TEXEDORAS Y FILANDERAS
 

         Sería sorprendente recorrer una mañana cualquiera, hace doscientos años, las calles del pueblo. Acá y allá se oiría, entre otros muchos ruidos de oficios artesanos, el golpeteo incesante del telar. Esta labor era propia de mujeres, las cuales en los Catastros aparecen como "de oficio filandera, texedora...". El hombre era más bien "vendedor de paños". Bastaría ojear los "Legajos de la Estadística del s. XVIII" sobre las utilidades de los vecinos de Miranda a declarar, lo que llamaríamos hoy impuesto municipal, y que obran en el Archivo del Ayuntamiento de Avilés. Así, en el año 1771 una de estas declaraciones dice: "Ignacio Graiño, 46 años, casado con Josefa Mariño, de 50 años, paga 450 reales. Tiene una hija. Madre e hija son hilanderas". Y más adelantes: "Manuel Mariño, de 40 años, casado con Josefa López de 35 años y cuyo oficio es hilar, paga 450 reales".
 El lino o materia prima de la hilandera, se trató de cultivar en Miranda. Se sembró en la LLosa la Fonte, pero no dio resultado. Se traía de Illas que es donde se cosechaba para surtir la zona. Hacían allí también el hilo y lo traían a vender en ovillos para tejerlo en Miranda.
 Algunos topónimos asturianos indican los lugares donde proliferó su cultivo: Linares de Gijón, de Oviedo, de Ibias, de Lena, de Proaza, Linares del Acebo en Cangas del Narcea, etc.
 
Moderna artesana trabajando en su telar...
        Cuando la demanda superaba la producción había que importarlo, incluso del extranjero, sobre todo de los países nórdicos a través de la famosa "Carrera del lino". A veces el barco de demoraba y las texedoras se impacientaban por falta de trabajo, fenómeno que dio pie a un refrán hoy muy divulgado por toda la comarca y que se dice a propósito de una persona muy nerviosa: "...como texedora esperando l´barcu".
 En Miranda hubo muchas y muy buenas texedoras e hilanderas. Por citar una nómina de las más conocidas:
Cilia Pepón, vivía en La Carriona en la casa donde murió María Flora, o María de Ceniza.
Xuana Vallín, vivía al lado de la casa donde vivía Tino el Talayo, hoy casas desaparecidas para hacer la entrada a Santa Ana. En esta casa murió.
Las Gaxinas, dos hermanas de La Carriona. Un hermano se llamaba Aurelio.
Las Mosconas, vivían en Miranda donde viven Los Cudilleros.
Las Cureñas con residencia en La Carriona.
Pepa Vitorio, en Miranda, en casó con un hermano del padre de las Antulas de Vidoledo a donde fue a vivir. Al final venía a ayudar en el chigre de Alfredo.
La Monxa, era la abuela de Raúl el Monxo. Vivía donde Esteban y Pili en Santa Ana.
Flor y Etelvina.
Las Cureñas de La Carriona.
Las Petras (Villanueva), etc.
Filomena, la madre de Amaro, hilaba perfectamente. Esta aprendió en el taller de Don Ramón Aquiles el de los Telares junto a la Curtidora (La Texera). Iba a trabajar a Villalegre con dos mujeres que se ejercían este oficio también y allí pasaba hasta 15 días.

 Según don Eloy Caravera, hijo de un industrial del ramo textil, las mejores texedoras en su empresa eran las tejedoras de Miranda. Entre ellas destacaba a la jefa: María la Tarula. Otras que recordaba eran: Elvira la Rata y María Güeso, esta de Villalegre.
  Los caldereros, cuando la gente dejó de comprar calderas, tuvieron que dedicarse a vender lo que podían. Una mercancía muy socorrida fue la tela. Y es curioso que esto sucedió también en Aurillac (Auvernia) caldereros dedicados a vender telas, y posiblemente entre los vendedores de mantas del valle de Fornela (León) que aunque no sabemos de su ascendencia calderera sí es curioso que hablen también el Burón, una jerga casi igual a nuestro Bron.
Entre las piezas que estos excaldereros compraban a don Eloy estaba “el lienzo casero", que luego llevaban a vender a los mercados, sobre todo al de Pola de Siero, y también estuvo muy de moda un pañuelo blanco con una cenefa azul, todo él de lino, y que se ataba a la cabeza en forma de cucurucho, o de otras muchas formas. Las mujeres lo adquirían porque era voz común que iba muy bien contra los dolores de cabeza y otras enfermedades. Era como un paño de cocina, añade don Eloy.
 De toda aquella industria hoy apenas queda nada. Todo es ya de importación. Sin embargo no todo se perdió. En Miranda contamos hoy con otra artesana que recogió hace años ya la antorcha y reconvirtió en nuevo diseño aquella industria. Se trata de Mercedes Fernández, natural de Villabre (Yernes y Tameza) y que lleva viviendo en Miranda prácticamente desde su niñez.
 Iniciada en el taller de la avilesina Enma Campa, hoy surte a media Asturias y aún exporta al resto de España y al extranjero trajes regionales en cuya elaboración es una consumada perfeccionista, haciendo así realidad aquel pasaje de la novela de Goete titulada Años de aprendizaje..., años de peregrinación de Wilhelm Meister, donde se dice: "superando la tradición local y tranquila de los pueblos entró en el engranaje del mundo económico..".
 Mercedes trabaja ateniéndose a patrones más comunes del traje que nos fue legado, siempre preocupada por ser fiel a lo que es más popular dentro de la tradición. Hace trajes llaniscos, vaqueiros, del centro o típico regional, atiende a orientaciones, recoge sugerencias, introduce cambios cuando estos responden a consejos de algún estudioso del tema,lee lo que se publica al respecto y sobre todo trabaja y da trabajo que es lo interesante en este campo.
  Miranda está orgullosa de sus viejas texedoras y filanderas por eso no quiere olvidarlas. Pero no lo está menos de ver cómo resurge de otra forma la vieja artesanía del hilo y de la aguja en las manos de una artesana del traje regional.
 
 


Ir al principio de la página    Ir a la página principal