EL HÓRREO

 

 I

 

Son muchos los que se han dedicado al estudio de este rudimentario, sobrio y acabado habitáculo de madera cuyos orígenes se pierden entre las mil y un conjeturas de etnógrafos e investigadores tales como Aramburu, Escandón, Carlos Rey, Gómez Tabanera, Frankowski, etc. los cuales consideran que desde su origen se usó bien como depósito de simientes o granero (hordeum), o bien como un palafito o casa izada (horridus, a, um).

Acerca de su antigüedad Florián de Ocampo (1500-1576) afirma que los astures el año 225 (a. C.) habían llegado a Inglaterra y allí “levantaron sus casas de madera, cerradas con varas entretejidas, sobre estacones hincados en el suelo”. (Prieto Bances, R., Ob. com., t. II, pág. 1181). Esta descripción coincide con la que nos dejó el P. Carballo en su monumental obra. Dice así: “Úsase en Asturias esta manera de tejido pues vemos algunos graneros, que llaman horrios, hechos de barretones, tejidos con varas tan firmes y seguras que aunque estén encima de cuatro palos, expuestos a los aires y tempestades y cargados de pan y otras cosas, lo sufren todo sin hacer vicio... de esto eran, como dijimos, las casas que se edificaban en Bretania” (P. Carballo. Antigüedades y cosas del Principado, 1695 pág. 26).

 

ARTESANADO Y TRADICIÓN

 

En trabajos anteriores hemos tratado de pasada sobre el aspecto arquitectónico del hórreo (Arquitectura popular, La Voz de Avilés, 8-IX-1985). Posteriormente miembros del grupo Escontra´l reigaño, y algunos universitarios mirandinos (José Luis y Casimiro Fernández), han iniciado la catalogación de los mismos según los más recientes métodos de investigación (González Rubín, G. Hórreos y paneras, Revista de Miranda 1990). Hoy aquí únicamente pretendemos fantasear un poco en torno a esta asturianísima edificación artesana cuya construcción con material tradicional, teja hecha a mano, madera de castaño y piedra, le da todo un empaque y seriedad.

Miranda dispone de un conjunto monumental de hórreos y paneras que bien merece la pena el que nos detengamos no ya en su historia sino en la interpretación de su estructura, con el fin de valorar y conservar un patrimonio en peligro de extinción. No conviene olvidar que una visión noética del mismo ayudará a comprender mejor esta joya arquitectónica. Lo haremos de manera genérica pero teniendo de fondo la parroquia de Miranda. Además esta cuenta con algunos ejemplares bastante antiguos, dato imprescindible para su estudio pues los fabricados en la actualidad, de material endeble, efímero y artificial, adolecen de graves deficiencias que inexplicablemente se vienen repitiendo, en pocas palabras, que su acabado y belleza no tiene ni punto de comparación con los hórreos añones y paneras tradicionales.

El hórreo debe ser respetado al máximo. El viejo artesano recogía una tradición con un trasfondo plagado de simbolismos que luego él reproducía acaso mecánicamente en su trabajo pero eso mismo hacía que conservara los vestigios que vienen desde lejanos tiempos y acaso desde remotas tierras como luego veremos. El nuevo artesano que desconoce lo intocable que debe ser el mecanismo de la tradición y que con todo suprime, añade o falsea fabrica a su antojo el diseño y el material empleado puede llegar a modificar elementos esenciales y por tanto terminar falsificando toda la estructura artesanal del hórreo.

 

UN COSMOS DE MADERA

 

En primer lugar se podría decir que el hórreo representa perfectamente la antigua concepción que los filósofos tenían sobre el Cosmos trasmitida por Hesíodo, Homero, Tales de Mileto, Pitágoras, Parménides, etc., muy semejante, por otra parte, al concepto usado por los incas del Perú que dividían el espacio entres partes: el cielo de los astros, el centro donde descansaba la tierra, y el suelo y el subsuelo lugar donde habitan los muertos. Parecida es la concepción bíblica.

Según los filósofos griegos el Cosmos constaba de tres partes: el caos o firmamento insondable, la tierra o el ámbito en el que habita la vida, y el tártaro o lugar en el que la tierra descansa sobre cuatro columnas.

El caos (xeeszai) que significa “lo que es vertido” se puede comparar al agua derramada por los cuatro costados del tejado celeste.

El mundo o habitáculo, cuerpo central que en el hórreo sirvió en algún tiempo incluso como habitación según Frankowski, y también según un dicho popular recogido en Piloña que reza: “Duermu n´el horru y cierru con un tarucu”. Aquí anidan las palomas y descansan sobre el trabe los “caxelos” en los que las abejas elaboran la miel; incluso en algunas zonas se prepara para que en los meses previos a la cosecha, cuando el hórreo está vacío, cultivar en estanterías preparadas adecuadamente gusanos de seda. El lugar es ideal para esta producción según algunos entendidos. Es pues como un extraña arca de Noé navegando entre dos aguas, las aguas superiores y las inferiores, al abrigo de la lluvia del cielo y de la humedad del suelo y sobre todo al amparo de todo tipo de animales roedores contra los que está eficazmente protegido ¡qué paradoja! por medio de ruedas de molino.

Con razón los campesinos podían cantar, una vez recogida la cosecha, aquella copla que dice:

“En el hórreo guardo yo

coses de mucho valor:

gallines, ajos, castañes

y huevos, al por mayor”.

Finalmente este “mundo” o arca universal descansa sobre firmes y pétreos pegollos de igual forma que el cosmos, según las antiguas cosmogonías, descansaba sobre cuatro columnas, cuatro patas de elefante... cuatro; y más abajo, en los pilpayos, la piedra sobre la que se apoya todo el edificio.

 

LA PIEDRA EN EL HÓRREO

 

Los antiguos también llamaban mundo o cosmos a la tumba. Ella era la puerta que daba acceso al mundo subterráneo y era precisamente allí donde la piedra se convertía en sacra. Los romanos la llamaban “piedra manal”, la piedra de las almas. Los labriegos tenían por costumbre reunir esas piedras manales en el campo cuando deseaban que lloviera. Petronio, en su Satiricón (44), nos describe que sacaban dichas piedras en procesión para honrar a Júpiter. Asturias conserva toponimias que aluden claramente a este dios romano: Piedra Jueves, Monte Sueve..., y es Verrón quien afirma que esta piedra era la que cerraba las puertas del infierno para que no salieran de él los manes o almas condenadas. Remover una de estas piedras (en Asturias los finxos, o el pilpayo del hórreo) era dejar libres los poderes del infierno.

Este simbolismo lo empleó el mismo Cristo cuando dice a Pedro: “Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella...” (Mt. 16, 18), es decir, una piedra que no removerán las fuerzas del mal, piedra o lugar protegido contra ciertas maldiciones... Aún se ven en los cruces de caminos pequeño montones de piedras sueltas que los caminantes iban arrojando cuando iban de camino, en la creencia de que era allí, en aquellos cruces, donde vivían o se reunían los espíritus, piedras que fueron sustituidas más tarde por cruces de ánimas, una simple cruz, como las que se podían ver en La Cruz de la Foguera, la que existió enfrente del cementerio, en La Lleda, en la Cruz de Illas (barrios de Miranda), etc. Con el Camino de Santiago fueron sustituidas por los hermosos cruceros que adornan nuestros campos señalando con su mano izquierda la ruta a seguir para llegar a  la Tumba del Apóstol. Y era también en estos cruces en donde se solían detener los entierros para rezar un responso por las ánimas, acaso como una reminiscencia precristiana de este tipo de creencias. Cruces, cruceros o simples montones de piedra que recuerdan la influencia animista de otros tiempos. No es extraño por lo tanto que nuestros viejos artesanos al levantar el hórreo sobre estas cuatro piedras espiritualizaran al máximo su obra y su función.

Jorge Díaz y sus colaboradores, en un trabajo modelo, compara el hórreo con una urna funeraria procedente de tierras germánicas. En una de las regiones de Germania que habitaron los suevos durante la edad de Bronce se encontró una urna funeraria representando un granero muy parecido a los hórreos gallegos. No sé hasta qué punto se podría afirmar lo mismo del asturiano. Uno se inclina más bien a buscar semejanzas con un templo dedicado a la fecunda y generosa diosa madre.

 

PIRÁMIDES Y TORRES

 

En Blimea existe desde antiguo (así lo afirma en comunicación personal D. Ramón López Blanco, investigador de las costumbres de la zona) un conocido baile: “La danza del hórreo” en la cual se representan los preparativos de la boda y los festejos consiguientes. Los danzantes depositan el ajuar de los novios bajo el hórreo al pie de una piedra cilíndrica y erecta que está colocada en el centro, en torno a la cual se danza. Tal cúmulo de circunstancias es significativo.

Visto así, y a primera vista, ya podemos profundizar en su estructura. Los símbolos cósmicos más difundidos en la construcción son la torre y la pirámide, ambas tratan de algún modo de unir cielo y tierra, bóveda y baldaquino, y con respecto al hórreo la piedra del pilpayo y cume. El hórreo tiene algo de torre y algo de pirámide. Y siguiendo con la simbología, los ángulos del hórreo representarían las cuatro partes en las que se dividía el mundo antiguo, los pilpayos  o torres de piedra sobre las que se apoyan los pegollos serían el eje cósmico y el tejado piramidal o cúpula la bóveda celeste.

El tejado reproduce de algún modo el techo del mundo en sus cuatro vientos o puntos cardinales, sosteniendo en sus vertientes lluvias y nieves.

Incluso el desarrollo geométrico de esta caja o cubo de madera es una cruz latina, figura que combina una base ternaria y una cuaternaria: tetraktys pitagórica para albergar a Kronos y a Hades.

 

LA DIOSA DE LA FECUNDIDAD

 

Y coronando el techo la diosa madre: el cume, cumbrio o piedra de canta el paxarín, remate misterioso si los hay, diminuto menhir en mitad de la quintana, antiguo vestigio de lejanas culturas agrarias que daban culto a la fecundidad. Porque esas dos piedras, una plana y otra erecta (horrodeo) no son ni más ni menos que los símbolos fálicos (lingan y yoni) de los templos hindúes. Ídolo por tanto que llegó hasta nosotros desde aquellas latitudes y apareció espontáneamente aquí, vete tú a saber cómo, y cuya misión no sería sólo un adorno sino la de conservar y hacer fecundos los frutos y semillas que bajo su protección guarda el labriego en el hórreo.

Al pueblo tampoco se le escapó este sentido erótico que se esconde entre estas cuatro tablas y que él traduce en imágenes y metáforas a su modo. Son muchas las canciones con ese doble sentido cuyo significado, por oscuro que sea,  el hombre de aldea capta de inmediato. Referente al hórreo y a modo de ejemplo sirva aquella canción que dice:

“Ofrecístimi un queixu

en señal de matrimoniu.

El matrimoniu fuei nulo

vuélvaseme el queisu al hórriu”

A veces este idolillo de piedra se suple por otro más historiado hecho de barro cocido ¿origen divino del hombre? Otras veces es sustituido por una simple botella de innegable evocación fálica y que el labrador utiliza a modo de elemental hidrómetro. Según se llene más o menos con el agua de la lluvia y según la cantidad que conserve se puede predecir el tiempo que va a hacer.

En los alfares de Siero se llegaron a fabricar este tipo de adornos en forma de palomas pero con un fino gancho de hierro. Su finalidad era cazar el veloz gavilán cuando este se lanzaba creyendo que era una paloma de carne y hueso y se encontraba de frente con el arpón ignorante de que la presa era un engaño. Los alfareros las llamaban “palominas de gancho”.

También los finxos que separan los linderos de las fincas se componen de dos piedras colocadas en forma parecida: una piedra vertical que descansa en otra plana, llamada señal o testigo, que permanecía enterrada con el fin de hacer más dificultoso “el cambio de mojones”, pues al tratar de cambiarla y aparecer removida la tierra alrededor delataba la infracción. El cambio de mojón era  uno de los grandes pecados que pesaban en la otra vida sobre las almas de los campesinos que lo había cometido. ¿No sería también un vestigio del ídolo de la fecundidad que presidía en las antiguas culturas los linderos? Y lo mismo se podría decir de los cuatro pilpayos de piedra que sostienen la estructura del hórreo y limitan la propiedad del mismo.

 

EL PODER DE LA PIRÁMIDE

 

¿Y qué decir del tejado que configura la forma piramidal? ¿Qué valor se le puede dar en nuestro caso? En una obra de se dice que En la pirámide se oculta el mayor secreto del mundo antiguo, según Max Toth y Greg Melden:

“Desde tiempo antiguos hasta hoy las pirámides son motivo de controversia centrada en la posibilidad de que estas misteriosas estructuras geométricas contengan en su interior los secretos del universo (Cosmos). Su distribución por toda la tierra hace sospechar que su finalidad no era solamente convertirse en monumentos funerarios sino que muy bien podían servir a propósitos mucho más complejos y misteriosos... La publicación de tales descubrimientos cautiva a millones de personas de todo el mundo que aplican el poder de la pirámide a distintas funciones de su vida cotidiana: conservación de alimentos, momificación de materia orgánica, incremento del vigor de reproducción, poder terapéutico... Pero las investigaciones continúan y la ciencia moderna busca nuevos medios para descubrir estas fuerzas misteriosas que emanan de la pirámide”.

De ser verdad estos asertos (desconozco qué valor científico se les puede dar) no sería difícil descubrir el porqué de la perfecta conservación de las semillas en el hórreo y la capacidad germinal que late en los frutos guardados bajo la bóveda piramidal de su tejado, e incluso la razón de guardar el “samartín” colgado de sus vigas, carne que llegaba a durar así el año entero:

                      “María si vas al hórreo

del tocino parte poco,

doce meses tiene el año

semanas cuarenta y ocho”.

Pero también existe en nuestro folclore el recuerdo frecuente del país de las pirámides, vete tú a saber por qué. Algunas canciones asturianas aluden al panteón egipcio. Aurelio de Llano en su obra  recoge varias leyendas del Nuberu que aluden a este tema (“Del folklore asturiano” pp. 16 y ss.), según las cuales

“Si vas a tierra de Egito

pregunta por Juan Cabrito”,

o la señalada con el número tres:

Si un día vas a Egito

pregunta por Xuan Cabrito”.

Debe de ser un tema bastante universal por otra parte puesto que hasta en el mismo libro de Tobías se encarcela al diablo en Egipto (Tob. 8, 3). Y Juan Cabrito no es otro que el propio diablo.

¿Cómo pudo llegar a nuestras tierras desde tan lejos la leyenda? Pudieron haber sido aquellos arriesgados navegantes que frecuentaban la “carrera del estaño” y que en su aventura desembarcaron en las vecinas islas Casitérides. Juan Cabrito o el Nuberu, dios astur de las lluvias, (de nuevo nos encontramos con el agua) no es otro que el Osiris egipcio, dios de las tormentas. Y era frente al hórreo donde se acostumbraba a colocar en algunos pueblos de Somiedo la pala´l forno y el sudarroiro en forma de cruz para espantar la granizada que traía el Nuberu.

 

PERO SOBRE TODO UN TEMPLO

 

En cuanto al aspecto religioso tampoco es muy difícil encontrar en el hórreo simbolismos. Hasta Ortega y Gasset con su intuición los descubrió:

“El hórreo, menudo templo tosco, arcaico, de una religión muy vieja, donde lo fuera todo el dios que asegura las cosechas” (El Espectador, Col. Aust., III, pág. 51).

Y en este sentido podríamos afirmar también que este templo mitad pirámide, mitad humilde partenón griego de madera tiene en la iglesia su patrono: San Millán de la Cogolla. Creo que Roma aún no ha contestado a una vieja petición cursada por el bibliófilo Juan Santana con el fin de erigirlo canónicamente como tal. No sé. Al menos la imagen de este santo preside ya algunos hórreos. Dio pie a dicho patronazgo un milagro narrado por Gonzalo de Berceo (s. XII) que versa sobre una viga o trabe que, al resultar más corta que las otras tres restantes, hacía de todo punto imposible levantar un hórreo en la Rioja. San Millán hizo el milagro alargando la trabe. Alfonso Iglesias que trascribe el milagro en su obra “El libro de los hórreos”, lo ilustra con un encantador dibujo.

En dicha obra se recogen también gráficamente otros aspectos religiosos, como por ejemplo que el bajo de una panera en Niévares hace de templo parroquial y que un pegollo en la parroquia de Pintueles sirve de pilastra para colocar sobre ella el sagrario.

El hórreo, templo pagano, con claros reverberos religiosos de cosmogonías míticas, fabricado con madera de castaño, el hórreo se nos cae, se nos viene abajo, flaquean sus maderas:

“...tien los pilpayos fundíos

al mesmu ras del terrén,

tien los pegollos torcíos

qu´aquello da´scalofríos

porque... ¡non fayen sostén...!”.

 

que dijo Ago, en “Cuentiquinos del escaño”.

 

¿REQUIEM SOBRE SUS RUINAS?

 

               Desgraciadamente no sólo el hórreo viejo sino las nuevas construcciones nacen endebles, enclenques, con un armazón esquelético, sin estética alguna, sin equilibrio ni armonía ya que faltan las bellas proporciones del hórreo tradicional. Es de suponer que el hórreo, en su majestuoso estar, debería de tener todo un conjunto de medidas, módulos, reglas áureas, estudiadas y conservadas como verdaderas joyas. Y no digamos nada de muchos de esos hórreos miniatura fabricados por entusiastas artesanos pero donde todo lo hermoso de esta construcción brilla por su ausencia y todo lo más naif del peor gusto tiene su asiento. Pienso que debería haber un control de calidad sobre todo tratándose de souvenirs que son los que se llevan esta imagen a otros rincones de la tierra. También en Asturias con respecto a la conservación y cuidado de estos aspectos queda mucha madera que serrar.

               Pienso en los hórreos y paneras de Miranda: los diez de Heros, los cinco de Villanueva, los siete de Nondivisa, los cinco de Miranda, los dos de Los Calvos, los dos de la Cruz de Illas, el de La Lleda, el de la Venta, el de Bao, ¡qué ruina!, el de Vidoledo, el de La Curtia, el del Forcón... etc.

El dios de la lluvia llora sobre nuestros hórreos semiderruidos y casi abandonados, por muchas leyes y pragmáticas que salgan a la luz, hórreos ya sin cosechas que guardar, sin gente que los habite e interprete su lenguaje simbólico del que hablaremos luego.

              ¿Y qué decir de los otros, de esos hechos sin fe, apresuradamente, con material poco noble, apresuradamente? Pues nada, que seguramente la diosa de las mieses huyó de sus tejados dejando sólo allí un vago vestigio, piedra sobre piedra, de lo que ha sido el hórreo.

 

II

 

TODO LLEGA DE ORIENTE

   

               En esta visión exotérica con la que pretendemos analizar el complejo entarimado mítico del hórreo creo conveniente profundizar un poco más en sus posibles relaciones con algunas de las construcciones y divinidades orientales. No sé si serán coincidencias o si realmente hubo un trasvase desde aquellas tierras pero el hecho es que sí existen ciertas concomitancias y vestigios acaso procedentes de ese mundo.

               Todo llega de Oriente: la luz, las invasiones, los yoguis, el incienso, las campanas, el petróleo, los Reyes Magos... ¿Pudo tener el hórreo también allí su origen? No sería extraño si nos atenemos a la procedencia de las tribus prerromanas, en el supuesto de que hayan sido ellas las primeras en usarlo. En concreto tenemos que fijarnos en los celtas, una raza aria procedente del Irán (Persia) o de aún más lejos, y que reciben en Grecia el nombre de dóricos y en todo el resto del Occidente el de galos (Ing., Fran.), gálatas (Turq.), gallegos (Polon. Esp.), etc.

               Son tan abundantes las coincidencias que surgen en torno al hórreo con respecto a dichas culturas que merece la pena detenernos un momento a reflexionar y a echar a volar la fantasía. Así, sorprende encontrar en la India y en el Nepal formas e incluso construcciones similares. Algunos tejados y parte central de templos hindúes de la ciudad de Katmandú inician claramente la forma del hórreo. En Khajuraho, capital de la dinastía Chandela, las piedras de los veintidós templos levantados hace más de tres mil años y dedicados a la fecundidad, con módulos en forma de piña, están trabadas entre sí y encajan unas con otras de forma muy perfecta (Templo de Citragupta).

               Pues bien, una de las características del hórreo es tener también sus piezas perfectamente trabadas sin ayuda de clavos ni de hierros, sujetas únicamente por tornos y cuñas de madera. El hierro está excluido del hórreo acaso por ser el hórreo anterior a esta industria o bien porque aún perdurara en la mente de los artesanos la maldición sobre Tubal Caín el primer forjador del hierro y primer promotor de dicha industria, el metal de la muerte, aunque compensado, si cabe, por haber sido pariente muy cercano, siempre según la Biblia, del inventor de la gaita (Gén. 4, 21).

 

SHIVA: EL MONTE Y LA CENIZA

 

               Citábamos anteriormente de pasada el cume o idolillo de la fertilidad que corona el hórreo a modo de adorno, llamado también “la piedra de canta el paxarín”. Es curioso que el mismo ídolo se venere, piedra sobre piedra, en los templos hindúes, siendo símbolo de la diosa Shiva que, con Braahama y Vishnú, forman la trimurti hinduista. Sorprende ver en torno a aquellas piedras devotos adoradores cuajándolas de flores y perfumes, coronándolas de gloria y de fervor.

                “La piedra, dice en  su obra “Jesús de Nazaret” J. P. Roux, cumple con respecto al mundo el mismo papel que desempeña el edificio. Es el ombligo del universo, lo que los griegos llamaban ómhalos ´hecho de piedra blanca y considerado como centro de la tierra´ (Pausanias, Descripción de Grecia, V, 16). La divinidad gusta de habitar en ella, la convierte en su morada, tejiendo con la piedra a menudo unos lazos poco claros y que siguen siendo misteriosos... Este simbolismo no agota todos los posibles ya que la piedra también es fecundidad (G. de Champeaux, Le Monde des Symboles, pág. 202). A esta fecundidad se refiere Jesús cuando declara: ´Dios puede suscitar de estas piedras hijos de Abrahán´. No es necesario recordar estas piedras dispersas a través de los tiempos y en la tierra entera, contra las que se frotan las mujeres con la esperanza de quedar encintas... Más evocadoras son aquellas que representan la Gran Madre, tal como la piedra de Pesinonte, su imagen anicónica para los frigios o aquellas que suponen atraen la lluvia... Sin embargo su poder fecundador... se atribuye a la divinidad que habita en ellas...” (pág. 233-234).

                Aún hoy se encuentran entre los pueblos primitivos de África este culto a las piedras. Por ejemplo en la colina de Bugongo, Ntita (Burundi) donde abundan los graneros circulares sobre cuatro patas para guardar el sorgo llamados ibigega, se suelen encontrar también piedras dedicadas a Imana (Dios) dispuestas en círculo y llamadas urugo rw´Imana. De igual modo es corriente el uso de guijarros con un agujero central usados como talismanes y llamados agatoboramana. Les dan en las cuevas un culto llamado isega ry´Imana.

                Otra de las representaciones del dios Shiva es la de un anciano o faquir desnudo, cubierto de ceniza, sentado en un picacho del Himalaya mirando fijamente al espacio. En el hórreo el tejado y más en concreto el cume, forman también un a modo de montaña o pico en donde se ha instalado la divinidad. Porque no olvidemos que es precisamente en las montañas donde han tenido lugar siempre las diversas teofanías de todos los pueblos: el Sinaí entre los judíos, el Tabor para los cristianos, el Olimpo para los griegos, el Valhala para los germanos, etc. Incluso se puede decir que el propio Cristo escoge una montaña para morir, otra para predicar, otra para ascender al cielo...

 

              Respecto a la ceniza con la que se cubre el gurú es bien sabido que desde antiguo fue usada como símbolo no sólo de purificación sino de fecundidad. En Asturias aún se conserva entre los sidros, zamarrones, zaparrastros, guirrios, bardancos, vexigueiros, etc, que se disfrazan por Carnaval, la costumbre de golpear las cabezas de las mozas con vexigas de cerdo y con saquitos llenos de ceniza, e incluso, uno de ellos, el ceniceiro, la esparcía al por mayor y a manos llenas. Tras las fiestas en honor al fuego las cenizas servían para abonar el campo y también para ritualizar la fecundidad de las jóvenes. Acaso los desmanes cometidos hicieron que la Iglesia la empleara en su ceremonia inicial de la Cuaresma con un sentido bien distinto: “Eres polvo y en polvo te convertirás”.

               También en Asturias se usaba la ceniza como elemento de limpieza cuando las amas de casa en elementales lavadoras, colocaban la ropa dentro de un recipiente abierto por abajo llamado arna el cual descansaba sobre una piedra, el bogadeiro. La ceniza se colocaba encima en una bolsa llamada cernedeiro. El agua que se iba echando cada vez más caliente hacía el resto mientras la sacerdotisa de tal rito recitaba una especie de conjuro para llevar a cabo felizmente la “colada”:

“Tres calentinos, tres calentando

tres esfuminos, tres esfumando

tres ferventinos, tres ferventando”.

 

LA DIOSA MADRE HABITA EN LA PANERA

 

               Una nueva representación antropomorfa del dios Shiva es la de una mujer negra, con ojos ensangrentados y cabellos erizados. Vitrubrio y Columela hablan del granarium como horreum o erectum (hórreo: erizar). En esta representación Shiva tiene cuatro brazos: dos para herir y dos para bendecir. El número cuatro abunda también en el hórreo: trabes, pilpayos, pegollos, aleros... que defienden y bendicen. Pero podríamos decir que aquí se encuentra más claramente el elemento femenino del hórreo: la panera. Esta cumple las mismas o parecidas funciones que el hórreo y su característica es la de tener más capacidad. El folclore musical trata de deducir la presencia de una moza molinera en el entorno por lo que hay en la panera:

“Donde hay fabes hay maíz,

donde hay maíz hay panera,

donde hay panera hay molín,

donde hay molín molinera”.

               Si observamos su tejado pronto notaremos una diferencia fundamental: aunque mantiene los cuatro lados el cume se ha desdoblado en dos, con lo que pudiera venir a representar el pecho de la diosa madre con sus dos pezones pétreos provocando al cielo. En la antigüedad la fecundidad era representada por múltiples pechos en las diosas. Tiene además seis pegollos. El número seis en el mundo pitagórico está consagrado a la diosa Afrodita (Diana o Xana) y significa el principio de la vida, ya que está compuesto del producto del primer par: 2 + 2 = 4 (elemento femenino), y por el primer impar: 1 + 1 = 2 (elemento masculino).

También se podrían encontrar puntos afines con Ganesha, hijo de Shiva, que va siempre a lomos de una rata, ese roedor a evitar precisamente en hórreos y paneras. De la importancia de este roedor en Asturias baste recordar el famoso pleito que tuvo lugar el s. XVI entre ratones y labradores.

 

SIMBOLOGÍA EN PUERTAS Y COLONDRAS

 

               Para ahuyentar a los espíritus malignos que rondan los cuatro vientos del recinto sacro se solían emplear símbolos grabados en dinteles y paredes. Recordemos la cruz en todas sus representaciones. En la India y en el Nepal (valle de Katmandú) hay un día, el 19 de agosto, el que se conjura al mal fijando con estiércol de vaca sobre el dintel de las puertas la figura de un “cuélebre” o serpiente pintada sobre un papel, adornada con flores y ramitas, algo parecido a lo que se hacía hace años la noche de san Juan en los balcones de las mozas que eran pretendidas...

              Otros símbolos son la svástica o sol de cuatro rayos en movimiento que apareció en la India por primera vez hace miles de años y que dio lugar, una vez cerrada sobre sí y desdoblando sus rayos, a la conocida “flor galana” que adornó muebles, madreñas, arcones, puertas y sobre todo hórreos. Son muchos los símbolos recogidos en nuestros rústicos templos a la fecundidad cuyo análisis nos incumbe aquí a nosotros descifrar. Sólo anotar de paso que estos símbolos, sobre todo a partir de los años de la Inquisición, se fueron cristianizando hasta convertirse en advocaciones piadosas, cruces y otras representaciones de nuestra religión.

 

EL HÓRREO Y LA “PENTALFA”

 

Si del aspecto exterior pasamos a examinar su estructura interna vemos que en ella se inscribe perfectamente la famosa pentalfa, el símbolo eterno del hombre, coincidiendo sus vértices con los puntos de tensión arquitectónica del hórreo.

Ya anotamos que el hórreo se usó como vivienda, y concretando más, como dormitorio. Quizá el hombre antiguo encontraba más descanso y más seguro amparo contra extrañas fuerzas agresivas durmiendo sobre cuatro columnas, entre estas cuatro tablas, morada también de nuestros huesos. Roger de Lafforest es el autor de un libro titulado “Las casas que matan”. En él analiza cómo influye el habitáculo o casa y el lugar donde se encuentra sobre sus inquilinos. Cada casa, viene a decir en una “balsa flotante”, e interesa conocer por qué mares navega. Los materiales empleados en su fabricación son de suma importancia y hay que saber distinguir los que son nobles y benéficos de los maléficos y perjudiciales estando entre los primeros los tres con que se fabrica el hórreo: la madera, la piedra y el barro cocido. 

 

DEL HÓRREO AL ARTESANO

 

              Cualquier turista que visite Katmandú puede ver a la puerta de cualquier templo a menudo artesano trabajando la madera. Sus templos en su mayor parte están fabricados de madera, piedra y teja.

              En Asturias tampoco era raro encontrar en otras épocas en las que funcionaba el artesanado, artífices de la madera trabajando bajo el hórreo, por ejemplo: madreñeros, cesteros, goxeros, cunqueiros, etc.

               Jovellanos, a su paso por Ceceda nos relata cómo vio trabajar “debajo los hórreos” a mujeres alfareras usando rudimentarias ruedas de mano (Diarios, t. I, Oviedo 1953, p. 146). Y debía de ser común este lugar de trabajo puesto que en el cuadro de José Ramón Zaragoza (Cangas de Onís 1874-1949) titulado “El alfarero” representa a unos de estos artesanos sentado a la rueda de mano trabajando bajo un hórreo.

               Y ahí se guardan muchos de los aperos de labranza desde el carro de esquirpia a la humilde hoz. Bajo el hórreo se tendía a secar la ropa, otra curiosa coincidencia con las banderas plegarias colgadas de las estupas que al moverlas el aire suplían los rezos del monje.

              Todos son simples puntos de comparación, visión noética surgida al contemplar y reflexionar sobre la historia mítica de nuestros hórreos. Creo que debemos volver a cargar de simbolismo nuestro entorno. Eso es bueno. Al hórreo, como a tantas cosas más, las hemos vaciado no sólo de simientes y de grano sino de contenido mágico. Se ha perdido ese segundo sentido de las cosas, la segunda lectura de nuestras tradiciones, el tabú que tuvieron hace siglos. Yo no sé si esto nos podría enriquecer espiritualmente. Los nuevos artesanos corren el peligro de espantar lo poco de divino que habitaba en el hórreo. Todo buen artesano que se precie de serlo debería saber que entre aquellas cuatro tablas se encierra mucha historia mágica de nuestro pueblo. De ahí el cuidado con que habría que tratarlo y tentarse muy bien la ropa antes de cambiar, suplir o suprimir así por las buenas cualquier elemento tradicional por superfluo que parezca. Sé que hay y hubo buenos constructores de hórreos. Citaré de memoria algunos: Luis Alonso Mata en Candás, Manuel Martínez en Llanera, José María Grana en Cornellana, Jovino Barril en Gijón, Luis Meana y Norberto Álvarez del Valle en Oviedo, Dimas Rodríguez Vallina en La Felguera, etc.

Debe de haber bastantes más pero nos falta, como siempre, un nomenclator puesto al día de artesanos con altas y bajas cada cuatro o cinco años por lo menos. Artesanos a los que se les debía mimar con el fin de no perder uno de los legados culturales mas preciosos de una región.

 

EL HÓRREO Y LOS GITANOS

 

              Habría que preguntarse si hoy merece la pena seguir fabricando hórreos y paneras cuando ya no se usan ni como graneros, ni como vivienda, y únicamente como un nostálgico recuerdo del pasado, y un elemento decorativo más en el paisaje rural de nuestros pueblos.

              Hace años que veo cómo han ido surgiendo uno tras otro en un recodo de la carretera de La Plata (Castrillón). Parecía algo insólito ver de vez en cuando aparecer como por arte de Artemisa (Diana o Xana), la diosa madre de la fecundidad, aquel extraño pueblecito que alguien dio en llamar “Calé city”, hoy ya un poco cambiado. La explicación hace tiempo que alguien me la dio y además bastante convincente: el hórreo está amparado por una serie de leyes, no paga al fisco, de vez en cuando recibe subvenciones estatales y del Principado y puede en cualquier caso de emergencia servir lo mismo para almacén, para vivienda o dormitorio.

En el barrio de Miranda uno de los hórreos, conocido como “hórreo de Cándida”, sirve de alojamiento y almacén a una de las familias gitanas que llevan más tiempo entre nosotros: Ricardo Jiménez Vargas, su mujer Pilar Hernández y sus ocho hijos. Durante largas temporadas se dedican al trabajo de “chatarrear” y buscar antigüedades. Algunas de las piezas más interesantes del Museo de cerámica se las debo a ellos.

              Su estructura, su forma, casi de viejo carromato, recogidas sus cuatro ruedas de molino bajo sí para un descanso, cansada de moler y moler polvos y lodos de todos los caminos de la rosa de los vientos, seguramente les causará la impresión de vivir en una imaginaria caravana anclada en el pasado, pero siempre como dispuesta a reemprender un nuevo viaje. El tejado en forma de pirámide, les recordará su ascendencia faraónica. Y allí harán también fuego (pir, os), para ellos altar o ara (pira, as), y pirámide (piramis, dis) para albergar y preservar su raza.

He aquí de nuevo un milagro de la caritativa diosa madre y del dios de la fecundidad: dar cabida a los sin techo, librarlos de las cargas fiscales, velar y custodiar la tradicional fecundidad de la tribu, en esto doy fe de que la diosa ha sido pródiga y feraz, y finalmente afirmar su creencia secular de que esta etnia ha vivido siempre del aire y en el aire...

             De este modo a lo mejor son los gitanos quienes vuelven de nuevo a habitar este mundo, cosmos o arca de Noé, y hacer que regrese de nuevo con un ramo de olivo el duende que se fue, la magia que se perdió y el mito que se olvidó. Y acaso otra vez en manos de la raza calé resucitará bajo el hórreo la antigua artesanía de la madera: cestos de mimbre, sillas, canastillas...

 

 

ILUSTRACIONES que aparecieron en su publicación:

 

1ª).-(Dibujo: pentalfa) texto: “Dentro del hórreo se inscribe la “pentalfa”, símbolo del hombre. Sus vértices coinciden con los puntos de tensión arquitectónica”.

2ª).- (fotografía con la “flor galana”). Texto: “La flor galana o disco solar. Hórreo de Tomás García (Heros)”.

3ª).- (foto de hórreo persa) Texto: “En la provincia de Guilán (Irán) el hórreo cumple la misma función que en Asturias”.

4ª).- (foto de pagodas en Katmandú) Texto: “En Katmandú (Nepal) muchos templos recuerdan el hórreo asturiano”.

5ª).- (foto del hórreo de Cándida, o la de los gitanos en La Plata) Texto: “El mundo gitano encontró en el hórreo un lugar idóneo para vivir.”

 

 

III

 

 

               Se discute mucho la influencia que las tribus prerromanas, o las mismas legiones romanas dejaron en nuestro suelo. De hecho nos dejaron el nombre, de etimología claramente latina: hórreum. En los artículos precedentes tratábamos de establecer algunas relaciones con todo tipo de culturas. Alguien dijo que “estudiar es relacionar”, definición que parece perfecta. Pues sigamos estudiando, relacionando nuestro pequeño templo agrario y acaso algún día sus tablas nos descubran el misterio que encierra en el fondo de su almario.

 

VIVIR EN EL ÁRBOL

 

              El hórreo, permaneciendo inmóvil en mitad de la quintana, arrastra tras de sí, historia abajo, todo un sistema planetario de ritos y de mitos. Cultos ancestrales de los que ya hemos tratado anteriormente, vestigios orientales que impregnan sus colondras, aguilones y pilpayos. Hemos hablado de la influencia griega en su concepción cósmica, pero lo mismo se podría decir de la mitología china, egipcia, e incluso de las cosmogonías prehistóricas. Los hombres de aquellos tiempos vivieron su evolución subidos a los árboles. Y en este tirón, ya nuestros padres en el Edén anduvieron de la gracia al pecado de árbol en árbol, del árbol de la vida al del bien y del mal. Podríamos decir que, de algún modo, siendo de madera nuestra cuna y nuestro ataúd, nacemos en el árbol y en el árbol morimos. A lo mejor ese deseo de querer subir al hórreo es un viejo arquetipo dormido en los más hondo de nuestro subconsciente que nos retrotrae a nuestros ancestros cuando el hombre anidaba en los árboles y ensayaba la primera braquiación colgado de una rama.

 

EL GRANERO

 

              El granero no es exclusivo del hombre. Muchos insectos y animales guardan y almacenan en lugares aptos su cosecha penosamente recolectada en verano para los duros meses del invierno. Sin embargo el hecho de mantenerla a salvo del pillaje y del deterioro ha hecho que lograran acabadas construcciones para su almacenamiento. El granero debió de representar el todo para el hombre y en nuestra región el hórreo vino siempre desempeñando esta función con enormes ventajas, desde la llamada cultura del mijo, pasando por la del trigo y finalizando con la del maíz.

En torno a el hórreo se colgaba éste a secar, primer paso para su conservación, de modo que era difícil, hace años, imaginar en otoño un hórreo del que no colgaran las ristras de maíz a curar.

¡Qué bien paéz el maíz

esfoyao y enristrao

con los graninos al aire

de la panera colgao!

             Cuando llegaba  el Carnaval y el Antroxo, vieja reliquia de las fiestas lupercales romanas (de nuevo Roma en nuestros ritos) los pueblos de aldea contaban con una gran variedad de confituras: casadielles, bollinas, frixuelos, foyuelos y hasta las figolas que introducen en su composición nada menos que la sangre lustral del cerdo.

 

ENTORNO ZOOLÓGICO

 

Hemos visto también cómo el hórreo sirvió de elemental arca de Noé para albergue de algunos animales domésticos tales como el gusano de seda, las abejas, las palomas, (de indudable simbolismo en todas las culturas), etc. En este aspecto hasta algunas de las piezas que lo componen llevan terminología zoológica: perros, gatos, gallos, aguilones... y no era raro hace años ver colgada a secar la piel de una oveja o de un cabrito, convenientemente estirada entre unas varas cruzadas de avellano.

Pero quisiera insistir sobre un aspecto ya citado: el gusano de seda. Hace años vivía en Oviedo un sacerdote, D. Carlos Flórez que dedicó muchos años de su vida a la apicultura e incluso al cultivo de la seda. Mantenía que al hórreo había que sacarle mayor rendimiento en los meses que permanecía vacío que son precisamente los meses en los que se desarrolla el gusano de seda. El hórreo es el lugar idóneo para este cultivo pues al ser de madera, estar seco o más bien con un grado de humedad ideal, etc. reúne las características precisas para el cultivo. En los 60 o 70 días que dura el proceso se podrían obtener varios kilos de seda. Solamente había que tener la precaución de plantar moreras cerca para tener a mano sus hojas de las que se alimenta el gusano.

 

EL SANMARTÍN

 

             Hay en Asturias otro animal cuya carne iba a parar cada año indefectiblemente al hórreo: el cerdo. La matanza del cerdo es toda una perfecta artesanía. Procedente de China o Indostán donde, por lo visto, se sacrificaba ya en s. IV a. C., pasó luego a Occidente. Uno ignora si fue el hórreo quien lo acompañó en este viaje o viceversa pues es lo más común en Asturias guardar el “samartín” en el hórreo. Hasta el maíz, que cuelga en el otoño del corredor de la panera, tendrá como una misión más, alimentar al cerdo destinado al sacrificio.

             Cuando llega el menguante de noviembre o diciembre, como si se tratara de celebrar una nueva pascua, hay un ir y venir por las quintanas de la aldea. Frente al hórreo, delante de la casa, se coloca una especie de mesa o altar. El matarife pone a punto todo su instrumental. De pronto el aire se conmueve y rasga la mañana aquí y allí un agudo y prolongado chillido pronto ahogado en sangre. Sangre que siempre es movida por mano de mujeres: a ningún hombre se le permite tocarla. Sangre que entrará a formar parte en la composición de las morcillas y figolas.

               Luego viene el rito de la purificación: se le vierte el agua lustral hirviendo, y un afeitado a fondo en el que intervienen todos. En la India, en sacrificios y cremaciones todos los asistentes deben afeitarse la cabeza y la barba puesto que es creencia generalizada que en el pelo se albergan los espíritus malignos.

No sé si “in illo tempore”  rasurar al cerdo de ese modo pudo haber tenido un significado parecido aunque hoy el labrador tiene muy claro para que lo “pela”. Ahora el matarife lo está abriendo en canal. Es el momento en el que se acercan las ancianas del pueblo a escudriñar las entrañas ¿buen augurio? y a dar su opinión sobre el aspecto que presenta.

            Todo termina con una comida ritual a base de las asaduras (hígado) que luego se mezclaron con otras viandas quedando finalmente convertida en un simple banquete. Ello nos trae a la memoria antiguos vestigios de sacrificios rituales ante la pétrea mirada del cume o ídolo de la fecundidad que contempla complacida el holocausto.

 

EL CARRO DE ESQUIRPIA

 

             Decíamos anteriormente que bajo el hórreo se guardan algunos aperos de labranza, en especial el “carro de esquirpia”. Coincide con el hórreo en que, según Julio Somoza, “en su origen no debió de tener nada de hierro; y aún en el día sólo posee una pieza: la llanta”.

Sería inconcebible una quintana que no luciera bajo el hórreo el tradicional medio de acarreo. Hasta los pequeños hórreos fabricados por artesanos aficionados para vender como souvenirs en los comercios del ramo y que tratan de recoger lo más característico del hórreo, tienen buen cuidado de no olvidar un diminuto “carro de esquirpia” bajo el hórreo. El carro podría ya considerarse en sí mismo todo un símbolo del alma campesina asturiana.

              En 1959 en una conferencia ilustrada musicalmente por el gran compositor ovetense Ruíz de la Peña (padre), mantenía el que esto suscribe, una tesis para mí en aquel entonces harto sugestiva. Se trataba del origen de la asturianada o canto popular asturiano. ¿Podría haber nacido al son de las notas que emite el carro de esquirpia cuando canta? En su girar rozando las treitoiras contra el eje va alternando de manera monótona dos notas: la tónica y la dominante, dos notas que por otra parte se repiten y mantienen persistentemente en nuestras asturianadas. Es fácil imaginarse al carretero o labrador andando pausadamente con la guiada al hombro cómo a fuerza de escuchar una y otra vez los dos sonidos trataría de acompañarlos primero, luego imitarlos, mientras tras él avanzaba la yunta lentamente por los angostos caminos de la aldea. Todo ello, inconscientemente, parece que invita a la tonada.

             Más de una vez oí a los campesinos explicar las diversas aplicaciones que tiene el canto del carro: ahuyenta las fieras, acompaña al carretero y sirve, como hacen los topos con golpes de cabeza en el techo de sus galerías subterráneas, de aviso a cualquier otro carro que se aventurara a hacer el mismo camino en sentido inverso con el fin de no encontrarse en las estrechas veredas de los valles, etc. Cada vecino conocía incluso cualquier carro de la aldea pudiendo identificar por el sonido a su dueño. Original semáforo sonoro que le daba al campo esa nota entrañable, paisaje sonoro de esquilas y campanas, de molinos, mazapilas y batanes, hoy reemplazados por el traqueteo del tractor y el bocinazo de los automóviles que cruzan las praderas sin el más mínimo respeto a ese sagrado silencio.

 

ALGUNAS CONSIDERACIONES

 

             Si queremos conservar el hórreo sin pastiches ni falsos añadidos debemos provocar todo un entorno que lo arrope. ¿Qué diablos pinta un hórreo solitario frente a un modernísimo chalet a las afueras de Madrid? ¿No nos pasaremos un pelín a fuer de regionalistas? Un hórreo transportado lejos del paisaje astur, sin el telón de fondo de la quintana, el corredor y la casa de aldea está fuera de lugar. Sin embargo no lo está en Asturias ni siquiera, por ejemplo, la clásica galería puesto que se trata de un elemento arquitectónico en perfecta armonía con el hórreo.

             Y algo de él debió de copiar en su estructura: columnas o pegollos, colondras de cristal y el techo en forma piramidal adosado al frontal de la casa que sirve en los meses de frío de solarium cuyo calor pasa por dos grandes puertas al interior, y en verano, al elevar las dos partes laterales abatibles, se establece una corriente debido a la diferencia de temperatura, que refrigera la casa. Curioso y económico modo de instalar aire acondicionado y excelente fuente de energía solar que hoy ha sido desplazada absurdamente por azoteas y balaustradas de cemento importadas de otras latitudes casi sin más función ni aplicación que el snobismo y la novedad.

Existen muchos hórreos con buhardilla. En Miranda contamos con varios: el de María el Santo (Miranda), el de José López “Monina” (Heros), etc. Acaso sea el último vestigio de los que han sido habitados: dejaba entrar la luz y ventilaba el aposento. Por otra parte, situada en mitad del tejado deja intacta la silueta, encajando perfectamente en el entorno sin que desentone de su conjunto. Una buena lección del buen hacer y de llevar a cabo innovaciones perfectamente ambientadas.

             Un detalle anecdótico es el arcón que muchos de los hórreos aún conservan dentro para guardar las semillas. Los hay que aún tienen el fondo cubierto de ladrillo macizo, cosa un poco extraña en apariencia, puesto que para conservar el grano siempre ha sido mejor la madera. La razón era de tipo estratégico y defensivo. Más de una vez los rateros nocturnos taladraban los pontones bajo el arca dejando abierto un agujero por donde salía el trigo. De ese modo llenaban sus talegas tapando luego el agujero con un corcho para futuras sisas. Así, el campesino se vio obligado a echar el doble piso para no ver menguada su cosecha por parte de estos roedores humanos.

 

             Mucho queda aún por decir y mucho más por hacer. Cada hórreo debería ser un museo. Alguien propuso fabricar pequeños hórreos desmontables, con todas las piezas, elementos, nombres, medidas y funciones con el fin de que en los centros de enseñanza, escuelas, Colegios e Institutos los alumnos aprendieran su montaje. De ese modo se podría estudiar, conocer y conservar esta reliquia del pasado, única en el mundo por su rústica belleza y funcionalidad; idea que dejamos aquí por si alguien quiera aprovecharla y ponerla en práctica.

Un día no sé cuando, contemplando un viejo hórreo fui ensamblando sin más, lo mismo que sus piezas, rimas, palabras, bable y castellano, trabes y colondras literarias en unos versos; humilde homenaje a esta reliquia del pasado que es el hórreo asturiano:

 

Sobre tu fiel pegoyera

un fuerte apretón de trabes

para que vuelen tus naves

por ese mar de madera

que la viga carcelera

aúpe la talandoria

piso y paso hacia la historia

que descansa en la pasera

y el cabrio dé a la tijera

a toca teja la gloria.

 

Arriba los aguilones

anidan en tus colondras

un claro vuelo de alondras

sobre el piso de pontones

mueve el aire tus faldones

de la toca al sobigaño

mientras en torno al escaño

de la viga fagocera

pasa el pan de la masera

al último mes del año.

 

Y coronando tu ensueño

desde la trabe durmiente

sube al cielo incontinente

el encuelgo de tu leño

que en zoológico empeño

perros y gatos asume

para llegar hasta el cume

escalando la tijera

poniéndose por montera

tarde niebla o quien le abrume.

 

Así es Manín este trozo

de bosque seco hecho casa

donde el hierro no traspasa

ni tercia ni tentemozo

porque la madera es gozo

y el hierro es guerra y herida

por eso la alondra anida

entre el pilpayo y el pecho

que es madera cuna y lecho

en el hórreo de la vida.

 

ILUSTRACIONES que aparecieron en su publicación.

1.- Es difícil hallar un carro de esquirpia bajo un hórreo. Hasta los radiales se encuentran ya anticuados. (Brañavieya).

2.-En Miranda se pueden encontrar hórreos con buhardilla como el de José Lopez, u hórreo de Mona (Heros).

3.- Bajo una panera abandonada el carro ha sido suplantado por el automóvil. Palacio de Bao).

4.- Uno de los grabados en el hórreo de Pantaleón (Villanueva).

 

IV

 

Con estas notas hemos querido dar una visión un tanto exotérica de nuestro rústico partenón de madera. Hoy la Geografía, a mi entender, camina por derroteros demasiado técnicos pues se basa fundamentalmente en estadísticas, porcentajes, índices de productividad, cuadros sinópticos, fórmulas y demás datos que con ser tan interesantes y hasta imprescindibles para cualquiera que quiera profundizar en el estudio de una región suelen dar una impresión del tema un tanto fría, despaisajística y deshumanizada lo que no suele ser muy del interés del pueblo llano al que se pretende enseñar y entusiasmar. Alguien dijo: “Si quieres que no te lean intercala en el texto alguna fórmula”. No entiendo muy bien por qué ese desmesurado afán cientificista en nuestra actual concepción de la Geografía (y a la geografía pertenece el hórreo) cuando el mundo, la vida, el paisaje, la natalidad, la floración que explota en primavera y el amarillo de los campos inundados por el otoño es bastante más atractivo y podría ser acaso tan instructivo y científico. No sé.

Esta notas han querido o pretendido dar otra visión geográfica del hórreo y su entorno mitologizándolo hasta donde se pueda, regresándolo a las fuentes, llenando de nuevo sus graneros de fantasía e imaginación, recuperando el mito y mistificando la ciencia, en una palabra poniéndole un poco de corazón al paisaje. No sé si es un buen camino, pero es una intentona más y nada más que eso.

 

NOMBRE TRADICIONAL Y ACTUAL PROPIETARIO

   

             Recogemos a continuación una nómina, creemos que completa, de los hórreos y paneras de la parroquia mirandina, algunos de los cuales ya han sido citados anteriormente. Hemos suprimido dos hórreos de Heros: José López “La Fame” y José Cortés “Lena Pinón” que en alguna otra ocasión recogíamos y que hoy ya no existen.

            Casi la mitad de dichas construcciones se puede decir que están amenazando ruina. Los hay bien conservados y mimados. Otros desafían al tiempo y a los años con fría indiferencia esperando a ver qué pasa. En algún rincón ha surgido una panera de nueva construcción.... No sé si será rentable en este mundo de hoy luchar por este patrimonio. De todas formas es un arte popular que bien merecería una mayor atención si no queremos verlo desaparecer del paisaje asturiano suplantado por los silos, los invernaderos y los modernos chalets que han invadido el horizonte de esta tierra nuestra, tan rica en tantas cosas y tan pobre en amor por ella.

 

Alfaraz 1,0:

“Carmen del Santo”.

 

Bao1, 0:

Carlos del Busto, “Palacio” (panera)

 

Cruz de Illas 2:

Manuel Fernández, “Nolán”.

José Manuel Fernández Blanco, “Lucinda”.

 

El Casorio 1:

Isidro ´l Casorio.

 

El Forcón 1:

Manuel, “Acevedo”.

 

Heros 8, 9:

Araceli Blanco, “Chombo”. (panera)

José López, “Monina” (panera)

José Bustelo, “Ca Buría”.

María Concepción, “Ca Pachón”. (panera)

Nicolás Granda, “Felisa Guardado”.

Tomás García, “Nuco”

Tomás García (panera).

Luisa González, “Felisa Guardado”. (panera).

 

La Curtia 1:

Ángel Benítez, “Pepe la Curtia”.

 

La Granda 1 :

Miguel Rodríguez .”La panera”. De reciente          construcción.

 

La Lleda 1:

Alicia Suárez. (panera).

 

Las Pedreras 1:

Felisa las Pedreras.

 

La Venta 1:

Juan Fernández. “Pepe la Venta”.

 

Los Calvos 2:       

Luis Blanco “del Calvo”.

Raúl Blanco “Juan de los Calvos”. (panera).

 

Miranda 11:

Aniceta. Don Félix. (panera)

“Balba Sidora”.

Facunda.

Felisina.

Genaro, “Victoriano”.

Jaime Solís, “Manín de Manolo”.

“La Tata”. (panera)

María el Santo.

Belarmino García, “La Macabea”.

Natalia. (panera)

Pepa Pacho.

 

Nondivisa 7:

Eloína Gutiérrez.

Francisco Díaz, “Zapatilla”.

Generosín.

Joaquín Rodríguez, “Brasones”.

Laudelina Sánchez, “Celesto el Merín”.

Margarita Castro, “Ferrero”.

Pedro Fernández ,”Manín de Venancia”.

 

Santo Domingo:

Pantaleón. (panera).

 

Vidoledo.- 2:

María del Busto “Luis de Inocencia”.

La Casera.

 

Villanueva.- 4.- 3:

Antonio García “Chisco”, del Marqués de Ferrera

(Brañavieya).

Eloína García, “Manuel el Chico”.

Isidro Rodríguez, “Manuel Merín”.

Manuel López, “Cadenas”. (panera)

 

(Para más información sobre... Barrios de Miranda, en esta web)

 

ALGUNAS NOTAS HISTÓRICAS

 

Sería una labor muy ardua hacer el seguimiento a través de testamentos y papeles de compraventa perdidos en los arcones de las casas de cada uno de los hórreos. Tampoco me parece que es aquí el lugar adecuado para dar a conocer esta investigación. A título de curiosidad recogemos los datos sobre una panera y un hórreo:

En el archivo familiar del Palacio de Bao existe un documento del s. XVII con el que podemos fechar la existencia de la panera, muy deteriorada ya por cierto, que se haya frente a la Casona. Según dicho escrito

“Don Juan León Falcón por testamento dictado el 6 de enero de 1618 impone cuatro misas en la ermita de Santa Ana de Miranda... a perpetuidad... y para el cumplimiento de esto y que tengan dichas misas perpetuidad y hacienda que rente cuantía para poder decir las dichas misas arriba citadas dejo y nombro por bienes hipotecados a las dichas fincas de su casa de Miranda con el vergel de naranjos y limones y prado que está debajo de dicha casa y la llosa que se va entrando junto a él en el prado que llaman Peredo y los dos hórreos que están junto a la dicha casa y todos los yantados que están alrededor de la dicha casa...”.

Suponemos que al hablar de hórreos se refiere de algún modo a la panera dado que su antigüedad se remonta a esa época. ¿Es que entonces el nombre de hórreo se aplicaba por igual a uno y otra?

 

Un siglo más tarde, encontramos en la documentación del Archivo del Ayuntamiento de Avilés (s. XVIII) algunos datos que nos hacen creer que hubo bastante trasiego de hórreos de un lugar a otro, incluso de un pueblo a otro. El hórreo es un bien mueble. Varios pleitos, y algunos muy curiosos, litigando el solar, la ubicación o el traslado del edificio, lo demuestran. Uno de estos hórreos fue el perteneciente a la familia de alfareros Manuel Mariño el cual en 1771 “compró un hórreo en Pillarno que traslada a Miranda. Tenía varias colmenas. Sus hijos eran todos menores de edad. La averiguación de utilidades que le dio aquel año la alfarería asciende a 400 reales de vellón”.

Por los libros del archivo parroquial se puede comprobar la relación familiar de parentesco que Miranda mantenía tanto con Pillarno como con Quiloño, san Cristóbal y algunas parroquias de Gozón. Esto pudo contribuir a que algunos de los hórreos, como el citado, fuera trasladados desde otros pueblos y montados aquí. En concreto, la panera de “Pantaleón”, según recuerda oír su propietario Ramón a sus abuelos fue transportada por varias yuntas de bueyes desde Santiago de Ambiedes (Gozón) colaborando en el acarreo todo el barrio que luego tomó parte en un gran convite.

Dentro de la misma parroquia hubo también desplazamientos en época bastante reciente. El de Eloína Gutiérrez que actualmente está en Nondivisa y que se conocía anteriormente como el hórreo de “Pin Antón”, fue llevado desde Villanueva donde había estado anteriormente y montado en el lugar que ahora ocupa. El de Alfaraz estaba antes delante del chalet de Cantalapiedra. Fue trasladado a la finca con el fin de no quitar vista a la casa. También fue retirado hacia el lugar que ocupa el de “Manuel Merín” en 1709, ya que los techos sobresalían sobre el camino. El de Pantaleón vono de San Martin de Gozón. El de la Venta de Grado.

Con respecto al uso a que han sido destinados en Miranda, aparte de haber sido el tradicional almacén o granero del campesino es el de haber sido habitados muchos de ellos sobre todo en la época más dura de la industrialización de la zona. Escaseaban las viviendas y cualquier lugar servía para poder vivir a techo.

Acaso lo más curioso, con anterioridad a esta etapa, sea que en sus bajos funcionaron desde una carpintería, (hórreo Felisina en Miranda), hasta una fábrica de cohetes y una de alpargatas (panera de Ca Pachón, en Heros). Esta tiene además la curiosidad de que ha sido construida a primeros de siglo mediante la fusión de dos hórreos muy viejos que se levantaban, al final se caían, delante de la casa.

Actualmente hay habitados por los menos, dos hórreos, Balba Sidora y Mino, y una panera en “La Granda”.

Contamos con muchos más datos anecdóticos sobre edificación, habitación, usos y destino de nuestros palafitos de secano pero sería una larga la historia. Hemos escogido estas cuatro notas únicamente a título ilustrativo.

 

UNAS NOTAS DEL FOLCLORE MIRANDINO

 

Otro de los apartados curiosísimos, aparte de los ritos que ya hemos visto, es el referente al folclore en torno al hórreo. Recogemos como botón de muestra esta canción que en Miranda apenas la recuerdan unos pocos pero que era muy popular entre la juventud de hace algunas décadas cuando regresaban de las fiestas de los pueblos. No es que sea un dechado de literatura pero tiene su gracia y sobre todo su historia. En medio de la algazara, entre ijujús y alguna que otra asturianada, una voz que bien pudiera ser la de Pepe Venancia, entonaba la canción, siendo luego coreado el estribillo por todos los demás:

 

“El horrín de les Brasones

cayó n´un pozo el domingo

y entre teyes y tablones

a poco mata un chiquillo.

 

Ay, tachín, tararachi,

ay, tachín, tarará,

ay, tachín, tararachi,

ay, tachín, tarará.

 

Salió Nides la Peruya

creyendo que era ´n diluvio

y ahora ya tamos temblando

con el de Poldo el Saluvio.

 

Ay, tachín, tararachi...

 

Iba Poldo a trabayar

iba el probín de sombrero

por eso ta todo roto

el hórreo de José el Casero.

 

Ay, tachín, tararachi...

 

Un horrín nuevu y curioso

y de buena confianza

es uno que tenía nuevo

Florina la de Venancia.

 

Ay, tachín, tararachi...

 

Todas estas consecuencias

resultan de la polilla

por eso también ta roto

el de Luz la Zapatilla.

 

Ay, tachín, tararachi...

 

Ya se terminan los hórreos,

no queden na más que cuatro:

Generosín, Zapatilla,

el del Merín y el de Juaco.

 

Ay, tachín, tararachi...”

 

(Informante: José Rodríguez Valdés (a) “Pepe Venancia”)

 

Y UN TOQUE DE ATENCIÓN

 

Con estas notas folclóricas cerramos este capítulo referente al hórreo. En Miranda, como hemos dicho, tenemos una buena nómina tanto de hórreos como de paneras. La gente procedente de otras regiones se queda ensimismada ante este monumento típicamente asturiano. Nosotros los estamos descuidando de manera soberana. Juntamente con las fuentes, que van siendo olvidadas o enterradas inexplicablemente por las excavadoras o simplemente destruidas obligando de ese modo a que brote el agua en mitad de la calzada, como sucede con la del Riego, los hórreos llevan camino de desaparecer de nuestro entorno paisajístico. Es cierto que las actuales condiciones de vida obligan a menudo a su derribo para mejor aprovechamiento del solar, pero la nueva arquitectura, con el más absoluto desprecio de todo lo que de tradicional tenía un pueblo, ha levantado casas completamente ajenas al entorno asturiano (y luego hablamos del eucalipto). ¡Claro que es más fácil tomar un plano que sirva igual para el tórrido clima de la costa del sol que para la lluviosa y fría cornisa cantábrica y aplicarlo donde sea sin más contemplaciones! Pero uno cree humildemente que la cosa no debería ser así.

 

A la nómina de constructores o restauradores de hórreos que habíamos citado en el primer trabajo es de justicia citar también a: José Barca (Monte Pando - Tamón), constructor de la citada panera de La Granda en Miranda, Manuel Pérez Rodríguez (San Martín - Tamón), Maximino Rubio y José Lorenzo Rama (Cangas del Narcea), Servando Barriales (Colloto - Oviedo), la Empresa constructora Llera Carús (Villaviciosa), José Manuel Sánchez Blanco (Venta de las Ranas - Villaviciosa), Enrique Sánchez Martino (San Martín de Vallés), etc. Con las pequeñas subvenciones, que al parecer aportan el Principado y los Ayuntamientos para la restauración de hórreos, no está de más tener a mano unos cuantos artesanos que nos puedan ayudar en la conservación de nuestro rústico pero hermoso partenón de madera.

 

 

ILUSTRACIONES Y TEXTOS que han aparecido al ser publicados:

 

1.-Flor galana y flores de lis el en hórreo “l´Nuco” (Heros).

2.-Lo que no se debe hacer (a ser posible).

3.-Hórreo de Isidro Rodríguez “El Merín” (Villanueva).

4.-Hórreo de “La Macabea”. Mino García (Miranda). Al        fondo el de “Pepa de Pacho”.

5.-Hórreo de Tomás García “El Nuco”. Al fondo el de  “Ca Buría” (Heros).

 

El hórreo de “Manín de Manolo” (Jaime Solís) data del año 1958, según Amaro Conde (Revista de fiestas  de Miranda 1973) y es de madera de eucalipto. La madera procedía del palacio de Illas, árboles que al parecer tenían más de 115 años. Esta madera es muy dura a tal punto que uno de los carpinteros que trabajaban en su construcción al tratar de introducir un clavo en la madera, después de varios martillazos, cuando el clavo apenas llevaba dos centímetros en la madera, saltó con tan mala suerte que le vació un ojo. Y el obrero accidentado era precisamente de Illas. Amaro Conde afirma en esta entrevista hecha por Luisa Méndez que en Miranda hay 41 hórreos y 11 paneras y (las segunda parroquia de Avilés que más hórreos tiene), que algunos sobrepasan los cuatrocientos años.

 

 

José Manuel Feito