NO ES JESÚS, SOMOS TÚ, YO... LLAMADO SIEMPRE,
SIEMPRE PIDIENDO...


Aquí no es  Jesús quien espera  cubierto de rocío. Somos tú, yo... llamando a las puertas del corazón de Dios que a veces parece estar diciendo: mañana le abriremos... El peregrino insiste, llama y espera suplicando: "Cuántas veces mi alma te pedía, te asomaras, Señor, a la ventana, por ver con cuanto empeño entrar quería...".