El tatuaje de Elena

I

La lluvia se deslizaba por su cuello,

largo como el de las mujeres que pintó Modigliani

o el de la misma Cleopatra.

Sus labios, sin el rimel que se había llevado el agua,

zimbreaban impacientes en busca de viejos anhelos

que se habían quedado amarillos al paso del tiempo.

Sus ojos, cubiertos de unas bonitas gafas,

me dedicaron su último baile.

Entonces comprendí

que seguía sin escribirse

la canción más hermosa del mundo

II

La tarde pasaba lenta, pausada,

sólo animada por la trompeta de Louis Armstrong,

que rompía la soledad de una habitación

llena de peluches, tantos como años tenía.

Por su cabeza aún navegaban

las palabras anónimas de nuestra primera conversación,

retales de historias que se iban desgastando

por el miedo a volver a sentir.

Su corazón apuró un largo trago de whisky,

mientras pensaba: “qué hago aquí sin ti”.

III

Marzo se iba muriendo

con unos días que se iban alargando

y en los que no dejó de llover.

Las gotas de la lluvia

golpeaban el cristal de la ventana

y el viento se llevaba las hojas de árboles.

Mi mirada se quedó perdida

en la foto que me había regalado Elena.

Tenía el pelo corto, rubio y alborotado,

y un largo cuello.

El escote de su vestido rojo

permitía ver el tatuaje

que lucía en el inicio de uno de sus pechos:

                                     “Quien sabe amar, sabe vivir”.     

 

Autor: De un admirador desconocido 

 

Foto:  ALBERTO VARGAS
Música: Aaron Neville - tell it like it is.
Diseño de la pagina: Elena A_R (Hielka) 
30 Marzo 2010. 
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