EL PEREGRINO DE LA BARBA FLORIDA

 

LEYENDA MILAGROSA,

Poemario de Alejandro Casona

 

 

 

COLOFÓN DE UN CENTENARIO (1903-2003)

 

Olvidado nuestro Casona por los suyos como dramaturgo, lo es mucho más como poeta por el mundo literario. Apenas se habla de su poesía. Creo que ni él mismo le dio la importancia que hoy, en la distancia, nos parece tener. Por eso pienso que habrá que empezar a abrir, acaso con el cortaplumas, sus poemarios, para muchos aún intonsos, y al menos empezar a ojearlos.

Aunque ya hemos tocado el tema en un trabajo anterior (1) sin embargo no pudimos allí extendernos en este campo de la poesía lo que hubiéramos deseado dada la limitación de espacio y tiempo, al tratarse de una conferencia y sobre todo al circunscribirnos a su peripecia pedagógica en dos localidades: Narciandi y Valle de Arán.

Pero dada la escasez de estudios en este terreno, y estando en pleno Año Santo Jacobeo nos pareció que podía ser interesante cerrar las del Centenario con un estudio sobre el primero de sus poemarios, añadiendo algunos datos más al socaire del comentario, y esperando hablar en otra ocasión de su segundo libro: La flauta del sapo.

 

SU PRIMER LIBRO

 

Alejandro Rodríguez Álvarez publica en 1926 “El peregrino de la barba florida”. Curiosamente aquel año de 1926 ¡fue también Año santo Jacobeo! Y en Oviedo fue celebrado de modo especial...

Sáinz de Robles, autor de la introducción a sus Obras completas en la Editorial Aguilar, que recoge el libro de versos La flauta del sapo, decíamos en nuestra Conferencia (2) que no lo cita en las primeras ediciones, aunque sí tenía idea de un breve poemario anterior, sencillamente porque, según dice en el prólogo, “Casona no lo menciona en ninguna de las listas de sus obras”. Es verdad. Nunca que sepamos, habla de sus versos, a pesar de la labor que desplegó en tantos campos: teatro, radio, prensa, cine, entrevistas, etc. y que llegó al teatro por la poesía (3). Si Españolito considera edición privada la publicación de “El peregrino...” sin duda lo será más “La flauta...”, publicada y destinada “para sus amigos y poetas”, como aparece en la plaqueta del final del poemario. No deja de sorprender de nuevo esta defenestración quijotesca, y hasta se nos antoja llamarla parricidio, de este su primer hijo literario, según reza la dedicatoria a mano que hace de un ejemplar a su padre, como anotamos en otro lugar.

Editado en facsímil por la Asociación de libreros de Oviedo me cupo el honor de hacer su presentación en la Sala del Teatro Campoamor, el 22 de abril de 2003, con motivo El día del Libro. Al no disponer yo entonces de ningún ejemplar suponía que era en homenaje al Centenario del autor. Pero en la plaqueta final se dice textualmente: “Esta edición facsímil del Libro de Alejandro Casona, ´El peregrino de la barba florida´, llevada a cabo en los talleres de la Imprenta HiFer de Oviedo, se hace a expensas de la Asociación de Libreros de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Oviedo, quienes la ofrecen a los lectores para conmemorar Liber Oviedo 2003”. Por tanto el Centenario es sobreseído, al menos aquí. La edición está hecha en papel verjurado Torreón de Gvarro, de 90 gr sobre un ejemplar cuyos bordes habían sido previamente guillotinados, por consiguiente es más pequeña: 0,16,4 m. x 0,11,5 m. en vez de los 0,17,4 m. x 0,13,2 m. que tiene el original intonso. Consta de 550 ejemplares, 450 numerados en arábigos y destinados a la venta. Finalmente añade en la página 7, en lugar del título “Laude”, un Ex Libris de Alejandro Casona, que no aparece en el original, ni tampoco en las O. c. de Aguilar. Se trata del peregrino de la barba florida “entre todos, altivo, / cargado de cadenas, la mirada perdida..” (El peregrino... pág. 16), en actitud orante con los brazos abiertos, dentro de una hornacina y con sendas veneras a los lados. Por detrás de sus brazos penden dos cadenas que se pierden debajo de sus pies. Sobre el icono la leyenda: ALEJANDRO·CASoNA y debajo EX: LIBRIS. Al habla con Luis Miguel, sobrino del dramaturgo, nos dijo que se trata de un suelto dentro del libro. Por tanto, lógicamente es la etiqueta que se acostumbra a adherir a una de las primeras páginas de una obra para que conste a quien pertenece, según una vieja costumbre entre los bibliófilos. Este añadido pudiera desconcertar al estudioso que no posea el texto original, ya que daría pie para pensar que fue en este poemario donde Alejandro empezó a usar el seudónimo de Casona. Lo cual, como veremos, no fue así. Tampoco sabemos cuando se imprimió este icono y si en alguna ocasión se usó. De todas formas ¿por qué lo escogió como ex libris? ¿Fue impreso al mismo tiempo que El peregrino...? Pudiera ser un hilo que nos llevara al ovillo. De momento poco más sabemos.

Otra edición de El peregrino..., por llamarla de algún modo, es la incorporada a las Obras completas de Aguilar bastante tardíamente. Aquí nos referiremos únicamente la edición de 1926.

Finalmente hemos publicado en Avilés, patrocinados por la Asociación Astur Galaica que preside el infatigable José María Clero, una nueva edición con un prólogo y un vocabulario extraídos del presente artículo, la cual quiere reivindicar para Avilés el derecho a ser considerada como villa y ruta del camino costanero, y que hará a modo de colofón del Centenario de Casona y atrio del año Santo Jacobeo 2004.

 

LOS NOMBRES DE CASONA

 

En cuanto a lo que dice que fue en su segundo poemario La flauta del sapo donde decidió adoptar el seudónimo Casona también es posible que no sea del todo cierto a pesar de lo que afirma por carta privada a Shoemaker: “Al publicar mi primer libro (¿primer?) destinado al público decidí adoptar ese seudónimo, que he empleado desde entonces, y que ha llegado a sustituir a mi apellido, incluso en la vida de relación”, cosa que podría ser sólo verdad en parte (4).

Alejandro Rodríguez, según recoge en su artículo F. Insuela, concursó en una convocatoria llevada a cabo el año 1928 por la Revista Estampa (5). A este certamen se presenta con un cuento titulado Bernadetto. Repasando los números de dicho semanario se puede deducir que pudo ser aquí donde empezó por lo menos a pensar en su seudónimo. Los trabajos, como se acostumbra en estos casos, debían ser inéditos, su extensión debía ser unas dos páginas de la revista, firmados con su nombre real o seudónimo, abarcando el plazo de presentación de originales desde el 1 de diciembre de 1928 hasta el 28 de febrero de 1929. El jurado, que se mantuvo en secreto hasta el fallo, estaba compuesto por un paisano suyo: Armando Palacio Valdés, por un amigo o compañero: Alfonso Hernández Catá, por Alberto Insúa, y por Rafael López de Haro.

Había tres categorías de premio, el 1º de 2.000, el 2º de 1.000 y un 3º de 500 pesetas. El fallo tuvo lugar en abril de 1930 y se dio a conocer el 6 de mayo de 1930, fechas todas importantes en la biografía de Casona.

El primer premio recayó en el cuento “En provincia” original de Augusto H´Almar que se presentó bajo el seudónimo “El provinciano”. El segundo recayó en “El sabueso”, de Eduardo Valdivia, bajo el seudónimo de “Juan de Mar”. El tercero en “La vuelta” de Ramiro Bedoya, bajo el seudónimo “Catley”.

Dice F. Insuela, copiando la información, que “entre los cuentos ´muy estimables´ y que ´deben recomendarse a Estampa para su publicación´ figuran Bernadetto de Alejandro Casona; La Loba de Halma Angélico y otros dieciséis más de los cuales diez aparecen con seudónimo”. ¿Era ya Casona conocido por el seudónimo? Su trabajo queda, lo mismo que quedará más tarde Otra vez el diablo, relegado al apartado de trabajos no premiados aunque sí dignos de dar a conocer. Estampa se reservó el derecho de publicar los cuentos recomendados por el jurado, remunerando al autor con la cantidad estipulada para este tipo de colaboraciones. De ese modo nos encontramos con el cuento de Alejandro publicado en dicha revista el día 7 de octubre de 1930.

Ahora bien, si Casona presenta el cuento Bernardetto en 1928 o a más tardar primeros del 1929 no con su nombre de Alejandro Rodríguez sino como Alejandro Casona (ya que se podía usar nombre o seudónimo; aquí se usa uno y otro a la vez) habría que adelantar de nuevo la fecha (1928-1929) y anexionar a este acontecimiento el tiempo en el que por lo menos nuestro dramaturgo empezó a pensar en Casona como seudónimo (6).

De todas formas dado que “La flauta del sapo” se publicó en el verano de 1930, meses antes que la publicación del cuento, y aunque el seudónimo aparezca al menos en una ocasión en la prensa de Zaragoza (1929), no hay problema en seguir diciendo que fue en ese poemario donde por primera vez Alejandro Rodríguez usa el seudónimo en letra impresa pasando a llamarse en el mundo literario Alejandro Casona. Todavía en 1933 publicará  Flor de Leyendas, Premio Nacional de Literatura en 1932, bajo el nombre compuesto de Alejandro Rodríguez “Casona”, lo mismo que en Bernadetto.

En cuanto a su poemario, El peregrino... desconocemos por qué lo sepultó en el olvido, a pesar de considerarlo familiarmente como, “el primer nieto” literario, según lo califica en dedicatoria manuscrita a su padre.

 

CASONA POETA

 

Decididamente Casona no estaba por la labor de dar a conocer su poesía. Sabemos que cuando la actriz Mecha Ortiz representó en el teatro Politeama de Buenos Aires la comedia “Romance en tres noches”, al final de la obra Casona subió al escenario y recitó, como se acostumbraba a hacer en los entreactos en tiempos de Lope de Vega, un romance de La flauta del sapo titulado “El milagro pequeño” que fue muy aplaudido (7). En nuestro trabajo sobre Casona en Narciandi decíamos que desconocemos el texto de las conferencias sobre Poesía nueva, pronunciada en el Teatro Principal de León (mayo 1932), la de De Rubén Darío acá, en el Teatro Campoamor de Oviedo en 1934, otra sobre temas poéticos en el Ateneo de San Sebastián en diciembre de 1935, y finalmente, que sepamos pues sin duda hubo alguna más, la titulada “Nueva poesía” estudio de temas y técnicas de los poetas líricos modernos desde Rubén Darío a García Lorca, leída en el Ateneo “Pi y Margall” de Buenos Aires en 1945. La lectura de estos trabajos nos daría algunas pistas para profundizar más en el estudio de su obra poética. No he podido dar con ellos. El hecho de que hable de poesía nueva y cite por dos veces en el título a Rubén Darío y una a García Lorca puede, no obstante, sugerirnos la tendencia modernista en la que se mueven también sus inquietudes literarias (8). ¿Cuál es la razón que le hizo abandonar la poesía? ¿Acaso porque no alcanzó el éxito y aplauso que esperaba...? En el siguiente escrito se puede adivinar ese desencanto o desilusión que debió causarle el poco éxito de su primer hijo literario. Es un proemio a un libro de versos solicitado por un viejo amigo de Sanabria, y maestro como él. Dice así:

“ Sr. D. J. Enríquez de la Rúa.- Toro.

Mi querido amigo: Le he conocido a usted hace dos años, en su escuela rural de Sanabria, haciendo viva poesía de educación entre zamarras de pastores y niños hambrientos. Nos sentamos juntos en la orilla del Tera, frente al lago inmóvil, que aquel atardecer tenía una sola estrella caída en el fondo. Y hablamos largamente. Usted tenía fe en su escuela; esperaba redimir con ella a un pueblo miserable, dándole una luz a lo lejos y ayudándoles con toda la fuerza joven de su alma y de sus manos hasta llegar a ella. Mientras hablábamos, la estrella caída palpitaba en el barro verde, como esos peces fabulosos que se ahogan en el agua.

Hoy emprende usted un nuevo derrotero de belleza, tratando de apresar su emoción poética en la palabra impresa. ¡Buen viaje, compañero! Si mi palabra puede serle útil, recíbala hoy al salir: no escriba nunca poesía para los poetas. Y mucho menos para los profesores de retórica. Haga su poesía escrita como antes hizo su poesía viviente: para los pobres y para los niños. Lance su palabra caliente donde sudan y trabajan los que tienen blanda el alma y duras las manos. Porque ellos la necesitan. Y la quieren. Y la merecen.

Siga su poesía el rumbo humano de su escuela. Y saque a flote esa estrella que se ahoga en el fondo de todos los lagos y en el fondo de todos los pueblos.

Le abraza su amigo y compañero, Alejandro Casona” (9).

Ese “Buen viaje...” y “... no escriba nunca poesía para los poetas...”, etc. deja traslucir sin duda la desilusión a la que aludíamos. Posiblemente, teniendo en cuenta el escaso valor literario del poemario prologado, Casona quiera también insinuar al incipiente poeta que el camino a seguir más que el de escribir poesía es el de hacerla realidad en medio del pueblo, tal como hizo él, por medio del Magisterio y de las Misiones Pedagógicas, en Castañeda de Zamora. Ni la carta ni el libro tienen fecha. Calculamos que debió de ser en 1937 (10).

De todas formas el hecho de que no hable nunca de “El Peregrino...” ni lo haya incluido entre sus Obras completas en las primeras ediciones pudiera respaldar nuestra suposición.

Constantino Suárez, Españolito, a quien siempre hay que acudir por la abundante información que recabó epistolarmente de sus biografiados, dice que lo escribió y publicó en 1925 (seguramente era la fecha en la que Casona esperaba su aparición y que luego se retrasó, como suele suceder, ya que la dedicatoria a su padre está fechada en enero de 1926, el mismo mes que sale de la imprenta). Españolito lo considera “evocador de las peregrinaciones medievales a Santiago de Compostela, poema cargado de imágenes y giros a la manera de Valle-Inclán, que seguramente contaría entonces entre sus autores preferidos”(11). Es verdad. Aquí se ve el buen olfato literario del autor avilesino.

La aparición del libro se comenta en algunas Revistas de la época con bastante retraso. Así en Nuevo Mundo del 15 de octubre de 1926, aparece la siguiente reseña: “Un poeta nuevo. Un poeta lleno de ese doble ritmo de la palabra y el pensamiento. Su ´peregrino de la barba florida´ es una admirable leyenda en verso, narrada en una dulce y musical sencillez. El viento del milagro tiembla a lo largo de las estrofas, dibujadas sobre un fondo lejano del paisaje galaico. Como guardas magníficas lleva el libro un prólogo de Eduardo Marquina y una salmodia de Alfonso Hernández Catá”(12).

 

TODO LO PUBLICADO LO ROMPÍ. UN INÉDITO DE LA ÉPOCA.

 

William H. Shoemaker, profesor de lengua y literatura en la Universidad de Kansas habla en la introducción que hace a la obra “Nuestra Natacha” afirmando que en Murcia publicó sus primeros poemas en periódicos y revistas y que nunca fueron recogidos ni publicados en volumen. Habría que indagar qué poemas y en donde. María Luisa Usunáriz, viuda de Antonio Jiménez-Landi, con quien Casona gestionó la publicación de Flor de leyendas en la colección Joya, El Globo de colores y Crisol  de Aguilar, según carta que le dirige desde Punta del Este (6 de febrero de 1958), y su hermana María Teresa Usunáriz, casada con un Bustínduy, coincidieron en Lés durante aquellos años de la estancia de Alejandro. María Luisa recuerda las veladas con Rosaly  (Rosalía) y Alejandro cuya voz aún parece escuchar recitando poemas, alguno aún inédito como el siguiente:

 

“Era una soledad el cielo,

ahora, por él, la luna va.

 

Me sabes tuyo,

te recuerdo mía.

 

Somos el hombre y la mujer,

conscientes de ser nuestros,

nos miramos,

en el sereno atardecer”.

 

El poema tiene más afinidad con el estilo de La flauta del sapo que con El peregrino..., por tanto habría que considerarlo más tardío. No tenemos comentarios publicados sobre La flauta..., sin embargo sí aparecen sobre El peregrino... En un artículo que vio la luz dos años después de aparecer el libro lo define como un “poeta campestre de gran lirismo” (13).

Tenemos un texto que, de algún modo, corrobora lo anterior; es una confesión que recoge el periodista J. J. Plans:

PERIODISTA.- Tengo entendido que por entonces comenzó a publicar unos versos en varios periódicos... CASONA.- Sí, en Murcia. Escribí poemas en varios cuadernos y los presenté. Tuve suerte; me los publicaron. Mis primeros versos, como ocurre siempre, no eran en realidad “míos”; eran resonancias y reminiscencias de cosas leídas. Mi poeta más admirado a los veinte años era Rubén Darío a quien sigo admirando mucho pero de otra manera. Cuando descubrí a Antonio Machado toda mi idea de la poesía cambió por completo; la sencillez, la naturalidad, la rima asonantada, la palabra redondeada por los siglos como el guijarro pulido por el río, me parecieron mucho más profundos y humanos que los violines y el parnasianismo de Rubén. Entonces rompí lo escrito y decidí volver a empezar. Todo lo que se había publicado lo rompí, ha muerto para siempre. No estaba conforme con aquella ´primera obra´, titubeo ante la literatura” (14). Este romper lo escrito ¿incluye también lo publicado, incluso su primera obra? Dada la poca atención que le prestó parece ser que sí. Leyendo la correspondencia de su maestro en Murcia Andrés Sobejano, que recoge R. Richart, aparecen varios testimonios que coinciden con las declaraciones de Alejandro: “Fue componiendo y dando a luz pública ensayos poéticos cada vez más finos y perfectos con muy seguro estro y notoria galanura... [...] Venía él con mucha frecuencia hasta a mí, tímido al principio, con más soltura después, a mostrarme en mi despacho de la biblioteca pública sus composiciones en verso y en prosa, para que le manifestase sinceramente mi opinión y se las corrigiese, si de ello eran susceptibles”. En Murcia “escribe y publica sus más tempranas producciones rimadas, desde un romance heroico sobre el triunfo del Ave María, inserto en la revista local ´Polythecnicum´ por gestión mía y que le fue premiado en un certamen de Zamora,  a otros varios poemas líricos, que leyó a veces en veladas y fiestas culturales de centros diversos y del Conservatorio o que aparecían con su firma en semanarios u hojas locales” (15).

Después de una búsqueda no fácil R. Richart da con la composición del romance El triunfo del Ave María, del que hace un interesante estudio (16). Tenemos “la maldición a la luna” de la que hablaremos luego, publicada en mayo de 1926, casi al tiempo que El peregrino..., pero de un estilo muy distinto. ¿No será también alguno de los poemas de “El peregrino...” los que han sido publicados en esas revistas y hojas, acaso adaptados luego para el libro? El hecho de que nunca más hable de ellos ni siquiera los haya entregado a Sáinz de Robles parece indicar que podían ser al menos de un estilo parecido. Palabras como Laude, Salmodia, Treno..., títulos de algunas composiciones, tienen un marcado sabor modernista Al desembarazarse de Rubén Darío y de Valle Inclán, tratará de ensayar con La flauta del sapo nuevos ritmos, a lo Machado, Alberti, Guillén o García Lorca.

Con tan escaso material poético a la vista optamos por tratar de clasificar su producción en 1) una poesía popular entre el romance y el cantar, 2) otra de imitación (Rubén Darío, Valle Inclán) con ´El peregrino...´, 3) un cambio hacia nuevas formas, y corrientes con ´Maldición a la luna´, o ´Era una soledad el cielo...´, para desembocar en 4): ´La flauta del sapo´, (típica de la generación del 27, con resonancias aún rubenianas, recuérdese “El poema del sapo”), y 5) terminar por sembrar poesía a voleo y a raudales por toda su obra dramática en especial el libreto -todo en verso- de la ópera Don Rodrigo. No sería tarea difícil espigar metáforas, -algunas tan logradas-, expresiones, giros y hasta alguna composición, como la original traducción que hace de El Cantar de los Cantares en La sirena varada (final del acto primero), y componer con todo ello un a modo de florilegio poético.

Pérez de Ayala decía en un artículo con motivo de la muerte de Rubén Darío: “Hasta ahora, los grandes poetas no han hallado otra forma más sucinta y condensada de contener el universo que un triángulo cuyos tres lados se llaman Amor, Muerte, Dios. Sabréis si el poeta es verdadero cuando en sus creaciones se reiteran en todo momento estos tres temas...” (17). Ese fue precisamente el universo poético de Casona en toda su obra dramática. Así lo expresa a su biógrafo Sáinz de Robles a propósito de La tercera palabra: “...respecto al título mismo  nadie observó que las tres grandes palabras -Dios Muerte, Amor- se juntaban, no verbalmente, sino expresadas en presencia dramática en el momento final, en torno al sillón donde yace Marga desmayada.”(18).

 

LUIS DE GALINSOGA

 

Sabemos que Casona en enero de 1926, aunque destinado en Narciandi, está en Madrid, por la dedicatoria de un ejemplar de dicho poemario, en poder de la familia y que sirvió para el facsímil del publicado últimamente (2003) que dice: “A mi padre, que me enseñó a escribir y a pensar, envío fervorosamente este su primer nieto. Alejandro. En Madrid Enero de 1926”. Debió de ser algo más tarde cuando le dedica otro ejemplar nada menos que a Luis de Galinsoga. La dedicatoria del ejemplar que está en mi biblioteca aún intonso, obsequio de ese asturianista y buen amigo Ramón Baragaño, reza así: “A D. Luis de Galinsoga, cordialmente. A. Rodríguez Alvarez (rubricado). S./c Toledo, 53. 3º Madrid”. Y digo que nada menos, debido a las ideas políticas de este periodista en nada coincidentes con las de Casona. Seguramente no tuvo que pasar mucho tiempo para arrepentirse de tal dedicatoria. El día 4 de abril de 1954 contesta Casona desde Buenos Aires a una carta de don Leopoldo Bustillo, que le solicitaba unas líneas para publicar en el porfolio de fiestas de La Felguera (Asturias): “Le agradezco infinitamente los términos cordiales y llanos en que me habla... pero me he prohibido a mí mismo toda colaboración que pueda parecer siquiera una tolerancia con el estado actual de cosas de mi patria. Quiero a España como nunca... etc.”. Dada la animadversión que Casona mostró al régimen de Franco ¿no sería esta dedicatoria algo cuyo solo recuerdo le escocía en el alma y que unida a otras circunstancias hizo lo posible porque el libro no apareciese por parte alguna hasta el punto de no querer ni siquiera dar a conocer su existencia? No lo sé (19).

Es una lástima que la dedicatoria no venga fechada pues de estarlo sabríamos si el libro se dedicó con motivo del Premio de ABC (febrero 1927, abril 1928), siendo aún Galinsoga simple periodista, pero acaso sospechando Casona de su posible participación en el concurso, y de ahí la dirección postal del remitente (C/ Toledo, nº 53-3º) que aparece tras la firma. La dirección nos da a entender que por entonces Casona ya ejercía de Inspector en Madrid, después de haber ejercido en Oviedo. Por tanto es de suponer que tanto la dedicatoria y el poemario, como la presentación de la obra Otra vez el diablo al concurso convocado por ABC (1926-1928) debieron de correr parejas sin que ello lógicamente cuajara en amistad por razones obvias. Ambos fallecen en la década de los 60 en Madrid, Casona en 1965, Galinsoga en 1967.

 

NI PREMIO NI FINALISTA

 

En cuanto al seudónimo o lema que también se exigía para el Concurso de Teatro al que se presentó lo desconocemos puesto que en el fallo aparece con su nombre y apellidos. Ya hemos anotado nuestra sospecha de que su alter “Casona” pudo haber sido usado como seudónimo en el cuento Bernardetto y no sabemos si en el ex libris citado anteriormente. Por tanto hasta la llegada a Lés, tanto Otra vez el diablo como El Peregrino... al concursar van firmados con su nombre de pila. La comedia/cuento Otra vez el diablo, sin duda retocada en Lés, como afirmamos más abajo, aparece ya seleccionada y publicada con el seudónimo A. Casona. Sin embargo, para agotar en lo posible el tema referente a estos primeros pasos literarios, sí quisiéramos despejar otro error o impropiedad al decir que obtuvo en los concursos, tanto en el de Cuentos como en el de Teatro a los que se presentó, el segundo o tercer premio o que su obra quedó finalista en el sentido en el que hoy se entiende. Copiamos la Bases del Concurso que siempre ilustrarán el tema y darán alguna luz más. Aparecen en el periódico ABC bajo el título “Concurso de obras teatrales para noveles”:

“ABC desea alentar los esfuerzos de aquellos autores de teatro que viven en el anónimo, forzoso, según ellos, por la desatención de las Empresas y acaparamiento de las firmas conocidas. Es lógico pensar que, entre la multitud de noveles que aspiran vanamente a romper la indiferencia y los recelos generales, hay algunos que merecen una respetuosa atención o una ferviente acogida.

Desde que publicamos nuestras Páginas Teatrales llegan diariamente a la redacción de ABC las quejas y lamentaciones de esa muchedumbre de noveles que se debate, desparramada por toda España, contra el anónimo de sus nombres, protesta de la nobleza de sus aspiraciones y busca en nuestras columnas una vibración y una simpatía.

Estas consideraciones y el afán de concentrar en los asuntos teatrales toda la atención que merecen, incita a ABC a abrir un concurso para noveles, con sujeción a las siguientes cláusulas:

Primera. Ha de ser condición indispensable para concurrir a este certamen no haber estrenado nunca una obra teatral en ningún teatro por compañías profesionales.

Segunda. Respecto a la personalidad de los concursantes, se exige tan sólo la condición de español,

Tercera. Para los efectos del Concurso, las obras presentadas, habrán de ser de cualquier género teatral, sin limitación alguna.

Cuarta. Todos los trabajos han de ser inéditos y originales.

Quinta. Vendrá, necesariamente, escritos a máquina o en letra de imprenta, en una sola cara  de papel y firmados por un lema.

Sexta. Queriendo dar ABC las mayores garantías de imparcialidad y seriedad a este concurso, no se admitirán plicas con el nombre del autor. Los premiados darán su nombre cuando haya recaído el fallo del Jurado justificando debidamente su personalidad.

Séptima. La menor indicación o recomendación, será suficiente para excluir del concurso el trabajo a cuyo lema se refieran.

Octava. El jurado estará compuesto por eminentes personas literarias, artísticas y teatrales. Sus nombres no se conocerán hasta después de emitir el fallo.

Novena. Los premios serán dos, a saber:

Primero. Dos mil pesetas y la seguridad de estrenar la obra en un teatro de esta corte en el transcurso del año al subsiguiente del fallo

Segundo. Mil pesetas y la seguridad de estrenar la obra en un teatro de la corte.

Décima. El plazo de admisión quedará cerrado el 1º de abril de 1927, pues se presume que los autores noveles tienen escritas sus obras.

Undécima. Los trabajos serán dirigidos a nombre del director de ABC.

Duodécima. Si el Jurado, en su soberanía, entendiese que entre todas las obras enviadas no había ninguna representable ABC dará los premios ofrecidos a las mejores obras de mérito relativo.

Estos premios no podrán ser divididos.

Decimotercera. Si premiara el Jurado alguna obra cuyo autor se supiera luego que había estrenado, el premio no será válido.

Decimocuarta. Cada autor no podrá concursar al certamen más que con una obra” (20).

En la Páginas Teatrales de un jueves del mes de marzo de ese año, se habla de nuevo sobre el Concurso para obras de teatro noveles. De ello se deduce la expectación que despertó y las dudas que llegaron a la redacción a las que se da respuesta en la siguiente nota aclaratoria:

“Hemos recibido estos días multitud de cartas de autores noveles. Se nos pide aclaraciones, amp1iaciones  y rectificaciones las bases publicadas en ABC en los días 24 y 25 del mes de Febrero pasado.

No nos es posible complacer a todos. Las bases del concurso no pueden admitir rectificación. Enmendarlas, ampliarlas o reformarlas aquí equivaldría a transmutar su carácter. Quizá un concurso ulterior pueda satisfacer a los descontentos de ahora.

Ateniéndonos, pues, a las bases publicadas, hemos de contestar a ciertas demandas, y lo haremos públicamente, porque la mayoría de esas cartas afectan a análogas objeciones:

En atención a la unanimidad de la queja, ampliamos el plazo de admisión de obras hasta el 1º de Mayo, y este plazo es absolutamente improrrogable.

Repetimos que el hecho de haber estrenado una comedia, aunque fuere en provincias, invalida al autor para concurrir a este certamen.

En lo tocante a los libros de zarzuela no podrán venir acompañados de la partitura. Si el jurado estimara que el libreto contenía relevantes virtudes literarias y que merecía alguno de los premios, ABC, de acuerdo con el autor, convendría la forma de llevar a la escena su obra.

Se admiten, claro es, los originales publicados en libro, aunque estén escritos por ambas caras, siempre que correspondan a comedias no estrenadas.

Finalmente, la justificación de la personalidad es cosa que no  presentará inconvenientes. Uno de los medios para acreditarla es la exhibición del recibo que a cada concursante se entrega en el momento de representar su original; mas hay otros muchos de notoria eficacia, que se emplearán para los noveles de provincias y que no darán en su día, lugar a duda ni vacilaciones”.

Todas estas aclaraciones tuvieron que ser leídas por Alejandro Rodríguez tomando buena nota de ellas. El fallo aparece en las páginas de  ABC el día 12 de abril de 1928, bajo el título “Nuestro concurso de autores noveles”· y dice así:

“El éxito y resonancia que ha tenido en toda España nuestro certamen de obras teatrales de autores noveles nos obliga a expresar de nuevo, nuestra gratitud a los tres insignes jurados, que tan digna, entusiasta y competentemente han realizado su labor. Hemos sido testigos de su actividad y desinteresado afán. D. Carlos Arniches, don Eduardo Marquina y D. José Cadenas, imbuidos, desde el primer momento, de nuestro anhelo de tender la mano a los autores desconocidos, y fervorosamente unánimes en ese mismo deseo, han trabajado sin desmayo, y, movidos de una gran fe en la labor anónima.

Si no se hubiera conseguido más que destacara tres noveles de talento, como los señores López Rubio y Ugarte Pagés, autores de  “De la noche a la mañana” (primer premio), y el Sr. Benavides, autor de “El protagonista de la virtud” (segundo premio), ya sería suficiente, supuesta la decantada penuria en que se dice vive el teatro español. Pero es que además, el jurado ha citado otras siete obras como “relevantes y dignas de salir del anónimo”. A instancias de los Srs. Arniches, Marquina y Cadenas nos permitimos llamar la atención de las Empresas acerca de esas siete comedias, ya que, en lo concerniente a las dos premiadas su estreno en un teatro madrileño es obligación inherente al premio.

He aquí los títulos de las siete obras citadas, con los nombres de sus autores:

“Otra vez el Diablo”, de Alejandro Rodríguez Álvarez.

“Boira”, de F. Campistro, de Cáceres.

“Un bote de mirra”, de Arturo Cuyás de la Vega.

“Robinsón”, de Felipe Ximenes de Sandoval.

“La señorita Razón”, de Pedro S. de Neyra.

“El teatro privado de Dion Chinelon”, de Julio Bravo.

Y finalmente la comedia, sin título, que lleva por lema “Caracteres” y que es original de Antonio Guzmán Merino.

Hoy publicamos las fotografías de los señores Ximénez de Sandoval, y de Neyra, autores de “Robinson” y “La señorita Razón”, comedias citadas en cuarto y quinto lugar. El próximo jueves publicaremos las de los otros tres noveles citados por el Jurado, en el caso de que nos den para ello su autorización”.

Efectivamente, el jueves siguiente aparece las fotos de los cinco restantes, apareciendo en primer lugar la de “Alejandro Rodríguez Alvarez “autor de la comedia Otra vez el Diablo”, citada en primer lugar por el Jurado de nuestro concurso de noveles (Foto Mena)” (21) y dice “citadas” solamente como obras “relevantes y dignas de salir del anónimo”. La influencia de su amigo Marquina, que seguramente conocía obra y autor, dio poco resultado, si acaso para situarla la primera entre las citadas (22).

Sin duda la obra representada en 1935 no es la misma que la seleccionada en el concurso pues debió sufrir varios retoques, algunos sugeridos acaso por algún miembro del jurado (¿Marquina?). En una entrevista que le hizo José Luis Salgado el día del estreno (26 de abril de 1935 en el Teatro Español) Casona manifiesta claramente que “Otra vez el Diablo” fue “al principio un cuento irrepresentable que escribí antes de ´La Sirena Varada´. Ahora lo he escrito de nuevo dándole una forma mucho más cuidada. Esto sí, las dos veces me ha preocupado extraordinariamente la figura del diablo. Más que ninguna otra cosa”. También nos da la razón del subtítulo: “Cuento de miedo” en vez de comedia. Dice que es porque “yo no hubiera querido que esta clasificación oliese a ´teatro de vanguardia´” (23).

Resumiendo: Posiblemente el seudónimo Casona fue usado para concursar con el cuento Bernardeto. En Otra vez el Diablo pudiera ser que hubiera usado un lema. Tanto en uno como en el otro, más que premio fueron indicaciones del jurado reconociendo en los trabajos méritos más que suficientes tanto para la publicación del cuento como para la representación de la obra, cuento los dos al fin y al cabo.

 

EL PEREGRINO... (1926)

 

Este es por tanto su primer libro. El bordón de peregrino lo llevó Casona a cuestas durante toda su vida como una cruz, o acaso como una cadena... desde su infancia, recorriendo pueblos, centros de enseñanza, regiones y finalmente continentes hasta depositarlo en las manos de la peregrina del alba.

La edición vio la luz en la editorial “Mundo Latino” (24), lo que nos da pie para pensar que a través de su publicación entra en contacto con algún responsable de dicha editorial, acaso el mismo H. Catá que era a la sazón director de la misma, y que “sentía el prurito de desarrollar en ella sus iniciativas modernas en punto a la presentación artística del libro, elección de cubiertas, tipo de letra, papel y demás factores del éxito editorial”, anota Carmen D. Castañón en su obra (pág. 53) sin citar fuente. E. Marquina escribe el poema que sirve de pórtico y que Casona en el índice titula Laude. El colofón, titulado Salmodia, es de Alfonso Hernández Catá, cubano nacido en 1885 y muerto en accidente de aviación en Río de Janeiro en 1940. Había llegado a España hacia 1910. Cansino Assens lo describe en sus Memorias vistiendo “... con un lujo chillón de rastacuero, chaleco de fantasía, botitas grises, sortijas en los gruesos dedos y chambergo y chalinas de bohemio elegante...”. En confesión de Casona que hizo al periódico La Luz (12/12/1933), H. Catá fue la única persona a la que fue recomendado cuando llegó a Madrid en 1930 y aparece como padrino en el Bautismo de su hija Marta Isabel Francisca Rodríguez Martín, representado por un abogado de la villa. Fue madrina Matutina Rodríguez, hermana de Alejandro a quien siempre guardó un gran afecto que hizo patente en varias ocasiones, afecto surgido entre otros motivos, por haber nacido ambos en Besullo, el pueblo de sus amores (25).

 

Con respecto a la dedicatoria del libro a Luis de Zulueta tiene también su justificación. Casona había estudiado en la Escuela Superior de Magisterio de Madrid. Una de las asignaturas fundamentales del plan de estudios de 1914 que se impartía, sin duda la principal, era la Pedagogía. Allí se preparaba también la que sería su mujer, Rosalía Martín Bravo. Luis de Zulueta y Escolano, un intelectual opuesto a la dictadura y republicano independiente, diplomático y diputado en Cortes entra en 1910 a formar parte como profesor de Pedagogía en dicha escuela, y es  precisamente “al maestro Luis de Zulueta” a quien dedica este su primer poemario. Más datos sobre este intelectual se pueden ver en la citada conferencia (26).

 

EL VERSO Y LA PALABRA

 

El poemario consta de tres Jornadas, y nueve poemas cada una, más un Laude y una Salmodia, es decir, un prólogo y un epílogo. Tal parece el escenario para uno de sus dramas. Por ejemplo, el libreto para la ópera Don Rodrigo, con música de Alberto Ginastera, estrenada en Buenos Aires el 24 de Julio de 1964, y escrita totalmente en verso por Casona, con emotivos recuerdos de Asturias, que también consta de tres actos y nueve escenas.

Hay en El Peregrino... alusiones al campo astur, a la braña, a la cabaña, a la vaquera, a la vaca, a la misma niebla. Conviene destacar que Casona no desdeña emplear a lo largo de toda su obra poética y teatral y en determinados momentos, términos tanto del bable occidental: chuchar (besar), aveirada (resguardada), malpocada (infeliz, apocada), encanto (xana, ninfa), etc. como del bable central: tenada, carbayón, nevadona, xana, raposa, mullir, trébole, encanto, panoya, orballo, rabión, perlindango, trébole, pradón, Nalón, rabiquín, paxarina, Nisal, Falín, Antnón de Antona, etc.

 

En “Caminos” se adivina el título de su segundo libro cuando dice: “Tañe su flauta un sapo”. Y así como en las comedias usa un lenguaje popular, al alcance de cualquier espectador, no sucede así con los poemarios, en concreto El peregrino..., donde abundan palabras del castellano antiguo y neologismos. Incluso echa mano de palabras inventadas o reinterpretadas por él, como cuando dice en “El caballero de las espuelas de oro”:

“ARCHIDIABLO.- ... Fuera ese diablo que no sabe lo que se diabla..”, o POETA.- “Con perdón de vuestra Diablencia” (Cuadro Cuarto).

Quevedo fue un experto en la lengua de germanías y de los ambientes en los que se desarrolla parte de la acción, y sin embargo Casona, que seguramente conoció también en Miranda la lengua gremial de los caldereros, llamada Bron, no suele emplear en la obra ni en sus poemas vocablos de la jacarandina. Solamente los deja traslucir en algún momento, por ejemplo en la citada obra “El caballero...” cuando se dirige a un poeta:

QUEVEDO.- ¡Ah, facineroso del idioma! Entonces ¿eres tú el inventor de la zarabanda y la chacona y el guiriguirigay? ¿Tú nos trajiste el tenguetengue, y la cachumba y gatatumba y el don-golondrón?

POETA.- ¿Qué mal hay en ello?

QUEVEDO.- ¿Te parece poco mal apestarnos la república con sarna de jacarandinas y enloquecer a las mozas... y aturdirnos las calles con tanto “hurruaá-hurruá, que en la ventana está” y tanto “¡Bulliz-cuzcuz de la Vera-Veracruz!”? (Cuadro Cuarto) (27).

No sé por qué este ataque lingüístico cuando no tuvo reparo en usar términos cultos y con profusión sobre todo en su obra poética, en la que, aunque paradójicamente los vocablos que emplea son de difícil compresión para un profano, son perfectamente inteligibles en el conjunto de la obra. Sucede al revés que con algunos de nuestros poetas que usando palabras del acervo común no obstante el poema es casi ininteligible.

Es característico en todo El peregrino... voces del bable occidental fronterizo con la lengua gallega con frecuentes alusiones a ella en algunos poemas, bien de cosecha propia como el titulado Saudade, (pág. 83) bien echando mano de canciones del folclore gallego, como aquel cantar de ruada que silba el mirlo mecido por la brisa:

-Cantan os galos pr´ó día;

érguete, meu ben, e váite.

-¡Cómo m´ei d´ir, queridiña!

¡Cómo m´ei d´ir e deixarte! (El peregrino... pág.67).

Esta misma cancioncilla fue utilizada por Rosalía de Castro, como glosa del poema nº 4 de sus “Cantares gallegos”, dedicado a la escritora Fernán Caballero. En Aromas de leyendas de Valle Inclán, otro de sus poetas preferidos, once de los catorce poemas del libro se cierran con este tipo de cancioncillas gallegas, parecidas a la que Casona titula “Canción lejana” y que reza:

“Augua do Pilar da Cruña,

augua do lindo beber,

quen amores ten ó lonxe

máis lle valera n’os ter”.(El peregrino... pág. 87).

Con respecto a la palabra “saudade”, título de uno de los poemas citados (pág. 83) dirá años más tarde (1960) en una charla radiofónica recogida por E. Arce: “Para llegar a lo profundo de la palabra ´saudade´ no basta nuestra idea de la soledad, incluso manteniéndola en su dimensión más entrañable y poética, tal como lo hicieron Góngora y Lope de Vega. No sirve tampoco la aproximación que nos proporciona Cataluña con su palabra ´añoransa´ hoy castellanizada. Ni tampoco la palabra española “remembranza”, hermana del inglés ´remember´. La “saudade” portuguesa, además de la melancolía, el recuerdo y la soledad, lleva implícito no sé qué misterioso paisaje de amor y de dolor juntos, imposible de encontrar en ningún otro idioma, salvo quizá en la ´soidade´ gallega tal como se encuentra en Rosalía de Castro” (28).

Aparece también en la conocida obra de  Vélez de Guevara

DOÑA INÉS:

Saüdade minha.

¿Cuándo vos vería?

Diga el pensamiento,

pues sólo él siente,

adorado ausente,

lo que de vos siento;

mi pena y tormento

se trueque en contento

con dulce porfía.

Saüdade minha

¿cuándo vos vería?

VIOLANTE.-

Minha saudade

caro senhor meu

¿a quem direi eu

tamanha vontade

de noite e de día

sempre vos vería.

Saüdade minha

¿cuando vos vería? (29).

Sin duda alguna Casona se expresa con más fuerza y poesía sobre este sentimiento de la saudade en Corona de amor y muerte (Acto primero cuadro II) cuando Pedro le pregunta a Inés de Castro:

¿eres feliz en este momento?

INÉS.- ¿Por qué lo preguntas?

PEDRO.- Porque es una felicidad... con todos los gestos de la tristeza...

INÉS.- ¿No es eso lo que los portugueses llamáis ´saudade´?

PEDRO.- No, ´saudade´ es la pena de ausencia que se siente lejos... es dolor del bien perdido y tú no lo has perdido aún.

INÉS.- ¿No estoy perdiendo algo tuyo a cada momento? Cuando acabas de besarme, ya siento ´saudade´ de aquel beso que se va. Cuando te duermes, aún no has terminado de cerrar los ojos y ya siento ´saudades´ de tus ojos

PEDRO.- Es milagroso que podamos sentir igual siendo tan distintos... (30).

Y pudiera ser parte del secreto de Inés de Castro en Corona de amor y muerte, esa dulce sombra entre carnal y mística “... posta en sosego /nos saüdosos campos de Mondego...”, como reza la cita de Camoens con la que se introduce la obra.

 

DIVERSOS PUNTOS DE VISTA

 

El poemario se puede estudiar bajo diversos puntos de vista: literario, filológico, histórico, espiritual... pero sin duda uno de ellos y no el menos interesante es considerarlo como un libro simbólico, un como camino iniciático del hombre hacia el final de trayecto: “la orilla del último perdón”, hacia el arrepentimiento, hacia el sepulcro, siempre el sepulcro al final, con una diferencia: para el no creyente es el fin del camino y de la esperanza,  para el creyente es precisamente el Santo Sepulcro donde tiene lugar la resurrección, el renacer por las aguas lustrales del arrepentimiento y de la perdonanza.

 

Casona abre El peregrino... como queda dicho, con un poema o Laude de Marquina. De la amistad y alta estima entre ambos ya hemos hablado en la citada conferencia. Y allí mismo recordamos a Marquina como traductor de Los simples de Guerra Junqueiro, traducido también años después por el propio Casona (31). Habría que incluir aquí el estudio de Casona como traductor de este poeta. Una alusión a esta obra, aunque no usa ninguna de las dos traducciones, aparece en un artículo suyo recogido por E. Arce bajo el título de Platero y Juan Ramón. Copio dos estrofas a título de ejemplo. Dice Casona: “El (burro) que más se acerca a la pura animalidad de Platero es, quizá, el de Guerra Junqueiro, atravesando con su toc, toc de rapaz campesino las páginas fragantes de “Os Simples”:

“Toque-toque-toque... lindo borriquito,

para as minhas filhas ¡quem m´o dera a mim!

Nada mais gracioso, nada mais bonito.

Cuando a Virgen pura foi para o Egipto,

com certesa ía num burrico assim!” (32).

 

Su amigo Marquina traduce:

 

“Y tras, tras, tú sigues, lindo borriquito...

¡Para mis rapazas traédmelo aquí!

Nada más gracioso, nada más bonito:

cuando fue la Virgen camino de Egipto

a lomos iría de un borrico así” (33).

 

Y Casona en traducción aún manuscrita:

 

“Toque, toque, toc, lindo borriquito.

¡Quién para mis hijas me lo diera a mí!

Nada más gracioso, nada más bonito...

La Virgen del Cielo en la huida a Egipto

¡de seguro que iba en un borrico así! (34).

Aquí al menos  se conserva la onomatopeya del caminar del burro que Marquina traduce, pensamos que con menor fortuna, por tras, tras, y Casona, más fiel al original por toque, toc...

 

Marquina publica así mismo en Barcelona un poema titulado Jesús y el diablo (1899) y lo hace en colaboración precisamente con Luis de Zulueta  (35). Es lógico pensar, por tanto, que entre Casona, Zulueta y Marquina hubiera un cierto entendimiento literario y sobre todo aprecio y amistad, al aparecer encabezando de esa forma el libro. De Marquina se dijo que tenía “un sentido religioso tan arraigado que lo lleva a un concepto panteísta de la naturaleza...”, sentido que aparece en el poema del peregrino:

“ y así Dios os bendiga  a ti y al bardo mozo

del cantar sobrio y de la voz florida

que, detrás de las penas, puso el Monte del Gozo”.(El peregrino... pág. 10)

 

CONTENIDO HISTÓRICO, LITERARIO Y ESPIRITUAL

 

El poemario dividido en tres partes parece ser que cada una de las cuales, compuesta de nueve poemas, responde a una tendencia poética. Así, según A. Palacio, en la primera parte o Jornada I, y parte de la II, hay una clara influencia de Valle Inclán y Rubén Darío. En la II aparece el elemento tradicional, tanto en el verso como en el lenguaje, predominando elementos cultos y alusiones bíblicas (36). Nosotros añadiremos algunos datos más que nos parecen evidentes. Lo que sí conviene aclarar, antes de seguir, es que cuando hablamos de cultura, literatura o tradición popular (romances, canciones, folclore) es bueno hacer la distinción entre lo popular y lo tradicional. Con frecuencia lo que fue en un momento popular dejó de serlo y pasa a ser ya tradicional y viceversa. Un cantante actual es popular pero no es tradicional. El romance de Gerineldo es tradicional pero tengo para mí que hace tiempo dejó de ser popular.

 

Contenidos de El Peregrino...:

JORNADA I.- La caravana doliente, El ciego de san Fiz, El leproso de Castrelo, El malato de Teixido, Los endemoniados, La caravana feliz, El Peregrino de la Barba Florida, Nocturno, Momento de la noche.

 

JORNADA II.- Pastorela, La fuente ciega, La balada de la fuente, En la braña, La voz del peregrino, La voz de la vaquera, Orto, El cantar de ruada, Coméntase en la gándara.

 

JORNADA III.- Niebla, La maldición, Saudade, Ocaso, Canción lejana, Caminos, Treno, Luz en la noche, El monte del gozo.

 

En el poema El ciego de San Fiz que canta los viejos romances pudiera adivinarse un anticipo de Nalón el Viejo, el ciego que aparece en La Dama del Alba. Le pregunta la Peregrina al abuelo:

...¿Tú conoces a Nalón el Viejo?

ABUELO.- ¿El ciego que canta romances en las ferias?

PEREGRINA.- El mismo. Cuando era niño tenía la mirada más hermosa que se vio en la tierra; una tentación azul que me atraía desde lejos. Un día no pude resistir... y lo besé en los ojos.

ABUELO.- Ahora toca la guitarra y pide limosna en las romerías con su lazarillo y su plato de estaño... (Acto II).

En El leproso de Castrelo  hay una alusión a un tema histórico, un poco lejana, que nos lleva de la mano hasta los mismos abuelos del infante Pedro el Cruel de Portugal y que tiene una cierta relación con los protagonistas de Corona de amor y muerte y por consiguiente con Galicia. La encontramos en Santa Isabel de Hungría (1207 – 1231), hija de Andrés II y hermanastra de la reina Violante, que llegó a Aragón para casarse con el rey Jaime I el Conquistador (37). Santa Isabel casó con el rey portugués Dionís y vivió la caída de los templarios (1319) llamados en Portugal Orden de Cristo. Fueron los padres de Pedro el Cruel (portugués) que casó con Inés de Castro... protagonistas de la citada obra de Casona: “Corona de amor y muerte”.

En el poema La fuente, que aparece al principio del poemario, aparece en esta obra bajo ese tema tan recurrente del que a la orilla del agua se está muriendo de sed... la fuente seca que maldice el peregrino.

Dice el REY

¿Qué hombre, qué hombre es:

que está ardiendo y siente frío,

que mira y no puede ver,

que está a la orilla del agua

y está muriendo de sed?

Su hijo JUAN pregunta...

¿Quién está a la orilla del agua

 y está muriendo de sed?

No hay respuesta (38).

 

En esta misma obra dramática también se alude a Compostela. AMARANTA, la doncella de INÉS, al preguntarle por qué prefiere para rezar el rosario de cuentas de hueso de oliva, e Inés responde::

INÉS.- Es una reliquia... Se lo dio a mi madre un peregrino que fue descalzo desde Jerusalén a Compostela

AMARANTA.- Debe de ser maravilloso Compostela, con peregrinos del mundo entero.

INÉS.- Maravilloso. El día del Apóstol se oyen palabras en todos los idiomas, ruedan monedas de todos los países y llegan de lejos pecados que aquí no se conocen...

Y cuando llega el rey con sus tres esbirros PACHECO, ALVAR Y COELLO a matarla, ella, pensando que la víctima es su amor el infante Pedro, grita...

¡No!... Santa María Gloriosa ¡Cien heridas mías por una suya!¡ Mi patrón San Yago! ¡Sálvamelo y yo iré descalza a Compostela! (39).

 

En otra ocasión Casona recuerda al peregrino cuando cuatro “supuestos delincuentes” declaran ante un corregidor. El peregrino que se presenta ante el corregidor “con su bordón y conchas santiaguesas”... acusa a un posadero por haberle roto cuatro costillas:

PEREGRINO.- Yo, señor, soy un pobre peregrino de vuelta de Compostela. Estaba en la iglesia rezando santamente el rosario, cuando siento allá arriba en el coro un estrépito de carreras y alaridos como de gatos en enero. No hago más que levantar los ojos creyendo que se hundía el firmamento, y de repente, este posadero del infierno que se me desploma encima rompiéndome cuatro costillas ¿Qué va a ser ahora de mí, viejo y tullido? ¡Justicia en nombre del Cielo!

COREEGIDOR (Encarando furioso al POSADERO) ¡Ah Bestia del Apocalipsis! ¿A un anciano bendito del Apóstol, en plena oración y en plena iglesia? ¿Cómo puedes disculpar tal sacrilegio?

POSADERO.- Yo iba ciego de terror y entré en sagrado buscando refugio. No me quedaba otra salida que saltar la baranda.

CORREGIDOR.- ¡Basta! Has incurrido en pecado… Ojo por ojo… vete a la iglesia y arrodíllate a rezar el rosario. Tú, peregrino, sube…, cierra los ojos y tírate…

PEREGRINO.- Pero, señor, ¡son siete varas de altura!

CORREGIDOR.- Mejor, cuanto más alto el coro mayor el castigo.

PEREGRINO.- ¿Y si no atino y caigo en las baldosas? ¿Y si en lugar de sus costillas rompo otras cuatro de las mías?

CORREGIDOR.- ¡Cómo, hombre de poca fe! ¿Vas  a dudar del juicio de Dios?

PEEGRINO.- ¡No! No es la fe lo que me falta. Pero pensándolo bien, con las costillas que me quedan, todavía puedo arreglarme. ¡Y es tan cristiano sufrir y perdonar!... Prefiero retirar la demanda…. (40)

 

 

Pero es en La Dama del Alba en donde acaso aparece más clara la evocación jacobea, el camino que lleva hasta el Sepulcro. Cuando nadie sabe todavía la misión de la PEREGRINA o Dama del Alba, es decir, la muerte, le dice el ABUELO:

- Si va a Compostela, puedo indicarle el camino.

PEREGRINA.- No hace falta; está señalado en el cielo con polvo de estrellas.

ANDRES (niño).- ¿Por qué señalan ese camino las estrellas?

PEREGRINA.- Para que no se pierdan los peregrinos que van a Santiago.

DORINA (niña).- ¿Y por qué tienen que ir todos los peregrinos a Santiago?

PEREGRINA.- Porque allí está el sepulcro del Apóstol.

FALÍN (niño).- ¿Y por qué está allí el sepulcro del Apóstol?

Es una pena que la PEREGRINA haya sido interrumpida por el ABUELO que le dice:

No haga caso... Más pregunta un niño que responde un sabio”. (Acto I).

En esta misma obra aparecen el molino, las vacas color de miel, el rebaño, hasta el bordón tras la puerta. Pregunta el ABUELO a la Peregrina:

- ¿Qué haces?

dice la PEREGRINA.- Dejar el bordón en la puerta en señal de despedida (41).

Y en la gándara, al marchar el de la barba florida, dicen muchas lenguas
“... que hay colgado un bordón de peregrino

hace tiempo en la choza de Marela” (42).

En La farsa del cornudo apaleado Anichino, intendente de un rico mercader y de su esposa Beatriz, le relata a esta lo que contaban unos peregrinos a su regreso de Jerusalén: hablando unos de la rubia Inglaterra, otros de la luminosa España, otros de la alegre Italia... “Por fin todos quedaron de acuerdo en una cosa: la mejor tierra del mundo era Italia, lo mejor de Italia Bolonia, y lo mejor de Bolonia, una mujer de tal belleza y donaire que merecía por sí sola la más larga y penosa de las peregrinaciones...” (43). También en el peregrino hay una mujer, Marela, aunque no sea ella el centro de la peregrinación, naturalmente.

 

Otra evocación frecuente en el poemario son los poetas medievales. Recorrer el camino por San Fiz, Castrelo, Teixido, Lavacolla, Monte del Gozo, Compostela y sepulcro del Apóstol, guarda un gran parecido, sobre todo la segunda jornada, con el recorrido del Arcipreste de Hita, por Lozoya, en Segovia, camino de la iglesia de la Vera Cruz, sede templaria cuya construcción, es análoga a la iglesia del Santo Sepulcro.

 

La cantiga de la serrana del Libro del Buen Amor una de cuyas estrofas reza así en castellano de hoy:

“Díjome la moza:

Pariente, mi choza,

el que en ella posa

conmigo desposa

y dame soldada...

...

Quien dones me diere

cuales yo pidiera

habrán bien la cena

y lechiga (leche) buena

que nol coste nada” (44).

 

y que Casona la traduce así:

 

“... así dijo la dulce Marela

con voz de cantiga:

-Muchas cosas he visto, romero

de barbas floridas...

Aquí tienes mi humilde cabaña

aveirada y tibia,

pero diz que las cosas aumentan

si son compartidas...

...

Asombrada Marela calló

nada dijo.

Ha ordeñado una cuerna de leche

y se la ofrece al peregrino (45).

También recuerdan los versos del peregrino las serranillas de Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana:

Moza tan fermosa

non vi en la frontera

como una vaquera

de la Finojosa

 

Dice Casona:

 

Junto a la mansa vaca

está la vaquera

saltera y menuda.

Llámase Marela... (El peregrino... pág. 59)

Creo que en el poemario casoniano las estrofas en gallego que intercala crean todo un clima lingüístico medieval con el que trata de rodear al peregrino. Incluso acá y allá va sembrando palabras netamente gallegas como silveira (zarzamora), Natal (Navidad), enxido (ejido) meigallo (hechizo), agarimo (refugio, cariño), orballo (llovizna), ruada (fiesta popular nocturna con cantos y bailes), etc.

 

POSIBLES INFLUENCIAS POÉTICAS

 

Dos poetas influyeron en Casona desde un principio: Rubén Darío, con su carga de modernismo, versos alejandrinos, toque espiritual, ritmo, léxico y estrofas, y Ramón del Valle Inclán, y acaso la del poeta portugués Guerra Junqueiro, como en otra ocasión hemos tratado de probar (46). Casona abandona la poesía de El Peregrino... pronto para inclinarse al nuevo estilo de versificar. Sucede esto cuando toma contacto con poetas como Machado y Lorca. Lo apuntamos ya en otro lugar. Donde se ve más esta influencia sin duda es en La flauta del sapo, único poemario que él considera “su” poesía y al que en diversos lugares cataloga como mi primer libro publicado. Esto hace que, si lo analizamos aunque sólo sea de paso, veremos que coincide en muchos puntos con la Generación del 27. De modo que podríamos decir que aquí rompe con su poesía anterior y se dedicará por algún tiempo, ese tiempo en el que el novelista o el dramaturgo emplea en escribir versos, a beber en las nuevas corrientes y alternar con los poetas del momento. En primer lugar se relaciona en Madrid con ellos al frecuentar la Residencia de Estudiantes y luego en el exilio, por ejemplo con Alberti, con quien formó tertulia en Punta del Este (Uruguay) y cuya influencia poética en La flauta... es fácil de adivinar en versos como estos: “Capitán cuando yo muera / entiérrame  en tierra verde / de cara a la primavera” (47).

Pero también recibirá influencia de  Lorca con quien rivalizó en la divulgación del teatro por los pueblos, él con el Teatro del pueblo y popular, Lorca con La Barraca y un teatro más de minorías. Un ejemplo de influencia lorquiana, además de su afición por el romance, sería: “...amargas de sal morena / blancas de luna mojada” en La flauta del sapo.  Aire de acordeón (48). De Machado: “... La tarde es de palomas / y de yerba segada./ Cabecea en la siesta / la voz de las campanas / y una escuela de niños / zumba Historia Sagrada...” (49). De Jorge Guillén: “La hora redonda del sol...”, “...redondas lágrimas tuyas / y agua redonda del mar” (50). Compárese con: “Queda curvo el firmamento / compacto azul sobre el día /. Es el redondeamiento del esplendor: mediodía...”(51) e incluso compartió labor con Luis Cernuda tomando este parte en las Misiones Pedagógicas y coincidiendo con Casona en las habidas en Las Navas (Ávila) del 13 al 18 de julio de 1932 (52). Una faceta no compartió su poesía con muchos de ellos. Fue su compromiso político que pocas veces se trasluce en sus escritos, algo que la izquierda jamás le perdonó a su regreso de Argentina de donde se creyó que, como escritor, poeta y sobre todo como dramaturgo, vendría más comprometido.

Tampoco parece entusiasmado con la devoción que los del 27 profesaban a Góngora cuyo tricentenario de su muerte sirvió de lazo de unión en un afán de reivindicar su difícil poética y de atacar a quienes le combatían. Invitados por Ignacio Sánchez Mejías se celebran homenajes y actos académicos y literarios en honor del autor de las Soledades.

De hecho y aunque habían pasado muchos años desde sus libros de poemas, Casona construye en “El caballero de las espuelas de oro” el siguiente parlamento:

HERMANO MAYOR.- ¡Ah, por lo visto, ya habéis tropezado con esa peste nueva de las cultas latinipardas!

QUEVEDO.- ¡Y qué peste, inmenso Dios! ¿Hay desvarío como el de esas espiritadas que para estar a la moda, han dado  en hablar a lo dificultoso, llamado a la nieve “armiño de frío”, al queso “cecina de leche” y a los huevos “los blancos globos de la mujer del gallo”?

HERMANO MAYOR.- La culpa no es suya; es de ese maldito Góngora que hoy es el gran tirano de las letras.

QUEVEDO.- ¿Vuestro tirano, ese que ha inventado construir el castellano al revés, como si fuera un latín mal traducido? Pues siendo así ¿qué espera esa Cofradía (de la risa) para rendirle homenaje? Hermanos, propongo tres carcajadas en su honor.

TODOS.- ¡Aceptado!...

HERMANO MAYOR.- Carcajada primera en honor de Góngora:

Salió Marramaquiz, gato romano,

con un penacho rojo, verde y bayo,

de un muerto por sus uñas papagayo.

(carcajada)

COFRADE 1º.- Carcajada segunda en honor de Góngora:

Trepó furioso gato a la espetera

derribando sartenes y asadores

y con estas demencias y favores

en una de fregar cayó caldera (53).

 (Carcajada)

QUEVEDO.- Carcajada tercera en honor de Góngora:

Si quisieres ser culto de repente

la jeri... (aprenderás)... gonza siguiente:

Nácar, púrpura ya, canora arpía,

émulo adunco, argento coruscante,

pira palestra, métrica armonía,

pulsa ajófar, livor... líquido errante.

(Gran carcajada general...) (54).

HERMANO MAYOR.- La verdad es que en nuestros días no hay cosa mejor para reír que ciertos libros... (Primer tiempo, Cuadro primero) (55).

Pero además de la influencia que sufrió de los poetas de la Generación del 27 Casona está influido por los del momento, poetas del creacionismo como Vicente Huidogro y Gerardo Diego, del ultraísmo como Adriano del Valle que a la vez sintieron la influencia de Ramón Gómez de la Serna. Casona a través de toda su obra dramática echará de continuo mano de la greguería del más fino corte literario, de las kenningar estudiadas por J. L. Borges en Memoria de la eternidad, y de todo tipo de metáforas, llenas de poesía, que en nada desentonan en medio de un texto de una obra en prosa.

Con respecto a su poesía en esta época y como punto de partida para entender mejor ambos poemarios dos apuntes a destacar en uno de sus primeros poemas y a título ilustrativo sobre la maldición. El futurismo, con Marinetti al frente, había declarado su odio a la luna por considerarla un símbolo del sentimentalismo trasnochado y decimonónico. No es la primera vez que aparece este concepto en la poesía de Casona. En 1926 publica un poema suelto, “Maldición a la luna” (versos):

 

Luna que alumbras el pecado,

luna que no calientas;

eucaristía de ranas

en las charcas infectas;

moneda inasequible

del hambre callejera;

bandeja petitoria

en las fiestas de estrellas;

presidenta honoraria

de la cachupinadas estélicas.

Luna semivirgen,

infecunda y coqueta;

luz de prestigio, luz robada,

ladrona  macilenta.

Narciso en toda fuente;

luna rugosa y tuerta

con alcocarras y figurerías

de comadre alcahueta.

Coima de los imbéciles pierrota

y las soñadoras histéricas.

Porque haces vida de buscona

de noche, en las callejas;

porque alumbras al asesino

y el hierro de las tragedias;

y rondas los cementerios

como los perros y las hienas;

porque prodigas tus caricias

papandujas y enfermas;

porque alumbras los aquelarres

y el aullar de la miseria,

¡Dios te maldiga!

 X (56).

Casona firma aquí con una X. En el prólogo a las poesías de Fray Luis de León firmará anónimamente con tres XXX (57).

Una maldición la pronuncia también el peregrino... sobre “La fuente ciega”:

...

-¡Yo te maldigo, fuente

como Cristo a la higuera!

Cimbel de caminantes,

mendaz fuente señera;

como la planta borde,

como la horra oveja

cual la tierra baldía, cual la mujer estéril

¡maldita seas!” (58).

En ambas encontramos el uso de palabras cultas, rebuscadas y de poco uso. Si el poema “La maldición...” está fechado en 1926, precisamente el año de la aparición de El Peregrino..., hay que suponer que la poesía desechada debió de ser de este mismo estilo. Si algún día se encontrara algún poema más habría que tenerlo en cuenta para corroborar esta tesis.

 

 RECURSOS POÉTICOS DEL 27

 

 En La Maldición nos encontramos con recursos poéticos que se ven claramente aplicados al menos en este poema, echando mano de los estudios de Carlos Bousoño. Me refiero al mecanismo literario que consiste en una superposición de planos temporales (técnica de los poetas del 27, v.g. en Jorge Guillén, en Vicente Aleixandre y en Dámaso Alonso) y se trata de traer un tiempo pasado y hacerlo presente, o mejor dicho, sobreponerlo al presente. Un clásico hablaría de anacronismos, en poesía es un nuevo recurso literario. Casona lo usa en este poema al hacer peregrinar al Apóstol Santiago, como un romero más, camino de su propio sepulcro:

“Evocó el peregrino la faz bíblica

del caminante extraño,

y de rodillas imploró: ¿Quién eres?

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

...¿No me recuerdas, peregrino?

Soy el Apóstol Yago; ...” (El peregrino..., pág 79)

En la Primera Jornada, cuando el romero narra su vida, recordará este encuentro en otra superposición de planos:

 “El buen apóstol Yago visitó mi prisión;

le vi avanzar ingrávido... Ante su aparición,

mis labios presintieron un dulzor de oración”(59).

Y no sé si se podría aplicar también este género literario al menos a dos de sus obras de tema histórico: Corona de amor y muerte, y El caballero de las espuelas de oro... En concreto la primera sufrió varios ataques de diversos críticos tachándola sobre todo de algunos anacronismos que no es lugar aquí de analizar y que J. R. Ricchart en su obra Un asturiano Universal... anota con todo detalle (pág. 204 y ss.). De todas formas y puesto que la presencia del elemento poético y sus recursos literarios están tan presentes en todas sus comedias me atrevería a decir que también se podrían encuadrar estos anacronismos históricos en el género literario de la citada “superposición de planos temporales”, en donde encajarían de lleno.

Otro de los recursos de los que echa mano Casona es el que Carlos Bousoño llama “desplazamiento calificativo”. Lo usa García Lorca cuando dice: “el débil trino amarillo / del canario...” (amarillo aplicado a canto en vez de aplicarlo al canario) (60) y en Casona encontramos: barba galilea, telas barraganas, etc. (61).

 

PÓRTICO DEL AÑO JACOBEO 2004

 

Es una lástima que teniendo un bardo asturiano cuyo primer poemario es un precioso vademecum compostelano compuesto en 1926 (Año Santo de Santiago), no se incorpore de algún modo al camino costanero que pasa por San Salvador de Oviedo.

Una simple postal / compostela, pudiera llevar el ex libris de Casona: un peregrino encadenado, con la oración o treno en el reverso...

Pero mejor aún sería contar con el propio libro o breviario, por lo breve, y también por lo devocional y jacobeo, por el clima espiritual que lo rodea, a fin de que cada peregrino pudiera recitar e incluso aprender sus versos de memoria en su caminar hacia Santiago, como cuenta García Miñor que vio él un día en Oviedo al “hermano mayor, el primero en levantarse y salir al exterior para encaminarse al templo del Salvador. Cuando llegamos a su lado, otro hermano, enamorado de la poesía, recitaba una composición del poeta de Besullo, a la Niebla, del que sólo nos quedaron estos versos:

“... rocía al peregrino los cabellos

y la barba

y pone un beso húmedo y lento

en sus pestañas” (62).

Y es que al fondo del camino, o al comienzo del alba, siempre nos acompaña el temblor blanquecino y la tristeza de la niebla. La niebla en la montaña, en el camino, en el alma... También a ella se le podría llamar en cierto modo “la dama del alma”, o “la dama del alba” (con minúscula) las dos acepciones le vendrían bien.

Y de igual modo se podría llamar paradójicamente al caminante en busca del fin del mundo “el peregrino del alba”, que va camino del poniente y del ocaso, pero que en la tumba del Apóstol encontrará la eterna paz perdida y recobrada y el alba esplendorosa del perdón y de la gracia.

 

 

APÉNDICE

 

ACLARACIÓN DE ALGUNOS VOCABLOS

 

Resta todavía un estudio pormenorizado de cada poema, su mensaje, su métrica, su estilo, su vocabulario, etc., estudio que habría que ilustrar con abundantes ejemplos. Quedará para otra ocasión. A fin de hacernos una idea solamente del vocabulario usado, tanto de términos cultos y antiguos como de locuciones y palabras del bable occidental o del gallego usados por Casona en este poemario, nos pareció de cierto interés recoger una muestra de ellos con una breve explicación sin más pretensiones filológicas. De ese modo, con este vocabulario entre las manos, acaso sean de más interés sus poemas y en algunos momentos más fácil su comprensión.

 

 

Acaecer y Acaescer (gall.) .- Hacerse presente, aparecerse, llegar.

Acarrar/se.- Resguardarse del sol en verano el ganado, juntándose unas reses con otras.

Acedo.- Ácido sabor.

Acezar.- Jadear.

Agarimo.- Amparo, resguardo.

Agro.- Campo en abstracto.

Aliso.- Árbol betuláico de madera dura.

Alpende.- Cobertizo, (en gall.: alpendre).

Amore (gall.).- Amor.

Asomada.- Sitio desde el cual se empieza a ver.

Augua (gall.).- Agua. 

Aveirado/a.- Resguardado/a.

Ázimo.- Sin levadura.

Barragán.- Compañero, mozo soltero.

Barragana.- Concubina, sust. aplicado como adjetivo (tela).

Betsaida (etim. “la casa del pobre o de Ananías”).- Aldea a unos 3 Km al Este de Jerusalén. En él vivía Lázaro, el resucitado por Jesús.

Borde.- Nacida fuera de matrimonio, expúrea.

Braña.- Lugar de pasto en la montaña. Demarcación de pastos de verano, en las sierras, perteneciente a un pueblo (63).

Breñal.- Terreno quebrado y lleno de malezas.

Brial.- Vestido de seda femenino.

Canaán.- “El País de Canaán” era la tierra prometida a los hebreos.

Canchal.- Peñascal.

Cancho.- Peñasco.

Cantiga.- Copla popular.

Cantil.- Suelo en forma de escalón en la costa.

Castrello.- Topónimo que en Coruña da nombre a varias localidades como Castrelo Mazaricos, Castrelo Órdenes, Castrelo Puentedeume, Castrelo Sobrado, etc.

Cativo (gall).- Cautivo. Aplícase a la posesión diabólica. Ver “ramo cativo”.

Cenceño.- Delgado o enjuto.

Cendal.- Tela muy fina y transparente.

Chuchon/a.- En R. Castellano, (ob. cit.) “chuchar: Besar (p. 429). Hablando de trabajos: juntar, ensamblar una pieza con otra” (p. 385).

Cimbel.- Cordel con que mueve el cazador el cimillo o palo que sirve de señuelo a las aves.

Compostela (gall.).- Documento que acredita ser peregrino. También la vieira o concha.

Corvo (gall.).- Curvo.

Cruña (gall.).- Coruña.

Cuerna.- Vaso de cuerno.

Cuita.- Cuidado.

Desguarnido/a.- Desguarnecido/a, de desguarnir (ant.), desguarnecer...

Dezir.- Decir, frase, sentencia o dicho.

Ejido.- Campo comunal, propiedad del pueblo.

Encarrujado/a.- Ensortijado/a, plagada de arrugas pequeñas (corrugada).

Enciso (lat.).- Lugar a donde salen a pastar las ovejas.

Enxido (gall.).- Ejido: terreno cerrado de poca extensión contiguo a la vivienda.

Galilea.- Región septentrional de Palestina. San Mateo sitúa en Galilea el apostolado de Jesús.

Gándara.- Terreno bajo, inculto, granda.

Grávido/a.- Pesado/a por efecto de la cara que contiene.

Hato.- Rebaño, ganado.

Henil.- Lugar donde se guarda el heno.

Hierático.- De estilo y ademán muy solemne.

Horro/a.- Que no ha quedado preñada.

Hortal (gall.).- Adjetivo derivado de horta: huerta.

Jacobita.-  Se llamaba así a los Monofisitas herejes del s. IV que sostenían que Cristo sólo tiene una naturaleza divina, el cuerpo era un fantasma. También se aplica a los partidarios de la restauración en el trono del rey Jacobo II Estuardo de Inglaterra y sucesores. Casona aquí lo emplea como relativo a Santiago, jacobita o santiaguista.

Lanzada (mar).- Mar y lugar de Pontevedra en El Grove. Según tradición popular por él pasó la barca de piedra que traía el cuerpo del Apóstol.

Larada.- Todo lo que cubre la piedra del lar. Por extensión: conjunto de pastores reunidos.

Laude (lat.).- Alabanza. También significa lápida sepulcral, significado que  de algún modo guarda cierta relación con Santiago.

Lavacolla.- Lugar cercano a Santiago llamado en la Edad Media Lavamentula, donde los peregrinos hacían sus abluciones.

Lay (francés lai).- Composición poética provenzal de ordinario corta en la que se cuenta o canta una historia de amor.

Lazarino.- Leproso. Adj. derivado del personaje bíblico Lázaro el leproso.

Leitera.- Lechera.

Lonxe.- Lejos.

Lostregar (gall.).- Relampaguear  (cárdeno).

Luar (gall.).- Lugar.

Lustral.- Perteneciente a la purificación.

Maino/a.- Suave, blando.

Mainiño/a.- Dim. de maino,  muy suave.

Mais.- Más.

Malpocadiño/a.- Diminutivo de malpocado,  infeliz, apocado.

Mandrágora.- Planta solanácea narcótica.

Marela.- Nombre de pastora, también es muy común aplicarlo a la vaca.

Meiga (gall.).- Bruja.

Meigallo (gall.).- Hechizo, encantamiento, embrujamiento.

Mendaz.- Mentiroso/a.

Meu lar (llar).- Mi hogar, cocina.

Monte del Gozo o Monxoi.- Desde  aquí los que iban a caballo o hacían la peregrinación a pie caminaban más aprisa, nombrando Rey al peregrino que primero divisara la basílica.

Mujiente (sic).- Que muge, sonido emitido por el toro.

Nadal.- Navidad.

Novilunio.- Conjunción de la luna con el sol.

Ondina.- Ninfa del agua.

Orballo (gall. y babl.).- Llovizna.

Palio.- Dosel de tela, manto rectangular o cuadrado que se usaba en Grecia sobre la túnica.

Palmero.- Que camina hacia Jerusalén, (romero que camina hacia Roma), para el de Santiago se suele usar el término general de peregrino. Casona también lo llama jacobita.

Pastoría.- Reunión de pastores (oficio de pastor).

Pegujal.- Pequeña parcela, que se suele dar en renta. Campo pequeño.

Pellico.- Zamarra de pastor.

Pentágrama.-  Renglonadura de cinco líneas iguales y equidistantes sobre las que se escribe la música. El acento esdrújulo (griego) es de influencia modernista.

Planto.- Lloro con gemidos y sollozos.

Podre (la).- Pus.

Ramo cativo.- Lo mismo que “meigallo”, son los nombres con los que se conoce en Galicia cierta posesión diabólica.

Restingas.- Punta de tierra, rocosa o arenosa, que se interna en el mar a poca profundidad.

Roquedo.- Peñasco, roca.

Ruada (gall.).- Fiesta popular.

Ruda.- Planta rutácea, de hojas muy divididas, con numerosas glándulas esenciales y flores amarillas.

Salmodia.- Salmo cantado.

Saltero/a.- Montaraz.

Saudador/a (gall.).- Saludadora, embaucadora.

San Fiz de Solovo (San Félix).- Iglesia y lugar al pie del castro prehistórico de Amahía, cerca del cual vivió un ermitaño llamado Pelayo en tiempos del rey asturiano Alfonso II. El ermitaño fue el primero que tuvo revelaciones angélicas de que allí se encontraba el cuerpo de Santiago. (64) Hay varios pueblos con ese patronazgo.

Sant Yago.- Santiago.

Santiago (ciudad) Sant Yago o Santo Sant Yago (el apóstol).- Ciudad de Coruña donde se venera el supuesto sepulcro del Apóstol.

Saudade (port. y gall.).-De algún uso en España.- Añoranza.

Sedente.- Sentada.

Silo.- Lugar para depósito de grano.

Silveira (gall.).- Zarzal, donde nace la zarzamora.

Siringe.- Órgano de la voz en las aves.

Teixido.- Teixido Capela.- Pueblo de Coruña.

Tremante.- Temblante, referido a los labios.

Venial.- Leve,  ligero.

Yago (xago).- Nombre de Santiago sin el apócope san. Xagó se usaba entre los caldereros de Miranda que recorrían precisamente el camino jacobeo desde Avilés por Oviedo a León, y desde Avilés a Galicia. Significa amigo, camarada, mirandino.

 

  

NOTAS

 

(1).- Alejandro Casona. De maestro en Narciandi a Inspector en el Valle de Arán. Conferencia pronunciada en el RIDEA el 17 de junio de 2003 en el Centenario del nacimiento de A. Casona, por J. M. Feito. RIDEA, Oviedo 2003..

 

(2) .- Ob. cit. pág. 11.

 

(3).- Alejandro Casona. Nuestra Natacha, edited by William H. Shoemaker. New York Apleton-Century- Crofts, Inc., 1947, pág XIII. Esta afirmación se repite en algunos biógrafos tales como en Juan Rodríguez Castellano: La dama del alba, edited by... - Charles Scribners´s Sons. New York  1947, dice en la pág. XIII: “A semejanza de otros muchos Casona llegó al teatro por el camino de la poesía. Su primer intento literario, ´La flauta del sapo´, escrito cuando apenas tenía 18 años, fue un libro inspirado en escenas de su tierra natal”, (pág. XIII), ignorando el libro anterior: El peregrino... Lo mismo afirma Jesús Andrés Solís: Alejandro Casona y su teatro, Gijón 1982: “... Alejandro publicó su primer libro de poesías titulado ´La flauta del sapo´...”, pág. 18, sin hacer tampoco mención alguna de El peregrino..., lo que indica que únicamente consultó las primeras ediciones.

 

(4).- Private letter to the editor, March 24, 1946. Alejandro Casona. Nuestra Natacha, Edited by William H. Shomaker. New York 1947, pág. XIII.

 

(5).- Estampa, 27 de noviembre de 1928. Antonio F. Insuela. “Textos poco conocidos de y sobre autores asturianos”. BRIDEA. julio- diciembre 1992, nº 140, pág. 476.

 

(6).-  J. R. Richart en  Un Asturiano Universa., Estudios sobre la vida y obra de Alejandro Casona, (Hércules Astur Ediciones, Oviedo 2003) en la pág. 148 descubre la circunstancia de que en El Heraldo de Aragón (16 de febrero de 1929) se anuncia la representación en aquella ciudad de la comedia satírica El crimen de Lord Arturo y aparece el autor bajo el nombre de Alejandro Casona.

 

(7).- J. A Solís. Ob. cit. pág. 47. Es uno de los poemas que precisamente no aparecen en la primera edición de Lés, (Conferencia, ob. cit., pág. 34).

 

(8).- C. Suárez. (Españolito). Ob. cit., t. VI, pág. 499.

 

(9).- J. Enríquez de la Rua. Cristal. Proemio de Alejandro Casona. Imprenta Siris. Toro. A la santa memoria de mi querido padre don Valeriano Enríquez Gavilán, 58 págs. más índice, s. f. Debo este prólogo y fotocopia del libro a la amabilidad de Herminio Ramos, Cronista de su ciudad, que lo rescató en Zamora del olvido.

 

(10).- Alejandro llegó a esta zona el 5 de octubre de 1934 según él mismo afirma en A. Casona. Una Misión pedagógico social en Sanabria. Archivo de Cultura Española- Publica el patronato Hispano-Argentino de Cultura, Vol. 1º, Ed. Araujo, Buenos aires 1941, pág. 20. En el escrito se dice “Le he conocido a usted hace dos años en su escuela rural de Sanabria...”, por tanto se deduce que el libro debió de ver la luz por esas fechas, poco antes del exilio del dramaturgo a causa de la guerra.

 

(11).- Constantino Suárez. (Españolito),  Escritores y artistas asturianos.  Madrid 1936. Oviedo 19955, t. VI, pág. 496.

 

(12).- Cit. por Antonio F. Insuela. Textos poco conocidos de y sobre autores asturianos: Alejandro Casona y Valentín Andrés Álvarez, BIDEA, Julio- Diciembre 1992, nº 140, pág. 485.

 

(13).- W. Shomaker, ob. cit. pág. XV - José María Souviron, La nueva poesía española, Ed. Nascimento, Santiago, Chile, 1932, pág. 46; cf. también en pág. 53.

 

(14).- Juan José Plans. Alejandro Casona.- Juego biográfico dividido en una raíz y tres árboles. Contiene también un esquema para los faltos de tiempo, unas páginas para los bibliófilos y otros escritos no menos interesantes. Oviedo 1965, pág. 71.

 

(15).- José Rodríguez Richart. Un asturiano universal. Estudios sobre la vida y la obra de Alejandro Casona. Hércules Astur Eds. Oviedo 2003, pág. 95 y ss.

 

(16).- Ob. cit., pág. 257 a 275.

 

(17).- Obras completas. Aguilar, Madrid 1963, t. IV, pág. 921.

 

(18).- O. c., t. I, pág. CLVII.

 

(19).- Luis de Galinsoga era periodista y licenciado en Derecho. Nace en Cartagena, 27/8/1891, y muere en Madrid 20 /2/ 1967. En 1922, el mismo año que Casona había obtenido una beca para cursar estudios en la Escuela Superior de Magisterio de Madrid, Galinsoga ingresa en el “ABC” de Madrid, del que fue redactor jefe en 1929 y director hasta 1936, comienzos de la guerra Civil. Es premio Luca de Tena hacia 1938. Dirigió también el “ABC” de Sevilla, y fue nombrado director de “La Vanguardia” de Barcelona por expreso deseo de Franco, pero no conecta ni sintoniza con el espíritu catalán y hasta se declara enemigo del catalanismo. En 1958 se desencadena una campaña en contra él. Molesto por tener que escuchar un sermón en catalán dijo: Todos son una mierda. Sucedía el 21 de junio de 1959. Dirigió este rotativo entre los años 1939 a 1960. Falangista desde 1937 se había entregado por entero a la causa del Alzamiento. Escribió entre otras obras el libro Del Bidasoa al Danubio. Bajo el pabellón del Reich. Ed. España, Madrid 1940, dedicada “A la memoria sagrada de los voluntarios alemanes de la benemérita y gloriosa Legión Cóndor, que fecundaron con su sangre..., etc.” y una biografía de Franco, citada luego en diversos trabajos: Centinela de Occidente (Semblanza biográfica de Francisco Franco) en colaboración con el General Franco Salgado. Barcelona 1956. El hecho de que Galinsoga no se tomara ni siquiera el trabajo de coger el cortaplumas para abrir el poemario de Casona denota que la amistad ya por entonces no debía de ser grande, y no digamos tras el estreno de Nuestra Natacha en 1936.

 

(20).- ABC, Madrid, Sábado 26 de febrero de 1927, pág. 18.

 

(21).- ABC, Madrid, 12  y  19 de abril de 1928.

 

(22).- Véase José Rodríguez Richart: BIDEA, nº LVII, Oviedo 1958. pág. 150 y  155, nota, citando a  los profesores J. A. Balseiro y J. Riis Owre, introducción a La barca sin pescador, New York Osford University Press 1955, reimpresión de 1962, págs. XIV y XV. “... la obtención del tercer premio...”, Carmen D. Castañón Alejandro Casona, Oviedo 1990, pág. 49: “...quedan finalistas El protagonista de la virtud, de Manuel D. Benavides, Robinson de Felipe Sandoval y Otra vez el Diablo”, Federico C. Sáinz de Robles, Alejandro Casona, Obras completas, Prólogo, t. I, Aguilar, Madrid 1967, pág XXII: “...seleccionada entre las finalistas”, J. A. Solís, Alejandro Casona y su teatro, Gijón 1982 “...ganado el tercer premio”, pág. 30, etc.

 

(23).- Entrevista de José Luis Salgado. La Voz de Madrid, 25 de abril de 1935. Cit. Por J. A. Solís, págs. 30 y ss.

 

(24).- Alejandro Rodríguez Alvarez. El peregrino de la barba florida. Leyenda milagrosa. Laude de Eduardo Marquina. Salmodia de A. Hernández Catá. Editorial Mundo Latino. MCMXXVI 116 págs. En plaqueta al final del libro dice: “Decoraron este libro Manuel Benet y Faustino Goiko-Aguirre. Acabose de imprimir en los talleres tipográficos de Rafael Caro Regio. Calle Mendizábal, 34, Madrid en 20 de enero de MCMXXVI”. Algunos autores como William H. Shoemaker, en la introducción a Nuestra Natacha, N. Y 1947, citan en su bibliografía simplemente la imprenta Caro Raggio, Madrid, lo que puede dar lugar a confusión con la editorial. Lo mismo Arturo Sánchez Rojas en “Bibliografía de Alejandro Casona” BIDEA, XXVI, pág. 386, y alguno más.

 

(25).- Debo corregir el error que se encuentra en mi obra sobre Faustina donde, por una información equivocada, Matutina aparece como natural de Canales. Consultados los libros del Archivo parroquial vemos que nace en Besullo el día 14 de agosto de 1901, dato de cierto interés pues adelanta la llegada de la maestra a Besullo al menos en dos años.- J. M. Feito. Biografía y escritos de Faustina Álvarez García, madre de A. Casona (durante su estancia en Miranda 1910, 1915), Ed. Azucel, Avilés 2001, pág. 22.

 

(26).- J. M. Feito. A. Casona. De maestro en Narciandi... RIDEA, Oviedo 2003, pág. 13 y 17.

 

(27).- O. c. Cuadro IV, t. II, pág. 462 y ss. Todas las citas de  O. c. remiten a las Obras completas, E. Aguilar, edición 1966.

 

(28).- Evaristo Arce. Obra inédita de Casona. Charlas radiofónicas. RIDEA, Oviedo 1982, pág. 203.

 

(29).- Vélez de Guevara. Reinar después de morir, Zaragoza 1963, págs. 27-28.

 

(30).- O. c.  Acto I, Cuadro 2º,  t. II,  pág. 184.

 

(31).- Alejandro. Los Simples. Un solo ejemplar numerado y firmado por el traductor (ms). Editorial Alecandro. Oviedo 1927, 52 págs.

 

(32).- E. Arce. A. Casona. Escritos periodísticos. Oviedo 1983, pág. 346-344.

 

(33).- Guerra Junqueiro. Los Simples. Traducción de E. Marquina. Ed. Atlante. Barcelona, s.f. , pág. 22.

 

(34).- Alejandro.- Los Simples... págs. 11 y 12.

 

(35).- Así como para Casona era  el Diablo para Marquina la persona de Jesús debía de ser un tema que le inquietaba, pues suya es también la traducción de la obra de  Ángel Guimera: Jesús que vuelve. Drama en tres actos. Biblioteca Hispania, Madrid, s/a.

 

(36).- Adela Palacio. Presencia de Asturias en la obra de Alejandro Casona, BIDEA, nº 48, Oviedo 1958, pág. 158.

 

(37).- Isabel se casó a los catorce años con el langrave Luis de Turingia, diez años mayor que ella. Fueron felices a pesar de las envidias. Cuando él partía para la guerra se vestía de viuda hasta su llegada. Como vivieron juntos desde los cuatro años se llamaban hermanos. Tuvieron tres hijos y una hija. Prodigaba la caridad sin medida. Un día metió en su cama a un leproso. Luis llegó antes de lo previsto. Se lo dijeron y cuando destapó al enfermo se encontró con el cuerpo del Crucificado. Entonces le dijo: “Hermana, huéspedes así puedes acostarlos en mi cama...”. De ahí la alusión a la santa al hablar del leproso de Castrelo.

Su esposo el rey Luis fue a una Cruzada. Murió en una epidemia. Su cuñado Enrique la desterró del castillo con sus hijos, arrojándola al frío invierno y ni los pobres a quienes tanto socorrió se atrevieron a recogerla. Ingresa en la Orden Tercera de San Francisco. El santo le envió su manto que ella se ponía siempre cuando oraba.

Prometió obediencia espiritual al maestro Conrado, sacerdote, asceta y predicador de las Cruzadas, simpatizante de los monjes mendicantes, este extraño asceta había jurado odio eterno a los herejes: “Preferible quemar cien inocentes a dejar libre un hereje”. Cada desobediencia que Isabel supuestamente cometía Conrado la castigaba con azotes hasta hacerla sangrar. Isabel murió a los 24 años. Hizo cientos de milagros. Conrado fue asesinado por unos caballeros que lo asaltaron.

Cuando Violante y Jaime se casaron Isabel hacía cuatro años que había muerto y su canonización la estaba promoviendo muy activamente el Gran Maestre de la Orden Teutónica Conrado de Turingia.

Esta Orden tenía buenas relaciones con la de los Templarios en la que fue educado Jaime I.

 

(38).- O. c. (1966), Acto II, t. II, pág. 220.

 

(39).- O. c. Acto II, cuadro 2º, t. II, pág. 235.

 

(40) A. Casona. Obras completas, Ed. Aguilar, t. II. Teatro. Farsa y juicio del Corregidor, págs. 588 y ss.

 

(41).- O. c.  Acto IV, t. I, pág. 820.

 

(42).- El peregrino... pág. 71.

 

(43).- Ob. c. Escena I, t. II, pág. 550.

 

(44).- Juan Ruiz. Arcipreste de Hita.- Libro del Buen Amor, Ed. Cátedra. Madrid 2001, versos 1.033...

 

(45).- El peregrino..., pág. 61.

 

(46).- J. M. Feito. A. Casona. De maestro..., ob cit., pág. 13.

 

(47).- La flauta... Querencia, pág. 54. O. c. t. I, pág. 70.

 

(48).- La flauta... pág. 51. O. c., t. I, pág. 71.

 

(49).- O. c., t. I, pág. 57. No aparece en la edición de Lés.

 

(50).- La flauta del sapo. Momentos del paisaje. Págs. 35 y 40. En O. c., t. I, pág. 66 y 67.

 

(51).- Perfección en Cántico. Barcelona 1950, pág. 241.

 

(52).- Misiones Pedagógicas. Informes. Madrid 1992, pág. 18.

 

(53).- O.c. Primer tiempo, Cuadro I, pág. 438.- Lope de Vega.- La Gatomaquia.

 

(54).- O. c. Ibid.  Este poema de Quevedo se suele usar como ejemplo de hipérbaton, sobre todo por el usado en el segundo verso que introduce una palabra entre paréntesis, figura que se la denomina etnesis.

 

(55).- Aquí Casona, de manera similar a lo que hizo en La sirena varada con un texto de El cantar de los Cantares, hace una versión de trozos de poemas clásicos contra el culteranismo o gongorismo. Ver Lope de Vega, Obras completas. Ed. Aguilar,  México 1991, t. II, pág. 1.031.

 

(56).- Revista de la juventud española “El Estudiante” Año II (2ª época). Número 14.- MADRID.- 1º de mayo 1926.

Copiamos el sumario por el interés que puede tener para indagar un poco más en los personajes y en el ambiente literario y social por el que se movía Casona por aquellos años.

ÍNDICE de este número: Flores de almohadón, Editorial.- La instrucción pública y la educación soviética, por A. Lunatharsky.- Sololoquios, por Dionisio la Cruz.- La Universidad de Oviedo, por Enrique Ruiz de Villa.- La cruzada de Luis Bello, por Luis de Hoyos Sáinz.- Enrique Barbusse, por José Carlos Mariategui.- Anticipaciones, por Nicolás Ramiro Rico.- Gustavo Combet, pintor naturalista, por Enrique Díez-Canedo.- Tirano Banderas. Libro séptimo. El fuerte de Santa Mónica, por Don Ramón del Valle-Inclán.- La deshumanización del arte. Carta al poeta Torres Bodet. por Benjamín Jarnés.- Maldición a la luna (versos) por Alejandro Rodríguez Álvarez.- “Hombre varado”, por Vicente Sánchez- Ocaña.- Sobre el próximo Congreso Panamericano Boliviano, Editorial. Dibujos de Garrán. Precio 30 cts.

 

(57).- Fray Luis de León. Poesías escogidas. Mundo Latino. Madrid s/f. Prólogo, 190 páginas, retrato del poeta por Manuel Benet en la cubierta. Imp. G. Hernández y Galo Sáez. Mesón de Paños, pág. 17.

 

(58).- El peregrino... pág. 53 En  O. c., t. I, pág. 24.

 

(59).- Carlos Bousoño. Teoría de la expresión poética. Quinta edición. Ed. Gredos, Madrid 1970, t. I, pág. 300 y 309.

 

(60).- C. Bousoño. Teoría de la expresión.... I, pág. 108. 

 

(61).- El peregrino..., pág. 27 y ss.

 

(62).- García Miñor, Antonio. De San Salvador de Oviedo a Compostela. Oviedo 1965. pág. 17.

 

(63).- Lorenzo R. Castellano. Contribución al vocabulario del bable occidental. Oviedo 1957.

 

(64).- Ver Luis. V. de Parga, José. Mª Lacarra y Juan Uría. Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela, Madrid 1949, t. I, págs. 31-32.

 

 

 

José Manuel Feito