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CASONA DE MAESTRO EN NARCIANDI
TRAS LAS HUELLAS
Una tarea que, dentro de nuestras limitaciones, nos hemos impuesto
en este Centenario del nacimiento del autor de La Dama del Alba
es tratar de llenar en la medida de lo posible algunas lagunas de su biografía.
En concreto su estancia en San Pedro de Narciandi, una localidad de la
parroquia de Santa María de Cangas de Onís. Con una población
de 102 habitantes incluye otros lugares menores como Nieda y Onao.
La estancia de Casona como maestro rural en Narciandi durante
el curso 1926-1927 hay que repartirla en dos periodos de seis meses, antes
del verano uno, y otro después. Allí hizo las prácticas
de maestro rural que exigía el Ministerio, dando clase en el pórtico
de una capilla que servía de aula. Esta escuela había sido
fundada y sufragada por un emigrante americano. No deja de ser curioso
que, según propia confesión, también haya aprendido
a leer en una escuela, fundada en Miranda de Avilés desde la lejana
Patagonia (R. Argentina) por otro indiano llamado José Menéndez.
Desde Narciandi aunque solía desplazarse a los pueblos
más cercanos en realidad fue aquí donde desarrolló
toda su labor de maestro durante aquel año de prácticas.
Más tarde llevó la escuela a una sala con galería
de un primer piso adosada a la casa donde residió, y allí
siguió la escuela al menos hasta la República.
LLEGADA Y FONDA
Alejandro, al llegar a este destino primeramente residió
en el Hotel Covadonga, (luego tomaría el nombre de Auseva,
hoy un bar llamado El Chófer) de Cangas de Onís. Pero
como no le alcanzaba el sueldo resolvió ir a vivir al mismo pueblo
y se hospedó en casa de la familia Antonio Blanco García
con quien mantuvo una muy cordial amistad hasta su muerte. Curiosamente
al tener que exiliarse a la Argentina en 1937, encontró amistosa
acogida y apoyo en unos parientes de dicha familia residentes allí.
De ello da fe María Jesús Blanco Cuesta, hija de Antonio.
Y debió de ser precisamente la penuria del sueldo lo que le hizo
de igual modo por estas fechas embarcarse en algunas traducciones que reseñamos
más adelante.
UNA LECCION PRÁCTICA
Por aquellas fechas el censo infantil de Narciandi era de 40
niños. Un detalle que quedó en la mente de las gentes es
que llevaba con frecuencia de excursión a los escolares a los alrededores
del pueblo, en especial a una cueva con restos prehistóricos llamada
Cueva de La Huelga situada cerca del río Güeña
al lado del arroyo La Brava que a veces la inunda. Antes de entrar les
explicaba la lección de prehistoria con consejos de no tocar nada
ni escribir en las paredes.
Recuerdan también un detalle muy de Casona: Les mandaba
coger hojas de un árbol determinado e ir tirándolas por donde
habían hecho el camino monte arriba hacia la cueva a fin de poder
reconocerlo fácilmente a su regreso. Esta cueva fue explorada en
1969 por aficionados. Más tarde fue estudiada por arqueólogos
profesionales, durante una campaña arqueológica que tuvo
lugar en 1989-1990 y en ella hallaron huesos grabados y piedra tallada.
La cueva se abre en la base de una gran pared caliza, situada en el fondo
Norte de un pequeño valle recorrido por el arroyo de La Brava que
se sume por la boca de la cueva. Está situada a 180 m sobre el nivel
del mar y se llega a la misma desde el pueblo.
APROVECHANDO EL TIEMPO
El día dos de marzo visité el lugar en compañía
de ese gran amigo Diego Somoano estudioso conocedor como ninguno de todo
lo relativo a Cangas con quien recorrí y me facilitó toda
la información. Visitamos en primer lugar, siguiendo esta ruta casoniana,
la fonda en donde por primera vez se hospedó Casona a su llegada
a Cangas. Subimos a Narciandi visitamos la capilla escuela hoy muy reformada,
pasamos por Nieda y conversamos con Luisa la hija, en la misma casa donde
se hospedó Alejandro. Fue una tarde a pesar de la lluvia plena de
emociones.
Pocos datos más pudimos reunir sobre su estancia en la
parroquia canguesa. Tanto aquí como en Lés (Valle de Arán.
Lérida) pudimos recoger la impresión que quedó en
las personas que lo conocieron u oyeron hablar de aquel joven maestro ya
Inspector de que era muy “fiestero”, y amigo de visitar todas las romerías
del contorno tomando parte en ellas y viviéndolas a fondo.
La estancia aquí no la recoge apenas ningún biógrafo.
Unicamente Españolito cita la localidad sin más. A pesar
de la poca información que recogimos creo que merece la pena tenerla
en cuenta ya que puede servir de alguna utilidad con miras a esa gran biografía
de este dramaturgo asturiano de fama universal que debería ser tan
conocido como es admirado una vez que se le estudia.
José Manuel Feito
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