LA ALFARERÍA NEGRA DE MIRANDA DE AVILÉS

UN POCO DE HISTORIA...

UN POCO DE ACTUALIDAD...

PLANO DE LOS ALFARES Y TEJARES DE MIRANDA

A PRINCIPIOS DEL S. XX
 
 

ALFARES MIRANDINOS
 

                               "Oficio noble y bizarro
                                entre todos el primero,
                                porque en la industria del barro
                                Dios fue el primer alfarero
                                y el hombre el primer cacharro".
                                                                Anónimo.
                                   "...al barro blanco aunque no lo es, con su vidriado blanco y
                                                amarillento, y con algunos rasgos verdes y azules".
                                                                                            Jovellanos, sobre los alfares de
                                                                                             de Miranda.- Diarios, t. I, pág. 30.

        A riesgo de que aparezcan nuevos testimonios escritos, hoy por hoy podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que son los alfares de Miranda los que cuentan con más documentación escrita y más antigua. Tres son los Archivos donde pudimos encontrar documentación sobre cerámica de Miranda: Archivo Notarial de Oviedo, Archivo provincial (Oviedo) y Archivo del Ayuntamiento de Avilés. Sin duda que existirán más y los citados tampoco han sido examinados en su totalidad.

        El documento más antiguo del que tenemos noticia sobre alfarería tradicional asturiana se refiere a los alfares de Miranda. Está fechado el día 5 de agosto de 1657 y se encuentra en el Archivo Notarial de Oviedo (Esno. Pedro Fernández Rozada, leg. 397). Versa sobre la fabricación por parte de alfareros de Miranda de mil caños o tuberías de media vara de largo (417 mm) y una sexma de hueco o diámetro (139 mm), con destino a la conducción de agua del Convento de Santa María de la Vega (Oviedo), hoy Fábrica de Armas. La contrata corre a cargo del arquitecto procedente de Transmiera (Santander) don Melchor de Velasco Agüero. El precio convenido es un real y cuartillo la pieza.

        Un alfarero mirandino tenía hacia 1750 unos 400 reales de vellón de utilidades al año. Estos caños aparecen con frecuencia en las excavaciones practicadas en los hornos de Bao. Este tipo de tubería se seguirá fabricando también en los alfares de Faro: Acuerdos del Ayuntamiento de Oviedo, Archivo Municipal: "El día 9 de junio de 1728 se libran a favor de Francisco de la Cuesta, vecino de Faro, 560 reales, 13 maravedíes, mitad del importe de mil quinientos caños que hiciera para las encañadas de las fuentes, los cuales fueron depositados en el patio de la Comedia" (Lib. años 1726-1728, fol. 107 v. cita. por Miguel Vigil Ciriaco Colecc. Histórica de Ayuntamiento de Oviedo Oviedo 1889).

        Los alfareros mirandinos son Domingo Calvo Martínez, y Juan de la Villa. Parecen ser nativos de Miranda. Con frecuencia nos encontramos en el Padrón de la Moneda Forera con olleros, este era su nombre hasta entonces, venidos de afuera. Así el año 1644 recoge la llegada de ocho forasteros de los 14 olleros que se citan por entonces..

        El segundo documento obra en el Archivo Histórico Provincial de Oviedo, y data de 1669. Contiene noticias muy interesantes sobre alfareros, precios, formas, destino, medio de transporte, etc. de aquella época. Se trata de una compra realizada por Juan Barbado de la Bañeza, Domingo Fernández y Pedro Menéndez, procedentes del puerto de Cudillero al alfarero Pedro Conde "maestro de barros", y vecino de Miranda. Había a la sazón en la aldea, perteneciente a San Nicolás de Avilés, 17 olleros. Juan Barbado es el dueño de una embarcación llamada "San Sebastián" en la que debían ser transportadas las piezas.

        La factura habla de 40 docenas de jarras de todos los géneros a catorce cuartos y medio la docena. Veinte docenas de barriles a tres reales y medio la docena 30 docenas de cabeiros a 6 cuartos la docena. una docena de cántaras a siete reales y medio la docena. Se cita aquí una pieza, el cabeiro, que dado su diptongo "ei" del bable occidental se creyó siempre procedente de LLamas del Mouro. Sin embargo vemos que ya desde el s. XVII existen en Miranda desde donde posiblemente fue llevado pieza y nombre a Llamas por la familia de los Avila, que ha sido la familia que se desplazó desde Miranda a dicha localidad y a partir de la cual se empieza a trabajar el barro allí.

        El ilustre polígrafo Melchor Jovellanos describe la vida y quehacer de los alfares mirandinos de manera magistral y única. Leyendo detenidamente el texto podemos caer en la cuenta de la importancia que tenía la industria alfarera de Miranda a los ojos del prócer asturiano y el estilo empleado por el autor de los Diarios y que ha sido descrito como el párrafo literario más representativo de la literatura de la ilustración, en palabras de Alonso Zamora Vicente. El párrafo se encuentra en el Diario IV Itinerario VIII con fecha 2 de agosto jueves de 1792. Le acompañan el señor Obispo Ponte, el provisor, el secretario, un clérigo apellidado Blanco y el abate Busto, administrador del Hospital de Avilés... El texto dice lo siguiente:

        "...Miranda, lugar grande, compuesto de tres o cuatro barriadas algo separadas en que está reunida la población. En una de ellas vimos los hornos y fábricas de barro común que aquí se trabaja; la mayor parte de ellos cavados en la tierra, de grosera y no bien dirigida forma. El barro es rojo y después de cocido conserva el mismo color, aunque más claro tirando algo a blanco.
        Para darle el negro brillante y fino de los botijos, basta cerrar muy cuidadosamente el horno después de la cochura, y sin duda el humo ahogado en él penetra por todos los poros del barro y se vuelve negro.
        La operación preparatoria se reduce a machacar el barro, que se trae del mismo término, pasarlo después por un tamiz, amasarlo luego en unos duernos con agua, y al fin pasarlo a los tornos para darle forma.
        Hay como unos treinta hornos en los que se trabaja el barro común y da color negro; otros cuatro destinados al barro blanco, aunque no lo es, con su vidriado blanco y amarillento y con algunos rasgos verdes y azules. En estos se hace la antigua y ordina ria vajilla de nuestro pueblo.
SSSSSSSSSSSSSSS ()()()()()()()()()()()()()()()  O-O-O-O-O-O-O-O  ^.^.^.^.^.^.^.^.^.^.^.
          azul      amarillento          verde         blanco
 
 
Los tres colores típicos de la cerámica tradicional de Miranda, pudieran ser
 
los tres colores típicos para una cerámica asturiana de proyección nacional.
 
Azul, amarillo y verde, sobre un fondo blanco...
 
     Un horno se carga con doscientas docenas de piezas, bien entendido que
la docena que lleva doce piezas pequeñas, se compone de cuatro, tres, dos y aún una sola pieza si son grandes, graduándose la cuenta por el tamaño y no por el número.
        Cuanto se trabaja se arrebata de las manos de los fabricantes. Consúmese en Asturias y en toda nuestra costa septentrional, desde Vizcaya a Galicia. Pudiera por lo mismo aumentarse mucho esta manufactura, si no fuera escaseando el rozo que se gasta en los hornos. Esto indica la necesidad de gastar carbón de piedra. Acaso con él n se podría dar el negro; pero siendo una la operación de cocer y otra la de negrear el barro, pudiera muy bien gastarse carbón para la primera y rozo para la segunda. Este objeto merece toda atención.

        Miranda es de la parroquia de [San Nicolás] de Avilés, y merece por su población, su industria y proporciones, tener parroquialidad separada. Sus diezmos son íntegramente del Obispo y Cabildo; tanto mejor [se sobrentiende para lograr la parroquialidad e independencia de san Nicolás] ". (Diarios, 5 de agosto de 1792).

        "Difícilmente podemos encontrar, comenta Alonso Zamora Vicente (Cuadernos del Norte, nº 3, p. 19), un trozo de la típica lengua de la ilustración tan representativo como este. Refleja cumplidamente el giro que dan las nuevas sociopolíticas del siglo XVIII. Tal cambio no ha vuelto a darse en la historia de la lengua española hasta la aparición de la física espacial...
        Las palabras de Jovellanos eran unos agrios neologismos en el momento en el que las escribió: manufactura, negrear (dar el negro), objeto (asunto, negocio, tema). Incluso carbón de piedra. Más adelante habla de parroquialidad, una forma de nuestros tan frecuentes en -idad (asturianidad, idoneidad, etc.) tan usuales en la lengua política. Todo ello mezclándose con las voces tradicionales como rozo, duerno, cochura...".

        La voz de Jovellanos se hizo realidad cuando cien años después se creó la parroquia y dos cientos años más tarde empezaron a funcionar de nuevo unos alfares (Enrique Gómez, Ismael Alonso, Ricardo Fernández, y las Escuelas de Cerámica de Miranda y Avilés al frente de las cuales estuvo un alfarero de Gundivós- Lugo, llamado Alonso Rodríguez).

        Jovellanos fija entre otras cosas los colores de la loza (azul, verde y amarillo), recoge una nueva forma de contar por docenas ya que se atiende al volumen y no al número (los caldereros también tienen su forma peculiar de fraccionar la numeración romana en cuartos, medias y onzas por medio de rayitas semejantes a pequeños números romanos). Y sobre todo Jovellanos recoge la producción y la exportación por todo el norte del la península.

        Martínez Marina en el artículo Avilés dice al hablar de Miranda: "... es bien conocido por sus barros y fábrica de barro común y loza ordinaria que allí se trabaja, cuyas ollas, jarras y otras piezas se venden en toda Asturias, y aún se extraen para Galicia y Vizcaya" (tomo II sigl 9/6036). Curiosamente no hace mención de la calderería.
        David Arias habla de "jarrería negra..." en 1893.
        Belmuntt y Canella: "En las proximidades de Avilés aún existen dos industrias que algunos suponen de origen romano: las famosas vasijas de barro ennegrecido cocidas en Miranda y los objetos de cobre...", la industria del barro negro "es especial, sin precedentes en la provincia, exclusiva del citado pueblo, ejercida sólo por los naturales del país, que conservan el secreto de la fabricación; pero la forma de las indicadas vasijas que son de varias clases y destinos, aunque latina, según Fernández Guerra, no se parece a la cerámica romana, no alcanza su grado de elegancia y perfección".
        "No podemos por lo tanto afirmar que tenga este origen, pero sí que no hay noticia de la época en que comenzó, ni de donde pudo haber sido importada por los hijos del próspero pueblo de Miranda que la transmiten de padres a hijos en el mismo estado en que la recibieron de sus mayores sin hacer nada por mejorarla o perfeccionarla". Asturias t. I pag. 202.
        Tanto Aureliano Fernández Guerra , (en El Fuero de Avilés, Discurso leído en la Junta Pública de la real Academia Española para solemnizar el aniversario de su fundación..." p. 14, Madrid 1865), como su refutación hecha por D. José Arias de Miranda (Madrid 1867 pp 6 y 7), los dos citan la jarrería negra de Miranda pero sin añadir noticia alguna de interés.
        Para más información se puede consultar la obra Cerámica tradicional asturiana. Madrid 1984. (Bibliografía).
        La tipología mirandina se puede cifrar en doce piezas aunque sin duda los alfares produjeron bastantes más.    

     La Escuela taller ubicada en locales de la parroquia donde se impartieron cursos y donde se encontraba el Museo de cerámica tradicional, biblioteca y archivo de cerámica asturiana. Trabajaron la cerámica en Miranda: Ricardo Fernández López  en Villanueva (Miranda de Avilés); Ismael Alonso Rivero en el Alfaraz y barrio de Miranda, y Belén Fernández Montaño en Miranda, reside en Bao.

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  LA ÚLTIMA ALUMNA Y LA ÚLTIMA COCCIÓN...

Marichi, antigua alumna de la Escuela 
de cerámica de Miranda. Hoy es  
una maestra en el torno.

 

 

 

Sacando piezas del horno después de 
la cocción (alumnos de la 
escuela de cerámica de Miranda). 

 

LA ALFARERÍA NEGRA DE MIRANDA, PROGRAMA DE EXPOSICIÓN 2008 Y DOS VISTAS DE LA MISMA

 

 

EXPOSICIÓN EN MIERES DEL CAMINO. SE LLEVÓ IGUALMENTE A GIJÓN, AVILÉS, OVIEDO, ETC., 

 Fue subvencionada por CAJASTUR.

Desde aquí de nuevo nuestro agradecimiento..

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