el argot francés; el Rochwäich alemán; el gergo italiano.

Los sustantivos, adjetivos i verbos son los que han cambiado; las otras partes del discurso no. Por supuesto aquí no ha habido un Quevedo que haya escrito en esa jerga, lenguaje o jermanía. Las siguientes voces que he colegido”.

Y añade Carvalho Calero por su parte:

 “Del Bron de los caldereros de Avilés y del latín de los canteros de Pontevedra incluyo respectivos vocabularios o manuscritos de Cubí. Este sometió a sus interlocutores al mismo cuestionario.

El vocabulario que recoge consta de 61 palabras, de las cuales sólo cinco no están incluidas en el libro “Los caldereros de Miranda” y en dos más acude al mecanismo de añadir -unfo o -fel al final de la palabra castellana. Son las siguientes:

xirola “pan de maíz”,

ratibeo “ratón”,

soi “usted”,

florina “onza”,

moine “fraile”

gatifel “gato”

hornunfo “horno”

(Según la interpretación que hemos dado sobre la expresión separuñe, habría que añadir aquí el verbo paruñir o paruñirse “encontrar o encontrarse”).

También aparecen numerosas variantes de palabras recogidas en Miranda, por ejemplo «roblosos» por roblós: “cabellos”, “motaron” por moterón: mozo, “socia” por sona: esposa, etc., aunque nos inclinamos a pensar que más que variantes son malas transcripciones, puesto que al estar escritas a mano y ser una palabra desconocida se confunde fácilmente una letra, cambiando por tanto la palabra. Sucedió lo mismo con Aurelio de Llano cuando recoge por ejemplo la palabra misa y él escribe: patina, cuando es patulla, ya que en la escritura es fácil confundir la elle elle (ll) con la ene (n), o una u por una i.

Un estudio comparativo de estos vocabularios jergales nos hace ver que en concreto el Verbo dos arginas de los canteros y el bron tienen una relación muy estrecha como ya indicó en su día Julio Ballesteros en su obra .

 

Con respecto al Bron, seguramente hubiera lucubrado más, y más profundamente si hubiera tenido ocasión de conocer las diversas comunidades donde se habló. Lástima que no se hubiera desplazado a San Juan de Villapañada en Grado, o a Fornela de León con su variante burón, Habiendo estado en Villafranca del Bierzo es extraño que no hubiera oído hablar de Burón si es que ya se hablaba allí), y sobre todo que hubiera conocido la existencia del Broun de los chadroniers o caldereros franceses, pues sin duda allí se hubiera dirigido a recoger al menos una muestra de la que carecemos inexplicablemente.

 

JULIO BALLESTEROS

  

Será más tarde, en 1919, cuando aparece un curioso libro escrito por un tal Julio Ballesteros, y titulado Verbo dos arginas. En él encontramos la siguiente descripción:

“¿Será el Bron también procedente de aquella raza que según análogos testimonios trabajaba el bronce?... El Vocabulario de mayor riqueza filológica es el del Bron; úsase entre los caldereros de Galicia, Asturias, Castilla y León...”.  (43) J. BALLESTEROS.- Filología y Lingüística, Verbo dos Arginas. Jerga-Latín de los Canteros. Imprenta de Antúnez Hermanos. Pontevedra 1919, págs. 130-131.

Habría que indagar si en Galicia existen o existieron caldereros que conocieran nuestro Bron o algo similar, como sucede en Fornela y en Villapañada y de existir cual fue su origen y relación con Miranda. Acaso el señor Ballesteros confunda aquí los lugares que recorrían los caldereros mirandinos: Castilla y León, considerando a los bronparlantes como aborígenes de dichos pueblos.

El primer léxico del Bron recogido, por tanto, es el suyo, aunque breve. Y es como sigue: Broniar: hablar. Apanar: robar. Chipeno: pequeño. Clariosas: estrellas. Verdosero: prado. Xulicar: callar. Maineles: dientes. Llego: él. Atismar: comprender. Xagó: camarada. Sinar: contratar.

En 1920 Aurelio de Llano publica El Correo de Asturias” días 24, 25. y 27 de junio, 13, 18, 30, 31 de julio y 1 de agosto de 1920, que luego publicará en folleto: Dialectos jergales asturianos. Vocabularios de la Xíriga y el Bron. Oviedo 1921. un amplio Vocabulario de la Xíriga y del Bron, recopilados en un folleto e impreso en 1921. Este Vocabulario fue ampliado con nuevas voces apareciendo en un artículo en el 50º aniversario de la publicación del de A. de Llano. J. M. FEITO.- “Los caldereros de Miranda y su jerga dialectal”, BIDEA, nº 50, año 1970.- Se cita también en La Artesanía Asturiana, Col. Ayalga, Gijón, 1977 págs. 53-88.

De su estancia en Miranda por aquellas fechas es interesante el dato que aporta en su obra Bellezas de Asturias, donde dice a su paso por Avilés: “Los turistas encuentran buenas comodidades en esta villa circundada de pueblos pintorescos, entre ellos Miranda. Desde tiempo muy antiguo, casi todos los habitantes de este lugar, el día primero de octubre, se desparraman por Asturias, Galicia y Castilla ejerciendo el oficio de caldereros y regresan a sus casas el primero de julio. Hablan entre sí una jerga llamada Bron.

A principios de julio de 1920, andaba yo por estos contornos recogiendo material folklórico y en un establecimiento de Avilés oí a una joven hablar con su marido empleando un lenguaje desconocido para mí. Luego me dijo la joven, que estaban hablando en Bron.

-¿Y quiénes usan esa jerga? -le pregunté.

-Los xagós de un garo chipeno muy xiro que se troba cerca del garo forxe; moi tróbase filluma de un xagó y garlia el Bron. ¿Lo entiende? -dijo riendo graciosamente.

-Lo entenderé si V. lo traduce. Y tradujo:

-Los caldereros de un pueblo muy bonito que está cerca de esta villa; yo soy hija de un calderero y hablo el Bron.

Al día siguiente fui a Miranda, estuve allí algún tiempo y logré, no sin trabajo, recoger y publicar el vocabulario del Bron. (Nota en A. de Llano: Véase Dialectos jergales asturianos: La xíriga y el Bron. Estos dialectos no tienen ninguna relación con nuestro bable; los llamo asturianos porque viven aquí desde tiempo inmemorial). Es curiosa e interesante la nota de Aurelio de Llano con respecto a la relación Bron/Bable que contradice lo que dice a este respecto Mariano Cubí. Para Aurelio de Llano, tesis que se pudo comprobar in situ hablando con los caldereros de Miranda, “estos dialectos no tienen ninguna relación con nuestro bable”. En cambio Cubí i Soler no duda en afirmar que “el fondo de su idioma (el bron y el latín de los canteros) es bable i gallego -su parte fonética es bable-gallega”. Y termina diciendo Aurelio de Llano: A los caldereros no les ha gustado que yo divulgase esta jerigonza que tiene algunas palabras iguales a las que hablan los ciegos. (Nota en A. de Llano) A. DE LLANO AMPUDIA.- Bellezas de Asturias, de Oriente a Occidente, Oviedo 1928, págs. 224-225. El mismo disgusto mostraron en Cantalejo con la publicación del Vocabulario de la Gacería. “La gacería en Cantalejo, Segovia”, Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, XIV, 1958, p.5.

 

JORGE LUÍS BORGES

 

Es difícil saber de donde procede la palabra Bron. Clavería  aduce como ejemplo de hablar enrevesado del s. XVII la voz brone con significado de hombre. C. CLAVERÍA.-  Enciclopedia Lingüística Hispánica. t. II, pág. 335.

En varias ocasiones el escritor argentino Jorge Luis Borges  pone sus ojos en la literatura nórdica y más concretamente en la islandesa. En un trabajo titulado Las kenningar recoge una muestra de estas, (no sé si llamarlas juegos de palabras, greguerías, sofismas literarios, o metáforas), cuya estructura es muy análoga a la formación de voces, circunloquios o perífrasis usadas por los caldereros en el bron. J. L. BORGES.- Historia de la Eternidad. Ed. Emecé. Buenos Aires 1953, pág. 57.

Borges nos da una definición de las kenningar: una especie de metáforas, recogidas en su mayor parte en los últimos capítulos del libro Edda Snorri (s. XI), procedentes de los viejos trovadores celtas, allí conocidos como escaldas o thulirs, del año 1000 tal como aparecen en el Poema del cuervo (Haraldskvaedhi). Dicha modalidad literaria hasta pudiera interesar aún más, por la relación de nuestras tierras con la cultura celta. Las kenningar que recoge Snorri se refieren a dioses, al mar, al hombre/mujer, e incluso a Cristo, y nos ponen en la pista de conocer los recursos más elementales empleados por los primeros trovadores.

J. L. Borges se sorprende ante estos juegos de palabras y les dedica una veintena de páginas.

¿Qué tipo de relaciones establece el escritor argentino entre las kenningar y nuestras jergas? En nota a pie de página hace una alusión a las jergas españolas al comentar la voz horca y sus respectivas metáforas al estilo kenningar: árbol de los lobos, caballo de madera, etc., y comenta cómo los argots españoles la llaman también viuda, balanza, borne (en Bron borne significa ciego) palabras que no dejan de tener su macabra e irónica relación con el ahorcado.

Los escaldas o trovadores celtas trataban con esto de sorprender a sus oyentes con expresiones audaces y desusadas. Los caldereros de Miranda también tenían que desorientar, por oficio y beneficio, al comprador con su jerga para poder vender mejor sus mauras o calderas.

Borges clasifica las kenningar en metáforas de primer grado si se emplean dos palabras. Así al aire se le llama: casa de los pájaros, a la batalla: el festín de las águilas, al buitre: el gallo de los muertos, a la horca: el caballo de madera... Es aquí donde Borges hace una llamada sobre las jergas (lenguajes de germanía) en las que a la horca se le llama: finibusterre (el fin de todo) empleando únicamente una sola voz, viuda, etc. Y lo mismo podríamos decir de corchete, que es el guardia, de sonanta: la campana (voz usada en Bron) etc. De igual modo los antiguos denominaban cosas por medio de metáforas. Así en la Biblia la luna es denominada poéticamente (lebanah), es decir: la blanca. Compárese con la voz del Bron: Clariosa. Otro tanto sucede con los meses; así a nuestro mes de mayo le llamaban Ziv, (nombre fenicio) que significa: “esplendor de las flores”, a octubre ethanim: “aguas perennes”, a noviembre bull: “lluvia copiosa”, etc. J. V. SCHIAPARELLI.- La astronomía en el Antiguo Testamento. Colección Austral, nº  526, Madrid 1969, págs. 44-45 y 101-102.

El Bron funciona de modo parecido, con la diferencia de que, al emplearse la palabra sin traducir, lleva sobre sí además otra carga metafórica. Un ejemplo: el barco que los trovadores islandeses denominan caballo del pirata, reno de los reyes, carro arador del mar, etc., en Bron es: rodante de ansierona (carro de mar). Borges hace un breve comentario a esta voz añadiendo que el nombre primitivo dado al carro de combate o tanque fue el de landschip, es decir, barco de tierra, que no deja de ser una curiosa coincidencia. Otras kenningar serían por ejemplo llamar al fuego: el sol de la casa, o al aire: la casa de los pájaros. Si atendemos al Bron veremos que para el fuego tenemos la palabra rafe, pero también: el clariós del coime (el sol de la casa), y al aire lo denominan el coime del frache: la casa del frío, etc.

Una kenningar de segundo grado sería aquella que emplea más de dos sustantivos, por ejemplo para decir guerrero: hartador de las gaviotas del odio, y sangre: agua de la vara de las heridas.

El Bron introduce en estas kenningar de segundo grado no sólo las consabidas aliteraciones y onomatopeyas de las de primer grado (martillo: cotás, reloj: tislás, etc.) sino el elemento humor tan característico de los trovadores monologuistas y recitadores populares. El pueblo también echa mano a veces de estos giros; por ejemplo cuando muere una persona se dice que “le han puesto el pijama o traje de madera”.

Incluso se podrían encontrar kenningar de tercer grado, que serían aquellas en las que se emplea el verbo más un sustantivo con la característica de que se le añade un toque de humor crítico o sarcástico. Por ejemplo en Bron la palabra teléfono se traduce por maquinariosa de garliar. La radio emplea el mismo giro pero añade la voz “brones”, maquinariosa de garliar brones: la máquina de hablar..., de contar mentiras; y lo mismo se podría aplicar a la televisión: maquinariosa de allupar… brones, pues de no añadir el final podría ser un telescopio. Al periódico se le denomina el follós de los brones, pero al Catecismo o la Biblia la llaman el follós del Fillumo de Xoves: el libro del hijo de Dios.

Lógicamente muchas de estas palabras son de reciente creación. Sin embargo una vez más hay que decir que en la mente de los últimos caldereros han funcionado, a la hora de inventar nuevos términos, los viejos esquemas con los que desde antiguo trataban de expresarse e interpretar su entorno cultural. El Bron, a la hora de expresar nuevos conceptos, nunca se encuentra indeciso. Será pobre en vocabulario pero no hay duda de que en expresividad es riquísimo e inmediato gracias al genio del pueblo que, así como los viejos trovadores celtas (los escaldas), se vieron precisados a usar el lenguaje para divertimento de las gentes, los artesanos hubieron de usarlo como arma principal de subsistencia aunque fuera a costa de “sinar al payo”, (engañar, o tomarle el pelo al interlocutor). Baltasar Gracián Morales y Góngora, hacen en algunos casos algo parecido con sus metáforas.

Podría ser interesante llegar en nuestro idioma hasta las mismas raíces de las palabras, hallar aquella primera voz de la que fueron desprendiéndose, desgajándose o sobreponiéndose los diversos significados aplicados después a conceptos nuevos. Por ejemplo en sus Etimologías San Isidoro hace derivar la palabra gloria del latín clarus, y de ahí también cielo, celeste, y otros derivados gloriosos con sus respectivos símbolos, metáforas, transposiciones etc., es decir toda una ristra de palabras y significados.

Sucede de igual modo en palabras aplicadas al mundo del sexo y otras necesidades.

Hay muchas voces castellanas que no se sabe por qué misteriosa transustanciación pasan a significar también, de la noche a la mañana otra cosa muy distinta a la que significaban originaria o etimológicamente: torta, galleta, hostia, y luego todas las de la jerga callejera y juvenil: rollo, carroza, tostón (originariamente garbanzo), etc., acaso funcionando en un sistema lingüístico parecido al que usan las jergas.

Por tanto el mismo tratamiento que merecen esas voces y su interés lingüístico lo merece cualquier jerga y también con ella habría que emplear idénticos estudios hechos con la debida seriedad y profundidad. Podríamos decir que el Bron está o se quedó en esa primera infancia donde las palabras no alcanzaron aún su pleno desarrollo por falta de uso. Tenemos de algún modo únicamente las raíces, ahora sería preciso ir enriqueciéndolas sacando de ellas nuevos significados, desprendiendo nuevas formas, añadiendo sufijos o prefijos, componiendo, derivando y construyendo otras palabras más complejas hasta cubrir todas las necesidades del uso cotidiano de una lengua. Es lo que estuvimos haciendo varios cursos en las clases con un grupo de mirandinos cuyos nombres aparecen en otro lugar.

De momento se echa mano de metáforas corrientes, de las más complejas o kenningar, de perífrasis y otras formas, pero poco a poco, de seguir en uso, una palabra dará origen a un nuevo significado o varios, como sucede ya en Bron con la voz chocolín, chocolate, empleada de igual modo ahora para denominar la droga.

También conviene tener en cuenta el proceso inverso: palabras de la jerga que han saltado a la lengua común. Clemencín dice, por ejemplo, que “maleante” es voz de germanía significando burlador, chasqueador, maligno, y que podría derivarse del latín: male-agens. D. CLEMENCÍN, ob. cit., I parte,  c. III, nota 39. En Bron tenemos: piltra, tasca, mocha, aborronar, zula, etc. Se pueden encontrar algunas más...

 

HUMOR: narrar el cuento de "un caldero con el fondo de oro…".

  

LITERATURA ORAL, canciones que se podrían incorporar a las canciones vascas. Aquel villancico:

Vino Dios y vino en cueros

vino pa los caldereros.

 

ORIGEN DE LAS VOCES

Ya hemos dicho como el Bron echa mano de voces extranjeras: chirifos (sherif), padela, fromaxe, rublois, artón...

Algunas voces del Bron proceden

del francés: chien, fromaxe, plorexar (plonger),

del catalán: res...

del inglés: chirifo o xirifo...

del italiano: padela...

del portugués o gallego: lonxe...

del griego: artón...

del ruso: rublois...

del bable?: rancer, aborronar...

del árabe: jalufo..., acaso ta,bién xerifo. Ver comentario Clemencín. I. Parte, c.XI, p. 1.376.

 

En cuanto al origen vasco, este año en las VII Jornadas de lenguas a las que asistieron Juan Antonio e Imanol, Ramón de Andrés, catedrático de filología en al Universidad de Oviedo, presentó un estudio, que se publicará en alguna universidad vasca, titulado Vocabulario de eusquerismos en las jergas gremiales de Asturias y del Noroeste de la Península:

artoa 'borona' posible origen griego del bron artón 'pan'. Por su parte, Martín Caso y otros ponen su origen en el eusquera ARTO 'maíz',

barroi 'órgano sexual masculino' [bron]. Es posible que provenga del vasco BARRO 'pene'. En bron existe también la voz roíba 'chorizo, embutido', que no es más que barroi con metátesis silábica y con un cambio de significado bastante predecible.

chamarra ‘chaqueta’. También podría ser tomada vez del vasco TXAMARRA ‘delantal de segadores, chaqueta de los hombres’.

chipeno / chipena ‘pequeño, breve, sencillo’ [bron]. Sugerimos se tenga en consideración su posible origen eusquérico, a partir del adjetivo TXIPI ‘pequeño, -a’, variante del más general

cuxa  `casa´. En vasco kutxa: caja

estoba 'mula, yegua'. Pensamos que se trata del vasco ASTOBA 'el burro, la burra'.

mutil 'muchacho, chiquillo', motil 'rapaz, chaval´,   Muñoz Valle comenta acerca de este jergalismo que «es un arcaísmo del bable derivado del latín mutilus», lo que en efecto es cierto: Por tanto, es perfectamente verosímil que el bron y la xír. tomaran del asturiano un vasquismo ya extendido previamenteEn cualquier caso, proceden del vasco MUTIL o MOTIL 'muchacho' y también 'aprendiz' (cast. mochil viene de MOTXIL 'muchachito', forma expresiva palatalizada de MOTIL); a su vez, esta palabra vasca procede del latín mutilus 'mutilado, desmochado', que se aplicó también a las personas 'con el pelo cortado', y de ahí el significado de 'muchacho';

roíba. Ver barroi.

sagardúa 'sidra' [varb En el bron xabardúa 'aguardiente' ('ginebra' según Aurelio de Llano).

soi 'usted' [bron, vocabulario de Cubí i Soler]. Se le puede sospechar alguna relación con el vasco ZU 'usted'.

sona ' [bron], 'moza, mujer joven' Tal vez proceda del vasco SONA 'fama, renombre', y también 'persona apuesta'.

turuta 'botella' [bron]. Sánchez Vicente apunta que, verosímilmente, se trataría de una metáfora «por su semejanza (formal y funcional, cuando se bebe a morro) con una turuta, nombre que reciben en la jerga militar tanto el trompeta como la trompeta. Turuta tiene, asimismo, significado idéntico al del castellano en euskera». En efecto, en vasco TURUTA es 'trompeta, corneta pequeña', y también 'soldado que toca diana en el cuartel'.

uguitu 'pan' y bron oitu 'pan', que García González y Feito reconocen como vocablo de origen eusquérico, pueden ser variantes que remontan a un mismo étimo vasco, que será con toda probabilidad OGITO ~ OGITU 'panecillo', diminutivo de OGI 'pan' con el sufijo -TO ~ -TU. Con aféresis

de la vocal inicial, las voces guito 'pan' [chaf., lap.] y guite 'pan' [bargrañ.] parecen remontar a ese mismo origen. Sobre mans. otana 'hogaza, torta de pan', ver entrada correspondiente. oitu. Ver oguíu.

 

Sin embargo, se nos escapa la relación que este mans. otana 'hogaza, torta de pan' pueda tener con el bron otana ~ utana 'iglesia, templo'. Para Sánchez Vicente, se trata de una metáfora que compara la iglesia con una tahona, Feito alude a su origen en el caló o en la germanía. Sin pretender invalidar ninguna hipótesis, sugerimos tomar en consideración la posible relación con el vasco OTU 'rogar, rogado -a' y OTOI 'súplica, oración, ruego';

 

VOCES COINCIDENTES CON EL CALÓ

utana: iglesia

raso: sacerdote

...

VOCES QUE PROVIENEN O COINCIDEN CON EL LENGUAJE DE GERMANÍAS o hermandades medievales cuyo fin era defender al artesano, usadas también por delincuentes y truhanes.

gumarra: gallina

albaires: huevos

pulir: vender

raso: sacerdote

utana: iglesia

trena: cárcel

piltra: cama, etc.

...

VOCES CASTELLANAS USADAS METAFÓRICAMENTE

dátiles: dedos

duque: gato, ladrón

ansia: agua

poniente: sombrero, etc.

...

METÁTESIS DEL VOCABLO

maquín: camino

balloque: caballo

muquir: comer

Xodes: Dios (en Miranda Xoves)

Olamendi: apellido vasco del dueño de martinete procedente de Guipúzcoa. No es ni más ni menos que el apellido Mendiola, sometido a una metátesis llevada a cabo durante las Guerras Carlitas con el mismo fin para lo que nació la jerga, desorientar al interlocutor y hacer irreconocible el nombre.

Es un mecanismo lingüístico común a todas las lenguas y a todas las edades. Los niños lo usan en sus juegos.

 

ONOMATOPÉYICAS

Tis-las: reloj

Cotás: martillo

...

VOCES CON SETIDO METÁFORICO

clariós: sol

sonanta: campana

ventosa: ventana

forxa: fragua

cornela: vaca

filosa: camisa

...

VOCES DE ORIGEN DESCONOCIDO

borle: nada

bayo: vino

cuxa: posada

coime: casa

icho: si y sí

zula: prostituta, sota

...

VOCES TRÁNSFUGAS DEL O AL LENGUAJE POPULAR

piltra: cama

chumar: beber

aborronar: fumar

mocha: cabeza

...

VOCES CON SIGNIFICADO RELIGIOSO

Xodes (pron. Xoves): Dios

Xodina (pron. Xovina): la Virgen

Xodinos (pron. xovinos: los ángeles

utana: iglesia

raso: sacerdote

patulla: misa

apatullar: rezar

feno: diablo.

 

El vocablo argótico o criptoléptico se incorpora al lenguaje cotidiano por diversas causas, sobre todo porque dice algo a la gente, ya por su rareza, exotismo, sonoridad, etc. ya por su sonido onomatopéyico “aquello suena”, como cuando empleamos el anglicanismo ranking para decir clasificación, lista, o el galicismo roll para expresar un comportamiento... Esto trae como consecuencia que a veces se confunden dos palabras parecidas, v. g: ranking (clasificación) con rating, que expresa el número de espectadores que en ciertas horas están conectados o viendo la televisión.

Algunas veces la palabra es tomada del propio idioma cuando refleja cierta semejanza metafórica, así carroza: viejo, pasado de moda, conservador, anticuado, y menos veces refleja una semejanza simbólica, para lo cual hay que saber de antemano el significado del símbolo empleado, sistema un poco más complejo, ya que el símbolo suele hacer referencia metafórica a lo que simboliza pero que el vulgo maneja intuitivamente con gran destreza.

De todas formas a la hora de incorporar un nuevo vocablo hay que tener en cuenta la mentalidad, giros y modos de expresarse del calderero a fin de poder acertar con el término y sobre todo con la expresión más adecuada.

  

El tema daría mucho más de sí. Me hubiera gustado poder dar un poco más de luz sobre los caldereros a fin de encontrar alguna pista  para estudiar posibles relaciones con los caldereros de Hungría llamados zíngaros o gitanos. Sin duda tenemos que buscar en Archivos algunos cabos sueltos que quedan sin atar. De todas formas el hecho de haber establecido este contacto para Miranda que se precia de ser si no cuna de estos artesanos sí mantenedora de su tradición, ha sido una suerte y un regalo poder traer aquí nuestro trabajo y ojalá en años sucesivos nuevos investigadores y estudiosos puedan ir llenando los vacíos y relacionando los datos con que contamos a fin de  conocer un poco más a fondo nuestras costumbres. El matrimoniar estudio con folclore y diversión es un buen medio de hacer que la cultura interese al pueblo.

Quiero agradecer todas vuestras atenciones, desde la visita de Juan Antonio e Imanol a las Jornadas de Avilés hasta esta acogida que me habéis brindado de la que guardaré siempre un grato recuerdo. Desde hoy puedo añadir a los lazos que me unen a esta ciudad uno más, el haber estado aquí hablando de los caldereros de Miranda.

                                                                                                                             

                                                                                                                                                       José Manuel Feito