“Siempre he soñado extraño hasta el punto de que un instante después de despertar, el surrealismo de mis sueños ha sido más cierto que la más diáfana realidad, a la que me debo indudablemente pero de la que desertaría con gusto. No me importaría dejarme seducir por la otra, plástica, dúctil, moldeable... “.

GADEOL

La luz, el aroma, el tacto de su sexo... en mi imaginación la fantasía es tan veraz que a veces me debo al esfuerzo de imaginarme fuera de ella para no verme absorto en todo instante porque con los años voy confundiendo la existencia de lo que sólo es quimera, la evocación sensible y cautivadora de la idealización del sexo: acaso ansiada pero que me envuelve cada día con el mismo lazo sedoso y firme de siempre. Y sí, me confieso un adicto a la erótica.

A menudo cierro los ojos pero cuando lo hago, tan sólo veo la recreación de trances antiguos, las imágenes fulgurantes de ediciones pasadas que me llenan de gozo y no me dejan de maravillar. Pero hoy, el remolino grávido de la onírica se ha detenido a medio camino y a medio girar me desplaza:

“Ha cerrado sus piernas apretadamente y su entrepierna se me antoja una vagina contraída, unos genitales ajustados y húmedos. Y por vez primera desde que comenzó, siento los vellos de mi cuerpo inhiestos y me embarga la excitabilidad de siempre. Soy un enfermo y lo sé, y como tal, reconozco a leguas la sintomatología de mi afección. Me tiembla el pulso y la saliva se me espesa en el paladar, me cuesta tragar y mi garganta es un embudo reseco y áspero. Sin embargo, resulta extraño porque aunque la membrana de su sexo se ha detenido, ya no absorbe, intuyo que lo hará en breve. La delgada lámina de carne tiembla como la gelatina cada vez que me aproximo; parece un pequeño corazón: sístole, diástole, sístole, diástole... Me estremezco.

Resopla su interior y bulle como un potente surtidor. Temo que pronto sus labios se despeguen para engullirme. Me acerco y la acaricio. La granulación sonrosadas de su carne está empañada y al contacto, el surtidor de mis sueños resuella con un bufido corto y contenido.  Se ha sobrecogido; como yo. Ahora, la membrana ha adoptado la hechura de una medusa y bate sus carnosas alas lentamente, acompasadamente, como un acalefo marino que surcara el ancho mar. Ha despegado sus bezos y siento el aire correr de forma distinta. La savia interior ha humedecido sus carnosidades. También yo me hallo húmedo. Su movimiento es ahora más acentuado. Se contrae de nuevo y aguarda en silencio, encogido, como si le fuera la vida en ello y después, exhausto, se abandona.

GADEOL .

 

Pintura: Desconozco su autor.
Music: M Oleary - Nothing Compares.
Designer: Elena A_R (Hielka).
Copyright. 2004.