
Está por escribir la historia de las gentes que
"saltaron el charco para hacer las Américas". A pesar del esfuerzo
de muchos estudiosos aún existen bastantes lagunas. Desde los primeros
conquistadores hasta el último indiano ¿cual es su nombre?
nos encontramos ante un ejército de pequeños aventureros
cuya peripecia vital, no por menos interesante, irá cayendo poco
a poco en el olvido si no se la rescata.
Del primer mirandino de quien tenemos noticia que
embarcó para las Indias es de Iván Bernardo Carreño.
Era el segundo de los hijos de Álvaro Carreño "el Viejo"
de La Lleda, y primer sucesor del Mayorazgo fundado por Fernando de Miranda
el año 1550 y su esposa María de León-Valdés,
de cuya rama nacería el gran pintor de Cámara de Carlos II
Carreño Miranda.
Ya anteriormente dos hermanos suyos habían
muerto al servicio de S.M. en la famosa "Jornada contra Inglaterra" en
la que tomó parte como almirante el somedano Diego Flórez
Valdés, el mejor marino del s. XVI, según Felipe II, y que
estaba casado con María... sobrina de Pedro Menéndez de Avilés.
Iván Bernardo es el primer indiano de que
tenemos memoria procedente de Miranda. Su vida se reparte entre Méjico
y Perú. En este último territorio de ultramar toma parte
en la defensa del Callao. Según don Fernando Suárez del Villar,
de quien tomo estos datos (Revista de fiestas de Miranda, 198..) se puede
decir que recorre toda la América española desde Chile hasta
California.
Sería laborioso y largo dar con la nómina
de los innumerables emigrantes que no sólo Miranda, sino todo los
pueblos de Asturias cruzaron el océano. Es curioso y a la vez lógico
que cada localidad tuviera como punto de destino determinadas naciones
debido a que la marcha y la acogida era motivada por parientes o amigos
que una vez allá los colocaban y les buscaban trabajo entre sus
conocido y en las empresas casi siempre negocios de comercio que regentaban.
Los emigrantes mirandinos se dirigían sobre todo a Cuba. Los hubo
en otras regiones desde Argentina hasta Estados Unidos de América.
Más que la nómina interesa la peripecia, pero desgraciadamente
no contamos con muchos datos que habría que ir espigando laboriosamente
aquí y allá.
El más conocido y mundialmente famoso emigrante
mirandino es sin duda don JOSÉ MENÉNDEZ, apodado "el rey
de la Patagonia. “Nace en la parroquia de Miranda, entonces filial de san
Nicolás de Avilés, el día 2 de noviembre de 1846 en
una casa de aldea, sita en el barrio de Miranda, de planta baja, que más
tarde sus sobrinos, Paulino Valdés y Araceli Menéndez, reformaron
a petición del indiano pero manteniendo la puerta principal sobre
la que pretendía grabar una inscripción que dijera: "Por
esta puerta salí pobre y entré rico", pero tal deseo debió
de ser uno de los pocos que no llevó a cabo. Fue uno de los siete
hermanos que tuvo el matrimonio Manuel Menéndez-Cañedo Álvarez,
natural de Peñaflor, Grado, y de María Menéndez Granda,
natural de Miranda, conocidos en el pueblo por el mote de "Los Zancos".
Cuando contaba apenas dos años, su padre lo llevó a casa
de un tío materno llamado José Menéndez Granda que
ejercía de maestro en Ventosa, (Candamo), para darle una mejor instrucción
primaria pero con el compromiso de traerlo a casa al menos dos o tres días
cada mes.
Allí pasó su infancia hasta que a
los 11 años sus padres, contra la voluntad del tío que veía
en el niño grandes dotes para el estudio, lo dejaron en Miranda
definitivamente por serles necesario en la cuida del ganado, aunque respetando
en lo posible la asistencia escolar.
A la edad de trece años sus padres le dan
permiso al fin para embarcarse. Durante seis meses lo envían a Avilés
a otra escuela pagando por las clases "la importante suma, en aquellos
tiempos, de un duro al mes"
A mediados de 1860 se anuncia la salida del puerto
de Avilés con rumbo a Cuba de "La Francisca", un velero que desplazaba
800 toneladas. El precio del pasaje era de 45 duros, que se podían
pagar a plazos.
A los cuatro meses, y por el mismo barco que le
había llevado a Cuba, reciben sus padres la primera carta en la
que manifestaba haber hecho un viaje feliz que duró 45 días.
La carta anduvo de pariente en pariente durante algún tiempo puesto
que la segunda ya se hizo esperar más.
No sabemos a ciencia cierta cual fue la razón
para despla-zarse a Buenos Aires hacia 1866 donde hace de tenedor de libros
en la ferretería de Corti Riva & Cía. y a la vez en la
de Etchart & Cía ambas ferreterías especializadas en
efectos navales. La teneduría de libros era, por entonces, uno de
los puestos mejor retribuidos de modo que no le fue difícil juntar
unos ahorros.
Durante estos años conoce a una joven uruguaya,
descendiente de los franceses de la Legión, defensores de Montevideo
durante el sitio de Manuel Oribe en 1843. Contrae matrimonio el día
19 de marzo de 1873, festividad de san José, en el templo de La
Merced. Doña María Behety Chapital, la joven esposa contaba
20 años y José Menéndez 27.
La llegada definitiva a Punta Arenas tiene lugar
en 1875 en donde Piedrabuena llevaba instalado desde 1869. Entre los comer-ciantes
instalados en la región y con quienes empezó a relacionarse
debemos recordar al asturiano José Montes, natural de Mieres, que
fue quien le acompañó en el primer viaje a Miranda, al portugués
Nogueira, dueño de una flotilla de goletas y a los ingleses Reynard
y Felton además de algunos alemanes y lituanos.
El nacimiento del poblado de Punta Arenas se puede
cifrar alrededor de 1843 cuando el gobierno chileno del general Manuel
Bulnes decide tomar posesión del estrecho de Magallanes. Tres años
más tarde nacía en Miranda José Menéndez con
quien la suerte del poblado correría parejas, por uno de esos misteriosos
avatares que la Historia nos reserva.
En 1877 tiene lugar un hecho trágico para
toda la colonia y de modo especial para la familia Menéndez-Behety,
hecho que se le conoce como "la sublevación de los artilleros".
La noche del 10 de noviembre de 1877, cuando los guardias se reintegraban
a sus casas medio borrachos, a la una y cuarenta minutos de la madrugada,
se escucha el retumbar de un cañonazo mientras por las calles los
guardias corrían despavoridos gritando: "¡los argentinos!
¡los argentinos!". En efecto, debido a la tirantez fronteriza entre
Chile y Argentina, muchos creyeron que se trataba de un invasión
por parte de Argentina. La realidad era que un cabo de artillería
llamado José Antonio Riquelme, un mestizo que estaba en aquella
hora de imaginaria y el sargento Isaac Pozo habían sublevado a la
guarnición y a los presos. La primera decisión era dar con
"Delen más", a quien hallaron en su casa durmiendo. Después
de torturarlo cruelmente delante de su mujer y de sus hijos mientras le
repetían "denle más, denle más", lo asesinaron. En
aquel caos algunos amotinados derribaron la puerta de la tenencia de Ministros
de un cañonazo y, abriendo la caja fuerte, se llevaron unos pocos
pesos que allí había, otros apresaron en la capitanía
del puerto al ayudante jefe Domingo Olavarría sometiéndolo
a la burla de un fusilamiento simulado. El gobernador y sargento mayor
don Diego Dublé y Almeyda quiso restablecer el orden pero ante el
panorama que se le presentaba ante sus ojos optó por regresar a
casa para esconder a su mujer y siete hijos. Se enfrentó después
con los sublevados pero impotente ante los acontecimientos tuvo que huir,
mal herido en un caballo, hasta llegar al mar. Los almacenes de bebidas
fueron saqueados, los edificios incendiados, únicamente se salvó
la iglesia. La esposa de José Menéndez corrió a refugiarse
con sus tres hijos a casa de los esposos Aubry, dueños de una panadería.
Muchos eran los que habían buscado este refugio. Cuando estaban
todos dentro oyeron las voces de los amotinados gritar desde afuera, mientras
aporreaban con las culatas la puerta: "¡Abran...! ¡que salga
el gobernador...!" Como no contestaba nadie los insumisos optaron por marcharse.
Pero uno de ellos, contraria-do por no poder echar abajo el portón,
disparó la carabina contra la cerradura con tan mala suerte que
en ese mismo instante se acercaba a la puerta doña Mariquita la
esposa de José Menéndez siendo alcanzada y malherida en una
pierna por debajo de la rodilla.
José Menéndez se hallaba durante
la revuelta en viaje de gestión comercial en Montevideo. Cuando
regresó, terminada la asonada halló que su casa estaba totalmente
destruida, sus hijos llenos de terror y a su mujer habían tenido
que amputarle la pierna para salvarle la vida. En Punta Arenas había
nacido María, que, de resultas de aquellos días vividos a
la intemperie y deficientemente alimentada, enfermó y, cuando apenas
contaba nueve meses, falleció.
El entristecido padre no se dejó intimidar.
Adoptó las precauciones consiguientes, regresó a Valparaíso
invirtiendo todos sus ahorros en material y mercancía. Con el nuevo
almacén dio comienzo una nueva etapa para Punta Arenas.
En 1879 Julio Argentino Roca, ministro de
la Guerra argentino declara la llamada "guerra del desierto" con la finalidad
de exterminar a los indios nómadas con lo que el territorio de Chubut
pasa a ser territorio de la República Argentina. En estas contiendas
el gobierno paga a sus soldados con lotes de terreno que son los que los
colonos, y en concreto nuestro biografiado, compran a soldados y marinos
para su posterior explotación. Durante diez años emprende
la tarea de adquirir terrenos en arriendo que escritura al fin en 1890.
En 1880 después de varias tentativas frustradas
Menéndez compra una partida de 500 lanares procedentes de las Islas
Malvinas a un tal Marius Andrieu y la sitúa en un erial de san Gregorio.
Desconocemos los detalles del ensayo pero con esta adquisición se
puede afirmar que empieza el despegue económico de Menéndez.
La primera estancia argentina fueron los terrenos
que el estado había concedido al célebre explorador del desierto
de Tierra de Fuego, Popper, pero habiendo fallecido inesperadamente sin
poder poblarlas como exigía el contrato con el gobierno, son compradas
por José Menéndez. Con ello dispone de pastos de invierno
y de verano en proporción adecuada para salvar la vida, lana y carne
de las ovejas haciendo rentable su explotación.
En pocos años levanta en san Gregorio 42
edificios de todo tipo, construye sobre el mar un muelle de 200 metros,
un tenderal para 10.000 cueros, una línea férrea de 14 km,
una aguada artificial, baños de ovejas, graserías, etc.
Importó ovejeros de las Islas Malvinas,
de Escocia y Nueva Zelanda los cuales conocían a la perfección
los secretos del oficio. Poco a poco las pampas se van poblando de miles
de ovejas o "guanacos blancos" como vulgarmente se decía. En 1905
envía a su hijo José a Australia, una vez concluidos los
estudios de Humanida-des en Montevideo, para perfeccionarse en temas ovinos.
A su muerte en san Gregorio se contabilizaban más
de 140.000 cabezas.
Al mismo tiempo que atiende el almacén durante
estos meses de 1880 nuestro paisano no pierde el tiempo y se asocia con
José Montes, propietario de una carnicería, para abrir un
nuevo negocio: el Hotel del Puerto. Las ganancias del hotel las invierten
en una nueva empresa: un aserradero y barraca de maderas que con el tiempo
llegaría a ser una boyante empresa que dirigía un socio
industrial llamado Arnal. Por este tiempo realiza operaciones con Elías
H. Braum, almacenero y carnicero igualmente, y con el armador y lobero
José Nogueira.
Su primer viaje a España tuvo lugar el año
1886 y la vista a la casa paterna narrada por un testigo de excepción,
su hermano Francisco, escrito que redactó el 20 de agosto de 1918,
precisamente el año de su muerte, a petición de los hijos
del propio José Menéndez.
En el mes de febrero de 1899 el presidente argentino
Julio Argentino Roca y el chileno Federico Errázuriz debían
entrevistarse para solventar el problema de las tierras del Estrecho en
litigio entre las dos naciones. Nuestro biografiado acompañó
al presidente de Chile en su visita a los canales pero declinó la
invitación al baile de gala que tuvo lugar el día 15 ya que
gustaba duelo por la muerte de la madre de su esposa doña Mariquita.
Cuando finalizó la fiesta Menéndez se percató del
mal tiempo que reinaba y en horas de la madrugada cuando Roca debía
regresar a Belgrano esperó al presidente argentino a la salida y
lo albergó en su confortable casa aquella noche. El problema se
zanjó, al menos de momento, hecho histórico que se conoce
por "el abrazo del Estrech-o". Menéndez no desaprovechó esta
ocasión que le brindaba la fortuna y así, durante el desayuno,
en presencia de sus hijos y yerno, discutieron largamente futuros planes
de acción y trazaron las líneas a seguir y las nuevas empresas
a emprender.
En 1894 realiza su segundo viaje a España
acompañado de su esposa y de su hija Josefina que acaba de contraer
matrimonio con el terrateniente Mauricio Braun en la parroquia de Punta
Arenas, convertido al catolicismo el 5 de enero de dicho año. El
matrimonio no impidió, por mutuo acuerdo, que ambos siguieran cada
cual con su negocio en fraternal competencia, actitud que duró hasta
1908 en el que la crisis monetaria por la que pasaba el mundo les obligó
a fusionar algunas de sus empresas situadas en las costas de la Patagonia.
Cuando regresa a Buenos Aires se entera que están
en venta los bienes de sucesión de un conocido aventurero que había
conocido anteriormente aunque había mantenido algunos roces con
él. José Menéndez, que se relacionaba bastante con
monseñor Fangnano, estaba muy al tanto sobre las tierras que ahora
quería comprar y hacia ellas se dirige el día 25 de noviembre
de dicho año 1894. En una Memoria presentada anota: "Estas tierras
resultan pastosas en alto grado, bien aguadas, accidentadas, abrigadas,
buenas y hasta magníficas, con lugares espléndidos..." .
Empezaba a ponerse en marcha sobre una superficie
de 80.000 hectáreas, la planificación y explotación
de la Primera Argenti-na, nombre con que bautizó este primer ensayo
de colonización en tierra de Fuego y que luego se llamaría
José Menéndez. Juan E. Belza hace de nuestro personaje en
esta época la siguiente descripción: "Cuando fundó
la primera estancia argentina promediaba ya los cincuenta años.
Ya no estaba en edad de improvisaciones. En los años precedentes
había acumulado una de las fortunas más sólidas de
Magallanes.
El conocido científico sueco, Otón
Gustavo Nordenskkjöld, que transitara por Punta Arenas en 1895, anotó
a Menéndez y Nogueira como a los "navad" del estrecho. Después
del s. XVIII los ingleses comenzaron a distinguir con este apelativo indostá-nico
a los compatriotas que volvían enriquecidos de las colonias. Eran
algo así como los indianos de los españoles.
Sin embargo a primera vista no descollaba demasiado.
Robusto, más bien delgado, de estatura mediana, comenzaba a impresionar
cuando se advertía la penetración de sus ojos, siempre inquietos
bajo el marco de cejas poderosas y expresivas. No alcanzaron a disimular
su brillo ni los anteojos de armazón de plata que le trajeron los
años, ni siquiera el doble cristal que a veces sobreponía
para leer.
Ostentaba barba completa de época, que,
a medida que pasaba el tiempo encanecía y tomaba una discreta forma
luisnapoleónica.
Siempre vistió con pulcritud y elegancia,
aún en sus misiones campestres y marinas. En la ciudad gustaba presentarse
doquier de impecable chaqué, camisa de cuello palomita, corbatín
blanco o negro y sombrero hongo. Apoyaba su mano de guante blanco en un
bastón de regatón de plata. Gruesa cadena de oro colgaba
en orlas del ojal medio del chaleco, del que también pendía
un pesado medallón. Claro que no todo era adorno. Las alhajas disimulaban
la presencia de una herramienta de trabajo, el reloj marinero que don José
extraía por cualquier motivo, en su hábito de fiscalizar
el accionar de todo y de todos. Tanto en las vegas sureñas cuando
los perros separaban a millares y millares de ovejas, como en los puertos
del norte cuando zarpaban sus naves, infatigablemente aparecía,
reloj en mano, para controlar horarios. Hasta se lo vio alguna vez en el
muelle, repiqueteando con la punta del bastón en alguna proa impuntual.
Cuando cabalgaba o timoneaba calzaba polainas y
envolvía el cuidadoso atuendo con amplia bufanda.
Tanto su conversación como los modales denunciaban
no sólo al honrado, culto y afortunado comerciante, para usar el
decir un tanto irónico de Popper, sino al hombre volcado al mundo
y al porvenir.
Con gran impulso interior apuntaba toda su capacidad
hacia objetos muy concretos, cuidadosamente escogidos. En esto precisamente
se diferenciaba de Popper, siempre arrebatado y hasta desviado por la intuición,
o de Piedra Buena, idealista de enorme corazonadas".
"... tal vez su mayor aliado y por otra parte su
peor enemigo fueron la impaciencia y la susceptibilidad. Incapaz de esperar
algo con calma, cuando descubría error o engaño, se tornaba
agresivo, lleno de causticidad y de sarcasmo. Pocos se libraron de sus
reprimendas cuando por ejemplo, hallaba un clavo tirado en un almacén.
Por eso nunca quiso mezclar los negocios con la familia...
En resumen era un ser apasionado..."Hay que cuidar
los detalles" repetía con inusitada frecuencia...Uno de esos detalles
era la puntualidad que cronometraba con el reloj de marras a la vista de
todos, y mantenía hasta con ingeniosos expedientes como aquel peón
de estancia dormilón que una mañana se encontró con
que el mismo don José le traía el desayuno a la cama...
Al buen sentido comercial e industrial unía
el discernimien-to de las personas. Amabas condiciones hicieron posible
el éxito conjunto de la empresa con la promoción de sus dependientes
en todos los estratos del trabajo. Así fue como asomaron y progresa-ron
capataces, administradores, habilitados, gerentes y flamantes propietarios
salidos casi de la nada. Tenía buen ojo para des-cubrirlos en cualquier
parte, apreciaba mínimos pormenores que le indicaban sus valores
personales, les entregaba responsabili-dad y luego los seguía discreta
pero continuamente..."
"...Con sus amigos era fino, alegre y cordial,
conversador amable y saleroso...dominaba los recursos del humor...Gustaba
de la lectura culta y del teatro. Hasta llegó a construir con dinero
de su bolsillo el primer salón de Punta Arenas. Lo inauguró
con la ópera Lucía de Lamermoor.
Una de metas propuestas por Menéndez era
el tener pastos abundantes que él iba adquiriendo mediante la compra
de lotes de terreno que el Estado había cedido en recompensa por
servicios a militares, marino y soldados. En 1899 se hace con nuevos lotes
al norte y sur del Río Grande para ampliar con los del sur
la Primera Argentina fundada hacía años y con los del
norte formar una nueva estancia que llamaría Segunda Argentina,
hoy María Behety. Esta estancia es considerada la mayor y mejor,
la más valiosa de todas las que tenía según propia
confesión pues llegó a alcanzar las 144.173 hectáreas,
36 áreas y 43 centiáreas.
El tercer viaje a España tiene lugar en
1900. Esta vez le acompaña su esposa y su hija María.
En 1906 viaja por cuarta vez en compañía
de su esposa y de su hija Herminita, siguiendo con destino a Roma...
Hace el quinto viaje el 1910. Llega a San Sebastián
desde París, allí le recibe su hermano, el autor del diario.
Atraviesa Bilbao y Santander, visita lo más importante de Asturias,
pero sobre todo recorrió los centro benéficos y culturales
de Miranda y Avilés dejando los copiosos donativos.
Este mismo año lo encontramos de nuevo en
París en su sexto viaje también en automóvil al continente
europeo.
La industria ganadera, que sumaba la respetable
cifra de ciento cuarenta mil cabezas de ganado lanar, había
empezado treinta y tres años antes en 1878 con la adquisición
de aquellas 500 ovejas importadas desde las Islas Malvinas y que trató
de aclimatar en un erial junto a la bahía de san Gregorio a 120
km. de Punta Arenas. De ese modo dio comienzo la explotación conocida
por el nombre "Menéndez Behety" fundada con 800.000 Libras, constituida
sólo por miembros de su familia y que ha sido modelo de or-ganización
para cuantos han pasado por allí. A la muerte de José alcanzaba
el millón de ovejas.
Funda en 1911 y preside la Sociedad Importadora
Exportadora de la Patagonia S.A." en Punta Arenas, con un capital inicial
de cinco millones de pesos. El año 1940 contaba con más de
veinti-cinco sucursales bancarias y mercantiles en todos los puertos de
la Patagonia y Tierra del Fuego teniendo su sede central en Buenos Aires.
Su primer barco fue un velero de nombre "Rayo"
y un vapor de pequeño calado, el "San Gregorio" siendo el primero
en iniciar el cabotaje de Tierra de Fuego y del Estrecho de Magallanes.
Esto sólo fue el comienzo de aquella famosa empresa naviera "Menéndez
Behety" a la que pertenecían medio centenar de vapores cuya primera
letra debía ser una A en recuerdo de su tierra Asturias y Avilés:
Antártico, Austral, Amadeo, Arturo, Alfonso... El primer vapor
inscrito en la matrícula del puerto de Punta Arenas fue el "Amadeo"
(412 toneladas) en 1893. En sus bodegas se transportó el material
y elementos necesarios para la explotación de la Patagonia y Tierra
de Fuego. Después adquiere el "Alfonso" (ex "Lizzie"), "Alejandro"
(ex "Casel"), "Antártico", "Austral", "Avilés" (ex "William
Cliff") y el "Arturo", así como las barcas o veleros "Ambassador",
"Adelaida" y "América" y los remolcadores "Herminia", "Olga" y "San
Gregorio". Sus nombres encierran siempre un recuerdo a una tierra o a un
personaje: Amadeo y Alfonso a los reyes de España, Antár-tida,
América a las tierras que pisaba, etc.
La empresa fue creciendo y la flota de barcos aumentando
y ampliando sus servicios para lo cual se adquirieron el vapor "Apolo",
"Avilés" (ex "Emilia"), "Alfonso",(construido expresa-mente en Glasgow),
"Alejandro", (ex "Argentino") y "Araucano" (ex "Americano"), el pontón
"Alejandrina" (ex fragata "Andrina") y "Andalucía" (ex fragata "Ville
de Mulhouse"), los remolcadores "María" y los remolcadores
"María" y "Josefina", lanchas a motor como "Mosquito", "Julita"
y "Violeta", diez lanchas de carga, etc.
Este mismo año busca modo de viajar por
octava vez a Miranda. Con el viaja su hija Josefina y sus tres nietos.
A todos desea enseñar los rincones de su niñez.
Aunque sus viajes a la ciudad eran frecuentes no
podía disfrutar como él quería de todas sus ventajas.
Por eso decide la familia instalarse de nuevo y definitivamente en Buenos
Aires para lo cual manda construir una hermosa morada en la calle Santa
Fe, nº 3681. Allí dejará de existir doña María
Behety a los 54 años el 24 de noviembre (¡qué mes tan
aciago para nuestro indiano!) de 1908. De acuerdo con lo que ambos esposos
habían convenido sus restos fueron enterrados en Punta Arenas.
En 1909 reparte su herencia entre sus hijos, quedándose
él con una parte. Nace así la Sociedad Importadora Exportadora
de la Patagonia con sede en Buenos Aires, con 24 sucursales por todos
los puertos y centros importantes de la Patagonia.
A los setenta y dos años estando en
Valparaíso se siente enfermo. Un quiste en el hígado le está
dañando seriamente la salud, y zarpa de inmediato para su Buenos
Aires, pero contraviniendo la voluntad de sus médicos quiere hacer
escala en cada puerto de la Patagonia acaso como un último adiós
a aquellas tierras que él amaba tanto y que gracias a su tesón
alcanzaron extraordinario desarrollo.
José Menéndez, "el rey de la Patagonia",
fallece en Buenos Aires el día 24 de abril de 1918, recibiendo sepultura
en Punta Arenas tal como había sido su deseo, donde reposaban los
restos de su esposa, fallecida el 24 de noviembre de 1908.
El gobierno español le otorga los títulos
de Caballero de la Orden de Isabel la Católica, Caballero de la
Real Orden de Carlos III, medalla de primera clase del Mérito Naval.
Sin embargo declinó el ofrecimiento que se le brindaba de ostentar
un título nobiliario, lo que dice mucho a su favor.
Una nómina de indianos de los años 1910-1920
En la p. 43 de las "Memorias Balances de las Mutualidades Escolares
Artime y Perpetuo Socorro" del año 1917-1918 viene una lista
de emigrantes en la Habana que gracias a las gestiones de su presidente
Juan López a instancias del maestro D. José Artime
envían la cantidad de 200 pesos recaudados entre mirandinos de la
isla y más en concreto de la capital de la Isla. Esto nos facilita
la labor de buscar los emigrantes de Miranda que había a primeros
de siglo sólo en este país, haciendo la salvedad de que acaso
muchos no han podido o no se habrán enterado de dicha suscripción
y acaso alguno haya sumado su colaboración sin pertenecer a la parroquia
xagó. La lista es la siguiente:
Ramón López Fernandez
Salvador García
Isidro Suárez Fernández
Antonio Cueto
Antonio Fernández Serrana
Manuel Álvarez
Leopoldo Campa
Manuel Rodríguez
Isidro Pruneda (hijo del famoso editor avilesino
Pruneda)
Francisco Cubillas
José Rodríguez Pérez
Adolfo Menéndez Ávila
José Suárez Campa
Celestino Muñiz Solís
Belarmino Rodríguez
Cleominio Cabo Suárez
Amador García
Francisco González
Juan Rodríguez
Gerardo Ávila López
Manuel Menéndez Vladés
Antonio Álvarez
Ramón López López
Estanislao López Arrojo
Silvestre García
José Tamargo
Luis Rodríguez Sánchez
Manuel López, del Forcón
José Antonio Rodríguez Sánchez
Gabino Loydi
Isidro López Toca
Sabino Rodríguez
Francisco Muñoz Santiago
Julio Hevia Menéndez
Basilio Cabal López
Ramón López Toca
Jesús Gutiérrez Campa
Juan López López
Silvio López Nuevo
José Pérez Cueto
Bernardo Fernández
Belarmino Ávila
Ceferino Alonso
Manuel Arrojo Nolo
Luis Gracia
Manuel Gutiérrez
Valentín Álvarez
Celetino Rodríguez
Manuel López Toca
Leopoldo Fernández
Francisco López López
Darío Cantalapiedra
Manuel Blanco García
Jose Blanco López
José Cabo Suárez
Luis Suárez
José Antonio Fernández
Manuel Rodríguez Sánchez
Luis López García
Francisco Valdés
Jesús Ávila López
Ramón Menéndez Valdés
Isidro Huerta
Paulino Ávila
Manuel Manjón
Manuel García Bernardo
Gerardo Ávila
Amalio Nuevo
Eloy González Alonso
Virgilio Fernández
Fulgencio Suárez
Ángel Gracía Sánchez
Pablo Rodríguez
Balbino Rodríguez
Ramón Suárez López
José Fernández ("Pepe Rita")
José Viña
Manuel Campa Muñiz
José Arrojo López
Manuel Nuevo López
Juan López Nuevo
Tomasito López Nuevo.
El total recaudado fueron 220 pesos. La impresión que
esta lista de donantes causó a su llegada nos la describe el maestro
d. José Artime así: "Durante varios días la relación
de donativos de ustedes... fue el tema más interesante de las Escuelas
y de las familias de Miranda. Unos buscaban el nombre del hijo idolatrado,
del hermano querido, del vecino estimado, otros buscaban los números
mayores y tenían frases cariñosas para D. Juan López,
para D. ramón López, etc., algunos pensaban en el mejoramiento
que ustedes proporcionarán a sus hijos... No podemos olvidar a D.
Isidro Pruneda ni a cualquiera otro de los 86 benefactores..." (p.
47). En las cartas que se cruzaron entre las Mutualidades y la Comisión
encargada de recoger donativos en la Habana hay detalles muy significativos,
como el reusar estos enviar fotografías a fin de enmarcarlas para
situarlas como benefactores "por ser enemigos de toda ostentación,
pues las cosas deben hacerse modestamente..." mas pensando más
en que nuestra gestión pudiera tener imitadores en otros puntos
acedemos a enviarles nuestros retratos a fin de no producir ningún
daño moral aesas instituciones..." (p.50)
Hoy tendríamos que ser nosotros quienes devolviéramos
a nuestros hermanos cubanos parte al menos de lo que ellos tan dadivosamente
nos enviaron por aquellos años... Al menos que quede aquí
constancia de su generosidad.
En este apartado quisiéramos abrir un foro de debate, un buzón
de correspondencia, un tablón de anuncios y un noticiario parroquial
entre los emigrantes y afines mirandinos que viven en cualquier rincón
del planeta a fin de entablar nuevos vínculos de parentesco virtual,
nuevos lazos de afecto y de cercanía. No usamos muchos "dibujinos"
como se acostumbra en estas páginas pues además de ocupar
sitio no es lo nuestro. Sí tendremos un archivo fotográfico
que iremos dando a conocer según se vaya desarrollando nuestra labor.
Al principio la página se irá reanudando y completando de
mes en mes. Contamos con un grupo de colaboradores aún pequeño
y que se van incorporando muy poco a poco. Cuando el grupo crezca todo
será más fácil.
Esperamos que esta idea tenga buena acogida entre los hijos de este
pueblo cuyo genticilio "xagó" en "bron" significa amigo y compañero.
FORO DE DEBATE.- Tema del mes...
NOTICIARIO PARROQUIAL.- Movimiento demográfico...
BUZON DE CORRESPONDENCIA.- Ir a buzón.
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