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MARÍA...
(en la novela MARTA Y MARÍA de Palacio Valdés)
No hace mucho llegó a nuestras pantallas un film de Margarethe Von Trotta, titulado Visión, que recoge la vida de Hildegard Von Bingen, una monja bernarda que vivió en tiempos de las Cruzadas y de los enfrentamientos entre el Papa y los reyes. Andaban también por medio cátaros y albigenses. Una monja excepcional y acaso muy poco conocida. (1) (1) Título original: Vision. Aus dem leben der Hildegard Von Bingen. Dirección y guión: Margarethe Von Trotta. Estreno en Alemania: 24 Septiembre 2009. Estreno en España: 27 Agosto 2010. Pues bien, dicha película nos trae a la memoria otra monja, a nuestra María Elorza, que también gozaba leyendo las proezas de Malek Adhel en Matilde o las Cruzadas y que, llevada de su pasión por la fe, se había hecho enlace de una conjura carlista conspirando contra del gobierno liberal de la Reina Isabel que ella juzgaba un deber derrocar. Lástima que únicamente se haya llevado a la TV y nunca al cine. Seguramente un buen director le hubiera sacado también mucho partido. Marta y María es la novela de Avilés, lo mismo que La Regenta es la novela de Oviedo. Curiosamente ambas novelas se hermanan desde la cuna, viendo la luz en la misma editorial, “Arte y Letras” de Daniel Cortezo, Barcelona, ambas sufrieron en sus comienzos el saqueo por los mismos editores, ambas fueron tildadas de anticlericales pues una y otra describen, critican y se desenvuelven en el clima seudoreligioso de su ciudad o villa… Volver una y otra vez sobre sus páginas para tratar de exprimir sus contenidos no solo literarios sino biográficos, religiosos, históricos o culturales, creo que puede ser un buen ejercicio. Ello redundará siempre en una lectura más gratificante y provechosa. Lógicamente hablaremos de María, y solo tocaremos algunos aspectos relacionados con la Villa donde se desenvuelve la acción.
EL CARLISMO
Hay dos temas recurrentes en Marta y María que podríamos sintetizar en el carlismo de su “mística” y en la mística de su “carlismo”. Nos fijaremos en el primero brevemente, dejando la mística para otra ocasión. Don Carlos María Isidro, (Carlos V) hermano del rey Fernando VII, exigía la corona en razón de la Ley Sálica por la que las mujeres no podían heredarla. Fernando VII suprime dicha ley a favor de su hija Isabel, en torno a la cual se reúnen los partidarios de las reformas liberales fruto de la Revolución francesa e industrial. En torno a don Carlos se encuentran los partidarios del Antiguo Régimen compuesto principalmente por miembros de la Iglesia y de la aristocracia. Carlistas o realistas dominaban principalmente el mundo rural tratando de conservar la fe como herencia intocable y sacrosanta de la Historia. En cambio los isabelinos o liberales tenían más partidarios en las ciudades y villas, en las que empezaba una nueva sociedad moral y materialmente nueva. Avilés urbana y rural participaba en ambas. Políticamente y según la trama de la novela, aunque nos encontramos en torno a la tercera guerra carlista (1872-76), los hechos no encajan del todo ya que se supone que María ingresa en las bernardas unos años antes de su exclaustración y esta tuvo lugar en 1868. Guadalupe López Ferrer en “Palacio Valdés y el mundo social de la Restauración” (Oviedo, 1983, pp.103-104) y Paco Trinidad en el prólogo de su edición (p. 32), hacen un apretado y certero resumen del carlismo de María, un carlismo sui géneris pues la futura novicia sin definirse carlista abiertamente, aunque toma parte activa en una conjura de realistas o absolutistas avilesinos, lo único que pretendía era salvar la fe y la Religión que los isabelinos liberales atacaban: “Yo estoy unida con toda mi alma a una conspiración…., yo trabajo con todas mis fuerzas por el triunfo de la causa de los buenos. ¡Bien sabe Dios que no me importa nada que gobiernen unos u otros ni me ha arrastrado a tal proceder ninguna consideración terrena! (o sea, política) Pero he visto y estoy viendo maltratada mi religión y sus ministros…”. (p. 278) (1) (1) La paginación remite a la edición de Francisco Trinidad, Marta y María, Laviana 2010) Y para defenderla María no tiene inconveniente en asistir a las reuniones secretas, en arengar a los conspirados, en aportar dinero y facilitarles incluso armas, fusiles y municiones que ella ocultaba en su casa, según manifiesta sin ambages ante el Comité de guerra que la juzgaba. (p. 300)
SUCEDIÓ EN AVILÉS
Lo que sucedió históricamente en dichas fechas nos lo cuenta J. García San Miguel, Marqués de Teverga, apoyado en el manuscrito de David Arias publicado años después. Si nos remontamos cuarenta años atrás, “ya en plena primera guerra civil carlista (1833-40), la villa sufrió bastantes inquietudes y sobresaltos, pasando no pequeño susto el día 6 de Julio de 1835 el Alcalde D. Galo de las Alas y otros concejales, que abandonaron sus puestos por temor a los facciosos, siendo preciso nombrar una junta de defensa”. A ella pertenecían los curas párrocos de Avilés (San Nicolás) y Sabugo. Hay otro acontecimiento que sobresaltó a la villa en octubre de 1836: “Una partida carlista mandada por el titulado oficial don Bernardo A. Valdés, escribano de las Bárzanas llega a Avilés, y con este motivo el teniente Coronel D. Bernardo Carvajal, avencindado en la villa, dio cuenta a la Junta de un oficio del general Gómez, fechado el día anterior en el Cuartel general de Oviedo, en el que se le nombraba comandante de armas de Avilés y su concejo. Limitose a pedir raciones, volvió tres días después a recoger las armas de los milicianos, incautándose de ellas sin molestar al pueblo, y abandonó la villa para incorporarse al grueso de la partida en los altos de (La) Miranda, mientras el entusiasta carlista Fray José Vega, apenas tuvo noticia de la llegada a Oviedo de la división mandada por Gómez, corrió al exconvento de San Francisco a tocar las campanas, y, rodeado de muchachos, festejó el suceso disparando cohetes”.(2) (2) Algunos frailes se hicieron famosos en distintos puntos de España por lo mismo, repicando las campanas con motivo de alguna victoria años atrás, durante la francesada. “·Avilés tenía verdadero entusiasmo por la causa de la Reina, y por su amor a la libertad; así que recibió la Constitución de 1853 con verdadero júbilo, y después de celebrar las exequias por los valientes que murieran en el sitio de Bilbao, proclamó el Código con gran solemnidad en la Plaza Mayor desde un tablado que ocuparon el Ayuntamiento e invitados al acto, al que asistieron la formación de la milicia nacional y carabineros, celebrándose este fausto suceso con el mayor regocijo y festejo populares”. (3) (3) J. García San Miguel. Asturias de B. y Canella, Avilés, pág. 237)
Esquela funeraria de Carlos VII (anverso)
Algunos datos, más en consonancia cronológicamente con los descritos en la novela, son los que aporta el presbítero Manuel Álvarez: “…el 27 de octubre de 1874, entró en nuestra villa otra pequeña partida, exigiendo al Municipio trescientas raciones y veinte mil pesetas en metálico. Era entonces alcalde Don José Viña, y ante la negativa de este a satisfacerlas, se suscitó una escaramuza, en la que desgraciadamente, hubo derramamiento de sangre, resultando muerto por temeraria imprudencia, el vecino Pablo Suarez Solís, y más tarde otro también de los carlistas” (4) (4) Manuel Álvarez Sánchez, Avilés… Madrid, 1927, pág. 405). El ambiente descrito por los historiadores avilesinos nos puede dar una idea para situar si no las fechas sí el escenario carlista en el que Palacio Valdés trata de situar a María.
EL “DETENTE”
Un capítulo trufado de carlismo es el capítulo III titulado “La novena del Sagrado Corazón de Jesús”. En él se narran las inquietudes no sólo místicas sino políticas de María encarnadas estas en su libro de cabecera “Matilde o las cruzadas” y que nos introduce en la alianza que la protagonista hace entre su inquietud religiosa y el carlismo. María asiste a la novena en la iglesia vieja de san Felipe. Al final y desde el gran pórtico que protegió algún tiempo la puerta principal, acompañada de Genoveva emprende el camino hacia casa.
Detente 1 2 Soldados carlistas con el detente
María recibía cartas de su tío, el marqués de Revollar, alto cargo entre los cercanos al Pretendiente. Le escribía desde Bayona. Dentro venía carta para don César “el hilo por el que la conspiración carlista de Nieva se anudaba con la de las altas esferas de donde partían las órdenes”. “Don César era un caballero anciano, alto, delgado, pálido, con perilla y grandes bigotes blancos, vestido de negro de pies a cabeza… sus ojos, de una extraña firmeza que rayaba en la ferocidad”. Era el jefe de los carlistas en Avilés que estaban fraguando la revuelta. Venía de Francia de donde había recibido las consignas. Este caballero que caminaba a distancia bajo los soportales de una calle estrecha y solitaria (La Ferrería), se acercó a María y le dice: - Señorita…. Esta noche llegué de donde usted sabe (¿Bayona?)… ¿Ha terminado usted de bordar el estandarte? -Sí señor. -¿Y los corazones de franela? - También” (p. 115) Estos “corazones de franela” han tenido mucha importancia no solo entre los carlistas sino entre los requetés en otras muchas revueltas como protección milagrosa contra las balas. Son pequeños trozos de franela sobre la que va impreso un corazón con los tres símbolos de la Pasión, tal como se apareció el Corazón de Jesús a santa Margarita: la llaga, la corona y la cruz, con una leyenda “Detente bala” o “Detente enemigo…”, y de ahí que se les conociera con el nombre de “detentes”. Había muchos modelos y tuvieron gran difusión en Francia de donde partió la devoción en el s. XVIII, y pasó luego a España. (5) (5) Así lo define el Dicc: Recorte de tela con la imagen del corazón de Jesús y la leyenda “detente bala” que ponían sobre el pecho los combatientes del bando de don Carlos en la guerra carlista. (María Moliner)
EL CAFÉ LA ESTRELLA
También tenemos perfectamente localizados en la plaza a la que se accede desde la calle, “la del Ribero”, no solo el café sino la tienda de quincalla que aparece en la novela. El café La Estrella, frente al Ayuntamiento (p. 198), no es otro que el café El León de Oro que existía en 1866 en la primera planta. Debajo había un comercio. Ambos se describen apenas iniciada la novela del siguiente modo: “La casa Elorza… con balcones a la plaza del pueblo amplia y hermosa como la de una ciudad… Allá a los lejos, en la esquina, aun permanecía abierta una tienda de quincalla; mas podía verse la sombra del dueño cruzar con frecuencia por delante de la puerta arreglando ya sus cosas para cerrarla. En el piso principal de la misma casa, los balcones se hallaban abiertos de par en par. Por ellos salían voces, risas desentonadas y chasquidos de bolas de billar, que afortunadamente llegaban muy debilitados al soportal. Era el café de la Estrella, concurrido hasta las altas horas de la noche por una docena de indefectibles parroquianos”. (pág. 58, y 59)
El Eco… El León de Oro
En El Eco de Avilés (1866-68) encontramos un anuncio desde el primer número que dice así: “En el establecimiento de D. José Suárez Canél, plaza de la Constitución, bajo el café León de Oro, se ha recibido abundante y variado surtido de géneros de algodón, lana y seda del mejor gusto que ofrece al público con la posible equidad. Es otro de sus artículos quincalla, herramientas, serrotes, sierras de aire y vidrio a preciso de fábrica”.(6) (6) El Eco de Avilés, 3 de junio de 1866, nº 1, p.8). En el penúltimo número publicado el 24 de mayo de 1968, ofrece además cera para los oficios litúrgicos. Por tanto sabemos el nombre del café e incluso el del dueño de la tienda de quincalla, sita debajo: D. José Suárez Canél (sic) que debía de ser una persona preocupada por la vida y los aconteceres de la Villa puesto que el día 7 de diciembre de 1868 publica en “El Faro Asturiano” (Oviedo 1856-1873, de tendencia liberal) un artículo acusando al Ayuntamiento avilesino de despojar a las monjas bernardas de su convento sito en la calle San Bernardo, al ser destinadas al convento de las Pelayas de Oviedo. Las Actas del Ayuntamiento del día 9 de diciembre recogen la noticia sintiéndose injuriada la Corporación por considerar que tal escrito atenta contra su dignidad y contra la de todo el pueblo. Acuerdan acudir al Juzgado.
LA CALLE DE LA FERRERÍA
En el c. III, finalizada la novena al Sagrado Corazón, ya hemos visto un personaje (don César) que también sale del templo siguiendo a María y Genoveva cuando estas emprenden el camino hacia casa. Dice el novelista: “Al entrar en el soportal de una calle estrecha y solitaria, el caballero (don César) apretó el paso…”. (p. 115) Una calle estrecha y solitaria con soportales desde el templo a la casa de los Elorza no puede ser otra que la calle de La Ferrería. Luego se deduce fácilmente que el templo no debe ser otro que el viejo de San Nicolás.
La Ferrería porticada
En el c. XV titulado “Gocémonos amado...” cuando la futura monja se dispone a la toma de hábito se describe el desfile en el que aparece la novicia en una magnífica carroza abierta tirada por caballos blancos…, y lógicamente partiría de la casa de los Elorza. “La carroza seguía su carrera majestuosa… Desde dos o tres casas dejaron caer sobre ella un diluvio de … pétalos… algunos quedaron enredados en el cabello”.(p. 336). El hecho de que dejaran caer sobre ella un diluvio de flores, parece encajar mejor que fuera desde balcones de la estrecha calle de la Ferrería, que de los de alguna otra cercana. Aún aquilata más el novelista cuando la carroza pasa por delante del palacio feudal de los Peñalta “cuyas vetustas paredes… arrojaban sobre la calle un manto de sombra”. Y por si hubiera duda de qué palacio se trata dice a renglón seguido “María… pasó sin dirigir siquiera una mirada furtiva a los góticos balcones…”, (p. 336) descripción arquitectónica que descubre a todas luces que se trata del palacio de Valdecarzana, en la citada calle. Por tanto María y la comitiva se dirigían por ella al viejo templo de San Nicolás.
EL TEMPLO DE SAN FELIPE
La descripción de la iglesia de San Felipe en la novela no coincide plenamente, con ninguna de las dos de la Villa, pues ninguna de las dos tiene tres naves, solamente constan de una central y capillas a los lados, teniendo la antigua de San Francisco un amplio crucero posiblemente destinado al coro de los frailes. Por tanto uno se inclina a pensar que Palacio Valdés guarda de ellas en su recuerdo la suntuosidad que le pareció ver allá en su niñez. Suele suceder. Salvo varios detalles descriptivos magnificando el escenario, en todo lo demás no cabe duda, a mi entender, de que se trata de la vieja y recoleta iglesia de San Nicolás.
Iglesia de San Nicolás, hoy PP Franciscanos
En primer lugar lo que más llamaría la atención en 1873 a la hora de describir una iglesia, sería la torre de la de San Francisco, hoy San Nicolás, que aún sigue adosada a la fachada de la que no se dice nada. En cambio en la antigua de San Nicolás, en aquel tiempo sí tenía adosado ante la puerta de entrada un gran pórtico, según aparece en antiguas litografías, y removido con el fin de dar vista al arte románico que encubría. En el camino que recorren “ama y criada” desde la calle del Ribero hacia el templo, con motivo de asistir a la novena…, “atravesaron la plaza por uno de sus flancos, internándose por una calle estrecha, larga y solitaria… (p. 104) y llegaron a cierta plazuela, no muy espaciosa, donde se alzaba la fachada parda y severa de una iglesia que no llamaba la atención… Atravesaron un pórtico grande y pardo como la fachada y entraron…” (p. 106) Aunque algunos anuncios de La Luz de Avilés (1884) también se denomina “plazuela” a la de San Francisco ¿qué otra calle e iglesia puede reunir en Avilés estas características? Finalmente y después de recorrer la supuesta calle de La Ferrería hay otro dato a favor de la antigua iglesia de San Nicolás: “Cerca de la puerta (de la iglesia) se hallaba la (puerta) del convento por donde penetraron, internándose en un largo y sombrío claustro…” (p. 338). Desconozco el plano y distribución del Convento, hace años derribado y sustituido por viviendas. Palacio Valdés que sí lo conoció, da a entender que la puerta principal, o al menos una, estaba cerca y daría supuestamente a la plaza de Camposagrado. Desde la puerta de la Iglesia aún hoy se puede ver perfectamente a poca distancia la entrada de la calle de San Bernardo donde sabemos que se levantaba el Convento y para llegar a él bastaría con atravesar dicha plaza o poco más.
LA MADRE DEL AMOR HERMOSO
Entre las frases de admiración, y los requiebros y elogios que recibe a su paso (la plaza estaba llena de curiosos) quiero fijarme en uno que dice: “¡Qué traje… vino ex profeso de París. No quiso vestirse de tisú. Las casullas que se habían de hacer de él las regalará por separado, y el vestido quedará para la Virgen del Amor Hermoso”. (pp. 335-336) La advocación de Santa María Madre del Amor Hermoso, es venerada desde los primeros siglos del cristianismo pues ya en el siglo V es mencionada por san Ambrosio, y a lo largo de la historia han sido muchos los Santos y Papas de nuestra Iglesia los que han hecho referencia a dicha advocación que señala a Jesús como el Amor Hermoso con quien los cristianos debemos identificarnos. La teología de la Madre del Amor Hermoso ha sido desarrollada en nuestra historia más reciente. El mismo Juan Pablo II en una Carta a las Familias, hace todo un recorrido sobre esta advocación invitando especialmente a los matrimonios y a los jóvenes a encomendarse a Ella. (7) (7) Carta a las familias, 20. Dos de febrero de 1994.
Papeleta aviso Imagen (reverso) Imagen actual Imagen en Versalles de la Archicofradía
En Avilés también existía esta devoción desde antiguo. La imagen a que se refiere la novela pertenecía a una Archicofradía que existió en la Iglesia de Santo Tomás desde tiempo inmemorial. Y que María pertenecía a dicha archicofradía se deduce del siguiente pasaje: “A sus oídos llegaba muy aumentado el ruido de los excesos revolucionarios… Las amigas y compañeras de cofradía la solicitaban para que hiciese con ellas novenas de desagravio a la Virgen…” (p. 271). La imagen con una guirnalda entre las manos tiene bajo ella una leyenda: “Después de Dios lo soy todo”. Se encontraba su imagen en la sacristía de Sabugo, retirada del culto y fue donada a la parroquia de Versalles, que no tenía imagen de la Virgen. En la cédula que se daba mensualmente como recordatorio a los cofrades se podía leer el aviso de asistir el primer sábado de mes, día…, con Misa y Comunión y Sabatina de la tarde, rezos aplicados a intención de una cofrade difunta. Se imponía visitar a una invocación de determinada iglesia el día señalado. Se añade el nombre de la Cofrade y el Coro al que pertenece y termina con la advocación A.M.D.G. suplicando la asistencia. Es un dato a añadir a las devociones del Sagrado Corazón, Primeros viernes, Novenas, Mes de mayo, etc. que practicaba la futura novicia.
Iniciábamos estos folios diciendo que Avilés tiene en Marta y María su novela, una gran novela. A poco que se aprieten sus páginas destilan historia, sano misticismo si se sabe interpretar su fina crítica, rincones familiares, personajes, templos, plazuelas y calles que siguen siendo transitadas a diario. Sin duda con un examen un poco más riguroso y detenido se podrían descubrir muchos más aspectos a considerar: el ferrocarril, La Ría, el puerto…, etc. Hoy solamente hemos querido citar algunos que también nos han parecido interesantes. Y si para amar a un pueblo es preciso conocerlo antes, (nadie ama lo que desconoce), cuanto más nos adentremos en el corazón y en el alma de esta villa en que vivimos, parte de la cual se refleja en la novela, más y más será objeto de nuestro amor, respeto y veneración.
José Manuel Feito
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NOTAS
(1) Título original: Vision. Aus dem leben der Hildegard Von Bingen. Dirección y guión: Margarethe Von Trotta. Estreno en Alemania: 24 Septiembre 2009. Estreno en España: 27 Agosto 2010. (2) La paginación remite a la edición de Francisco Trinidad, Marta y María, Laviana 2010. (3) Algunos frailes se hicieron famosos en distintos puntos de España por lo mismo, repicando las campanas con motivo de alguna victoria años atrás durante “la francesada”. J. García San Miguel. Asturias de B. y Canella, Avilés, pág. 237. (4) Manuel Álvarez Sánchez, Avilés… Madrid, 1927, pág. 405. (5) Recorte de tela con la imagen del corazón de Jesús y la leyenda “detente bala” que ponían sobre el pecho los combatientes del bando de don Carlos en la guerra carlista. (Dicc. de María Moliner) (6) El Eco de Avilés, 3 de junio de 1866, nº 1, p.8. (7) Carta a las familias, 20. Dos de febrero de 1994.
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