- Se amaban.
- No estaban solos en la
tierra;
tenían la noche, sus vísperas azules, sus celajes.
Vivían
uno en el otro,
- se palpaban como dos pétalos no abiertos en el fondo
de
alguna flor del aire.
Se amaban.
- No estaban solos a la orilla de su
primera noche.
Y era la tierra la que se amaba en ellos,
el oro nocturno
de sus vueltas, la galaxia.
Ya no tendrían dos muertes.
- No iban a
separarse.
Desnudos, asombrados, sus cuerpos se tendían
como hileras de
luces en un largo aeropuerto
donde algo iba a llegar desde muy lejos,
no
demasiado tarde.