¡PAZ A LOS MUERTOS...!

(También se pueden silenciar los altavoces)

                                                                                                       

PLEGARIA DESDE EL SILENCIO                                 …

(…de una fosa común) 

Olvidemos el llanto  y empecemos de nuevo…

…Habrá nuevas palabras para la nueva historia

y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde”.

                                 Ángel González

 “Dejadme descansar…  quiero seguir soñando

debajo del azul infinito del cielo,

quiero oír el silencio de la noche estrellada

y el canto del malvís cuando despierta el sol.

Dejad en paz mis huesos, mi alma ya lo está,

quiero seguir mi sueño sin póstumos cuidados…”

 

“¿Por qué queréis ahora, arrancarme de aquí?

¿Acaso la trompeta del juicio final

sonó ya a despertar de la tumba a los muertos?

Aquí yo eché raíces, bajo esta tierra amada

que me cubrió benigna veinte mil y más días.

Aquí la lluvia siempre me visitó en abril

y la nieve en enero me arropó con su mano

y me acunó la brisa ¿qué más puedo esperar?”.

 

“Aquí estoy con los míos, codo a codo con ellos,

juntos hemos caído abrazados al viento.

Aquí estoy con los míos. No queráis apartarnos

de esta madre común, que es la tierra en que yago.

¿Por qué no me dejáis junto a mi propia sangre

que empapó de este surco el lecho que me alberga

y fecundó las flores silvestres con que aroman

este poco de campo tanto tiempo en barbecho?

Llevo aquí muchos años, oculto entre raíces,

habéis pasado cerca, nadie plantó una cruz

ni una rama de roble ni una rosa silvestre

ni un menhir ni una piedra en señal de recuerdo,

solo oí un…: “aquí están…” musitado entre dientes

¿Teníais miedo acaso… al hablar de nosotros?”

 

“¿Por qué ese afán ahora de turbar nuestra paz?

¿Por qué ahora sin más esta explosión de picos

y  palas, de forenses, de certificados médicos

después de tanto tiempo… ¿Por qué? ¿por qué? pregunto.

Y mis huesos se quejan y protestan de nuevo,

porque apenas mis ojos aciertan a ver nada,

ni siquiera conozco la voz de quien nos busca

pues muy pocos, Dios santo, elevaron al cielo

una oración, un gesto o un deseo de paz

aunque escondan mi foto y un recorte de prensa

entre las hojas muertas de un viejo diccionario”.

 

“Dejadme, por favor, descansar del recuerdo,

y al borde del camino ver al mundo pasar.

Quiero escuchar los grillos despertando la aurora,

-mis compañeros siempre desde sus escondites-,

y sorber gota a gota el rocío del alba.

Por favor quiero paz. Y no sembréis más odio

envuelto en compasión. Olvidad la justicia,

que acaba ajusticiando, habladnos de perdón.

¿No escribís en las tumbas ¡que descansen en paz!?

Pues ya estamos en paz  y en paz seguir queremos”.

 

“No busquéis vuestra paz a costa de la nuestra.

Buscad más bien perdón y un abrazo de hermanos,

de otra forma la guerra seguirá en vuestras almas

y se hará carne un día y el fuego y la metralla

sembrará vuestros campos de ceniza de nuevo.

No nos busquéis por cómplices ahora en vuestras luchas

ni hagáis con nuestras ropas banderas partidistas

no nos llevéis tampoco a vuestros cementerios

juntando nuestros huesos con los huesos de aquellos

salvados, quién lo sabe, a costa de qué sangre…”.

 

“No nos  llevéis, os ruego, de nuevo  al paredón

de ese nicho de mármol de vuestro camposanto

para seguir oyendo rencores solapados,

venganza a flor de piel, sabor a sangre y odio

de aquellos cuyas almas no saben perdonar.

Con el odio en los labios y el rencor en el pecho

seguiréis fusilando en vuestros corazones

a quienes nos mataron. Y seréis asesinos

igual que fueron ellos. Y así seréis los mismos

con el tiempo, los mismos que maldecís ahora”.

 

“Y no olvidéis: también vendrán nuevos fosores

a exhumar las palabras, aquellas que enterrasteis

de profetas de hoy día develando injusticias

y de ancianos que mueren en lóbregos asilos

pues su  muerte es tan negra o más que fue la nuestra

y que fue silenciada en tierra y en olvido.

Esa fosa común también será excavada

y brotarán sus voces por montes y sembrados

o surgirán acaso del suelo, porque todo,

todo lo que es semilla germina con el tiempo

y brota de la tierra en hoja, en flor y en fruto”.

 

“Os pido una vez más. ¡Dejad en paz mis huesos,

en la paz de este campo tantos años mi hogar….!

Que esta tierra es sagrada y este campo es tan santo

como cualquier osario o cripta bendecida.

En plena ecología fui sembrado sin más,

tumba que tantos aman pues en ella se vierten

por expreso deseo, tras morir, sus cenizas.

¿Qué importa que mis huesos los honréis unos años?

Volverán al olvido en tres generaciones

y una fosa común más indigna que esta

borrará  mi recuerdo para siempre jamás”.

 

“Seguid vuestra andadura porque el ayer no es nada

y el futuro está ahí cargado de esperanzas

y no tratéis os ruego, de rescatar más muertos

pues los muertos son huesos, nada más que unos huesos…,

¿Reconocéis acaso a vuestro abuelo en ellos?

Cultivad la ternura, la amistad y el amor

enterrad vuestras armas, y con ellas el odio

el afán de revancha que es semilla del mal”.

 

“Elevad a los cielos una plegaria al menos

y con rosas y mirtos trenzad una corona

-solo flores silvestres, -por favor-, y con ella

gritad conmigo al mundo que a pesar de la muerte

a pesar del horror, la tortura y la sangre

aún hay paz… esta paz que ya es nuestra, muy nuestra

y un día será vuestra pues es la paz eterna,

ganada por nosotros aquí bajo la hierba

tantos días y años entre el cielo y la tierra”.

 

“Dejadme descansar, quiero dormir en paz

este sueño de olvidos. No rompáis mi silencio.

No me apartéis ahora de esta mi tierra hermana

tantos años abrigo, tanto tiempo a mi lado,

os  pido que con ella me dejéis descansar

junto a mis camaradas de vida y sepultura

hasta el día final. No me agradan los ritos

ni las exequias póstumas ni el olor del incienso.

Lo que sí pido a Dios, al Señor de los cielos,

-es mi fe- que mis huesos recubiertos de carne

resuciten un día de verdad y gozosos

a la paz sin rencor de una vida sin fin

que prometió a los suyos y a quienes tras su huellas

han muerto en el calvario de una tarde cualquiera”.

 

 

J. M. F.