VIA LUCIS, O CAMINO HACIA LA FUENTE BAUTISMAL
BAJO LA CRUZ Y JUNTO AL CIRIO PASCUAL
 
 Un Calvario: Jeús al fondo, a uno y otro lado María y San Juan... al fondo, la pila bautismal y el cirio de la Pascua, recordándonos nuestra resurrección.


 
La fontana del bautismo
 
LA FUENTE DEL BAUSTISMO
 (que brota en la pila bautismal del templo
              de Santo Domingo. Miranda)
Fuentecilla, fuentecilla,
fuentecilla del Bautismo,
siempre que paso a tu lado
siempre te encuentro lo mismo:
Susurras muy de mañana
y en tu monótono ritmo
me hablas de vida de gracia,
que tenga el corazón limpio,
que Jesús me ha perdonado
-como dice el Catecismo-
el pecado original...
y otros que haya cometido.
A mediodía en el templo
se une con tu canto el mío
porque yo quiero también
alabar al Dios Altísimo
cantando su eterna gloria,
siendo fuente, arroyo, río
que vaya a dar a la mar...
al mar de su amor divino.
Por la tarde tu oración
se oye envuelta en un suspiro
que brota acaso en los labios
del Jesús del Crucifijo.
Me acerco hasta tu cantar,
arrepentido y contrito,
y un dolor aquí en el alma
me atenaza los sentidos
al acercarme a tu orilla
y en ella verme perdido;
en cambio tú me recuerdas
que ya he sido redimido,
y me encuentro entre tus aguas
perdonado, amado, limpio
mientras escucho el caer
de unas gotas en el vino
cuando al ofertorio estoy
preparando el sacrificio,
quedando luego los tres
en el mismo Dios fundidos.
Fuentecilla, fuentecilla
tu agua, fuego eucarístico,
es lámpara que acompaña
también al Dios escondido.
Luz cantarina y sonora,
fuego, manantial y cirio...
Agua y fuego ambos a dos
hoy y aquí los dos unidos:
el fuego desde el altar
y el agua  donde de niños
a la vida de la gracia
en el Bautismo nacimos.
Fuentecilla, fuentecilla,
que brotas entre los lirios
no tienes, no tienes penas,
dolores, ni sacrificios,
porque si alguno tuvieras
los lleva el agua consigo.
Fuentecilla, compañera
en momentos de bullicio
y en momentos de silencio
cuando el pueblo está dormido,
sigue cantando tu copla,
cantar limpio y cristalino,
sigue alcanzando la altura,
siempre con el alma en vilo,
siempre con igual plegaria
desde el lunes a domingo,
hablándonos del perdón
que nos ha ganado Cristo.
Fuentecilla, por favor,
permíteme ser tu amigo:
aquí vendré cada noche,
rezaremos al unísono:
yo escucharé tu cantar
y tu oirás el llanto mío
a ver si contigo llevas 
la penas que van conmigo...
   
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