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JOSÉ MANUEL FEITO
PASIÓN DE NOCHE
SEMINARIO METROPOLITANO OVIEDO 1954
Ah, oscuro, oscuro, oscuro Todos entran en lo oscuro
T. S. Eliot.
PÓRTICO
La noche siempre llega. Noche de Dios que anida sobre el alma dejándola sin luz entre las olas. Terrible es esa noche, esa ausencia de Dios sin saber cómo, ni cuándo, ni por qué... Yo puedo aquí, o en cualquier parte, jurar que lo he buscado, abajo por los valles todo en sombra, arriba en las montañas con la noche redonda e infinita por corona, tarde adelante cuando ya las sombras alargadas de los árboles -huellas de la noche- me indicaban senderos, derroteros para mí desconocidos... noche abajo, noche adentro, a solas con mi yo, desesperado. Terrible es esta ausencia de todo lo infinito que anhelamos. Y me senté en la sombra. Ni un paso más. (Yo le perdí en las sombras). Escudriñé la noche. La noche era una ausencia hecha presencia. Entonces comprendí que en esa ausencia hay algo de infinito. Se puede adivinar algo divino en esa noche. Y contemplé las sombras, "oscuro río adentro". Allí moraba Dios con una ausencia frontera de infinitos. «Dios brilla por su ausencia». Allí lo he visto yo. Y es que la ausencia es un modo también de estar presente. Así han ido cayendo de mis manos unos cuantos poemas: pedazos de aquel mármol que esculpía, queriendo hacer presente la imagen que tanto me atormenta, Dios. Un ser que el alma ansía y que a veces tan sólo resta ya darle en la frente el golpe que remata la escultura y gritarle: ¡Habla, habla!... Tampoco vale ya... ¿Sólo palabras...?, no valen las palabras. Amo las sombras, la Ausencia de aquel Dios que tan cercano estuvo en otros tiempos tan lejanos. Mis versos sólo son piedras caídas, saltadas a golpe de martillo y de esperanza, de una estatua hoy ya hecha pedazos de tanto golpear y golpear con mi palabra: «¡Habla ya de una vez, noche de ausencias!» Por eso amo las sombras y la noche. Por eso veo a Dios en esa ausencia. Pasión por esas sombras; por ellas resuenan los poemas como pasos de la noche. Ya se acercan...
YO NO SÉ POR QUÉ NERVIO DOLORIDO
Yo no sé por qué nervio dolorido hoy me sube un sabor de fruta nueva vida arriba, al rompérseme estas ansias de ser, en noche, en llanto, en sombra, en pena...
Y aún más se me agiganta si en sus manos me siento enraizar, si entre sus piedras me crezco hacia la luz, siendo la noche lo único en mi ser.
-"Noche sin tregua de soledad... ¿por qué, por qué tus pasos son largamente dulces cuando llegan? Si fueras resplandor, o si en tus ojos brillara una inquietud o si tuvieras el ser-para-la-aurora... (vieja fruta con sabor a silencio, a surco, a tierra...)
Pero no. Tú eres dura. Tu palabra en amargo correr, cual si ya fuera, embriaga muy por dentro cuerpo y alma y un doble ardor de mediodía deja.
Vas loca por rompérseme en redondo, escupes contra el cielo de mi celda: No sé ya si vas sólo hacia el sentido o es un fuego de Dios que se despierta....
Ciego aún, tengo el alma enternecida, hermano de tus sombras, cuando llegan olvido mi camino y salgo al campo con el alma de par en par abierta, con la sed de que apagues estos gritos de Dios con tu abrupta y fiel presencia...".
No sé qué van a hacer después, del árbol tantos nidos colgados en mis venas.
BUSQUÉ LA LUZ
Busqué la luz con ansia, con locura, llamé en la noche llena de otros besos, loco anduve en amarga desconfianza a punto de torcer el derrotero que llevaba mis pasos tercamente a la puerta de Dios. No pude empero...
Y me senté en la sombra. ¡Ni otro paso! A gusto me senté nocturno y pleno de luna gris, de luna atormentada, mordiendo esta amapola de mi pecho.
Y vi a Dios en la sombra. Estaba solo... Penetré de rodillas en su templo hecho de barro, de pasado absurdo sobre la dura roca del misterio.
Y me senté en las sombras donde brilla por su ausencia el gran ser. Soy el primero que me arrodillo así ante su Ausencia,
a solas con mi fe. Rendido vengo. Por montes le busqué, bajo la tarde, “a la luna de Dios”, por los senderos… Hoy lo contemplo ausente. Aquí la noche anidó eternamente. Aquí espero que vuelva en la alborada el aire tibio.
Muy lejos va ya Dios… pero en él creo. Aquí sí que está Él sacramentado. Aquí nos hallaremos y hablaremos a solas de una extraña y lejana leyenda. No nos vemos pero cerca está ya la lejanía donde será más puro el reencuentro.
ROMPER CON LO QUE ES IDO
Romper con lo que es ido. Y eso es todo. ¿Qué tenemos que ver con el pasado? ¿Qué tenemos que ver con tanta historia, con tanta risa inútil, tanto llanto que ya no es? Romper, luego... adelante por el perfil ardiente de lo amado.
En la vida no existe el retroceso, es todo un por-venir, ¿por qué, pues, tanto empeño en re-volver nuestros recuerdos? No hay tiempo que perder con lo olvidado. Sigamos hacia Dios sencillamente con la noche a la espalda. Muy lejanos fantasmas, esperanzas y clamores, se acercan a soñar en nuestras manos.
Todo está en el futuro que se acerca «todo-nuevo-y-distinto». Entretanto arrojemos al viento nuestra historia... ¡Rompamos de una vez con el pasado!
EL OCÉANO
Entre estas manos sangrantes romperé la amanecida. Voy colgando entre las rocas airadas vieja alegría.
Voy borrando los caminos sin canciones de mi vida. No soy de aquí. Voy errante, vagabundo, a la deriva.
Quiero romper en mis venas todo este mar sin orillas, y ser canto, roca, espuma rasgada en un agua fría.
«Mar de sombras infinito, profundo mar, tu vigía en ti seré si me arrastras en las aguas que no brillas.
Profundo mar, quiero ser agua olvidada, huidiza. Quiero embarcarme en la ola que va y que muere en sí misma.
Ya que no puedo arrancarme de mí, encallaré la quilla en tus riberas lejanas, nocturnas... mar sin orillas».
2
Ardiendo voy sin ser llama, rumbo sin rumbo a tu puerto; braceando entre las olas, náufrago en el mar del tiempo.
¡Puerto de Dios!... Roca viva, luz bronca y dura en mi pecho, oleaje entre mis manos, pleamar y a contraviento.
Rebota el agua en el muslo, por dentro me arrastra el fuego, ¡puerto de Dios!, muerdo el agua como si mordiera el cielo,
muerdo mis labios febriles, aprieto el agua en mis dedos, te grito loco en un ansia de saciarme y... nunca puedo.
Abrazado locamente a mi dolor te deseo... En vano: con tu amor siembras en mi sangre un nuevo infierno.
EL RÍO
Tus verdes senos abiertos aún me llevan amarrado, río de sombras. Arrumbas tu sonar oscuro y largo y lo dejas en las horas que no pasan, olvidado.
Quiero agarrarme a tus piedras, tu vas rompiendo mis manos y me romperás el alma con el roce de tus cantos.
Río de sombras, que suenas a silencio almidonado, voy por ti y en ti a la mar que me recoja en su abrazo helado de noche inquieta, profundo de dulce horcajo.
Sales de madre en las horas de silencio loco y alto y tu espuma inunda fuentes, miradas, pechos y labios.
Ola de verde silencio resbalada por mi canto, sigo tus pasos revueltos hacia la mar, río abajo.
Olas de sombra reseca me braman en bronco orgasmo y rebotan y agigantan sus ansias en mi regazo.
Dios me condena a ser ciego en un ansia de buscado ... ... El amor huye ...la noche enredada entre los álamos...
LAS ROCAS
Te toco con mis manos, noche inmensa, llenas de luz. Te palpo con mis dedos hundiéndolos en ti. Estas dos manos te alargan sus raíces. Me sostengo con ellas en tu roca. En tu entraña todo me busca. Me abres el sendero que siento largo y frío en lo más íntimo de todos mis más ínfimos anhelos.
II
La luz ciega. Llegaba siempre al alba mi ser. Mi cuerpo lleno por completo de soles diminutos e infinitos que abrasaban los ojos con su fuego, se vio gigante en medio de sistemas planetarios. Llegué a pisar luceros. Todo gigante, inmenso. Luz. Mil soles prendidos en mi ser por siempre ciego.
III
Yo no sé si mis manos se alargaron hundiéndose en los más pequeños reinos, o crecí inmensamente hacia el espacio... No sé... De tanta luz caí en el suelo camino de Damasco, (no quisiera que Dios midiera el ritmo de estos versos), pero hoy amo las sombras... Huyo, huyo... se enraíza en las rocas mi silencio...
y el pulso se me llena de un extraño temblor de encontrar algo que es eterno.
Y Saulo se levantó del suelo y abiertos los ojos, no veía nada” (Hch. 9, 8)
NO HAY PASADO CAPAZ DE HACERNOS SUYO
No hay pasado capaz de hacemos suyo cuando hay algo que brilla y nos sostiene. Caminamos dejando puentes, ríos... presintiendo muy viva nuestra suerte.
El pasado no es. Tan sólo brilla lo inquieto de una luz que es el presente. No empuja a ser lo ido. Nos arrastra alguien que ya es muy nuestro sin tenerle.
Nos arrastra hacia sí entre sus manos algo incierto... y más cierto que la muerte: un profundo clamor. No es el pasado, es todo un por-venir de otra vertiente.
Cuando el tiempo se rompa como un agua en su fuga las almas todas lleve, formaremos un mar de vida sólo y la noche tendrá fulgor celeste.
y luego... cuando todo se haga calma el tiempo ¿ a dónde irá? ¿Seguirá siempre rompiéndose aún sin fin entre las rocas de la orilla infinita y conteniéndose, o quizás morirá la última ola en las playas del ser eternamente...?
EBRIEDAD
Hoy me embriagué de noche (no sé cómo explicarme) Aún rompo entre mis ojos su lúbrico oleaje. y llueven sombras, sombras que crecen y se esparcen poblando de regiones tristísimas el aire. y mana sombra el río, a sombra huele el valle, el monte donde crece, la fuente donde nace. Es todo sombra. Aprietan el ser. Sus pasos frágiles se pierden. Luego en olas locas de frío arden.
«¡Oh noche!, no soy tuyo ni mío. Soy de... nadie. Soy sombra de mi sombra... (no sé dónde agarrarme...) y me apretáis furiosas olas, rompéis mi sangre, os la bebéis sentadas al pie de cada tarde».
… … … … … … … … …
«¡Olas frías!, tenedme en lo vuestro aún. ¡Salvadme! ¡Llevadme, por lo menos...! y yo en vuestro oleaje pondré fin a inquietudes abiertas a dos mares. También, ya veis..., soy sombra; No mía, no del aire que da lo que no es suyo, ni aún vuestra... Soy de nadie».
CUANDO EL ALBA
Siento en mi carne la brisa cansada de nombres. Grito en las tinieblas y corro hacia dentro de mí mismo.
Resquebrajado ya el muro soledad de estos mis cinco sentidos, no da ya sombra a esto que hoy es tan mío.
Por eso quisiera ya derramarme en el camino, abrirme a los cuatro vientos sobre el polvo que no piso.
Guárdame tú, noche llena, en tu quietud. En el frío de mi corazón pondremos yo en ti, tú en mí, nuestro nido.
Guárdame esta sombra de todo pie desconocido. Quizá llegará algún día el alba y huya contigo.
HOMBRE DE NOCHE
Se ha colgado de mis hombros en abrazo seco y lúbrico la noche. El dolor se alarga en sombras de antiguos crepúsculos.
-«¡Ay!, déjame, noche fría, tenerte un momento junto a este calor de una ausencia que enloquece por lo abrupto.
Déjame abrazar tus sombras y ser nada más que tuyo... ... mientras sigo este sendero delgado, afilado, duro»-.
Sangrando tallos y rosas madura el alba su fruto: verde aurora, árbol gigante en flor, después arbusto.
«-¡No! Dejadme. Sólo sombras. Dejadme andar por lo hirsuto a solas, pisar cuchillos azules de olor maduro,
hundírmelos en la entraña, llevarlos adentro oscuros e ir bebiendo sombra a sombra la caída del crepúsculo.
¡Noche!, a ti sólo mi beso sólo en tu beso profundo-».
BUSCAMOS QUIZÁS HUIR...
Buscamos completar nuestra existencia. Buscamos largamente un derrotero. Buscamos una luz, y muchas veces la llevamos vivísima muy dentro.
Y rompemos los ojos contra el aire y sellamos los labios contra el viento, y esta huída veloz entre las cosas nos deja ardiendo en medio de un deseo.
Y Dios está en las cosas. Y en el fondo de todas las ausencias, en el tiempo, en lo que aún no es..., hasta en la roca simbólica que grita mar adentro.
DORMIDA SUEÑA
Dormida sueña en mi alma toda una historia de flores. Tengo la brisa cansada entre mis manos sin dones. No tengo nada que dar de mi pasado a la noche.
-«¡Oh la vida... en el instante en que se apaga a los albores de extraña luz! »-. Tengo el alma despertando. Voy sin nombre, sin palabras. Ni un suspiro en el ojal... Mis canciones saben siempre a tierra oscura, a sangre rota... «¿Conoces esta voz con que te busco en mi mismo? ¿No me oyes vociferar entre sombras espesas: ¡amor de noche!! ...?»
Roto el tiempo entre mis manos, rotas mis viejas ficciones me entregaré -cuerpo y alma- a ese mar donde te escondes.
POR QUE HUÍ DE LA LUZ...
¿Por qué huí de la luz y cómo fue...? Todo ello es ilógico y sencillo, mas... no me lo preguntes. Aún ignoro por qué sentí una noche este divino hervor de querer sombras. Patinaban las horas en mi frente, hasta que hundido me vi bajo mi mismo, amordazado en el loco e indomable torbellino del tiempo. Seguí huyendo hacia la orilla y abordé mis más íntimos destinos. Quedé solo en la noche. Dejó el tiempo de ser... y al volver a mi camino sólo sombras llenaban estas manos y este airado gritar, el alma en vilo, estos ojos cansados, estos labios, estas ansias de luz, este vacío... «-Oh la ausencia de Dios plena, adorada, contemplando en las sombras a Dios mismo encontrando un amor virgen al alba que se rompe en temblor de luz larguísimo»-.
(SI ME ESCUCHAS, SEÑOR, EN CUALQUIER PARTE...)
Sentado entre las olas de tus manos te pienso en las mañanas de mis venas, acaricio tu luz temprana y fría besándola, si acierto, cuando llega.
No se dónde, ni cuándo, ni en qué punto cardinal tu perdón me deletrea. Yo sigo en una búsqueda infinita soñando, sí, soñando tu presencia.
Donde quiera que estés, donde te encuentres, allí donde reposes, donde quiera, yo sé que escucharás mi voz... en grito y en susurro y en alma que te espera. (No sé si llega a ti mi voz marchita pidiéndote perdón por mi insolencia).
Si me escuchas, Señor, alguna tarde en que mi onda module tu frecuencia acércate a besarme... que me muero de infinito dolor por tu presencia...
HUÉRFANO DE CIELO
Huérfano de cielo y tierra no tengo nada. No tengo nada donde pueda un día solemne caerme muerto.
Aunque siempre tenga flores en la espuma de mi ensueño, siempre colgado en mis venas el nido azul del silencio,
aunque tenga entre mis manos apretado este secreto, no tengo nada. Tan sólo la noche me tiene lleno.
Por ésa sé lo que sé oído todo en el pecho de la sombra atormentada que me está naciendo dentro.
Guadañas bajo la lluvia, bajo el cántaro del cielo siegan mis días floridos en la estepa gris del tiempo.
Y así me muero... Despacio... gota a gota... mar adentro... pasando las horas muertas en la rosa de los vientos.
MIS OJOS AUN CALIENTES
Mis ojos aún calientes sorbiendo sombra incierta, quisieran ser más tuyos sintiéndote más cerca.
Tú vas bogando sólo en medio de mis venas. No sé si te he perdido muy dentro de mí. Llegas no sé cuándo ni cómo, hueles a mar serena.
Dejas tras ti una estela de polvo azul que ciega, de viento que enloquece, de sangre que atormenta.
¿Por qué, por qué tus pasos resuenan y tu huella no deja en mis entrañas su estela recién hecha?
«¡Señor!, dame un instante tus ojos... ¡Que te vea con mis ojos cargados de luz, no de tinieblas!
¡Desátame estas manos sangrantes y esta rienda, -pasión de noche y sombra que boga por mis venas-! ¡Empújame hacia ti con mi noche pequeña!
¡ Señor, Señor... mi noche... ¡olvídateme de ella...!
Ya sé que la aborreces, que es dura, que no es buena, que quieres arrancármela para librar mi senda... ¡No!, ¡no!, Señor... Arrástrame, y si eres bueno, ¡déjamela! ». La luz, la luz... tus ojos calientes. ¿Por qué alejas, oh Dios, de mí tus pasos perdiéndote en mis venas...?
LA ORILLA
Subamos hacia el monte, toquemos la ladera de nuestra vida.
Toquemos el concepto. Hagamos de palabras un aire o una brisa.
«Habrá una calle larga, una remota orilla, habrá una alta ventana, habrá una recién niña...»
En la tiniebla parda muere el día. El silencio es la noche de la palabra. Encima de las estrellas todo es una noche fría.
Corramos calle abajo, aireemos las colinas para que aprenda a hablar la luz del día.
FIN
ÍNDICE
Pórtico……………………………………………………..
Yo no sé por qué nervio dolorido ………………………… Busqué la luz ……………………………………………… Romper con lo que es ido ………………………………… El océano 1 ……………………………………….. 2 ……………………………………….. El río ………………………………………………………. Las rocas …………………………………………………. No pasado capaz de hacernos suyo ………………………. Ebriedad ………………………………………………….. Cuando el alba …………………………………………….. Hombre de noche …………………………………………. Buscamos quizás huir ……………………………………… Dormida sueña …………………………………………….. Por qué huí de la luz ………………………………………. (Si me escuchas, Señor, en cualquier parte) ………………. Huérfano de cielo ………………………………………….. Mis ojos aún calientes ……………………………………… La orilla …………………………………………………….
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