Las religiones precristianas creían
que los espíritus de sus antepasados se reunían en los cruces
de los caminos. De ahí la costumbre de dejar una piedra en el centro
del cruce al pasar. Ese montón de piedras el cristianismo lo transformó
en una Cruz de ánimas. Siguiendo esta antigua creencia los
entierros, cuando el féretro se llevaba a hombros, se detenían
en todos los cruces de los caminos y se rezaba un responso. El camino de
Santiago elevó estas cruces a "cruceros". En Miranda existen varias
de estas cruces: La de "La calea la Moza", (hay una cruz de hierro)
"La Cruz de la Hoguera" (aún con cruz de piedra), La Cruz de Illas...
etc. De ahí el darle una cierta relevancia en nuestro oratorio.
A la izquierda se ve la piedra donde se recuerda la fundación de
la Cofradía de ánimas año 1725.