ENSEÑANDO A CLARA

Hace unos años me trasladé junto con mi marido al
levante español, donde habíamos comprado una nueva casa, ya que mi marido había
conseguido un nuevo trabajo de gran responsabilidad. La casa, mejor dicho el
chalet, estaba pareado al del jefe de mi marido, con el que habíamos entablado
una gran amistad y que nos había ayudado para conseguirla a buen
precio.
Teníamos unas vistas preciosas, veíamos la playa y en la parte de
atrás compartíamos una piscina y un pequeño jardín. Nosotros todavía no teníamos
hijos pero ellos si, un chico y una chica de 18 y 19 años
respectivamente.
Los fines de semana solíamos comer juntos y lo pasábamos
genial en la piscina, cuando el tiempo lo permitía. Aunque por regla general yo
me bajaba a la playa por la tardes, mientras que mi marido, Tomás, y su jefe,
Don Julio, se quedaban hablando de negocios y la mujer de Julio, Ana, solía
echarse la siesta.
Era una familia muy unida y divertida, aunque bastante
tradicional. Don Julio y Ana eran muy conservadores y aunque nos lo pasábamos
bien yo acababa siempre hablando con sus hijos, que aunque habían heredado todas
las características de sus padres eran bastante más abiertos que
ellos.
Una noche que cenamos en su casa recuerdo que Jaime, el hijo de
Don Julio, no dejaba de mirarme las piernas, me había puesto una minifalda y
aquello parecía tenerle distraído. Al principio me sentí algo incómoda, pero
creo que el efecto del vino me hizo desinhibirme y ser más descarada. Busque la
ocasión, para "distraídamente" enseñarle un poco más y me abrí de piernas hasta
donde me permitía la falda. Supongo que lo que vio le debió gustar mucho porque
clavó sus ojos en mi entrepierna durante unos segundos y a continuación se
ruborizó y cambio su mirada.
Mis braguitas blancas seguro que
resplandecieron ante sus ojos, fue divertido y decidí ver hasta donde era capaz
de llegar en su osadía, eso si, siempre teniendo cuidado de que nadie más se
diera cuenta.
Volví a enseñarle un par de veces más, la blancura de mis
braguitas hasta que decidí ir más allá. Me levanté y me fui al baño, no me lo
pensé, me quité las braguitas y las guardé en el bolso.
Volví al salón y
continué con el juego, algún que otro descuido y los ojos de Jaime se dirigían
al mismo lugar constantemente. Supongo que pudo apreciar nada, pero seguro que
se preguntaba donde estaban mis braguitas.
Así estuvimos hasta que
decidimos irnos a dormir y entonces fui yo la que me fijé que Jaime no sacaba la
mano del bolsillo, seguro que estaba tapando su erección. Me hubiera gustado ver
como acababa Jaime la noche en su cama y se masturbaba pensando en mi, pero eso
era casi imposible.
Aquella noche Tomás y yo follamos como locos, yo
estaba muy excitada y mientras Tomás me hacía el amor no dejaba de pensar en
Jaime, sus 18 años, su juventud y sus hormonas en constante ebullición. Desde
ese día algo cambió dentro de mi.
Empecé a ver en Jaime de manera muy
distinta, cada vez que estábamos en la piscina o que estábamos juntos me fijaba
en su manera de mirarme, sin duda le atraía físicamente, cosa por otro lado
normal.
Casi al mismo tiempo me fijé en su hermana, Clara, con sus 19
años y parecía que tenía 50, vestía igual que su madre, no era nada provocativa
y la verdad es que tenía un buen cuerpo.
Empecé a intimar más con Clara,
hablábamos mucho y decidí utilizarla para provocar aún más a su hermano. Primero
la convencí para bajar conmigo a la playa y la utilicé a ella para que Jaime
también bajara.
A mi me encanta hacer topless, siempre lo he hecho, pero
no quería hacerlo delante de nuestras casas y le pregunté a Clara si conocía
algún sitio más reservado. Me preguntó para que y cuando se lo dije, sus ojos se
abrieron, se sorprendió de aquello y le dije que para mi era algo normal. Le
pregunté si a ella le importaba y me dijo que no. A continuación le dije si a su
hermano le importaría, se encogió de hombros, y le dije que esa noche se lo
preguntara y me lo dijera al día siguiente.
Al día siguiente me dijo que,
como yo pensaba, a Jaime no le importaba, ¿como le iba a importar? ¡lo estaría
deseando! y me llevó a una pequeña cala.
Cuando llegamos no había
prácticamente nadie, extendimos la toallas, le pedí que me diera crema y cuando
estaba segura que Jaime estaba mirando me quedé en topless. Me quedé de pie unos
segundos para que Jaime pudiera ver perfectamente mis tetas a su antojo y luego
me tumbé al sol.
Al principio parecían cortados, les dejé que se
acostumbraran a verme así, la educación y cultura que les habían dado sus padres
no les permitía ver con agrado este tipo de "libertades". En el fondo no podía
creer que a estas alturas de la vida todavía pasaran estas cosas.
Le pedí
a Clara que se bañara conmigo y nos fuimos, dejando a Jaime tumbado boca abajo,
como no podía ser de otra forma. Aquel chico era pura dinamita.
Cuando
estábamos en el agua le dije a Clara que era una sensación maravillosa bañarse
en topless. Ella solo se reía, esperaba que ella misma tomara la iniciativa,
pero no había manera. Tuve que decírselo directamente:
- ¿Por que no lo
pruebas? -pregunté. - No se... - Venga, no seas tonta, date la vuelta y bájate
el bañador hasta la cintura, y nos vamos hasta que el agua nos llegue al
cuello.
Llevaba un bañador realmente horrible, que le tapaba
absolutamente todo, pero parecía que estaba dispuesta a probar. Nos fuimos un
poco más profundo y se bajo el bañador hasta la cintura.
- ¿Ves como no
pasa nada? ¿A que estás mejor así? Libre, bueno no del todo... - Si la verdad es
que es distinto -me dijo.
Vi sus tetitas a través del agua, no las tenía
muy grandes pero pude ver a través del agua sus pezones erectos, como los míos,
a causa del contacto con el agua.
- ¿Te atreves a algo más? -le dije -
¿que? - Venga mujer, vamos a bañarnos desnudas, verás que sensación.
Y me
quité el bañador delante de ella quedando desnuda en el agua. Buscaba que ella
hiciera lo mismo...y lo hizo. Le costó un poco pero se quitó el bañador y quedó
completamente desnuda. Había conseguido que confiara en mi y se desnudara
completamente, quien se lo iba a decir hace tan solo unos minutos.
Nos
estuvimos bañando un buen rato así, me gustaba verla desnuda, ver su coñito
negro a través del agua, que aunque no podía apreciarlo con claridad parecía
tener una muy abundante mata de pelo. Estuvimos un buen rato hasta que decidimos
salir, ya con los bañadores y bikinis en su sitio.
Fue divertido, y eso
me hizo ganar mucha confianza, empecé a hablar con ella y a preguntarle cosas
más personales. Me habló de su vida amorosa, aunque había poco que contar.
También le pregunté por su hermano y me contó que tampoco parecía tener mucha
vida social, era muy introvertido.
Cuando nos íbamos le dije que no me
importaba que le contara a su hermano lo que habíamos hecho pero que en ningún
caso debía decírselo a sus padres o a mi marido, me daba miedo su
reacción.
Lo que realmente buscaba era que le contara a Jaime nuestra
experiencia en el agua, seguro que le excitaba un montón, y eso era precisamente
lo que yo buscaba.
Al día siguiente bajamos de nuevo a la playa y le
pregunté a Clara si le gustaría volver a repetirlo y si le había contado algo a
su hermano.
Se puso un poco roja y me dijo que si, que se lo había dicho, y
que por supuesto que le gustaría volver a hacerlo. Mientras nos volvíamos a
bañar desnudas le dije que debería cambiar de bañador, comprarse un bikini y
enseñar más cuerpo, que lo tenía muy bonito.
Jaime nos miraba desde la
playa sabiendo que estábamos desnudas y yo le saludaba con la mano, buscando que
intentara acercarse, pero no hubo forma y yo no quería forzar la
situación.
Esa misma tarde Clara fue a comprar un bikini y me llamo por
teléfono para que fuera a su casa porque tenía un problema.
Cuando llegué
me llevó a su habitación y se quitó la bata que tenía puesta.
Normal, era
normal, los pelos de su coñito aparecían por todos lados con ese bikini que se
había comprado. Seguro que nunca se había depilado no recortado su
coñito.
- ¿Ves? -me dijo- ¿Que hago? - Pues es evidente, ¿no? tienes que
depilarte y rasurarte.
Puso cara de no saber que ni como hacerlo y la
entendí perfectamente.
- Venga, cierra la puerta, desnúdate y túmbate en
la cama -le dije.
Cerró al puerta pero se quedó pensativa...
-
¿Quieres que te enseñe o no? Además recuerda que ya te he visto desnuda.- Si
-balbuceó-.
Se desnudó del todo, y se tumbó en la cama, me acerqué a su
tocador.
- Vaya aquí no tienes lo que necesito. ¿Por qué no le pides a tu
hermano una maquinilla de afeitar?
Se puso la bata y se fue a la
habitación de su hermano, fui con ella, entró la habitación y me quedé fuera
escuchando las absurdas explicaciones que le estaba dando para la utilización de
la maquinilla, explicaciones que por supuesto Jaime no se creyó.
Salió
con la maquinilla y volvimos a su habitación. Se quitó la bata y se tumbó de
nuevo en la cama, sin decirle nada. Parecía que ya se iba acostumbrando a la
situación.
- Bueno, -le dije- ahora tienes que abrirte un poco de piernas
y dejarme que te toque.
Tenía aquel coñito a escasos centímetros de mi,
me acerqué y cuando la toqué por primera vez noté como se estremecía, estaba
algo nerviosa.
- ¿Puedo hacerte una pregunta muy personal? - Si -me
contestó. - ¿Alguna vez alguien te ha tocado aquí? - Bueno, una vez con un novio
que tuve intentó... - Vamos, que no -la interrumpí.
Y me lo confirmó con
la cabeza.
- Pues creo que ya va siendo hora, no?
Y de nuevo
confirmó con la cabeza.
- Venga, vamos a lo nuestro. ¿Quieres que te lo
recorte mucho? - Como tú quieras -me dijo- eres la experta.
Le fui
afeitando un poco por los laterales y rasurando el resto, la verdad es que tenía
una mata de pelo abundante, nunca había visto nada así, ni en la universidad, el
gimnasio o las playas nudistas que frecuentaba.
Le pregunté también si
quería que le dejara los labios bien rasurados y la muy ingenua me preguntó para
qué.
- Pues para que te coman mejor el coño -le dije- pero claro tú aún
no sabes que es eso.
Se puso un poco roja y yo quería ver hasta donde era
capaz de aguantar...
- Pero supongo que si te masturbaras, o
tampoco.
No dijo nada, estaba bastante cortada.
- Venga Clara,
tenemos confianza, ¿no? ¿Te masturbas o no?
Me dio una respuesta tan vaga
que de nuevo entendí que no lo hacía o lo hacía muy de vez en cuando.
-
Vale, pero ¿sabes que es un orgasmo? ¿No?- Si, claro.- Claro que no cielo, me
parece que todavía no sabes que es el sexo. A tu edad yo ya era una experta. -
Enséñame -me dijo-, quiero ser como tú.
Aquello me dejó helada.
-
¿Como has dicho? - Que me enseñes, tú eres una mujer de mundo y yo no he vivido
nada, bañarme desnuda a tu lado y rasurarme el coño es lo más excitante que he
hecho en mi vida y ha sido gracias a ti. - Clara, no se si... - Por favor,
enséñame...no se lo diré a nadie.
Acepté, sin duda sería una oportunidad
genial para acercarme más a Jaime.
Le dije que si siempre que aceptara hacer
todo lo que yo quisiera y que una vez hubiéramos acabado nadie lo sabría nunca.
Aceptó.
Llamaron a la puerta para avisarnos que era la hora de cenar,
aquel día cenábamos en su casa y con tanta conversación se nos había
olvidado.
- Venga vístete y bajamos a cenar -le dije- pero ponte una
falda.
No perdí detalle de como se vestía, sus braguitas, el sujetador,
la falda, la blusa, los zapatos...Cuando estuvo vestida le dije:
- Bien
ahora tú primera, prueba y enseñanza, quítate las bragas, hoy vas a cenar sin
bragas y solo lo sabremos tú y yo.
Accedió y se quitó las bragas, le di
un azote en el culo y le dije, veras como te gusta.
Durante toda la cena
nos intercambiábamos miradas y sonrisas cómplices. En un momento que estaba sola
con mi marido le dije:
- Tomás, ¿no ves muy cambiada a Clara? - Si, la
verdad es que si. - Pues fíjate bien, porque creo que la muy descarada no lleva
bragas...
Mi marido estuvo toda la cena intentado descubrir aquel
misterio. Yo tenía que sacar beneficio de todo aquello y esa noche mi marido me
follo como un salvaje, estuvo toda la noche excitada
AL día siguiente le pregunté de nuevo a
Clara que había sentido al estar sin bragas toda la noche, me dijo que le había
gustado, que se sintió muy excitada y que todavía lo estaba.
Le pregunté
descaradamente si se había masturbado y me dijo que no. Que su madre le había
dicho que eso era malo para la salud y que no debía hacerlo.
Fuimos a su
habitación de nuevo y le dije que se desnudara, tuve que repetírselo:
-
Vamos, desnúdate, ¿que esperas? - ¿Para que? - Porque te vas a masturbar ahora
mismo... - Pero...
- Venga.
Me hizo caso y se desnudó, se tumbó en
la cama. Estaba completamente rígida.
- Venga ahora chúpate un dedo y
tócate...
Se llevó un dedo a la boca y se empezó a tocar muy toscamente.
No se que me pasó por la cabeza pero le dije:
- Mira, aprende como se
hace.
Me desnudé delante de ella y me tumbé a su lado, me llevé un dedo a
la boca y me abrí de piernas. Empecé a masturbarme delante de ella...nunca había
tenido una experiencia lésbica, pero aquello parecía ser el principio.
-
¿Ves como se hace? -le dije suavemente- dame tu dedo
Me acerqué su mano a
mi boca y le chupé el dedo corazón.
- Ahora tú...tócame.
Le llevé
la mano hasta mi caliente y húmedo coñito y me lo empezó a tocar.
Era la
primera vez que otra mujer tocaba mi más preciado tesoro pero aquella chica, tan
inocente y virginal era tan delicada y tierna que no podía desperdiciar aquella
ocasión.
Después de corregir sus iniciales y torpes movimientos entendió
perfectamente donde debía dirigir sus caricias y la dejé sola mientras mis manos
buscaban sus pechos y sus erectos pezones. Mientras ella me masturbaba, yo
acariciaba su cuerpo, sus pechos, y bajé mis manos hasta su coñito, aquel
delicado coñito que solo un día antes había rasurado ahora era para mí. Abrí sus
labios e introduje un dedo en su caliente y húmeda rajita. Busqué su clítoris y
se lo empecé a tocar. Empezó a gemir mientras me devolvía el placer que yo la
proporcionaba, pero yo necesitaba más. Necesitaba bajar mi boca hasta la fuente
de su placer y hacer inolvidable aquella primera vez para ella y para mí. Me
situé entre sus piernas y empecé a recorrer con mi lengua todo su coñito, la
primera que le pase la lengua por el clítoris se estremeció.
Saboreé sus
flujos y me dediqué a hacerla disfrutar, quería que se corriera en mi boca, que
se acordara siempre de mí, la mujer que la hizo disfrutar por primera vez. Pero
estaba tan excitada que necesitaba alguna atención.
Mi giré y montamos un
perfecto 69 su boca se posó sobre mi coñito e imitó los movimientos que yo
hacía, estábamos perfectamente unidas, las dos solas, dándonos placer
mutuamente. Empezó a gemir y dejó de darme placer, sabía que se estaba
corriendo, su primer orgasmo. Se corrió en mi boca, sentía como todos los
músculos de su contraían para recibir aquel salvaje impulso que nos hace morir
de placer.
Se fue relajando poco a poco y volvió a darme placer, ahora
era yo la que necesitaba acabar, estaba muy caliente y aquella chica tenía la
obligación de devolverme todo lo que yo le había dado.
Me tumbé a su lado
y le hice que su cara se introdujera entre mis flexionadas piernas, no tuve que
decirle nada, lo entendió todo. Le agarré del pelo y empecé a mover mis caderas
a su ritmo.
Solo unos instantes después me corría en su boca, seguro que
aquello tampoco lo olvidaría: la primera mujer que se corrió en su
boca.
Quedamos las dos tendidas sobre la cama acariciándonos, se puso a
mi altura y nos besamos, había sido maravilloso. No hablamos durante ese tiempo,
solo jugábamos cada una con el cuerpo de la otra, nos explorábamos
mutuamente.
Me levanté y me vestí, le di un beso en la boca y me marché a
mi casa. Esa noche no pude dormir, pensaba en lo sucedido, era algo maravilloso,
pero tampoco me quitaba de la cabeza a Jaime. En mi mente las imágenes se
sucedían e imaginaba algún plan para que Jaime pudiera ser mío, ¿podría tener a
los dos hermanos para mi sola...
Autor: Susanaytom