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EL ROSARIO
Y DON QUIJOTE
Octubre es el mes del Rosario, pero es también el mes en
que decenas de pueblos asturianos celebran esta festividad con gran fervor,
hoy un poco. aminorado debido a múltiples, factores. No obstante
la fecha puede darnos pie para hacer una consideración más
acerca de esta devoción secular:
que Don Quijote también desgranaba sus cuentas.
El Rosario, llamado también camándula (Dicc. RAE),
es, según definición del Breviario Romano, (lección
IV, de Maitines de su oficio), un rezo que consta de 150 Ave Marías
intercalando en cada decena un Padrenuestro, un Gloria y la contemplación
de un misterio de la vida de Jesús. Era una forma de suplir
los 150 Salmos bíblicos que rezaban los monjes a distintas horas,
por una devoción al alcance de la mano, nunca mejor dicho, de las
gentes sencillas y de pocas letras.
Los nombres del Rosario.
No siempre se le llamó ni en todas partes rosario o camándula.
Los primeros testimonios literarios lo denominan llanamente cuentas. Más
tardío es el nombre de Himno áureo. La palabra con
la que se designa en italiano es corona, en francés e inglés:
chapelet,
en inglés también se le llama rosary y patenoster
(aún se conserva una calle en Londres con el nombre de “Paternoster
Row" que alude a los fabricantes de rosarios o “patenosters"
cuyo gremio tenía en ella su residencia).
De entre los diversos simbolismos con que se quiso representar a María
prevaleció el de la “rosa” por ser de los más poéticos
y emotivos y. también debido a la antigua costumbre, religiosa y
pagana, de coronarse de rosas. Y con coronas de rosas (chapelet de roses)
se ceñía de igual modo a las imágenes.
Prescindimos de su historia y controvertido origen para no salirnos del
tema.
Y Don Quijote rezaba...
Puede parecer extraño que el mismísimo Don Quijote
rezase el rosario. Y sin embargo así se desprende de la lectura
de los siguientes pasajes:
En el c. XXVI de la 1 parte: “Donde se prosiguen las finezas que de
enamorado hizo Don Quijote, en Sierra Morena", dice Cervantes
que el buen hidalgo, queriendo imitar a Amadís de Gaula:
,
“...lo más que él (Amadís)
hizo fue rezar; y así haré yo, y sirviéndole de rosario
unas agallas grandes de alcornoque, de que hizo un diez, y que ensartó,
lo que le fatigaba mucho era no hallar por allí otro ermitaño
que le confesase y con quien consolarse...”
Aunque en esta primera salida Don Quijote no llevaba rosario por lo que
se sirve de un improvisado ábaco hecho con el fruto del alcornoque,
sin embargo en el c. XLVI de la 11 parte (donde se habla
“Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibió Don
Quijote en el discurso de los amores de la enamorada Altisidora”),
lo encontramos saltando de la cama y...
“... púsose en la cabeza una montera de terciopelo verde guarnecida
de pasamanos de plata... asió una gran rosario que consigo continuo
traía... y salió a la antesala donde el duque y la duquesa
estaban ya vestidos y como aguardándole...”.
Algo debía de inquietar el rosario al buen hidalgo ya que en la
visión de la Cueva de Montesino (e. XXIII, 11 parte) al describir
al “venerable anciano vestido con un capuz de bayeta morada” añade
que
“... no traía arma ninguna, sino un rosario de cuentas en
la mano, mayores que medianas nueces, y los dieces asimismo como huevos
medianos de avestruz...”.
Aquel
rosario no sólo servía a Don Quijote para rezar sino
para contar, según leemos en el c. LXXI de la II parte, como hacen
los árabes con el suyo. Yendo de regreso con su escudero a la aldea,
queriendo pagar con azotes el desencanto de Dulcinea, convence a
su escudero a que cumpla dicha disciplina, y
“...porque no pierdas por, carta de más ni de menos, yo estaré
desde aparte contando por este rosario los azotes que te dieres”, lo
cual indica que lo tuvo consigo, al menos durante todo el tercer viaje
hasta el regreso a su pueblo.
Finalmente en el c. L (II) hay una lacónica descripción a
propósito de la sarta que Teresa Panza traía colgada al cuello:
“las avemarías y los padrenuestros son de oro de martillo,
y yo soy gobernadora”.
En este
mes de octubre también se conmemora aquella batalla “la más
alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan
ver los venideros” (7 de octubre de 1571) en la que Cervantes
tomó parte, y que dio pie a la fiesta de Nuestra Señora
de la Victoria, luego del Rosario.
Decíamos
al principio que en muchos pueblos asturianos existió y existe aún
una gran tradición de fiestas y de imágenes en su honor.
Acaso no exista iglesia que no tenga su imagen de la Virgen del Rosario.
En la parroquia de San Nicolás, matriz de Santo Domingo de Guzmán
de Miranda, (a Santo Domingo se le considera como el fundador de esta devoción)
existió una cofradía del “Rosario cantado” allá
por el año 1718.
David Arias dice que sostenía una misa los sábados dotada
por Alonso Fuertes de las Alas.
José Manuel Feito
La Voz de Aviles, 6-X-1991
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