JOSÉ MANUEL FEITO

 

  

JESÚS DEL ATARDECER

 

 

  

 

 

 

 

 

AVILÉS 2006

 

 

 

 

 

 

 

    “¡Oh Jesús, amor del atardecer de mi vida! Alégrame con tu vista en la hora de mi partida. ¡Mi Jesús del atardecer! haz que duerma en ti un sueño tranquilo y que saboree el descanso que tú has preparado para los que te aman”.

Gertrudis la Magna

 

 

 

 

 

 

 

A Ti, Dios escondido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El retablo del altar mayor del antiguo monasterio de Valdediós (Villaviciosa), se compone de tres cuerpos. En la parte inferior aparece la muerte de san Bernardo, el Viaje de san Roberto..., en el centro, además de la hermosa imagen de la Asunción de María, están san Esteban y san Alberto. En la parte superior: santa Eduvigis, santa Teresa de Portugal (mujer de Alfonso IX)... y santa Gertrudis la Magna tan poco conocida como extraordinaria e insigne mística entre los místicos.

Mi curiosidad nunca se había remontado a más altura que a la de la hermosa talla de la Asunción, a pesar de los años de estudiante que pasé en aquel frío caserón, y de las interminables horas de recogimiento en aquel templo de piedra viva. Un día alguien me descubrió, entre otras, la figura de santa Gertrudis en lo más alto del retablo. Me dediqué a conocerla. Su vida se derrama en sus escritos que respiran amor a Cristo en cada página. Tiene párrafos que conmueven por la unción y el misticismo. A ella se atribuye la cita que va al frente del poemario y que le da título al libro. Ella quiere estar de telón de fondo de mis versos. En su hermoso libro “Heraldo del amor divino” vierte su alma de contemplativa. En ella habría que inspirarse cada día por ver de contagiarse de ese su amor al Cristo de la Cruz, corazón abierto en llamas, al Jesús del sagrario en horas de silencio, quietud o desamparo, al Jesús del atardecer...

 

En la poesía mística abundan unas estrofas más que otras: la lira, el romance, el cuarteto... Los místicos no canonizados como Lope de Vega, Francisco de Quevedo, los anónimos, etc. prefieren el soneto, estrofa en la que me he sentido más a gusto por varias razones. En primer lugar por el peso que ha tenido en nuestra formación espiritual el soneto más citado “a Cristo Crucificado” que une en admirable equilibrio la austeridad del lenguaje con la hondura del amor perfecto al Jesús del Calvario. Su autoría, por más atribuciones que se le han hecho, quedó en el anonimato, una virtud más que viene a enriquecerlo y que yo hubiera deseado para estos mis poemas. Creo que un regreso a los clásicos, al menos en algunos aspectos, no le vendría hoy mal a nuestra poesía. Se distancia actualmente tanto en ritmo y rima que si no fuera por la riqueza de imágenes de que algunos poetas hacen gala habría que decir que nos quedamos con muy poco, incluso algunos críticos en sus glosas superan en altura y poesía al mismo poemario que comentan. Si a esto se añade un inexplicable alejamiento de lo místico y sagrado hay que concluir que algún cuerpo extraño está contaminando nuestra más moderna labor poética.

 

La dedicatoria del libro alude al Dios de la Eucaristía y de algún modo también a la Santa Trinidad: a Ti (el Verbo), Dios (Padre) escondido (Espíritu Santo), que escondida es y debe ser su misión ya que consiste no en manifestarse Él sino en manifestar al Hijo. Dios escondido encierra todo lo que tiene de mística la poesía. La palabra mística, viene del griego μύω (cerrar) y de algún modo ocultar. Por tanto Dios escondido en la palabra, en el pan, en la cruz, en el camino, en la tarde... es el Dios místico por excelencia.

 

Finalmente tratándose de poemas de tema místico parece que se debería hablar un poco más de amor, amor a Dios, amor del alma enamorada hacia el amado. Se insinúa a veces, sin embargo aquel que vive enamorado más que de amor acostumbra hablar de la persona amada, en nuestro caso de Jesús: el Jesús del sagrario, el Jesús de Palestina, el Jesús del camino, y como al llegar a cierta edad uno trata de vislumbrarlo ya en el horizonte... ¿como no? el Jesús del atardecer.(*)

 

 

 

(*) Este poemario completa dos anteriores: Pasión de noche (1954) y Cuánta noche en mis manos.(1986).

 

 

  

 

 

 

 

 

JESÚS DEL CAMINO

 

 

 

 

 

UN SONETO, DOS...

 

Un soneto, dos, cuatro, no sé cuántos

me nacen cada día entre los dedos,

convierto así mis dudas en enredos

y mis penas en súplicas y cantos.

 

Unas veces son lágrimas y llantos

otras veces canciones o remedos,

y así espanto con música mis miedos

dejando a flor de labios mil quebrantos.

 

Busco un verso, lo limo, lo completo

de cadencias y rimas rodeado,

urdiendo su textura y su boceto.

 

Trato en vano de hablar de mi secreto,

me escapé de mi ayer asotanado

¿y hoy estoy prisionero de un soneto?

 

 

ME TIEMBLAN LOS AÑOS EN LA MANO

 

Se me ha vuelto el cabello todo cano,

las arrugas se agolpan en mi frente,

me duele aquí y allá continuamente

y me tiemblan los años en la mano.

 

Duermo poco, despierto muy temprano,

desayuno café diariamente,

y me siento lo mismo que se siente

-sin tener tantos años- un anciano.

 

Los achaques, Señor, que tú me envías

son avisos de amor con los que dices

que me quedan ya pocas horas mías.

 

El momento final no lo predices,

que es lo tuyo enseñar a contar días

y es lo nuestro estar siempre de aprendices.

 

 

 

MI VIDA EN TRES PALABRAS

 

¿Que te cuente mi vida en un soneto?

Tres palabras tan solo, y bastaría:

silencio, soledad, monotonía,

de todo lo demás guardo secreto.

 

Me impuse hace unos años como reto

no perder ni un minuto, y todavía

mantengo la palabra, aunque querría

me sirviera hacer versos más de asueto.

 

Doy clase, escribo, leo, abro mis manos

a la gracia que llueve Dios del cielo,

visito a los enfermos y a los sanos,

 

soy dado a criticar, -somos humanos-,

de beatos e hipócritas recelo

pues me tratan mejor los publicanos.

 

 

 

ANA DEL VALLE

 

Estos días he vuelto a las andadas

calles de tu Avilés, amiga mía.

Tu recuerdo llenaba mi alcancía

de rumores y tardes desveladas.

 

Me venían tus versos a oleadas,

buceaba en tu grácil poesía

por ver si hallaba a Dios en la crujía

de tus horas de llanto allí amarradas.

 

Me dijiste una tarde: Soy creyente,

tengo fe en el amor, de él soy amante.

Quien se siente querido nunca miente.

 

Vi crecer, a la par y a cada instante,

su presencia en tu fe de adolescente

y su luz en tu musa suplicante.

 

 

 

 

TAMBIÉN FUI JOVEN YO

 

 

También fui joven yo, también los días

se abrieron en mis manos como auroras.

También yo acaricié dulces demoras

en temblor de inefables utopías.

 

También fui joven yo. Y fueron mías

idénticas caricias que tú añoras

y lloré por lo mismo que tú lloras

y reí con las mismas alegrías.

 

Hoy que veo pasar a las parejas

en alas del amor y de la brisa

sin pararse a mirar ni a oír mis quejas,

 

hoy que nadie me brinda una sonrisa

pensaba, aquí cautivo entre estas rejas:

“¡qué viejo me hice ya... y qué de prisa!”.

 

 

 

YO ERA JOVEN, Y TÚ...

 

Yo era joven. Y tú también lo eras

ya que el tiempo, ay, apenas nos pesaba

anclado en el presente como estaba,

sembrado de ilusión y primaveras.

 

Recogimos entonces las primeras

amapolas que yo coleccionaba.

Nada había sombrío. Yo rezaba

y pedía que nunca te murieras.

 

¿Cómo puede la luz quebrarse al punto

de tener que perder la dicha aquella?

¿Por qué fue Dios tan duro en este asunto?

 

 Tú te has ido. La vida no es tan bella

aunque al pensar en ti, ya ves, barrunto

que Dios te ha convertido en una estrella.

 

 

 

PIEDRA A PIEDRA

 

Piedra a piedra tu casa se elevaba,

crecían sus paredes, parecían

de jaspe y lapislázuli, morían

donde el cielo a ser zarco comenzaba.

 

De piedra y de ladrillo. La habitaba

el rumor de la paz. Nos recibían

las flores del jardín que se entreabrían

cuando el alba naciente las besaba.

 

Con qué amor levantaste aquel tu nido,

con qué anhelo soñaste en habitarlo,

qué pronto pasó el tiempo. Hoy el olvido

 

creció sobre tu nombre hasta enterrarlo.

Qué pronto tu memoria se ha perdido,

qué ingrato es el recuerdo para amarlo.

 

 

 

¿CÓMO VAS?

 

-¿Cómo vas? me preguntan. -Voy tirando,

les respondo,  indolente, a casi todos.

Si alguien habla de mí de malos modos

no me importa, que siga rezongando.

 

Entretanto, ya ves, sigo aguantando,

abriéndome camino con los codos.

Al final, tras doblar tantos recodos

ya no sé si llegué o estoy llegando.

 

Si me olvidan y humillan yo me humillo,

perdono a quien me trata con torpeza,

me río cuando escucho un chascarrillo.

 

Por tener (no hice voto de pobreza)

tengo siempre un soneto en el bolsillo

y a la espera otro más en la cabeza.

 

 

 

ENCERRAR TANTO AMOR

 

Querer encarcelar en un soneto,

entre rejas y rimas, lo que amas,

-dos tercetos, un par de tetragramas,-

causa miedo en el ánimo y respeto.

 

Encerrar tanto amor en un cuarteto

es no oírte, Señor, cuando nos llamas

pues apagan sus cárceles las llamas

que flamean de amor en lo secreto.

 

Son mis versos banal palabrería

que no saben decir lo que uno siente

ni en qué clave entonar la luz del día.

 

Hazme libre de tanta tiranía,

pues, mi Dios, para amarte eternamente

“una sola palabra” bastaría.

 

 

 

RIMAS Y APLAUSOS

 

Cuando escucho a la turba futbolera

gritar después de un gol enloquecida

o aplaudir del portero una salida,

en un campo también verme quisiera.

 

Y rimando un cuarteto a la primera

encontrar la palabra a la medida,

y driblando los ripios dar cabida

a un poema que al vulgo sedujera.

 

¿Y por qué al empezar este terceto

un aplauso no atruena el graderío

si escribir un soneto es todo un reto?

 

Por un gol hay que ver qué griterío,

yo termino feliz este soneto

y el aplauso que escucho es sólo el mío.

 

 

 

SABER SI YA HE LLEGADO

 

Más que en llegar hay que seguir, subiendo

por la senda oropel de la existencia.

Más que en decir: “¡Hay que tener paciencia!”

está en saber por qué se está viviendo.

 

Saber que lo que fue sigue existiendo

y que morir también es una ciencia,

mantener clara y pura la conciencia,

franca, libre y leal en todo siendo.

 

Quiero sentirme útil, no explotado.

Quiero sentirme amado no elegido.

Acostumbro a vivir disciplinado

 

mas detesto sentirme al carro uncido.

Me inquieta más saber si ya he llegado

que seguir confesando cómo he sido.

 

 

 

CON SER BUENO

 

Lucho a brazo partido en mi agonía

por seguir obediente tu llamada,

mi deseo es llegar a tu morada

y mi cruz no encontrarla todavía.

 

Tú me pides, aún más y cada día,

ser perfecto. Me bato en retirada.

¿Ser perfecto? ¿Sin más? ¿Como si nada?

¡Qué más quisiera, oh Dios, el alma mía!

 

En pedir Tú te muestras justo y recto

exigiendo ser santo a cada instante;

me conformo tan sólo con tu afecto

 

y seguir a tu lado en adelante,

mas, Señor, no me pidas ser perfecto,

con ser bueno ¿no piensas que es bastante?

 

 

MAS SI ME ENTIENDAS TÚ

 

Estoy mirando un cuadro. No lo entiendo.

Me dicen que es moderna su textura,

me afirman que así se hace hoy la pintura,

yo quedo mi ignorancia maldiciendo.

 

Y sigo mis recuerdos escribiendo

cuidando por lo menos la escritura.

Yo no sé si es o no literatura

pues escribo y después me desentiendo.

 

Pretendo que me entiendan solamente,

ajeno a todo adorno literario.

¿Entenderá aquel cuadro mucha gente?

 

Yo escribo lo que a solas mi alma siente,

no soy dueño de un gran vocabulario

más si me entiendes Tú ya es suficiente.

 

 

 

LA PAZ DEL OTRO LADO

 

Sé que mi corazón fue un poco lejos

en esto del amor. No me di cuenta

que hace tiempo he cumplido  los sesenta,

volver a las andadas no es de viejos.

 

Escuché y también di muchos consejos

y he puesto tantas veces mi alma en venta

que aunque hoy en mi huida a todos mienta

diré que ardieron naves y aparejos.

 

Ya no estoy para amar ni ser amado,

necesito silencio, paz, sosiego

y no andar por ahí de enamorado.

 

Sufrí mucho y no estoy acostumbrado.

Por eso en esta orilla a amar me niego

a ver si encuentro paz  del Otro Lado.

 

 

 

 

 

 

 

JESÚS DE PALESTINA

 

 

 

 

 

 

MARÍA DEL CAMINO

 

Camino de Belén te vi cansada,

y camino de Egipto fugitiva,

en Nazareth ganando el pan activa

y a Ain Karín caminar apresurada.

 

Perdido tu Jesús, te vi angustiada

preguntando por él a cada escriba,

y te he visto llorar al ver que se iba

de casa, y te dejaba desolada.

 

Te vi junto a la cruz en el Calvario,

roto tu corazón por el dolor,

te vi junto al sepulcro, relicario

 

vacío para ti de tanto amor,

vi tu llanto escondido en el sudario,

pero  nunca te vi sobre el Tabor.

 

 

MENOS DIOS Y MÁS HOMBRE

 

Ni los dos de Emaús te conocieron,

ni en el huerto la ilustre cortesana

conversa, ni en la playa una mañana

los discípulos tu imagen descubrieron.

 

Y cenando después, te confundieron

con un sueño, con una sombra vana

¡un fantasma! y de tu presencia humana

con qué esfuerzo al final se convencieron.

 

Hoy estás tan y tan resucitado

que cual ellos no te reconocemos

aunque vas de camino a nuestro lado.

 

Deja, oh Dios, ese cielo arrebolado

de amanecida luz, que te queremos

más nuestro, menos Dios, más humanado.

 

 

 

JESÚS DE LA TARDE

 

Hoy te veo, Jesús del mediodía,

recostado durmiendo contra un pozo

y pidiendo agua luego, sin rebozo,

a una hermosa mujer ¡quién lo diría!

 

Y hoy te he visto también, amanecía,

-oh Jesús de la aurora, amor y gozo-

unos peces asando y dando un trozo

a los tuyos, en paz y en compañía.

 

Yo que voy de camino, Jesús mío,

tengo sed de tu amor y te deseo,

y de Ti tengo hambre, y desvarío,

 

y te grito al pasar, cual Bartimeo:

“Oh Jesús de la tarde entre el gentío

¡que te vea, Señor, que no te veo!”.

 

 

LLEGASTE HASTA MI ALMA

 

Llegaste hasta mi alma paso a paso

y no en el aquilón sino en la brisa,

llegaste tras la luz de una sonrisa

igual que, alguna vez, tras el fracaso.

 

Llegaste en el silencio del ocaso,

al borde del cansancio y de la prisa.

Tu voz enamorada nunca avisa

para estar a la espera, por si acaso.

 

Llegaste a lo más hondo y más secreto,

quisiste conversar después conmigo,

quedéme yo en tu paz sumido y quieto.

 

Mas luego te he sentido tan amigo

que el alma en ti anegada por completo

no quiere hablar de amor si no es contigo.

 

 

 

OYE, DIOS, MI ORACIÓN

 

Oye, oh Dios, mi oración:

Hoy quiero abrirte

aquí mi corazón de parte a parte.

Me dijiste: “Pensaba en Mí al crearte,

te hice libre, y así debes sentirte”.

 

Si soy libre permíteme decirte

que esa mi libertad quiero entregarte,

no la quiero, Señor, prefiero amarte,

siendo sólo tu esclavo, a maldecirte.

 

¿Por qué entonces mi dádiva rechazas?

¿No dices que soy libre? ¿Por qué quieres

ganar conmigo en vano tantas bazas?

 

Si aceptaras la ofrenda ¡cuántos seres

se verían más libres de amenazas

y Tú, Dios, muy más Dios de lo que eres!

 

 

QUISIERA ARREPENTIRME

 

Yo quiero arrepentirme. Me arrepiento

de todo el mal que obré hasta el presente.

Yo quiero, oh buen Jesús, dejar patente

de tanta pesadumbre el sentimiento.

 

No tengo más defensa ni argumento

que el perdón que me ofreces gentilmente.

Caigo aquí, me levanto nuevamente

y de nuevo a caer diez veces, ciento.

 

Me pides que de hoy en adelante

evite frecuentar la misma senda.

Me dices que serás mi fiel garante.

 

Cuanto en mi mano esté, y de mí dependa

eso haré, pero dame más aguante

pues me falla el propósito de enmienda.

 

 

ADVIENTO

“Et nubes pluant justum”

 

Volverás, nos lo tienes prometido,

a juzgar a los vivos y a los muertos.

Te veremos con ojos muy abiertos

llegar sobre la nube en que has partido.

 

Aunque acaso, más bien, Tú no te has ido,

no es lo tuyo surcar cielos desiertos

o ascender entre angélicos conciertos,

sino esperar aquí a ser recibido.

 

No vendrás sobre nubes. Tu presencia

se irá, como las nubes, condensando

hasta hacerse visible transparencia.

 

Y llenando los aires con tu esencia

más y más a los tuyos te irás dando

hasta colmar de amor nuestra indigencia.

 

 

ASOMARSE AL BALCÓN

 

Asomarse al balcón sólo un momento,

constatar con certeza que he vivido,

regresar al no ser del que he salido

y apagar en su fuente el desaliento.

 

Asomarse al balcón, y oír el viento

susurrar mil ausencias al oído

y los nombres, que acaso obvió el olvido,

y ahogar en lo eterno el pensamiento.

 

La vida es un balcón. Sólo un instante

nos permiten mirar, y después nada.

Con haber visto el cielo ya es bastante.

 

Y admirar, sólo un día, una alborada

o una noche de estrellas rutilante

y agradecerle a Dios esa mirada.

 

 

EN EL NOMBRE

 

Si me llamas no uses mi apellido,

no sé por qué en tu voz me suena a mote.

Es verdad que apellidos son la dote

familiar que de atrás nos ha venido.

 

Pero el nombre con tanta fe elegido

que bendice  después un sacerdote

es más santo que todo ese estrambote

de apellidos que al nombre han añadido.

 

En llamarte sabrás cómo es la gente:

el que siempre apellida nos distancia,

el nombre acerca más, naturalmente.

 

Un amigo del alma, un confidente

siempre al nombre dará más importancia

y hasta sientes que el tono es diferente.

 

 

ME DUELEN LAS PALABRAS

 

Me duelen las palabras cada día,

me duele darme cuenta del engaño,

luchando ¿contra quien? año tras año

mostrando ante la crítica, apatía.

 

Me duele la falaz hipocresía

de tanto adulador, y me hace daño

que el embuste y la farsa, igual que antaño,

sea el método usado todavía.

 

De los golpes me duelen las esquirlas.

Las traiciones de amigos y de hermanos

aprendí con los años a asumirlas.

 

No me hieren sus críticas, ni oírlas,

lo que crispa el silencio entre mis manos

es mas bien lo que piensan sin decirlas.

 

 

 

PENSANDO EN TU PASIÓN

 

Pensando en tu Pasión, rememorando

mi vida convertida en una ruina

soñé que estaba un día en Palestina

contigo junto al lago conversando.

 

Soñé que Tú me estabas arrancando

del alma este dolor espina a espina

y al pairo de la brisa en la colina

soñaba que me estaba enamorando.

 

Sentado junto al mar de Galilea

luchaba en mi ceguera y clamé al cielo,

llegaste y me ayudaste en la pelea.

 

Te pido una vez más: “¡Señor, que vea,

arráncame de mí, calma mi anhelo

e iré contigo luego a donde sea!”.

 

 

EL DON DE LA HUMILDAD

 

Dame, Señor, que pueda prepararme

para sufrir desprecios y agonías.

Dame asumir los fallos de mis días

y no trate jamás de disculparme.

 

Dame humildad, enséñame a humillarme

y si víctima soy de habladurías

que sepa el mundo las miserias mías

y de mis culpas no quiera excusarme.

 

Tú que en la Cruz humillación sufriste,

que te vejaron siendo el Inocente,

Tú que la Vida con tu muerte diste,

 

danos la gracia que nos prometiste,

¿Cómo perderte, oh Dios, eternamente?

Quos redemisti Tu conserva, Christe.

 

 

 

MADRE DIOS

 

Padre Dios, también Madre te han llamado

por ser madre lo más- vida y ternura-

que eleva a la mujer a tanta altura

que a ser casi divina la ha encumbrado.

 

Y si el padre algo de él nos ha legado

la madre es quien nos hace criatura

creciéndonos primero en la cintura,

llevándonos después a su costado.

 

El ser Madre tu paternidad eleva

a dar a luz al Verbo, ¡oh maravilla!

y así  también Adán  tu imagen lleva.

 

Él nace de tu mano y de la arcilla,

mas por Ti también  él fue madre de Eva

pues Eva le nació de una costilla.

 

 

 

 

 

 

JESÚS DE LA EUCARISTÍA

 

 

 

 

 

YA NO ES PAN

 

Camino de la piedra y la tortura

se hace el trigo silencio, molturado

para ser por mi mano consagrado

en la voz que lo siembra y lo madura.

 

Brilla un sol de misterios en la altura,

se oye el viento perdido en el sembrado,

y en un tiempo feliz y acompasado

se acostumbra el buen Dios a su blancura.

 

Mi palabra en sintaxis temblorosa

“es el Verbo hecho carne” repetía.

Y de forma sencilla y amorosa

 

Dios en pan virginal se convertía.

Mas el pan ya no es pan, es otra cosa,

pues Amor es el pan de Eucaristía.

 

 

EL SILENCIO DEL TEMPLO

 

Me causa angustia, hastío, pena, encono

sentir la soledad muda y alada

halitar en mi templo, en mi morada.

Vivir solo y sin Dios es de mal tono.

 

Hoy pido ante la imagen del patrono,

que mi iglesia esté abierta y visitada,

no más tardes la lámpara apagada,

no más días de frío y abandono.

 

Perdido en el silencio de la tarde

-sea invierno, verano o primavera-,

espero que Jesús me escuche y guarde.

 

Y espero que al pisar la otra ribera,

lo mismo que esta lámpara aquí arde

mi amor arda al morir de igual manera.

 

 

SI DIGO AMOR

 

Si digo amor la gente no me entiende

pues hablo al corazón, no al pensamiento.

Mi amor es más que amor, es sentimiento,

no amor del que se compra y que se vende.

 

Mi amor es ese no sé qué que enciende

el ánimo en ternura, no en tormento

y vibra a cada instante de contento,

que amar a Dios también tiene su duende.

 

Por eso una vez más, Señor, te pido:

Anúdame hoy a Ti en estrecho lazo

y olvida mi pasado sin sentido.

 

Que guste una vez más el dulce abrazo

de tanto y tanto amor reverdecido

y muérame yo luego en tu regazo.

 

 

ELEVACIÓN

 

“Alto por alto”, siempre blanca y leve.

¿Lo has adivinado?  Te respondo:

ven, mírala al trasluz, verás al fondo

el silencio del Verbo y de la nieve.

 

Mi palabra hoy inmensamente breve

transustancia en divino su redondo

resplandor celestial, y en él escondo

del gran drama de amor la Parasceve.

 

Aunque es trigo molido aún sus granos

 amarillos de luz el viento mece,

-flor  de harina-  por valles y altozanos.

 

Luego al verla así humilde mi fe crece

y elevándola al cielo me parece

que al fin toco la luna con las manos.

 

 

ERA PAN EL MANÁ

 

Era pan el maná de madrugada,

y maná a nuestros padres regalaste

de por vida, y a cambio les mandaste

no comer de la fruta señalada.

 

Mas no siendo tu orden respetada

del jardín del Edén los arrojaste

y a comer luego el pan los condenaste

con trabajo y sudor cada jornada.

 

Una tarde la gente te seguía

y les diste tu pan. Señor, si puedes

haz de nuevo el milagro de aquel día.

 

Danos hoy de ese pan que el hombre ansía

y con él mira a ver si nos concedes

también hambre, Señor, de Eucaristía.

 

 

 

EN UN POCO DE PAN

 

Cuando digo que Dios es infinito,

eterno, creador del universo,

por mucha infinitud que dé a mi verso

se quedará a unos nombres circunscrito.

 

Y si el cielo taladro con mi grito

o a solas con mi espíritu converso

su Ser y su Existencia tergiverso

pues Dios es inefable e inaudito.

 

Eterno, dice más de lo que digo,

la perfección deslumbra su belleza,

su amor es mucho más que amor de amigo,

 

y Dios es más que Dios. ¿Tanta grandeza

cabe en una porción de pan de trigo?

Mi alma ante el misterio calla y reza.

 

 

PRIMERA COMUNIÓN

 

Primera Comunión de Dios. (¡Qué día

tan feliz!, así rezan las postales

que los niños nos dan en días tales

después de recibir la Eucaristía).

 

Hoy no sé si el buen Dios comulgaría,

sometido a estos ritos iniciales,

aunque en Él siendo Dios y el hombre iguales

doy en ver que al altar se acercaría.

 

Le diría yo entonces:

Ven conmigo,

acógeme en tu pecho, te lo ruego,

comúlgame en tu pan, siembra ese trigo

 

de tu amor en mi yo de amor mendigo.

Comúlgame en tu pecho, y te harás luego

carne mía y, Señor, yo uno contigo.

 

 

LA SOLEDAD DEL TEMPLO

 

El silencio del templo por la tarde

de aquel día apacible de verano

inundaba mi alma, de la mano

de una luz que en la sombra aún brilla y arde.

 

Esa luz, de tan mística cobarde,

derramaba un perfume franciscano

por la nave, y allí, Dios soberano,

de piadosa presencia hacía alarde.

 

Allí mi corazón te visitaba

de niño, ante el sagrario donde moras,

y allí mi corazón se deleitaba.

 

Allí pasé a tu lado muchas horas,

y allí, mientras el día declinaba,

sentí ese dulce amor con que enamoras.

 

 

HABLAR DE AMOR CONTIGO

 

Me dicen que en tus templos, Jesús mío,

pasas días y noches de abandono,

tibieza y desamor. No me perdono

ver tu sombra cubierta de rocío.

 

Por eso vengo a hablar de amor. Confío

velar sin más, ante tu humilde trono

y al par que el surtidor un canto entono

que amague tanta incuria y desvarío.

 

Pero presto se abate el alma mía,

que aún viniendo solícito a tu lado

mi vida es una noche oscura y fría.

 

¡Oh Señor! Tú no estás abandonado,

que en los cielos te sobra compañía

en cambio yo aquí estoy desconsolado.

 

 

 

LA SOLEDAD SONORA

 

Me agrada recorrer en estas horas

de la noche mi templo solitario

recitando los himnos del breviario

y escuchando el silencio donde moras.

 

Si en curar mis desvelos te demoras

me consuela saber que en el sagrario

te desvelas también, es tu calvario

en soledad de estrellas y de auroras.

 

Oigo manar el agua en la fontana

sonora y vertical, frágil salterio

con cadencia de súplica y campana.

 

La luz funde en su paz sombra y misterio

y una  música amiga y gregoriana

convierte  este mi templo en monasterio.

 

 

 

 

JESÚS DEL GÓLGOTA

 

 

 

 

 

 

 

HOY TE MIRO EN LA CRUZ

 

Hoy te miro en la cruz como a un amigo

constante, bueno y fiel hasta la muerte,

dime Tú, por tu parte, de qué suerte

puedo yo darte amor, consuelo, abrigo.

 

Nada importa haber sido tu enemigo

sé muy bien que tu amor aún es más fuerte,

por eso hoy vengo humildemente a verte,

a conversar de amor, Señor, contigo.

 

Abierto el corazón, los pies cubiertos

de sangre, polvo y luz de mil caminos,

me besas con tus labios casi yertos,

 

me miras con tus ojos mortecinos,

y me esperas al fin, en tus divinos,

dulces brazos, de par en par abiertos.

 

 

EL ÁRBOL DE LA VIDA

 

Aquel árbol, el árbol de la vida,

plantado por la mano del Amado

en la cima del Gólgota, ha colmado

su copa, a rebosar, de agraz bebida.

 

Nunca el bosque, sangrando por la herida,

contempló tanta ruina en su costado,

leño verde,  si así Dios lo ha tratado

¿qué no hará en mi madera carcomida?

 

 Como a la vida misma Dios te azota,

como a la misma muerte Dios te reta,

tú sigues madurando la derrota

 

 y desde el fondo de tu pecho brota

un alma de madera que se agrieta

y una savia de amor que no se agota.

 

 

 

COMO UN LIBRO ABIERTO

 

Como un libro abierto, en un alarde

de luz sobre el atril de ese madero,

te contemplo, mi Dios, al reverbero

del amor que en tus guardas gime y arde.

 

Por tu canto dorado habla la tarde

y en tu curtida piel, manso cordero,

han escrito con trazo justiciero

la página más triste y más cobarde.

 

¿Cómo leer así, de carrerilla

tanta letra con sangre y luz miniada

si en amor no pasé de la cartilla?

 

Tu vida en dos palotes rubricada

está escrita con letra procesada

y la mía, ya ves, en bastardilla.

 

 

EN LA BALANZA AMOR

 

El peso de tu cuerpo balancea

los brazos de la cruz. De tus dos manos,

ayer resurrección hoy sueños vanos,

cuelga el viento su tesis maniquea.

 

Te prestas ante Dios como albacea

del Gran Perdón, a cambio tus hermanos

te venden y traicionan ¡Qué lejanos

los días junto al mar de Galilea!

 

La cruz pesa mi vida: en un platillo

tu insistencia, en el otro mi mudanza.

Aumenta más tu amor si más me humillo.

 

Añado un tanto así de confianza,

inclina más la tarde su amarillo

y Tú ahí, en el fiel de la balanza.

 

ALELUYA

 

La cruz es como un dardo

contra el árbol del Bien y el Mal.

En ella está la vida, los diamantes

que rayan el cristal gris de la noche.

 

El corazón del árbol es un rayo

hundido en la corteza de los días,

taladrando la brisa, atormentando

la herida que florece en el silencio.

 

Y el corazón acuna tanto llanto

que la noche se tizna de murciélagos.

Cuelga sombras la tarde de los árboles

y la noche es un mar de desconsuelo.

 

Al tercer día verás, amor, el cielo

lleno de peces, algas, caracolas...

Al tercer día

despertarás soñando un paraíso

lleno de lirios y amapolas.

 

 

DESPUES DE TANTO TIEMPO

 

Después de tantos siglos todavía

se escucha el gotear del desconsuelo

de aquel Viernes de abril y de desvelo

en las sombras que deja al irse el día.

 

Se extingue bajo el sol la lejanía,

la tarde es como un místico revuelo

de sombras que en la brisa envía el cielo

queriendo acompañarte en  tu agonía.

 

No te puedo ofrecer mi vida, es tuya,

Tú la das y la quitas de igual suerte

se esconda el pobre ser, proteste o huya.

 

Pero puedo ofrecerte, oh Dios, mi muerte

-cada ser sí que es dueño de la suya-

todo a cambio, Señor, de no perderte.

 

 

DE RODILLAS, SEÑOR

 

De rodillas me postro, de rodillas

y Tú en la cruz de pie como un soldado

que ha caído y que ha resucitado

trocando el sufrimiento en maravillas.

 

Tú tan alto en la cruz, Señor, me humillas

cuando rezo y suplico aquí postrado

y pregunto sin ser nunca escuchado

en un mar de silencio sin orillas.

 

No sé por qué si ruego no me escuchas,

ignoro por qué estás, Dios, tan ausente

siendo tantas mis lágrimas y luchas.

 

Sé conmigo, Señor, más indulgente,

ya ves que en mí las dudas aún son muchas,

¿qué va a decir de Ti, si no, la gente?

 

 

BRAZOS ABIERTOS

 

¿Por qué  corren los años como gamos

y el tiempo se nos va de entre los dedos

dejándonos heridos, tristes, quedos,

y de su brevedad nos olvidamos?

 

Si es más tarde de lo que imaginamos

y el futuro plagado está de miedos

¿por qué no nos da Dios fuerza y denuedos

para no preocuparnos?  preguntamos.

 

La razón es que es Padre y nos espera.

Para verle tenemos que estar muertos,

y Él ansía tenernos a su vera.

 

Si los plazos y tiempos deja inciertos

y los últimos años aligera

es que...  cansa con sus brazos abiertos.

 

 

 

 

A UN CRISTO MUTILADO

   

  

                                                    Preside el altar mayor de la Iglesia parroquial

                                               de Pola de Somiedo. Fue traído de Francia por

                                               el economista somedano Álvaro Flórez Estrada.

                                                   Tras ser bárbaramente mutilado durante

                                              la guerra civil una mano compasiva

                                              lo enterró junto al río Oríz donde permaneció envuelto

                                              en una  sábana hasta que fue desenterrado y,

                                              sin restaurar, colocado primero en una urna

                                              de cristal que yo contemplaba de niño entre sobrecogido

                                              y asustado en aquella semioscura llamada

                                             “Capilla del Palacio” por pertenecer algún tiempo

                                              a los Flórez Estrada. Años después se colocó en el centro del

                                              presbiterio de dicha villa, donde sigue aún.

 

  

Acaso tu memoria es sólo tiempo

convertido en pavesas. Si los cantos

del río Oriz hablaran...

Aún conservo el recuerdo casi intacto,

 

Cristo yacente en la "Capilla del Palacio"

con la piernas quebradas,

sin cruz, sin brazos,

de nuevo repetida la pasión

en aquel leño seco de tu cuerpo

sin piedad destrozado.

Los niños te mirábamos con ojos

llenos de compasión y espanto.

Hoy presides la vida campesina

desde el palo mayor

de la nave de un templo somedano.

Nadie osó restaurar aún tus despojos,

no es posible con un crucificado

colgado de una cruz sin cruz,

sin manos en las manos,

 con un vuelo

de amor, aunque ahora estés

como en el aire

saliendo hacia la luz resucitado.

 

Pero ¿Y tus pies? ¿Cómo ir ahora

tras la oveja perdida? Y tus manos

¿cómo el rito y el gesto y el saludo,

la caricia a los niños y el milagro?

 

Tú lo has hecho muy bien, oh Cristo mío,

muerto en la cruz, sin cruces, mutilado

de guerra. Tú has querido

que sean nuestras manos

las que calmen las olas

multipliquen el pan, salven al náufrago.

 

Y estando en pie sin pies que sean

nuestros pies los que suplan tu cansancio

pues ni se ha consumado tu pasión,

ni aún ha sido tu cáliz apurado,

y hasta esperas la voz que te suplique:

¡Sal del sepulcro, Lázaro!

 

 

 

 

 

 

 

LA TARDE CAYENDO VA

 

 

 

 

 

 

EL CÁNTARO DEL TIEMPO

 

El cántaro del tiempo se ha colmado,

se quebró en nuestras manos la distancia,

nuestro ser y existir ya es pura instancia,

lo que fuimos se dio por acabado.

 

Lo que hicimos quedó del otro lado,

aquí somos purísima sustancia.

Y si todo está en Dios no es arrogancia

repetir que a ser Dios hemos llegado.

 

Somos eternidad. No nos gastamos.

Murió la lejanía. Estamos cerca

de todos y de todo lo que amamos.

 

Y ahora ¡despertad! porque ya estamos

a punto de partir y ya se acerca

lo que tanto temimos o esperamos.

 

 

VEO TU BARCA

 

Veo tu barca cerca de la orilla,

mi corazón se agita, embarco en ella.

El cielo brilla azul, e igual que aquella

tarde de abril, igual, la luna brilla.

 

Su media luz es hoy ligera quilla

que surca el ancho mar sin dejar huella,

se fue mi corazón tras una estrella

a solas con mi yo y en tu barquilla.

 

Y así se apaga, oh Dios, mi vida entera,

apenas siento en mí más que el aliento

de tu imagen que veo por doquiera.

 

No me digan, por dios, que no te quiera,

que mi vida ya está en tu pensamiento

y sin Ti ni mi yo es mi yo siquiera.

 

 

 

SANGRANDO LLEGA

 

Sangrando llega el viento a mi ventana

y llama sordo con su silbo oscuro.

Soy una sombra al fondo, contra el muro,

siempre  a la espera, siempre, de un mañana.

 

Se acerca el día con su luz temprana,

del viento escucho el mágico conjuro

y mi esperanza anida en el futuro

mientras lejana dobla una campana.

 

Siempre he actuado como si me vieran,

nunca he buscado protección alguna,

anduve en sombras aunque me perdieran.

 

Siempre recé como si no me oyeran,

siempre aposté con desigual fortuna

hoy solo espero, sólo, que me quieran.

 

 

MUY POCAS PRIMEVERAS

 

Ya me quedan muy pocas primaveras,

¿doce, trece, catorce? ¡Quién lo sabe!

Navegué por la vida en frágil nave

sorteando arrecifes y escolleras.

 

Competí con veleros y galeras

y sufrí de tormentas cuanto cabe.

Las sirenas con su canción süave

me tentaron también de mil maneras.

 

Ya me quedan muy pocas ilusiones

la última es llegar a buen seguro

desnudo de añoranzas y ambiciones.

 

Ya no más conjugar preocupaciones

pues tan cerca, tan cerca, está el futuro

que me pisa a diario los talones.

 

 

 

SABER QUE ME HAS AMADO

 

Agonizo. Me muero aquí postrado

en un lecho de angustias y de olvido.

La vida y sus vaivenes me han herido

y estoy por el recuerdo acorralado.

 

He dado mi existir por acabado.

Yo no sé, Tú sabrás, cómo he cumplido.

En mi lecho de muerte sólo pido

saber al menos hoy que me has amado.

 

Pero llega el temor, siempre me asalta

cuando menos, Señor, de Ti lo espero.

Nunca quise ni honores ni dinero

 

ni aspiro a posición más noble o alta,

sólo pido, Señor, y es lo que quiero,

ese amor, ay, que he echado tanto en falta.

 

 

AMEN, AMEN

 

Ahora sí que estoy viendo la salida

después de tantos montes, ríos, puentes

como he visto a mi paso, indiferentes,

mientras voy sin retorno a la otra vida.

 

Ahora sí que estoy dando por perdida

tanta luz, tantas noches relucientes,

sólo sombras me velan, tan silentes

que nadie va a saber de mi partida.

 

Entretanto aquí sigo, a pie de obra,

tratando de apartar lo que me sobra

por verme más ligero en el andén.

 

No espero más que un cielo a mi medida

donde yo con mi fe  tenga cabida

para exclamar, al fin: Amén, Amén.

 

 

IN MEMORIAM

A Carlos S. Martino, muerto de cáncer

a los 58 años. (13-VIII-1991)

 

No me cabe tu herida en el recuerdo,

compañero y amigo, no me cabe,

ni la vida me sabe a vida, sabe

a silencio de Dios y a desacuerdo.

 

Tu recuerdo me pierde, en ti me pierdo

por un mar de preguntas. Y mi nave

naufraga en ese mar profundo y grave

de tu afrontar la muerte así, tan cuerdo.

 

Luego escucho en mi noche sin orillas

por si encuentro a la muerte otras respuestas,

su silencio me deja el alma en vilo.

 

Mejor morir así, las botas puestas,

que arrastrar unas viejas zapatillas

por las frías baldosas de un asilo.

 

 

QUIERO GANAR LA ORILLA

 

Quiero ganar la orilla poco a poco,

y perder, poco a poco, la conciencia.

Pido morir mi muerte a plena ausencia:

es la muerte que cada día invoco.

 

Y si un día esta cláusula revoco

olvídala, Señor, es mi demencia

que no sabe decir en su indigencia

que es mejor vivir cuerdo y morir loco.

 

Pedía un escritor “morir su muerte”;

no pensaba, quizá, que en la agonía

con dolor siempre hay riesgo de perderte.

 

Mas si el alma está viva en cuerpo inerte

es más fácil hacer la travesía

y llegar sin temor al cielo a verte.

 

 

SEMBRADME EN EL OLVIDO

 

Si algún día me muero de repente

que me siembren allí, en donde vino

a buscarme la muerte: era mi sino

morir sin despedirme de la gente.

 

Si algún día me muero en accidente

que me siembren al borde del camino,

pues he sido el eterno peregrino

que murió a Dios buscando ardientemente.

 

Cuando muera, ¡por Dios!, incineradme,

y que el aire se lleve mi memoria

-polvo y ceniza-. Y ¡por favor!, sembradme

 

sin más en el olvido de la historia.

No quiero despedidas. Y apagadme,

si aún quedara una brasa entre la escoria.

 

 

IN MEMORIAM  a Alberto F.G-A.

que falleció en accidente de tráfico. (14-XII-2000).

 

Llovió al amanecer. No iba contigo,

lo tuyo era asistir a una llamada.

La noticia llegó por no esperada

más allá de la angustia y del amigo.

 

Puso el cielo la lluvia por testigo,

y la muerte,  de adviento disfrazada,

fue una pascua, sin más, anticipada

porque Dios te quería ya consigo.

 

Has llegado al final, esa es la esencia

del vivir; y encontrarse de repente

con la luz del Señor y su evidencia.

 

Hoy cruzaste su umbral sencillamente,

que es la vida Sustancia, Acto, Presencia

y la  muerte... tan sólo  un accidente.

 

 

 

SETENTA VECES YA

 

Setenta veces ya, o setenta y una

ha pasado en mi vida el minutero

sobre el día y el mes, -¡y qué ligero!-

señalando al pasar la hora bruna.

 

Esa hora oportuna o inoportuna

que contempla el incrédulo altanero

yo la aguardo con ansia, prisionero

de esta cárcel peor que otra ninguna.

 

La fecha está grabada ya en la esfera.

Sabe Dios, sólo Él, la última hora.

Mi alma únicamente está a la espera.

 

La vida, en este cuerpo prisionera,

después de tanto invierno y su demora,

espera ver llegar la primavera.

 

 

 

IN PARADISUM

 

(A la muerte de mi condiscípulo, Norberto R. (12 de diciembre de 2006)

Viajero siempre, apareció tras varios días de ausencia muerto en la bañera).

 

 Aunque siempre vio a Dios en la ribera

naufragó en soledad y a la deriva.

No llamó, ni avisó, se acercó esquiva

la muerte aquella tarde traicionera.

 

No embarcara aquel martes si supiera

el destino del barco en el que iba,

porque al ser excursión definitiva

él la hubiera ordenado a su manera.

 

Partió al atardecer, y de improviso

en agua y en rumor de soledades,

la noche lo envolvió sin previo aviso.

 

Llegó en un largo sueño al Paraíso,

viajó en silencio y paz de claridades,

se fue sin un adiós…, como Dios quiso.

 

 

SED

 

Agua fría, en la alborada

donde se lava una niña

que recorre la campiña

de sus penas olvidada,

lava mi pena, asomada

a tu cristal limpio y frío,

y lava este dolor mío

que me atormenta y me aqueja,

y luego, olvídate y deja

que siga sonando el río.

 

 

 

FIN

 

 

 

 

ÍNDICE

 

 

 

PREFACIO    ......................................................................

 

 

JESÚS DEL CAMINO

 

 

Un soneto, dos     ................................................................

Me tiemblan los años en la mano   .....................................

Mi vida en tres palabras   ....................................................

Ana del Valle   ....................................................................

Yo era joven, y tú   .............................................................

Piedra a piedra   ..................................................................

¿Cómo vas?   ......................................................................

Encerrar tanto amor   ..........................................................

Rimas y aplausos   ..............................................................

Saber si ya he llegado   .......................................................

Con ser bueno   ...................................................................

Mas si me entiendas Tú   ....................................................

La paz del Otro Lado   ........................................................

 

 

JESÚS DE PALESTINA

 

 

María del camino   ................................................................

Menos Dios y más hombre   .................................................

Jesús de la tarde   ..................................................................

Llegaste hasta mi alma   ........................................................

Oye, oh Dios, mi oración   ....................................................

Quisiera arrepentirme   ..........................................................

Adviento    .............................................................................

Asomarse al balcón   ..............................................................

En el nombre   ........................................................................

Me duelen las palabras   .........................................................

Pensando en tu pasión   ..........................................................

El don de la humildad   ..........................................................

Madre Dios   ...........................................................................

 

 

JESÚS DE LA EUCARISTÍA

 

 

Si digo amor   ............................................................................

Elevación   .................................................................................

Era pan el maná   .......................................................................

La soledad del templo   .............................................................

En un poco de pan   ...................................................................

Primera comunión   ...................................................................

El silencio del templo   ..............................................................

Hablar de amor contigo   ...........................................................

La soledad sonora   ....................................................................

 

 

JESÚS DEL GÓLGOTA

 

 

Hoy te miro en la cruz   ................................................................

El árbol de la vida   ......................................................................

Jueves santo   ................................................................................

Como un libro abierto   ................................................................

En la balanza amor   .....................................................................

Aleluya   .......................................................................................

Después de tanto tiempo   .............................................................

De rodillas, Señor   .......................................................................

Brazos abiertos   ............................................................................

A un cristo mutilado   ...................................................................

 

 

LA TARDE CAYENDO VA

 

 

El cántaro del tiempo   ...................................................................

Veo tu barca   .................................................................................

Sangrando llega   ............................................................................

Muy pocas primaveras   .................................................................

Saber que me has amado   ..............................................................

Amén, amén   .................................................................................

In memoriam   ................................................................................

Quiero ganar la orilla   ...................................................................

Sembradme en el olvido   ...............................................................

In memoriam    ...............................................................................

Setenta veces ya   ...........................................................................

....    ....